sábado, 19 de agosto de 2017

Terrorismos (sin ánimo de incordiar)

"Terrorismo.
1. m. Dominación por el terror.
2. m. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
3. m. Actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos."
Como el texto va a girar acerca del terrorismo he querido poner, a modo de referencia o marco (del cuál quizás yo tienda a escaparme), la triple definición con que la RAE se aproxima a tan polémico concepto.
Considero que los dos actos terroristas (me refiero a acciones concretas, hora y lugar) más crueles de la historia de la humanidad, por su mortandad masiva en el momento de producirse y por sus consecuencias durante decenios, tuvieron lugar en 1945.
Por supuesto, me refiero a las bombas atómicas lanzadas los días 6 y 9 de agosto sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Sí, ya lo sé. Alguien estará pensando que esa fue, nos parezca más o menos reprobable, una acción en el marco de la 2ª Guerra Mundial. Como si el terror en un contexto bélico fuera más tolerable, más asumible al situar cada persona su mente, aunque sea por mero instinto de supervivencia, en “modo” guerra. Yo creo que es justamente al revés. Seguro que se sufre muchísimo más terror cercado por la guerra, cuando las sirenas anuncian la escuadrilla que va a repartir su siniestra lotería, que viviendo en paz, aunque puedas estar expuesto, es inevitable, en algún momento a una acción esporádica de gran violencia que puede surgir incluso en el contexto del ocio o la fiesta.  Así, el sufrimiento cotidianizado que implica la guerra, ese terror diario, nos parece aceptable dentro de nuestros parámetros mentales, mientras varios individuos repartiendo cuchilladas a seres indefensos no nos cuadran y nos parecen una abominación mayor que una bomba borrando en unos segundos cien mil personas de la faz de la tierra. Casi nadie se refiere a las dos únicas bombas atómicas detonadas sobre población civil como una acción diáfana y espeluznante de lo que fue: terrorismo de estado y en estado puro. Cuando el ejército israelí ha cerrado por completo y bombardeado Gaza durante un mes asesinando cerca de mil quinientas personas, entre ellas centenares de niños, ningún gran medio ha hablado de una acción terrorista de Israel, eso concepto solo lo ha usado la izquierda transformadora. Y no es casual, el lenguaje es importantísimo pues legitima, condena o disfraza. Los EEUU aún defienden la legitimidad de su mayor acto terrorista apelando cínicamente a la bondad de finiquitar la guerra en un plis plas y a un inaceptable trapicheo de vidas: la invasión de Japón habría costado un millón de muertos, muchos de ellos estadounidenses, dice el milico yanqui de turno en algún canal temático que a veces, entreverándose con la lectura, acoge mis tardes. El asunto es que, paradójicamente, podían haber aterrorizado sin causar víctimas mortales, lanzando las bombas en algún paraje deshabitado a modo de advertencia.
En el ámbito español, hace ya bastante tiempo que para referirme a Franco, como deber ético, hablo del jefe de la banda terrorista más sanguinaria que ha padecido el estado español: los sublevados el 18 de julio. Un jefe terrorista que se lució especialmente en agosto (vaya con agosto, y eso que suena a cervecita y holganza) del 36 matando en un día a 4000 personas en Badajoz. Si ustedes revisan las definiciones de la RAE verán, al menos a mí me lo parece, que le son aplicables las tres, con el colofón añadido de más de cien mil muertos en cunetas.
Alguien me dirá que esos parámetros son aplicables a diversos gobiernos del mundo. Ese es el quid de la cuestión, creo que acierta quién así piensa, los estados en muchos casos pueden ser la más siniestra máquina de terror, al menos en sus ámbitos de acción. Por eso el terrorismo más devastador que lacera el planeta es el que proviene de la acción imperialista de EEUU, pues su radio de actuación, por motivos de dominio económico, por fuerza militar y por una cierta autopercepción de pueblo elegido, no conoce fronteras. Así, por ejemplo, ahora mismo tiene bajo amenaza explícita de intervención militar a dos países: Venezuela y Corea del Norte. Acción imperialista que casi siempre, al menos en sus primeras fases, toma la forma más artera de guerra que, en mi opinión, es el bombardeo indiscriminado de núcleos donde habita población civil. En una deshumanización brutal se puede ejecutar a grupos humanos con drones desde un luminoso despacho con plantitas y portarretratos de familia sonriente.

Planteo que el imperialismo es la raíz venenosa que pudre de injusticia el planeta. El terror del coche bomba, del suicida o del que deja caer, desde miles de pies de altura, su mortífera carga como si de un vídeo juego se tratara, solo entrará en vías de solución cuando, y vamos en el sentido contrario pues el saqueo se profundiza, el planeta sea un clamor antiimperialista. Fíjense: Libia, Somalia, Siria, Iraq, Afganistán, Pakistán, Yemen. En todos estos países musulmanes, con el disfraz de coaliciones que sin EEUU no serían nada, han intervenido estados que alardean de sus raíces cristianas. Cuidado, bajo ningún concepto estoy diciendo que vivimos un conflicto religioso (esa es la sangrienta maniobra de distracción), pero si tengo claro que los jóvenes que apuñalan o arrollan multitudes, creyendo que sí, que su acción brutal la determina un Alá que ellos mismos tachan de misericordioso, generando un daño inmenso e irrecuperable para tantas familias, no son una simple encarnación del mal absoluto, “debidamente” fanatizados (y desconociendo que manos concretas manejan los hilos), son instrumentos objetivos del imperialismo para crear un terror entre la gente del pueblo que obre como sepultura del pensamiento y vivero del fascismo.

lunes, 14 de agosto de 2017

Canción triste por la huelga del Prat

Desde hace algunas semanas se mantiene en el aeropuerto del Prat, en Barcelona, un conflicto laboral de los trabajadores de la empresa Eulen, encargada de los arcos de seguridad. Hasta ahora los paros han sido parciales, intercalando horas de trabajo con horas de huelga. También se ha acusado a los trabajadores de huelga encubierta. Me imagino que se referirán a trabajar a un ritmo lento, con una cierta parsimonia o un exceso de celo. Es curioso, tienes que ser un, perdóneseme (o no, me da igual, seguramente a quién le moleste está en mis antípodas mentales) lo soez de la expresión, un puto animal que supla las carencias cuantitativas de la plantilla con tu propia sobreexplotación.
Y buena parte de la población trabajadora, desclasada por los grandes medios de manipulación masiva que nos dicen que el derecho de uno acaba cuando lamina el derecho del otro, expresa su malestar por tener que hacer largas colas, por ver alterado ese nuevo derecho básico que es el de viajar. Población trabajadora que en muchos casos, con sobrada pasividad y escasa lucha, ha visto quebrado un derecho básico que yo si considero fundamental: que no te disminuyan el sueldo por realizar un mismo trabajo.
Desde el hoy, 14 de agosto, los trabajadores de Eulen realizan una huelga indefinida. Curiosamente, según informan los medios, hay normalidad casi absoluta. La huelga objetivamente está neutralizada. Con dos elementos básicos que tiene el poder en sus manos: los servicios mínimos y las fuerzas de seguridad del estado. Los servicios mínimos establecidos por la autoridad (competente, por supuesto, muy competente cuando de quebrar huelgas obreras se trata) son del 90%. Y aquí no pasa nada, no hay, como mínimo, una declaración conjunta de todas las centrales sindicales que se consideren de clase diciendo que esos servicios mínimos son unos servicios máximos, son prohibir de facto, casi con burla, el derecho de huelga a un colectivo de trabajadores. Pero, no satisfechos con este abuso, han decidido poner al lado de ese 90% obligado a trabajar a la guardia civil. Ya no es que la guardia civil, o la policía, sean un instrumento para reprimir a los trabajadores en la lucha por sus derechos. La historia de España (y del mundo) es rica en ejemplos de cómo las llamadas fuerzas de seguridad, o cuerpos represivos de la clase dominante en lenguaje marxista, tienen como función, no confesa pero esencial, derrotar las luchas de los trabajadores (sí, Eulen es una muestra más de esa antigualla llamada lucha de clases, esa que quiere diluirse, ¡viva el pensamiento líquido!, en el concepto muelle de clase media).
En este conflicto, alegando el poder motivos de seguridad, la guardia civil realiza labores directas de esquirolaje. Nos jugamos la seguridad de los españoles dice el gobierno. Es un servicio esencial, alegan, en estos tiempos convulsos por la amenaza terrorista. Sin embargo, tuvieron la desvergüenza de privatizar ese servicio esencial mediante subasta al peor postor. O sea, al que hace la oferta más barata que implica por supuesto salarios míseros para los trabajadores, oscilantes entre 900 y 1.100 euros según los complementos que tengas por antigüedad, que solo los pueden dignificar mediante horas extras pagadas a 8 euros.
Un servicio que el propio gobierno considera esencial tendría que estar en manos directas del estado. Esos trabajadores que realizan una labor en la que se supone que está en juego la vida de personas deberían ser empleados públicos con un salario digno, no pertenecer a empresas privadas cuya regla de oro es obtener, a través de la máxima explotación, el mayor beneficio posible.
La normalidad de hoy en el Prat, la casi invisibilidad de la huelga por la acción antiobrera del gobierno del Partido Popular, la sutil o burda criminalización mediática de los trabajadores, el silencio de las supuestas centrales de clase, la falta de acción solidaria, aunque sea simbólica, de los empleados de seguridad de otros aeropuertos, más allá de que lamentablemente nada de esto suponga, al menos para mí, una sorpresa, no deja de ser una triste noticia para la lucha de la clase trabajadora.

miércoles, 9 de agosto de 2017

De mil euros a cientos de años: el estado de la injusticia en España

Creo que una de las peores sensaciones que puede tener un ser un humano es la de ser víctima, por quienes deben defender la justicia, de justamente lo opuesto: una injusticia flagrante y dolosa, que es en lo que se convierte la justicia, en trampa, engaño y fraude, cuando es retorcida en aras de causar el máximo daño posible a una o varias personas, llevándolas incluso, aunque sea de manera preventiva, a la cárcel.
Esa sensación de impotencia tiene que ser especialmente dolorosa cuando observas hechos relativamente similares a aquellos por los que tú estás encausado que comportan sanciones o infinitamente o inexplicablemente más leves.
No piensen que me caigo del guindo. Seguramente ya he expresado en alguna otra ocasión que el tejido que tapa los ojos de la señora de la balanza es un vaporoso y transparente tul. Pero siempre tiendo a pensar que las golferías, aunque se realicen desde el poder, deben tener un cierto disimulo, sobre todo por mantener aquello, latiguillo machacón, de la igualdad de todos ante la ley.
Hoy han puesto en diferentes televisiones el vídeo de la agresión callejera, en la mañana del domingo 6 de agosto, de siete jóvenes de la localidad de Denia a otro que estaba solo. Se observa claramente como el grupito da una buena tunda de puñetazos y patadas al muchacho que está indefenso. Mañana de domingo. Jóvenes supurando alcohol y quizás alguna otra sustancia. Una palabra equívoca, una mirada torva, una cuentilla pendiente o no tener el par de euros que te piden y prende la chispa.
El domingo sucedió en Denia sin mayores consecuencias. En diciembre de 2008 unos hechos similares ocurrieron en Las Palmas de Gran Canaria. La misma paliza, pero con patadas más certeras, acabó con la vida del joven Iván Robaina. Cada uno de los tres acusados fue condenado a 17 años de cárcel. El fiscal pedía 18 y la acusación particular 20.
En el caso de Denia cada joven ha tenido que pagar una multa de alrededor de 1000 euros. Ustedes me dirán que son casos incomparables y yo les contestaré que tienen razón, pues el resultado del delito es diferente, aunque los medios y las intenciones (no creo que en ninguno de los casos quisieran ocasionar la muerte del agredido) fueran los mismos.
Yo quería establecer la comparación, de ahí la reflexión inicial acerca de la impotencia, con los ocho implicados en la agresión, con patadas y puños, sin armas de ningún tipo, a dos guardias civiles fuera de servicio, también después de una madrugada de fiesta y copas, en Altsasu (o Alsasua). Tres de ellos están en prisión preventiva desde mediados de octubre de 2016. La fiscalía y la abogacía del estado solicitan un montante global de 375 años de prisión (50 a seis, 62,5 a uno y al restante 12,5). La acusación particular, ejercida por la asociación Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE), considerando que las penas son leves, ha solicitado un montante global de 400 años de cárcel.
Aviso, por si hay alguien muy despistado, que ninguno de los guardias agredidos resultó muerto. Uno de ellos, magullado, ni siquiera tuvo ingreso hospitalario y el otro estuvo dos días fruto de una fractura de tobillo.
Tres casos de agresión. Con circunstancias y resultados diferentes, lo sé. Pero no hay que ser muy avezado para observar el disparate, para ver la infamia que hay entre mil euros de multa y una petición de cárcel de 50 años cuando en ninguno de los dos casos hubo males mayores. Mal irremediable que si se produjo en el caso de Las Palmas. No obstante, fíjense en la siguiente aberración: el fiscal pedía, como reflejé antes, para cada uno de los implicados en la muerte de Iván 20 años de cárcel. O sea, un total de 60 años para los tres. Menos, y aquí está el disparate o la mala fe que se encubre con la utilización del término terrorismo, que la petición de 62,5 años del fiscal al principal encausado de Altsasu, cuya acusación más grave sería, en buena lógica y en buena lid procesal, la fractura de un tobillo que, a los datos de petición de penas de la fiscalía me remito, vale el triple que la vida de un joven canario.
Hablando de jóvenes y de injusticias, y como muestra de que la derecha siempre sabe quién es de los suyos y quién es el enemigo (circunstancia que la izquierda nunca tiene tan claro), quiero acabar haciendo mención a Aisha Hernández, militante de Alternativa Nacionalista Canaria, que fue condenada a 4 meses de cárcel por una supuesta resistencia a la autoridad tras realizar en 2014 una pintada denunciando las elevadas tasas de desempleo que afectan a los jóvenes del archipiélago. El gobierno, considerándola acertadamente su enemiga, en el mismo plano que a los jóvenes de Altsasu, aún con el atenuante de no ser independentista vasca, sino canaria, le ha denegado el indulto, esa medida que reserva para los amigos de las clases altas, para callar bocas indiscretas o para obtener réditos si es un caso mediático.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Algunas reflexiones sobre la constituyente venezolana

8.089.320 venezolanos acudieron el domingo 30 de julio a votar la elección de una asamblea constituyente en Venezuela. Esa cantidad representa el 41,5% del censo habilitado para participar en la votación.  Viéndolo así, ateniéndonos exclusivamente a los números, podríamos pensar que la cifra es baja. Sin embargo, y la oposición lo sabe, la cifra es un gran éxito para el chavismo. También lo siente como un avance propio la izquierda que no le baila el agua a la derecha o no quiere vivir en los alegres mundos de Yupi, aquellos pagos angelicales donde no existe barro y la dureza de una situación de lucha de clases, de disputa del poder planteada a cara de perro. Esa cara colmilluda que enseña la derecha cuando sus privilegios son puestos en cuestión, cuando un pueblo entra en el peligroso proceso, para los intereses de la oligarquía, de pensar, de tomar conciencia, de sentirse un sujeto protagonista de la historia. Es lamentable ver a tanta gente, supuestamente de izquierdas, atacar al proceso bolivariano. Sí, esta palabra es esencial, proceso, ninguna revolución o cambio social importante lleno de tensiones y enemigos se gana en poco tiempo. Tampoco está libre de errores, de burócratas o corruptos, circunstancia que, en ningún caso debería llevar a una persona de izquierdas que sea consecuente a desear la derrota revolucionaria ante una derecha entregada a la violencia y a la coacción y apoyada por poderosas fuerzas extranjeras. Una derecha que está repitiendo en Venezuela, 40 años después, la guerra económica que libró en Chile contra el gobierno de la Unidad Popular encabezado por Allende. Ese Allende al que cierta izquierda, que denosta a Maduro tratándolo poco menos que de patán, santifica, tal vez porque la derrota, más si esta se tiñe de martirio, despierta una empatía que aunque a la izquierda la dignifica (y hace bien en reconocer heroísmo de Allende) al capital, en el fondo, le importa un pimiento. Son o desconocedores o tergiversadores de la historia. Allende sufrió una guerra económica de la burguesía (es celebre la frase de Nixon: “haremos chillar a la economía chilena”), con acaparamiento y escasez, porque el proyecto de la Unidad Popular era la construcción por vías pacíficas de una sociedad socialista, horizonte que también se plantea el gobierno bolivariano de Venezuela. Por eso, gustos verbales o apariencias estéticas aparte, el guagüero venezolano simboliza hoy, para la izquierda mundial antiimperialista, lo que el médico chileno significó ayer. Con una gran diferencia, la partida chilena se perdió. La venezolana sigue en disputa. Y sobre esta comparativa un último dato: Allende sacó un 36% de los votos populares. Le aupó a la presidencia el hecho de que el centroderecha se presentó dividido.
8.089.320 venezolanos acudiendo a las urnas es la segunda mejor votación histórica del chavismo, solo superado por el propio Chávez, en la elección presidencial de 2012, con 8.191.132 votos. Las fuerzas de la revolución en Venezuela se quedaron a solo 100.000 votos de su mejor resultado histórico, mejorando en más de medio millón los siete millones y medio sacados por Maduro en el año 2013. Y todo esto en unas circunstancias durísimas, con zonas donde la oposición no es que llamara a la abstención, lo que sería absolutamente lícito, es que forzó, ¿dictatorialmente?, la no apertura de colegios electorales en determinados barrios que además se vieron “trancados” con barricadas donde actúa como fuerza de choque el lumpenproletariado, grupo social que Tribuna Popular, órgano de prensa del Partido Comunista de Venezuela  define y caracteriza, con clarificadora precisión:

“Es aquella parte de la clase obrera que queda fuera del proceso de producción y socialmente marginada”
(…)
“El lumpenproletariado es extraordinariamente vulnerable y, por ello, es en su seno donde la burguesía ha reclutado la carne de cañón imprescindible para sofocar cualquier rebelión dirigida contra su dominio. La legión de los excluidos no se caracteriza, pues, por su inadaptación, sino por su exceso de adaptación precisamente. Nadie está más aferrado a los valores y símbolos capitalistas que sus primeras víctimas, quienes han padecido en sus carnes con toda crudeza la dialéctica del amo y el esclavo. No se trata sólo de un sector social desclasado sino privado de su conciencia de clase y, en consecuencia, el más expuesto al bombardeo mediático: todas las taras ideológicas de la sociedad actual se manifiestan más acusadamente entre estos desplazados entre los que la burguesía suele reclutar sus fuerzas de choque.”

La “dictadura” venezolana, en aras de no agudizar los enfrentamientos, decidió no forzar la apertura de esos colegios y lo que hizo fue habilitar centros de contingencia, como el Poliedro de Caracas, donde pudieran votar las personas que no tuvieron opción de decidir libremente si hacerlo o no porque, dominados por la “democrática” oposición, en los barrios de clase media o  alta, era materialmente imposible. María Alejandra Díaz profesora de derecho constitucional explicaba en TeleSur como ella había tenido que salir de su barrio a las tres de la mañana para evitar el cierre de las vías y poder votar en uno de esos centros de contingencia. A los que sitúan en la cúspide esa abstracta libertad individual que no existe ¿les parece bien que los chavistas de los barrios pudientes tuvieran que desplazarse a kilómetros de distancia a votar? En los barrios de mayoría chavista no sacaron a los opositores a la fuerza para incrementar el saco de la participación, que, una vez la oposición declino la contienda, era el cogollo del asunto ¿Se imaginan grupos de vecinos en el estado español impidiendo la apertura de colegios electorales y declarando “cerrados” barrios enteros? ¿Lo consentiría el gobierno español o lo consideraría un ataque cuasi terrorista a la sagrada constitución y a las libertades de los “mucho” españoles? Curiosamente, en el referéndum que hizo la oposición, fuera de todo cauce legal, el 16 de julio, ningún chavista impidió a ningún opositor, viviera donde viviera, que fuera al lugar que estimara oportuno a participar en esa consulta que todos los “medios de manipulación masiva” españoles bendijeron como culmen democrático a la par que, esos mismos medios, sin asomo de sonrojo, consideran el referéndum en Cataluña una acción antidemocrática y totalitaria de la Generalitat. El “demócrata” Mariano Rajoy, que sobre un censo de más de 36 millones de electores obtuvo menos de 8 millones de votos (22.5% del censo electoral), ha sido taxativo: “El referéndum no se va a celebrar”. En cambio, el extraño “dictador” Maduro sí permitió la consulta de la oposición.
8.089.320 votos de cuya limpieza desconfían (¡pucherazo!) tanto la oposición como esa comunidad internacional que componen EEUU y sus gobiernos acólitos. Para el asco tres ejemplos bastan. Colombia con sus 7 bases norteamericanas, su incremento en presupuesto militar y un goteo tan inexorable como silenciado de líderes sociales asesinados. México con sus 43 de Ayotzinapa que el españolito medio desconoce porque, desgracia dentro de desgracia, no nacieron en Venezuela. Brasil con el golpista Temer acusando a Maduro, electo con más del 50%, de dictador.  Los díscolos: Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Rusia… Deben formar lo que denominaríamos, con cierta laxitud lingüística, la anticomunidad internacional. Lo que sería a nivel casero la antiespaña de toda la vida. Es apropiado recordar a los teóricos, tanto internos como externos, del puchero, que el CNE controló las elecciones parlamentarias que ganó la oposición en 2015 e incluso los procesos electorales internos de esa oposición cuando ha elegido un candidato único para enfrentar al chavismo. Cada victoria de las fuerzas revolucionarias en Venezuela ha ido acompañada de las fanfarrias mediáticas lanzando a los cuatro vientos la sospecha, insidiosa, de un fraude que, aunque nunca se  demuestre, sirve para apuntalar el concepto con el que los medios trabajan sin descanso: dictadura. Una de esas palabras que sirven para lo que a mí me gusta definir como huída del pensamiento y entrega a una cómoda aquiescencia.

domingo, 30 de julio de 2017

Vida laboral II

Yo era, destino en Marte,
el oficinista de la granja,
el autómata antigualla 
al que dar cuerda cada mañana,
pero se me cruzó 
una idea,
y como el tonto 
tras la cometa,
como aquél al que le susurran al oído
las esencias del mundo,
en veloz cabalgadura bifronte
que nunca se mueve,
la perseguí
con tanta desidia
como empeño.

martes, 25 de julio de 2017

El arte de cocinar héroes o villanos en nuestras mentes

Pienso que la principal baza que tienen los grandes medios para manipular nuestras mentes y crear opinión es su capacidad de conformar la memoria colectiva. Uso que puede ser en sentido masivo o en sentido mínimo y siempre con un fin determinado. Un ejemplo claro del sentido masivo es la catarata de información de los grandes medios sobre el 20 aniversario del asesinato de Miguel A. Blanco, alimentando polémicas que induzcan a la población a pensar que las organizaciones a la izquierda del PSOE, léase Unidos Podemos o los denominados ayuntamientos del cambio, son culpables, más o menos soterradamente, de ser filoetarras. A la inversa, se intenta que no se extinga en la conciencia de la población el sufrimiento, rayano con el heroísmo, de los militantes del PP en el Euskadi. Y como fin último se busca remachar la asociación casi exclusiva del concepto terrorismo a un espacio limitado al separatismo y al yihadismo. En el sentido mínimo, o información que se hurta o sobre la que se pasa de puntillas y queda siempre fuera de foco, podríamos establecer como un ejemplo entre muchos el asesinato en 1976 en Vitoria, a manos de la policía, de cinco trabajadores después de una ensalada de tiros por la que nunca nadie, ningún responsable, fue  llevado al banquillo y mucho menos condenado. Ni siquiera oirán nunca, salvo en ámbitos muy concretos de la izquierda y jamás en los grandes medios, referirse a esos hechos con el concepto que los define: terrorismo de estado. Al menos tan criminal como el de ETA. Con la diferencia, que ya he señalado en otras ocasiones, de que muchos miembros de esa organización ya desarmada han pagado, en conjunto, con al menos centenares de años en la cárcel. Poner un foco nacional y masivo sobre los sucesos de Vitoria significa retirarnos la venda de una Transición que se nos muestra como un plácido y ejemplar paseo, casi una obra de arte que nos llevó de la dictadura a la democracia. Por supuesto, me refiero a lo que nos transmiten los medios que llegan a millones de personas que podríamos denominar informados pasivos. Un apunte: un análisis interesante de este tema lo hace en su recomendable libro “La transición sangrienta”, el periodista Mariano Sánchez Soler.
Dicho lo anterior como visión general, a veces los medios son aún más groseros, casi obscenos, en su afán por estabular nuestro pensamiento.
Retrotráiganse a las huelgas generales convocadas en el estado español. ¿Cuáles han sido las músicas más recurrentes en cada una de ellas? Lo saben. Seguro que sí. Les voy a citar al menos dos que, apenas se vislumbra esa jornada de paro laboral, empiezan a ser repetidas machaconamente. Primero: cada trabajador es libre de ir o no a la huelga. La hipotética sacrosanta libertad individual por encima de todo, de cualquier objetivo colectivo. Segundo: hay que combatir a los piquetes violentos. Surge la otra palabra estigmatizante y que suele poner en fuga muchas neuronas: violencia. Por supuesto, ni un triste foquito alumbra la violencia que puede ejercer la empresa en un país con abundante empleo precario.
Insisto, salvo que estés en la inopia, lo que acabo de exponer es el complemento de cada huelga general. Complemento que suele llevar a muchos huelguistas al banquillo, acusados de ejercer de piquetes violentos o a ser condenado, como le ocurrió al joven Alfon, a 4 años de cárcel por tenencia de una mochila con material explosivo en la jornada de huelga del 14 de noviembre de 2012, en un suceso cuando menos bastante controvertido.
Sitúense ahora en la huelga general del jueves 20 de julio en Venezuela. Para los grandes medios de influencia españoles el éxito ha sido total. Nos enseñan imágenes de zonas con avenidas vacías. Estupendo. El tráfico es uno de los indicadores que generalmente se utilizan, más allá de las inevitables guerras de cifras, para medir el impacto de un paro general. Y en esas avenidas caraqueñas no transita ni un “carro”. El asunto, la trampa, es que los grandes medios españoles no nos muestran como se logra en determinados lugares esa unanimidad huelguística. Sí lo mostró Rusia Today (RT). Nada nuevo bajo el sol: barricadas, con pasquines donde incluso podía leerse un taxativo “no hay paso”, y piquetes. Lo que allí denominan un trancazo de las vías: no entra ni sale nadie hasta nueva orden. Y todo el mundo ¿libremente? a pasar por el aro. Los mismos medios que en el estado español defienden con vehemencia la libertad de no ir a la huelga, esos medios que, como un arma cargada de anestesiante, hablan constantemente de piquetes violentos si usted tira un par de huevos a un esquirol, en Venezuela tienen una visión completamente diferente y se cuidan muchísimo de unir dos palabras que desde el 1 de abril caminan de la mano en ese país: oposición y violencia. El Alfon cuasi terrorista de aquí al que se le niega su condición de preso político, es un heroico resistente allá, como Willy Arteaga, el joven violinista que pone hilo musical a las acciones de guerrilla urbana de sus compañeros, cívica quema de conciudadanos incluida, y que abrió, tras ser herido, en una España donde los héroes siempre lindan con el fascismo, la edición del mediodía del telediario de A3 el domingo 23 de julio. Lo que para los medios tahúres es la oscuridad totalitaria de nuestras siniestras huelgas generales se convierte allende los mares en, nunca mejor dicho, el augurio de un diáfano, griego, “amanecer dorado”.
La próxima huelga general que se convoque en el estado español debería ser extraterritorial, pedir que nos acoja Venezuela para que esa mínima escaramuza que nuestros formadores de opinión consideran aquí inusitada violencia, se convierta, por el arte de la doble vara de medir y el desierto moral, en resistencia.
Nota de frustración: intento con tanto encono como escasa sapiencia quitar este extraño fondo blanco lineal que ya apareció en el anterior texto, pero soy incapaz.

sábado, 22 de julio de 2017

La sinrazón de una circular interna

“En este día de 1.936, oficialmente, se inicia en toda España un alzamiento cívico-militar, en el que participa la mayoría del Ejército. Es un día importante en la historia de nuestra patria que merece ser recordado, para que las generaciones futuras eviten el que se produzcan las circunstancias que propiciaron el enfrentamiento bélico. Los pueblos que olvidan su historia están irremisiblemente condenados a repetirla”.
Bajo el epígrafe “efemérides” el Ejército de Tierra sacó, en una circular interna, el texto arriba reproducido. A pesar de su brevedad creo que tiene enjundia.
En la primera línea destaca el concepto “alzamiento cívico-militar”. Quienes ya transitamos largamente la cincuentena, con el añadido de una temprana politización en una época donde enormes cantidades de futuros demócratas tenían a gala su apoliticismo, tenemos memoria de que el régimen fascista se refería a su efeméride fundacional como “alzamiento nacional”, generalmente antecedido por un, de rigor, “glorioso”. La nación, postrada, casi inerme, se alzaba ante el peligro rojo-separatista. Hoy, 81 años después, han cambiado el “nacional” por el “cívico-militar”. Un cambio que, piénsenlo detenidamente, viene a significar lo mismo pero, lo que a mí me parece un agravante, suavizando las aristas. Unas aristas que, por cierto, chorrean sangre. Nos hurtan las palabras precisas: golpe de estado. O, en su defecto, golpe militar. Claro que había, aunque fuera como adláteres (la Falange, un grupo paramilitar, como fuerza de choque para el trabajo sucio) o financiadores, civiles en la trama conspiratoria que se urdía desde meses antes, desde casi el minuto siguiente del triunfo de febrero del Frente Popular. Civismo, desde luego, no. En otro texto ya recogí la directriz enviada por Mola el 25 de mayo en la que negro sobre blanco, sorprendente por hacer un llamamiento tan descarnado a la matanza, establecía como metodología del golpe la violencia extrema. No pretendo, aunque hayan pasado más de 80 años, que el ejército español, tampoco lo hacen el PP o su epígono Ciudadanos, lo catalogue como una sublevación fascista sostenida por Alemania e Italia, aunque  esto último resulte paradójico en gente que llevaba (y lleva) todo el día colgando la palabra España de la boca. Pero que tengan la honorabilidad de utilizar la expresión “golpe de estado” en lugar de un eufemismo embellecedor. El problema radica en que el ejército actual, milongas para incautos de una OTAN en misión de democratización mundial permanente aparte, es el continuador del ejército vencedor en la Guerra Civil. Y prueba de esto es que, por ejemplo, en marzo de este año el exhumado general Sanjurjo, un bigolpista que se sublevó contra la Segunda República en 1932 y 1936, en ambos casos como jefe de la rebelión, fue trasladado en avión militar desde Pamplona a Melilla y enterrado con honores en el Panteón Militar con la asistencia del Comandante General de la citada ciudad africana, además del presidente (PP) Juan José Imbroda. ¿Con este acto no se incumplió la Ley de Memoria Histórica?
La última parte del comunicado es justificadora del golpe y, lo que tiene tintes más alarmantes, admonitoria: “que las generaciones futuras eviten el que se produzcan las circunstancias que propiciaron el enfrentamiento bélico”, con el añadido de la archiconocida y tenebrosa muletilla: “los pueblos que olvidan su historia están irremisiblemente condenados a repetirla”. Las “circunstancias que propiciaron” la rebelión militar y, fruto de su fracaso en buena parte del estado, el posterior enfrentamiento bélico tienen un nombre concreto: triunfo del Frente Popular en las elecciones del 16 de febrero del 36. Al conglomerado formado por una oligarquía extremadamente reaccionaria, que temía especialmente la reanudación de la reforma agraria, por una Iglesia aliada de las clases dominantes y con privilegios seculares, entre ellos un pastoreo de las conciencias que no estaba dispuesta a perder, y por  un ejército reaccionario y baqueteado en la crueldad de las guerras coloniales, empezó a sonarle la alarma y a encendérsele todas las luces (rojas, por supuesto) que significaban el establecimiento de un gobierno reformista (compuesto solo por republicanos) pero que, se supone, estaba dispuesto a alterar el intocable e injusto status social existente. Hagamos un ejercicio imaginativo, bastante imaginativo. ¿Si en una “generación futura” alcanzara el poder una coalición de izquierdas que tuviera el propósito de realizar profundos cambios económicos y sociales que afectaran a la oligarquía española, consideraría nuestro ejército retornadas las “circunstancias que propiciaron” la sublevación militar del 36? ¿Nos considerarían un pueblo “irremisiblemente condenado” a repetir su historia? Yendo por la deriva del humor negro me atrevería a decir que espero que, al menos para cuando toque repetir la historia, la vieja generación de desaparecidos haya sido recuperada de pozos o cunetas… por si “irremisiblemente” hace falta hueco. No olvidemos que aunque un pueblo, por su mala cabeza, sea repetidor (aserto harto discutible), los repetidores, "así tomados de uno en uno", casi nunca son los mismos.
Una última pregunta desde la suspicacia: siendo el ejército español garante de la integridad territorial, ¿tendrá este comunicado interno alguna relación con que en una nación del estado español se haya planteado para el 1 de octubre un referéndum donde se votaría la posibilidad de constituir un estado propio y, lo que a menudo se obvia, republicano?

viernes, 14 de julio de 2017

Víctimas y símbolos

La derecha española que habita en el PP, e incluso ese aliviadero para votantes algo más escrupulosos que se llama Ciudadanos, esa que nunca ha rechazado y que en no pocas ocasiones ha justificado el fascismo, es, paradojas de la vida, quien aporta los “héroes” democráticos en este país.
Un ejemplo clásico es Adolfo Suárez, que ha quedado consagrado como el audaz navegante que viajó de una ley ilegítima a la Sagrada Constitución, el hombre que, en términos coloquiales, entre grandes fatigas, con viento de proa, trajo la democracia a España dando su nombre al aeropuerto de Madrid, cual Charles de Gaulle, el general que simbolizó la llamada Francia Libre, surgida como respuesta a la ignominia del régimen de Vichy.
Otro ejemplo es Miguel Ángel Blanco. Hace unos días se cumplieron 20 años de su secuestro y posterior asesinato a manos de la banda terrorista ETA. No deja de sorprenderme, crueldad aparte, su ceguera política. Por un lado, pensando que el gobierno iba a ceder en 72 horas a sus pretensiones sobre el acercamiento de presos. Por otro, no dándose cuenta de que M. A. Blanco, modesto concejal del PP en Ermua, no era un “peso pesado” de la política que pusiera al gobierno en el brete de lanzar algún tipo de señal nítida. Lamentablemente, a su pesar, como hombre humilde y anónimo condenado a una agonía terrible, tenía todos los componentes para ser un héroe popular, esos héroes que, a ti (ETA) te convierten en un ente absolutamente desalmado y monstruoso y a tu enemigo le otorgan un estandarte valiosísimo, que, por supuesto, estará siempre dispuesto a usar. Claro que el PP saca réditos políticos si puede del asesinato de M. A. Blanco, pues al contrario de otros aspectos, como el fangal de la corrupción, la figura de M. A. lo ennoblece a los ojos de muchas personas.
Quizás yo sea un tipo muy descreído o muy mal pensado. Pero tengo claro que las víctimas forman parte de la batalla política (uso el símil guerrero a conciencia). Las víctimas no son almas transparentes, tienen, con mayor o menor definición, banderas que las cubren para siempre. Aunque quienes las enarbolen sean los vivos. El dolor intenso, ese que te destroza, solo les pertenece a los familiares y a los amigos íntimos. Otras personas, en círculos más externos, pueden sentir ira, pena o impotencia. Mil sensaciones que, nos guste o no, estarán tamizadas, serán más leves o intensas según cuales sean nuestras posiciones ideológicas.
Hace unos días, tras larga lucha, una mujer de 92 años, Ascensión Mendieta, gracias a la intervención, para vergüenza de la justicia española, de la jueza argentina Servini y de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (AMRH), logró exhumar de una fosa común en el cementerio de Guadalajara los restos de su padre, Timoteo Mendieta, asesinado por la banda terrorista 18 de julio en 1939. En el rescate de los restos de Timoteo estaba la bandera republicana porque cada cuerpo rescatado a la ignominia de una fosa común, una cuneta o un pozo, muchos de ellos también con tiros en la nuca, no solo es un bálsamo para sus familiares, es para mucha gente de izquierdas, entre los que me encuentro, un grito que busca impedir que se consolide el blanqueamiento del fascio-terrorismo español, ese que con ahínco persiguen el PP y sus baterías mediáticas cada vez que pretenden, con el argumento falaz de no dividir a los españoles, el olvido de los republicanos asesinados por la dictadura.
El telediario de la 1 de televisión española no emitió la noticia del entierro de Timoteo. Lo esperable en una víctima de segunda categoría. De lo esperable vamos a lo execrable. Tampoco sé cuantas cadenas han dado la información, si es que la ha dado alguna, de que el ayuntamiento de Guadalajara, gobernado por el PP, quiere cobrar a la AMRH 2.000 euros por su exhumación. No se olviden de que estamos hablando de un país en el que desde hace varios años la Ley de Memoria Histórica recibe un presupuesto 0 y en el que hay 100.000 cuerpos que esperan una bandera republicana que les cobije. Imagínense, hagan el titánico esfuerzo, una circunstancia similar en el espectro de la derecha. Admiro al PP porque tiene claro, sin los complejos que atenazan a una izquierda siempre temerosa de que la ubiquen en el entorno etarra o allá por el Orinoco, quienes son los suyos y los defiende a ultranza, y a los que no son los suyos en el mejor de los casos los trata con tibieza o los ignora. O en el peor, los desprecia cobrando una cantidad miserable o atreviéndose, con la complicidad de su aliviadero Ciudadanos, a rechazar que se coloque en la fachada de la sede del gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid, donde estuvo la Dirección General de Seguridad en la época fascista, nuestra Gestapo particular, una placa que recuerde a todos los torturados en aquellas dependencias por la 18 de julio durante los 40 años que ejerció su terrorismo de estado.
¿Por qué, cuando se cumplen sus aniversarios, no son héroes nacionales que abran las portadas de todos los informativos los 5 trabajadores asesinados por la policía en Vitoria en el 76 o los 5 abogados laboralistas asesinados en Madrid en el 77? Esta gente que arriesgó y perdió su vida por la democracia, es desconocida, lo afirmo con rotundidad, por más de la mitad del país. La respuesta es sencilla, para la derecha son rojos, víctimas de segunda clase: el enemigo abatido al que, mediante la Transición otorgaron, en un marco idílico que nunca existió, una democracia condicionada en la que solo nos permitían, cautivos, desarmados y amontonados los cadáveres e impunes a los fascistas, mantener la memoria de la derrota.

lunes, 10 de julio de 2017

Leopoldo o el infierno venezolano y Óscar o el paraíso estadounidense (si sólo miras la tele)

Leopoldo López, ese Nelson Mandela redivivo, ha pasado de una prisión militar (desde la que protagonizó un impagable sketch cómico gritándole a su mujer, que estaba saliendo del penal, con un vozarrón acorde a la masa muscular que ha ido desarrollando entre rejas, el ya famoso: “Lilian, me están torturando”), al arresto domiciliario. Por cierto, una de las alegaciones del tribunal que ha decretado el cambio de su situación penitenciaria se ha basado en un indefinido “motivo de salud” que, curiosamente para un individuo que es torturado a distancia auditiva de su constantemente grabada esposa, ha sido desmentido por sus correligionarios. O sea, la salud, torturas aparte, perfecta. Habrá respirado Felipe González, ese ex presidente abyecto que declaró que la dictadura venezolana era peor que la de Pinochet. No sé si la oposición venezolana tendrá, hablando de similitudes infames, un cantautor a mano, un Víctor Jara de ultraderecha que ofrendar al sanguinario Maduro. Ese que un par de días después de la acción del policía que secuestró un helicóptero y atacó diversos edificios oficiales, y al que aún no he visto ser tildado de terrorista en ningún gran medio de desinformación masiva, fue caricaturizado en un periódico venezolano tiroteado por el mentado policía. No sé yo como actuarían nuestros insignes tribunales, a los que tanto molestan los chistes a cuenta del vuelo de Carrero Blanco, ese gobernante democrático que durante más de treinta años colaboró estrechamente con nuestro gran jefe fascio-terrorista Francisco Franco.
Tras llegar a su casa, que parece ubicada en medio de una extensa y tupida fronda, se alzó Leopoldo y asomó bandera en ristre tras el muro de su finca. Como él no podía dirigirse a la concurrencia que lo aclamaba, otra muestra de dictadura atroz, Freddy Guevara, un dirigente de su partido que imagino airado cada vez que escribe su apellido, leyó un comunicado en el que Leopoldo llamaba a seguir, a perseverar “la lucha en la calle”. Se fue de la cárcel a su casona con la latita de gasolina en la mano. Y la latita de gasolina no es, en este caso, una metáfora socorrida, de quien esto escribe. Al menos ocho personas han sido quemadas por la oposición pacífica venezolana, que se ha dedicado a la caza del chavista con la complicidad de unos medios que han querido, estoy convencido que con bastante éxito, retorcer, desfigurar  (cuestionando el famoso refrán que establece la inferioridad de mil palabras ante una imagen) con sus discursos lo que nos muestran las imágenes. Oposición que también se ha empleado pacíficamente en atacar a pedradas maternidades, en asaltar cuarteles rompiendo vallas contra las que lanzan camiones, en “trancar” arterias principales durante días e ir sus “muchachos” casi a la guerra con mochilas, escudos, cascos y cóteles molotov (mira que usar un invento símbolo histórico de la izquierda revolucionaria y al que da nombre un Comisario del Pueblo Soviético).
Sí, mientras desde el gobierno “dictatorial” de Maduro realizan llamados a la paz, al diálogo, López, envalentonado, cree que es el momento de dar una vuelta de tuerca callejera.  Imagínense si Otegui el día que salió de prisión llega a decir que hay que luchar también en las calles. Piénsenlo. Otegui está inhabilitado hasta 2021 para presentarse a cargo público, y nunca se le permitió recibir en la cárcel la visita de una comisión internacional. Leopoldo López, el que habitaba las mazmorras que habrían hecho estremecerse a Pinochet, pudo ser visitado por Zapatero.
Las comparaciones son imprescindibles. Y en muchas ocasiones tremendamente odiosas. En mayo pasado, con el desconocimiento de la inmensa mayoría de una población española y el silencio o apenas el susurro de la noticia breve en los medios del capital, fue liberado Óscar López Rivera, un hombre que si podría mirar cara a cara, en estatura moral, a Nelson Mandela, pues estuvo encarcelado 36 años, 12 en aislamiento, en la llamada tierra de la libertad, por ser un independentista puertorriqueño al que el gobierno yanqui condenó por actos de sedición y conspiración para derrocarlo. ¡Vaya! Lo que quiere hacer el bueno de Leopoldo en Venezuela, con la salvedad de que él tras tres añitos ya está en casa. Y eso que la fiscal general de Venezuela, hoy en contra del gobierno, solicitó en 2014 para Leopoldo López treinta años de prisión, que la sentencia dejo en trece y medio, por instigar y organizar los disturbios, las guarimbas, que originaron cuarenta y tres muertos. Por cierto, un dato interesante que vi en TeleSur: la asociación que representa a los familiares de los asesinados en las citadas guarimbas, también desconocida por casi toda la población española debido al enorme sesgo derechista de los grandes medios, dieron la bienvenida a ese cambio en la situación de Leopoldo López si contribuye a pacificar el país. Aquí se plantea un simple acercamiento de presos vascos a cárceles de Euskadi seis años después del abandono de la lucha armada de ETA y las principales asociaciones de víctimas del terrorismo ponen el grito en el cielo.
Una última apreciación, el 1 de junio fue asesinado, en una barricada montada por opositores, el juez Nelson Moncada, que en 2016 formó parte del tribunal de apelación que confirmó la sentencia de Leopoldo López. Por razones obvias, no deja de ser curioso el espíritu vengativo de la “dictadura venezolana”.
Maduro, aunque te proclames cristiano ten cuidado con tus mejillas y las de la gente más humilde de tu pueblo, la derecha católica de toda la vida nunca ha puesto ni la una ni la otra.

"Las casitas del barrio alto" de Víctor Jara. Hace una pequeña y recomendable introducción 


Las nuevas armas de la pacífica oposición venezolana

jueves, 6 de julio de 2017

Altsasu o el terror de la ley

Imagínense un profesor que una madrugada, en el territorio veraniego de las fiestas de cualquier pueblo, pongamos que hablo de Agaete en Gran Canaria, es reconocido por un grupito de exalumnos que, por las razones que ustedes quieran imaginar, no guardan buen recuerdo de él y sienten, quizás aupados por la euforia alcohólica, que el destino les ha servido, calentita, muy calentita, la venganza. De resultas de la paliza, aderezada con algunos gritos de “muerte a los  hijos de puta de los profes”, el pobre maestrito acaba con algunas magulladuras y un tobillo fracturado que lo postra un par de días en una clínica. Como el gobierno del PP hacía muy poco tiempo había reconocido al gremio de los enseñantes la categoría de autoridad pública, los sindicatos amarillos solicitaron todo el peso de la ley. “Es terrorismo”, bramaban (en verdad el profesorcito se sumió en una depresión  y le aterrorizaban las madrugadas, las fiestas populares y soñar con mochilas). “Incitación al maestricidio”. En resumen: Audiencia Nacional al canto por acto terrorista, prisión provisional sin fianza para los hostiadores más sañudos y petición fiscal de 50 añitos de nada para cada participante en la somanta etílica. Alguno de los encausados, ese que dormitaba, parece que lo estoy viendo, en las clases de Ética o Ciudadanía, se atrevió a musitar: “por ese precio nos lo habríamos cargado”.
En la situación ficticia planteada usted cambia al pobre maestro por un par de guardias civiles, traslada la acción de la villa canaria de Agaete a la localidad navarra de Altsasu, y tiene el dislate hecho realidad: 375 años de cárcel solicita el fiscal para 8 personas por tres contusionados y un fracturado de tobillo en una gresca o agresión, eso habría que dilucidarlo, en las fiestas del pueblo a las 4 de la mañana.
No soy ningún candoroso creyente en la dama ciega con la balanza, pero me asusta cuando un fiscal establece en papel oficial una petición tan alejada de lo que yo llamaría un mínimo equilibrio (no sé si mental o procesal), y la mayoría de los medios y buena parte de la sociedad siguen, contándonos unos y tragándose otros, el cuento de la independencia de la justicia. También me aterroriza que tengamos leyes que permiten, aunque sea alambicándolas, convertir una hipotética paliza, muy reprochable pero sin consecuencias graves, en una petición de medio siglo de cárcel para cada persona encausada. 
La infamia viene cebándose de atrás:
Por una justicia que absuelve a infantas que, arrojadas al mundanal ruido y ¡oh! transidas de amor, no saben lo que firman, que condena a penas de prisión a tuiteros que hacen chistes con jerifaltes fascistas ejecutados o encarcela, con la connivencia de la cobardía moral inicial de no pocos políticos supuestamente progresistas, a titiriteros alkaetarras. También se alimenta la infamia porque existe en el Código Penal un delito de ofensa a los sentimientos religiosos que permite procesar a tres mujeres que un Primero de Mayo de 2014 procesionaron portando al Coño Insumiso en lo que para la Audiencia de Sevilla fue “un escarnio al dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María”, o porque la fiscalía de la Audiencia de Las Palmas perdió tiempo, dinero y dignidad investigando el hipotético delito de una drag que, ¡en Carnavales!, y fuera de cualquier ámbito religioso parodió a la Virgen del Pino.
Sí, todo lo anterior alimenta al siempre impune bicho fascista español y su repugnante doble vara de medir, que pone en el altar a todas las víctimas de ETA, incluso las que, como Carrero Blanco, sirvieron a la Dictadura. La desvergüenza de los herederos del fascismo es tal que el 7 de junio el ministro Zoido puso un tuit que dice, textualmente, lo siguiente: “Hoy hace 49 años que ETA asesinó por primera vez. Recordamos al agente de @guardiacivil José Pardines, mártir de nuestra democracia #memoria.” Es muy revelador que esta gente considere que en 1968 había democracia en España. Encima el mártir es una persona que pertenecía a una institución que fue una fiel escudera del fascismo, luchando con saña contra cualquier atisbo de rebeldía democrática. Y el recochineo final, por parte de quienes llevan años sin dar un euro para la recuperación de la memoria histórica, es el hashtag “memoria”. Pero ojo, Zoido no se equivoca, el PP nace y se alimenta del pudridero de la dictadura. Por eso recordar los muertos de la guerra y la larguísima posguerra es revanchismo y poner en solfa la convivencia, porque para la derecha española esos asesinados siguen siendo el enemigo y las cunetas su lugar.
Mientras tanto, y es lo más desalentador, enflaquece la dignidad social, pues de otra manera es inconcebible que la petición del fiscal de Altsasu, que es un paso más en el uso del terrorismo como medio para controlar la protesta social, no genere una oleada de movilizaciones contra esa ignominia por todo el estado español.


martes, 4 de julio de 2017

El alumno S y el ciudadano F

Este año le di clase al alumno S. Ha sido una de las alegrías, en este recién acabado curso, de un tipo triste como es quién esto escribe. Después de una trayectoria que podríamos calificar, en términos bondadosos, de errática, S al cumplir los 16 años que le permitían abandonar de motu propio esas aulas que para él eran un territorio de hostilidad, salió a darse un paseo por el mundo laboral sin un escuálido título de secundaria que llevarse a la boca. Y lo que vio no le gustó y tal vez le aterró un poco, y entonces, para mi suerte, se matriculó en 3º de la ESO en mi instituto con ganas de saber y quizás, perdónenseme los resabios de comunistón antiguo, ser un hombre nuevo. Un hombre entre notables y sobresalientes finales que, allá por octubre, tras su primer examen conmigo, me dijo: “profe, es la primera vez en mi vida que apruebo un examen de Sociales”.  Le maticé: “no lo has aprobado, has sacado un sobresaliente”. Pretendía que percibiera que su salto era de calidad y responsabilidad exclusiva suya, fruto, y esto es lo más importante, de su propio convencimiento. Un convencimiento que le hace soñar, aún con cierto temor, con el bachillerato y la Universidad. Un convencimiento que intenta cuidar su equipo educativo y que, por supuesto, tiene a su madre llena de satisfacción.
Quien en alguna ocasión me haya leído sabe que me gusta relacionar temas, mi mente busca quizás conexiones inverosímiles, o retorcidas, de universos que ni se tocan. Y es que debo de ser honesto: yo estaba pensando en el ciudadano F (Garzón dixit) cuando se me cruzó por la mente esa pequeña caída del caballo, ese convencimiento (¿aún frágil?) del alumno S.
Y es que el ciudadano F en un discurso que leyó la semana pasada nombró, refiriéndose al periodo en que gobernó su abuelo político, la palabra dictadura. “Ha hecho lo que nunca hizo su padre”, clama el supremo equipo educativo de los grandes medios de educación, perdón, de comunicación, alabando la heroica superación del ciudadano F, “ha llamado dictadura a la dictadura”. Bravos, olés y premio fin de carrera para un alumno talludito pero “excepcionalmente preparado”.
Cuarenta y dos años le ha costado a la monarquía borbónica, para nuestra infamia, confesar, aunque sea metiendo por medio la bazofia embaucadora para débiles mentales de las dos Españas, que el poder le fue otorgado por un jefe terrorista llamado Francisco Franco que a día de hoy tiene a decenas de miles de sus víctimas yaciendo en fosas comunes mientras a él le ponen, a costa del erario público, cada día, flores frescas en su tumba.
El ciudadano o rey F, si ya llegó al convencimiento de que la fuente de su poder es una dictadura fascista y sanguinaria debería, en consecuencia, plantearse, someter su cargo a referéndum, aunque sea con cuarenta años de retraso y animándose no solo a atisbar, sino a transitar el camino de la dignidad.
El mismo día, poco antes del discurso del rey, Unidos Podemos homenajeó, con una representación testimonial, a los anónimos luchadores y luchadoras contra la dictadura, esas personas que nunca darán nombre a un aeropuerto, ni a una calle de su pueblo o ciudad, esas personas cuyas medallas son las palizas de los impunes Billy el Niño (que no es uno solo) que en España viven protegidos, contra el criterio de la propia ONU, por la judicatura. Pero me atrevo a decir que el principal homenaje que Unidos Podemos puede hacer a los luchadores antifascistas y a los cuneteados, para los que este mísero estado no tiene ni un euro de presupuesto, es introducir como punto esencial de su programa la lucha por el advenimiento de la Tercera República. Ya está bien, en el caso de Podemos, que no de IU, de cobardía, de hacer referencias tangenciales a los valores del republicanismo, de ligeras collejas dialécticas al cogote real. Para “colmeneras almas republicanas pajareando” (perdone el pequeño destrozo a su Elegía, don Miguel), nos basta el PSOE, que en su recién celebrado Congreso azotó el culete de sus díscolas juventudes que iban a poner en solfa, con una moción republicana, al neorojo Sánchez, más allá de que me supusiera una enorme satisfacción la derrota del ego de una Susana Díaz aupada entre la cal viva, Filesa y un discurso simplón construido a base de latiguillos. Pero ¿quizás ha sido la victoria de Sánchez lo mejor para apuntalar al régimen? En el fondo sospecho que el propósito de ambos era el mismo. Es otro tema. Lo único que tengo claro es que hay que poner la república, esa para la que tanto republicano de pacotilla nunca encuentra el momento adecuado, en la agenda cotidiana ya. El 14 de abril es hermoso, pero necesita descansar, necesita que seamos capaces de darle el relevo. Y quien tiene que definirse sin ambigüedades en este asunto es Podemos empezando a hablar sin tapujos de la inmoralidad que implica en sí el sistema óvuloespermatozoideo, también llamado, por disimular, monárquico, y ofreciendo de frente, sin titubeo ni carraspeo alguno, con convencimiento, la alternativa republicana. Yo no sé si lo veré, pero deseo que el alumno S sea un digno hijo de la República.

sábado, 1 de julio de 2017

Vida laboral

Una voz neutra,
preñada de colores muertos,
cansina o hija del hastío,
siempre educada:

“Hernández, hágame el favor,
revise minuciosamente
estos expedientes,
cuente las as, las ces,
las jotas y las kas.
Aísle las mayúsculas,
tienen ínfulas.
Reclúyalas en círculos rojos
de castigo”.

El perfecto trabajo sin latido
para el trabajador sin vocación,
creyente en la obediencia autómata
de ocho a tres,
oficiante presto a aletargar sus razones,
y su corazón raído,
en el altar solitario del asentimiento gris.

Bartleby contracorriente…
yo sí habría preferido hacerlo.

sábado, 4 de febrero de 2017

El clicktivismo y Donald Trump

Husmeando, rumiando este texto que ahora empiezo, he encontrado una palabra que me parece que retrata los tiempos que vivimos: clicktivismo. Condensaría en un único término lo que llamamos el “activismo virtual”. Las tropecientas mil campañas que se realizan a través de la red en pos de múltiples causas nobles que siempre son pura sintomatología y que, ¡oh casualidad!, nunca merodean las raíces (perdonen los lectores, pero por mor del libro que actualmente leo estoy bastante asilvestrado y lobuno) que nutren los males que rechazamos a golpe de click. Quién hoy en día no recibe en su correo varias cartas semanales con petición de firma para “desfacer algún entuerto” cometido entre la puerta de su casa y las antípodas es un don nadie.
Estás misivas circulan habitualmente por Facebook. Yo, remolón y descreído, no dejo de asombrarme del énfasis guerrero de no pocas personas. Es habitual leer un vigoroso “¡firmado!”. Y yo imagino en vez de un marcial taconazo un contundente clickazo seguido de un “Señor, si, señor, las huestes de cibernautas prestas a atacar”. A golpe de click podemos combatir en mil frentes y salir indemnes aunque no ganemos ni una batalla.
Como profesor no puedo resistirme a poner un ejemplo que me resulta especialmente lacerante. En 2010 ó 2011, creo, no recuerdo la fecha con precisión, se incrementó el número de horas lectivas (aquellas que estamos dentro del aula dando clase) del profesorado de Secundaria de 18 a 20 semanales. En su momento, descontando algún clickazo que otro, no hubo resistencia alguna a una medida que suponía un empeoramiento de las condiciones de trabajo y, además, una pérdida de plazas del profesorado. Aprovecharon magistralmente la crisis, con la consabida “doctrina del shock”, en un colectivo, el mío, que me parece cada vez más propenso a estar en shock, para someternos aún más. Ni un atisbo de respuesta contundente. Salvo en determinados colectivos a los que puedan planteársele luchas concretas de supervivencia, la huelga tenderá a ser, sospecho, un vestigio arqueológico. Ahora, en estos meses, ha circulado un escrito que solicita la firma del profesorado para recuperar las 18 horas lectivas. No con mi click desde luego. Lo que se perdió con el deshonor de no luchar sólo debe recuperarse con el honor de la lucha. Salvo que, cuando impera la sumisión es lo que toca, de la misma forma graciosa que nos despojaron, nos lo devuelvan.
Quién tenga la costumbre de darse alguna vuelta que otra por este callejón ya conoce mi tendencia un tanto errática, pero, no obstante, lo que acabo de comentar me parece un buen ejemplo de lo que nos puede esperar si lo fiamos todo a un golpe de click.
Pero mi intención primigenia, la que me ha hecho revolverme como un lobito enfurecido contra los clickazos, ha sido comentar la siguiente carta de la organización Avaaz.org, tras la cuál parece hallarse la mano del “filántropo multimillonario” (¿será un oxímoron?)  George Soros, que me ha llegado por correo electrónico y también ha circulado por Facebook con los consiguientes firmes (la e es adrede) de rigor de todo aquél que se siente “progresista”. Sí. Ningún concepto tan vacuo, tan poco definido y que tan poco implique como el término progresismo. Es un bálsamo para todo tipo de rozaduras, al que en mayor o menor medida casi nadie renuncia. La carta hace referencia al ogro del momento y dice:

Estimado Sr. Trump:
No hay nada de grandeza en esto. 


El mundo rechaza su incitación al miedo, al odio y a la intolerancia. Rechazamos su apoyo a la tortura, su llamamiento al asesinato de civiles y su fomento a la violencia en general. Rechazamos su menosprecio a las mujeres, a los musulmanes, a los mexicanos y a los millones de personas que no se parecen a usted, que no hablan como usted o que no le rezan al mismo dios que usted. 

Hemos decidido enfrentar su miedo con compasión. Frente a su desesperanza, preferimos la confianza. Y en vista de su ignorancia, nosotros escogemos la comprensión.  
Como ciudadanos del mundo, nos oponemos colectivamente a sus esfuerzos por dividirnos
El buenismo condensado en unas pocas líneas, dos de ellas en negrita por si somos un poquito tontos y no captamos la esencia de un texto tan “complejo”.
Yo me pregunto si realmente alguien de izquierdas puede dejarse engañar por un escrito tan ramplón y “aliviaconciencias” como éste (iba a decir “asustaviejas”, pero igual se considera políticamente incorrecto).
El incitante nuevo presidente de EEUU, Donald Trump, tiene su mayor problema es su única virtud, dice, para nuestra extrañeza y conmoción, lo que piensa, y nos permite atisbar, inmersos en la sociedad de las buenas apariencias, la fealdad del sistema, de un imperialismo que se muestra bravucón. El mundo, aunque esos términos así, en abstracto, me parecen absurdos, ya es un lugar, bastante antes de la llegada de Trump, bien abastecido de múltiples miedos (en términos bélicos EEUU es desde hace mucho tiempo, con diferentes presidentes, el contribuyente número uno) y de odios no siempre, lamentablemente, bien dirigidos. Y la intolerancia es la palabra que menos tolera la abstracción, pues pienso que en algunos aspectos andamos bastante escasos de ella. Y todos los presidentes de EEUU han sido tolerantes (e incitantes) de la violencia en casa ajena e incluso con la violencia dirigida, en casa propia, a minorías desfavorecidas. ¿Los próximos vídeos que nos lleguen de policías estadounidenses abatiendo a ciudadanos negros desarmados, como durante los ocho años de presidencia del negro Obama, serán producto exclusivo del fascista Trump? ¿Los más de mil kilómetros de vallas que ya separan EEUU y México los construyó Trump? ¿Los tres millones de expulsados de EEUU en los ocho años de mandato de Obama fueron deportados por Trump? ¿Todos los ejecutados extrajudicial y extraterritorialmente con drones u otro tipo de dispositivos en el mandato del premio Nobel de la Paz Obama fueron asesinados por Trump?¿la destrucción de Libia y la guerra en Siria la impulsó Trump? ¿El abuso de poder machista del presidente demócrata Bill Clinton sobre Mónica Levinski lo realizó el rijoso republicano Trump? ¿La Europa hipócritamente horrorizada por los derechos humanos, y que tiene el Mediterráneo lleno de cadáveres, no tuvo en la Italia de Berlusconi un antecesor de Trump? ¿En la España que se comprometió a acoger diecisiete mil refugiados de los que han llegado menos de mil gobierna Trump o Donald Rajoy?

Trump, señores de Avaaz, no tiene que realizar ningún esfuerzo para dividir a los ciudadanos de un planeta donde el 1% de la población posee la mitad de la riqueza. Ese planeta ya está hecho trizas por la injusticia. Lo siento, pero el monstruo no es el bruto Donald, el monstruo es la clase dominante (con su ideología dominante, circunstancia fundamental) de un país que con el 4% de la población mundial  se arroga el derecho de intervenir en cualquier lugar del planeta si considera que están amenazados sus intereses hegemónicos. Quieren que veamos a Donald como un pistolero loco que, acariciando sudoroso el gatillo atómico, nos llevará a una guerra mundial. Puedo pecar de inconsciente y quizás algún día me horrorice, pero no creo que vaya a haber un conflicto abierto y generalizado entre las grandes potencias con, al menos, centenares de millones de muertos. No. La barbarie capitalista, con o sin Trump (si quiere romper la cuerda que le ata), se seguirá administrando en dosis dolorosas para los humildes, pero sostenibles para la especie.

sábado, 28 de enero de 2017

El fascismo no es cosa de chiste

En varias ocasiones he expresado en mis textos que la principal organización terrorista del siglo XX español fue “La 18 de julio”. Y que su jefe, el general fascista Francisco Franco, en correspondencia con su “caudillaje”, fue el mayor terrorista de la historia del estado español. También he mencionado en algún otro escrito a Pedro Perdomo, un vecino del barrio de La Isleta, en la isla de Gran Canaria, que estuvo oculto entre los años 1936 y 1969. ¿Cómo medimos el terror que autoencarceló a Pedro durante más de tres décadas? Y no fue un caso único, hubo decenas de “topos”, término acuñado por Manu Leguineche y Jesús Torbado en un libro con ese nombre, por todo el territorio español. Y además, sé que vuelvo a repetirme, no es sólo la mayor organización terrorista por una estimación cuantitativa: dar un golpe de estado sangriento que deriva (ante la respuesta de un pueblo que no permaneció inane, sino que respondió y en buena parte de la geografía española, con el concurso de militares republicanos, venció la sublevación), en una guerra antifascista de tres años que ocasionó medio millón de muertos. Y como colofón un régimen fascista de 40 años que hizo de la tortura su seña de identidad y que dejo más de 100.000 personas asesinadas en cunetas. También es la principal organización terrorista desde un punto de vista cualitativo porque ejerció el terror sobre la población con las armas más contundentes, más devastadoras: las de la maquinaria del estado. Conclusión: decir ¡viva Franco! debería ser en cualquier país autodenominado democrático un delito de odio mucho mayor que decir ¡viva ETA! Establezco la comparación con las ochocientas y pico personas a las que quito la vida ETA porque esta organización es el paradigma del terrorismo en España, pero en cambio, desgraciadamente, casi nunca veo asociadas las palabras terrorismo y franquismo, demostrando la escasa cultura antifascista de este país, que se quedó anclado en la pueril e interesada versión (de la clase dominante, claro), de un pueblo que en el 36 se volvió “loco” y empezó a matarse de  manera compulsiva.
Si el mismo día a la misma hora y en la misma red social, dos personas de ideologías contrapuestas lanzan los vivas que yo he citado anteriormente, tengo el convencimiento de que uno será investigado por la fiscalía por ese engendro estúpido llamado delito de odio (¿es un delito de odio “odiar con toda el alma” a las eléctricas y sus abusos, con alevosía invernal, consentidos por el poder político, o es un mínimo acto de dignidad para no ser considerado poco menos que una ameba?), y el otro, el que aclame al cien veces más terrorista, no será molestado. Esta circunstancia, ya de por sí grave, se convierte en lacerante cuando son perseguidos por el aparato estatal quiénes hacen un chiste o mofa sobre un colaborador estrecho y hombre de confianza del jefe de la banda terrorista 18 de julio. Me refiero, por supuesto, a Luis Carrero Blanco, que en 1941 fue nombrado subsecretario de la Presidencia, en 1951 ministro de la Presidencia, en 1967 vicepresidente, y en junio de 1973, cuando el jefe delegó ese cargo al frente de la banda, efímero presidente por mor de una acción armada netamente antifascista llevada a cabo por ETA. No nos olvidemos que la oposición al terrorismo fascista que gobernó el estado español durante 40 años, guste o no, también se hizo, sobretodo en la década de los 40 por los maquis, y era legítimo, con las armas en la mano. Así, en una burla a tanto morador de cunetas que hay en este país, en una injusticia absolutamente antipoética, Carrero que era un dirigente de altísimo nivel de un régimen fascista (ese estado de excepción de la burguesía contra el pueblo cuando el hilo de la cometa democrático amenaza con romperse) cuya esencia era el odio, se convierte en intocable porque quiénes hacen chistes con la acción armada que lo mató (César Strawberry o Cassandra, una estudiante de Murcia) incurren en un delito de humillación a las víctimas del terrorismo. Él se humilló cuando se sublevó contra el legítimo gobierno de la República en 1936 y cuando, durante gran parte de su vida, fue el escudero de un genocida.
Siguiendo una estela que nos lleva más allá del odio, un año después, la fiscalía sigue sin llamar a declarar al locutor Jiménez Losantos, que dijo en antena: “Veo a los de Podemos y si llevo arma disparo”. Cuidado, aquí no hay delito de odio. Incluso añadiría que el odio de cierta gente es, poniéndome pelín teatral y antiguo, un blasón. El delito es mucho más grave que el odio o la humillación, es la amenaza, es, se supone, el paso previo al ataque a la integridad física de una persona. Insisto, que algún o alguna valiente escriba en las redes, yo no, que soy un cobarde: “Veo al rey Felipe VI y si llevo arma disparo”. Insisto, si yo fuera valiente y escribiera en una red social lo que acabo de escribir, entendería que la fiscalía me llamara a declarar pues estoy expresando mi disposición a cometer un delito. Porque ni siquiera podría alegar que es esa invocación genérica, en la que tienes el subterfugio de que te refieres a la institución, tipo ¡muerte al Borbón!, que a veces se escucha en Cataluña entre los que aspiran a establecer una república independiente. Por esto, más que asombrosa es reveladora la inacción ante las palabras de Jiménez Losantos. Y es igualmente revelador que exista con total impunidad, y recibiendo en la segunda legislatura de Aznar subvenciones, la Fundación Francisco Franco, y que el gobierno sea capaz de decir que la obra en la que más empeño puso el jefe terrorista, El Valle de los Caídos, no es un monumento franquista, siendo como es el monumento fascista por excelencia, no de España, sino de Europa. Podría hablar también de ese museo patético de exaltación fascista que es el restaurante Casa Pepe, en Almuradiel, cuyo dueño, ya fallecido, salió en un informativo diciendo, en un alarde de honestidad que le honra, ante tanto facha disfrazado, que “uno de los dos hacía falta en España: Hitler o Franco”. En homenaje a esta declaración, y otras que aparecen condensadas al pie de este texto, el PP, con la aquiescencia de Ciudadanos, le puso una calle a este buen señor y, creo que no ofendo su memoria, fascista de pro.
Todo esto demuestra que en el estado español puedes enaltecer la violencia, con total impunidad judicial, si ésta tiene una matriz fascista. Pero si eres rojo cuidadito con las bromas (o los chistes).



miércoles, 11 de enero de 2017

Israel y el "untermensch" (en su camión o ejecutado a sangre fría)

El anterior texto que subí a este blog hablaba de “camiones rigurosamente vigilados” con el objetivo de impedir que esas potenciales armas mortíferas irrumpan como un Leviatán asesino. El ejemplo parece que cunde. La última acción de este tipo se ha producido hace pocos días en Jerusalén. Un palestino lanzó el vehículo que conducía contra un grupo de soldados israelíes que estaban subiendo a un autobús. Cuatro soldados resultaron muertos y el conductor del camión fue abatido a balazos.
Primera medida del gobierno israelí (que en los diferentes informativos, si la citan, lo hacen de pasada): la vivienda de la familia del terrorista ha sido demolida. Con un par. Ya sé que no es una práctica aislada, al contrario, es habitual en Israel. Puedo estar equivocado, pero no me suena que esa medida se lleve a la práctica en otros lugares del planeta, circunstancia que de producirse tampoco la justificaría. Una familia en pleno a la calle por el “delito probado” del parentesco sanguíneo, y la hipócrita comunidad internacional no denuncia ese método digno del nazismo. Por su parte la UE sigue manteniendo, vergonzosamente, a Israel como socio económico preferente mientras pone lupas sobre Cuba, Venezuela o Rusia y observa con prismáticos inversos a un estado gamberro.
Además, las autoridades fascistas israelíes procedieron a la “detención administrativa” de varios familiares. Detención administrativa quiere decir que estarás privado de libertad por un periodo de seis meses, que puede irse renovando, sin que se formule acusación alguna contra ti. Se estima que actualmente hay 750 palestinos detenidos en Israel en esta situación que no es muy aventurado afirmar que consiste, de facto, en un secuestro de estado. Cuando el estado, con todo su poder coercitivo, te detiene, lo mínimo exigible es que, sea justa o injusta (esto se dirimirá posteriormente en los tribunales), formule una acusación contra tu persona.

Siguiendo con los derribos, me pregunto si las diligentes autoridades israelíes han derribado la casa de Elor Azaria, sargento de una unidad ¡médica! que disparó en la cabeza a un palestino que yacía herido e inmovilizado en el suelo y no suponía amenaza alguna para nadie en ese momento. Este caso ha tenido que ser juzgado por la grabación de un vídeo que recoge el hecho. Cabe preguntarse cuantas ejecuciones extrajudiciales, que no han salido a la luz pública, se habrán llevado a cabo en otras ocasiones por el autodenominado “ejército más moral del mundo”. La sociedad israelí, mayoritariamente, incluido el primer ministro Netanyahu, pide que una vez se sepa la sentencia, tras el veredicto de culpabilidad por homicidio (a mí me parece un asesinato alevoso), el sargento sea indultado. Esto es una sociedad enferma de miedo y racismo. Los nazis pusieron en boga, desde su delirante arcadia aria, el término “untermensch” (subhumano) para referirse a la gente del este: polacos, rusos, serbios, gitanos… y judíos. Pues eso.

Observen atentamente el vídeo y fíjense en un hecho estremecedor: después de que el sargento médico carga su fusil y dispara, ninguna persona a su alrededor se inmuta lo más mínimo. ¿Qué conclusión se puede sacar de esa circunstancia?

miércoles, 4 de enero de 2017

Camiones rigurosamente vigilados

Este encabezamiento parafrasea el título de la novela “Trenes rigurosamente vigilados” del escritor checo Bohumil Hrabal. Pero reconozco que, en primer lugar, acudió a mi mente, cambiando la palabra monstruo por camión, el título de la película de Bayona “Un monstruo viene a verme”. Ambos hacen referencia al mismo hecho: el camión, per se, sin carga explosiva alguna, como novedosa arma de terror aportada por el año 2016. No obstante, haciendo alusión a lo mismo, el enfoque es totalmente diferente. El segundo da la voz a alguien que probablemente está a punto de perderla y, lo que me hizo descartarlo, me parece que tiene una carga implícita de crueldad, que me incomoda aunque sea para usarla en un texto de opinión. Siempre he sido muy crítico con el concepto terrorismo, y siempre he pensado que los más deleznables actos terroristas realizados a lo largo de la historia han sido perpetrados, no por organizaciones clandestinas, más o menos capaces, o por los ahora llamados “lobos solitarios”, sino por estados bajo la cobertura de esa acción, hipotéticamente reglada, llamada guerra. Seguro que si alguien es cuestionado por el acto (aplicándole a este término el significado de acción concreta en un momento temporal breve) terrorista más brutal de la historia, acudirá a su mente, con imágenes diversas, el impacto de los aviones contra las Torres Gemelas de Nueva York en septiembre de 2001. Sin embargo, el acto terrorista instantáneo con mayor carga de consecuencias inmediatas, en forma de decenas de miles de muertos de, literalmente, un segundo para otro, se produjo el 6 de agosto de 1945 a las 8.15 de la mañana, hora de Japón, sobre la carente de valor estratégico ciudad de Hiroshima. El segundo acto terrorista instantáneo más grave de la historia de la humanidad aconteció 3 días después sobre Nagasaki con una mortandad algo menor, perece que fruto de caer la bomba “menos centrada” sobre la urbe. Nunca oirán en ninguna noticia conmemorativa hablar de ese acontecimiento en términos de acto terrorista. A veces casi ni se nombra al estado que llevó a cabo, con crueldad inusitada ese acto. ¿Se imaginan la durísima adjetivación que tendría esa misma acción, año tras año, si la hubiese realizado la denostada Unión Soviética?
Después de explicar mi desacuerdo con el concepto restrictivo de terrorismo que nos imponen y que hace que muchas acciones realizadas por ejércitos no reciban esa consideración, como por ejemplo cuando el estado de Israel bombardea ese campo de tiro cerrado que se llama Gaza, siempre me gusta llevar al primer plano el respeto por ese algo intransferible que es el dolor de cada víctima y de las personas que la quieren. Por esta razón ese primer título, que hacía un artificio harto improbable con lo que pudo pensar alguien justo antes de morir o ser herido, me producía cierta desazón.
Y entonces aparecieron los Trenes rigurosamente vigilados. O también podría ser, en una extraña contradicción con el sonsonete de la paz y los hombres de buena voluntad, unas Navidades rigurosamente vigiladas. Navidades con  mastodónticas jardineras y bolardos, no como elementos decorativos o contra el incivismo voraz del coche hacia muchas aceras o espacios peatonales. No. En realidad devienen, al modo de murallas medievales, en modernas defensas, en parapetos ante un artilugio de muchas toneladas conducido por quién la mayoría de las ocasiones (y casi siempre olvidándose el carnet de identidad o el pasaporte en el lugar del crimen) habita, siguiendo con referencias culturales, en La Ciudad de Dios de la que hablaba Agustín de Hipona. El mundo civilizado plantando cara, entre villancicos y ardientes tarjetas de crédito, al bárbaro paganismo.
El año ha comenzado con varios atentados en Iraq y uno en Turquía. El ocurrido en esta última nación, y más en concreto en la ciudad de Estambul, que simboliza ese transito entre Oriente y Occidente, ha tenido, con muchos muertos occidentales, sin llegar a ser París o Alemania, amplia repercusión en los medios, donde surge de inmediato la siguiente cuestión: ¿hay víctimas españolas? La pregunta, por supuesto, es pertinente. Imagino la angustia de personas con familiares en esa zona. En Iraq, donde ha habido en este arranque de año, varios atentados con mayor número de víctimas, la mención ha sido, en términos coloquiales, de pasada, fugaz. Unas imágenes de los destrozos, casi siempre en un mercado, generalmente de una zona chií, donde se observa gente desorientada e intuyes, con lo que la pregunta no suele salir en las televisiones, que no hay ningún turista español paseando por esos lares, tan ajenos a la mentada ciudad divina, esa donde, oh paradoja, la tarde del 5 de enero se aprestan a desfilar unos magos de oriente mientras miramos de reojo que esté bien ubicada la muralla y sus almenas con guardianes que nos protegen del peligro, nada mágico, que habitando entre nosotros, siempre viene de oriente.
Navidades rigurosamente vigiladas contra camiones acechantes, como el vehículo malvado de una película de dibujos de Disney, para sentirnos más seguros. Cierto que como coletilla nos dicen, y no nos mienten, que la seguridad absoluta no existe. Y tienen razón, al menos por lo que hace al ciudadano de la calle, de esa calle hipervigilada de las grandes ciudades de la libertad donde mi  transitar y el de millones de anodinos como yo, puede ser filmado casi paso a paso. En cambio, estoy convencido de que ese primer modo de atentado rabioso de los humildes, piensen en Cánovas o Canalejas, que era el magnicidio, ir derechitos a los grandes jerifaltes políticos o económicos es ya casi un vestigio del pasado. Los grandes líderes mundiales cuentan con protecciones casi inexpugnables. Nosotros no. Nosotros vivimos unas navidades donde a los plácidos sabores dulces o salados, que rutinariamente nos felicitan, se les añade ahora el picante de la inquietud.