domingo, 21 de agosto de 2016

Votar el 25 de diciembre

Recuerdo que mis padres y yo (niño con edad para guardar instantes en la mente, pues May partió muy pronto y Efrén llegó bastante después, cuando la lógica de la edad empezó a marcar una cierta dispersión), pasábamos las fechas más señeras de la Navidad en casa de mi tía Lola. Desde mi perspectiva eran días alegres, aunque punteados por la flagrante contradicción de ansiar, con una cuenta atrás lentísima, un Día de Reyes que traía como indeseable regalo de propina la vuelta al colegio. Uno de los momentos que sigue registrado en mi memoria es cuando en el paso del 24 al 25 de diciembre (Natividad del Señor y un puñado de dioses más), en mitad de la fiesta, mi tía o mi abuela colocaban al niño Jesús en un pesebre ubicado en un belén colgado de la pared y que tenía forma de botijo. Buscándole una explicación, probablemente peregrina, pienso en el modernismo pop del tardofranquismo de finales de los 60, con Massiel y su apoteosis eurovisiva, y en la apertura, al menos formal, que planteó el Concilio Vaticano II.
Desconozco en que medida sigue en vigor esa tradición de tener el niño guardado hasta el primer minuto del 25, pero cuando me enteré de que el gobierno había programado la investidura de tal manera que en caso de fracaso se fuera a votar el día en que parió ese ser poliédrico que es la Virgen María, me acordé del hueco vacío en el belén de mi infancia. Y pensé, si al final esa cita electoral se lleva a cabo, que a falta de un candidato que se llame Jesús, el mejor posicionado y con perspectivas de engorde electoral, para reocupar el botijo-pesebre monclovita, es un tipo… Mariano.
Reconozco que, desde antes de esta malévola genialidad del PP, ya me daba morbo la posible repetición de las elecciones, con el resentimiento del rojo crepuscular. Ahora, conocida la previsible fecha, en un acto de absoluta y gozosa irresponsabilidad, con la maldad del rojo resentido, anhelo que el 31 de agosto Pedro Sánchez, pie en tierra, aguante el envite (que intente armar un gobierno rojo-separatista podría costarle la muerte, social por supuesto) y nos conduzca a unas elecciones apoteósicas, con turrones, papeletas y miradas asesinas en las antemesas, mesas o sobremesas familiares. Con impíos nietos podemitas emborrachando a sus abuelos peperos en Nochebuena para, resaca descomunal mediante, sisarle votos a la derecha. 
Yo sé quién le indicó a Rajoy la vuelta de tuerca, maestra, al garrote vil en el que está el cuello de Pedro Sánchez. Fue un visionario (no se confundan, no en la acepción que implica ver más lejos): el Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, que tiene como asesor personal a un ángel llamado Marcelo. Con las instrucciones mafiosas para destruir la reputación de los independentistas catalanes y las leyes mordaza que elabora este hombre influenciado por un ente bondadoso, aún habrá que dar gracias de que, tal como se reflejaban los conflictos de conciencia en los dibujos animados, la otra oreja no se la caliente un diablillo ceñudo que pretenda llevarlo por el mal camino. Un camino que, con vírgenes alcaldesas perpetuas y condecoradas que han atendido la petición de Fátima Báñez de que se cree empleo, mal pagado y precario pero que los aterrorizados trabajadores reciben como maná, se percibe como un ahondamiento, muy fructífero para el pensamiento conservador, del descrédito de la política. Mientras tanto, desde hace decenios, sin necesidad de convocatoria navideña electoral alguna, la izquierda, en el terreno fideliano y esencial (felicidades por los 90 comandante) de la batalla de las ideas, se empeña en estar en Belén con los pastores.

lunes, 15 de agosto de 2016

La alegría de la guerra

“La guerra no es triste, porque levanta las almas… porque nos enseña que fuera de la Bandera, nada, ni aún la vida, importa. Gracias Rafa”.
Este tuit se publicó en la cuenta oficial del Ejército de Tierra tras el partido de tenis que perdió Rafa Nadal en su disputa por el bronce olímpico.
El texto está extraído de un artículo llamado “A pie y sin dinero”, escrito el año 1949, en el diario ultraderechista El Alcázar, por Camilo José Cela en honor del arma de Infantería y dedicado al general fascista y fundador de la legión José Millán Astray, a quién, con cierta polémica, se atribuye esa cumbre del pensamiento expresada en seis palabras que reza: “¡muera la inteligencia, viva la muerte!”.
Franco, creador de un ejército a su imagen y semejanza, estaría orgulloso, y quizás también su nieto político, nuestro nunca electo jefe del estado. Éste, si pudiera, seguro que lo retuitearía. Haciendo un poco de humor negro quizás habría que darle la razón al enfervorizado nacionalista español que maneja la cuenta del ejército. Si eres creyente, la guerra es una gran lanzadera de almas. Masas de seres humanos enviados al cielo. No entraré a especular sobre los criterios de admisión que establezcan los cancerberos de los diversos paraísos (Walhalla, huríes o contemplar eternamente la mirada de Dios), creados por las diferentes confesiones.
Y en cierta medida, tirando un poquito más del cabo del cinismo, tiene razón el tuiteador de aromas fascistas, para algunas personas o élites sociales las guerras no son tristes. Son una herramienta básica para levantar, como opción b ante la posibilidad de que seamos unos desalmados a los que espera la nada, imperios económicos y/o políticos.
El problema es que está feo y es erróneo (por eso eliminaron el tuit 3 ó 4 horas después), perdonen el chiste malo, ser tan “franco”. Hay que mantener la apariencia democrática, que es una de las bases de la paz social. Uno tiene el oficio de profesor, y en las escuelas o institutos una de las tantas premisas es “educar para la paz”. Estupendo. Me parece muy pertinente, pero sé que la guerra es una realidad tristísima y cotidiana en muchos lugares del planeta, incluso cuando la quieren vestir con los ropajes, que mucha gente compra, de la intervención militar humanitaria. Y sé que en los colegios hacemos el paripé cada vez que conmemoramos y lanzamos globitos los días de la paz, mientras el estado español, con un sonoro silencio mediático, vende armas a la tiranía saudí para que bombardee hospitales en Yemen (sí, a veces para que las almas suban al cielo divino, se les manda la muerte desde el mismísimo cielo terrenal).
El tuit ha tenido otra consecuencia indirecta y reveladora. Cuando el dirigente de Izquierda Unida y diputado de Unidos Podemos, Alberto Garzón, intentó acceder a la cuenta oficial del Ejército de Tierra se encontró con que tenía el acceso vetado. Garzón es un defensor de la bandera republicana, esa bandera tricolor y humilde que en 1931 enarboló el pueblo trabajador que vive la vida en minúsculas. O sea, Garzón, y él lo sabe, aunque tolerado mientras no huela poder, sigue siendo el enemigo para la mano que mueve al ejército de la mayúscula Bandera o la vida, ese que triunfó, para siempre, en 1939.
Antítesis del espíritu vacío e inhumano del tuit del ejército de Tierra, me permito transcribir los versos, plenos de sencillez y vigencia, que escribió hace casi 80 años, ya en la cárcel donde moriría, el poeta comunista Miguel Hernández. Pertenecen al libro inacabado “Cancionero y romancero de ausencias”.
                                                 
                                           Tristes guerras
                                           si no es amor la empresa.
                                           Tristes, tristes.

                                           Tristes armas
                                           si no son las palabras.
                                           Tristes, tristes.

                                           Tristes hombres
                                           si no mueren de amores.
                                           Tristes, tristes.

viernes, 12 de agosto de 2016

El padre fundador y la inhabilitación de Otegui

Un tertuliano de Tele 5, el sociólogo Javier Gallego (no lo confundan con un periodista del mismo nombre), en un debate sobre los mil y un dimes y diretes sobre la  hipotética formación de un nuevo gobierno y las mayorías necesarias para ello, dijo que Adolfo Suárez con 165 diputados (menos de los 169 que suman ese falso gandul que es Rajoy, vacacionando en Galicia mientras le da largas al lacayo Rivera y se sonríe observando tanto idiota que habla de la urgencia de formar gobierno sin preguntarse que políticas haría ese nuevo ejecutivo), había cambiado España. Y esa es la visión dominante. España la cambió un ex Ministro Secretario General del Movimiento. O sea, del partido único fascista español. Y cuando el señor se murió, al aeropuerto de la capital del estado se le puso su nombre. Sí, así se escribe la historia, tantas veces repugnante e hiriente, de este país. El gran símbolo de la democracia es un señor que pertenecía a las élites fascistas.
Desde una óptica democrática sería más lógico que ese aeropuerto o alguna otra infraestructura de gran entidad, llevara, es un ejemplo simbólico y por contraponer un nombre propio, el de Marcelino Camacho, que no fue solamente un dirigente sindical, sino un luchador antifascista desde la sublevación del 36 hasta la muerte del dictador en el 75. Pues no. El héroe de la democracia es una persona que se desarrolló, y no pasando por allí en una ventolerilla juvenil, políticamente al servicio de la dictadura. Además, era en ausencia de Manuel Fraga, de visita en Alemania, responsable de Orden Público el 3 de marzo de 1976, cuando se produce la matanza de Vitoria. Esos cinco asesinados que demostraban que muerto el perro, la rabia seguía campando a sus anchas. Y Suárez era el jefe, aunque fuera circunstancial (no me olvido de Juan Carlos, el hijo político del jefe terrorista Franco), de ese ejército rabioso que asesinó en Vitoria sin que ninguno de sus integrantes fuera, no ya encarcelado, sino procesado. Y también fue un hombre necesario para unas élites que querían cambios para que, fenecidas la portuguesa y la griega, la última dictadura fascista de Europa se transformara sin tocar ningún pilar del edificio afianzado por la dictadura tras el susto que supuso la Segunda República, excesivo, pero entendible tras siglos de dominio avasallador en base a una estructura social férrea.
Pero en realidad traigo a Suárez a este texto a cuenta de Arnaldo Otegui, el líder de la izquierda abertzale vasca que ha estado encarcelado seis años y medio, sin reducción de condena alguna. El 25 de septiembre próximo se celebrarán elecciones autonómicas en Euskadi. Y ha surgido la polémica. La fiscalía, con el aplauso entusiasta y del PP, de Ciudadanos y de UPyD, ese partido que aún no se ha enterado de que ya no existe, presenta un escrito ante la Junta Electoral diciendo que Otegui es “inelegible” pues está inhabilitado. PNV y Podemos defienden que Otegui se presente y la ciudadanía vasca decida. El PSOE, que no impugnará la candidatura de Otegui, contrapone su acatamiento a la justicia.
Empieza un baile que, me mojaré, pienso que acabará con Otegui fuera de la pista y sediento, pues según el dirigente del Partido Procesado (PP), Javier Maroto: “a Otegui, ni agua”. A pesar de que desde 2004 fue el dirigente que empezó a trabajar por el fin de la violencia de ETA. Y los que piensen que el fin de una organización que tiene como forma de lucha la acción armada es sencillo, que miren hacia La Habana, donde esa organización “terrorista” llamada FARC y el gobierno colombiano estuvieron varios años negociando hasta lograr un acuerdo. Aquí, el gobierno del PP, tan olvidadizo de las más de 100.000 víctimas del fascismo y de la acción posterior al 75 de los cuerpos policiales y parapoliciales (terrorismo de estado), es un paseante perpetuo, a ver que rédito cae, de las víctimas de ETA.
De este modo, un hipotético líder de los victimarios, Otegui, especie de Sísifo inverso, es perpetuamente arrojado a los infiernos por el pensamiento dominante, servido diligentemente a cualquier hora y formato, del cuál es eje fundamental un partido fundado por Manuel Fraga, un jerarca, un victimario del fascismo gobernante que, ya que de víctimas a sangre fría hablamos, estaba en el Consejo de Ministros que en 1963 dio el plácet al fusilamiento del líder comunista Julián Grimau. Adolfo Suárez, el jerarca sacrificado y angelical, quizás victimario a su pesar, en cambio, cada vez que se le cita, es ascendido, aeropuertos aparte, a los cielos, y nombrado padre fundador de la democracia hispana.
En el estado español, los perseverantes o los conversos a la democracia, provenientes del Movimiento Nacional, ese engranaje político e ideológico del terrorismo fascista, jamás han tenido el más mínimo problema para presentarse a las elecciones ni se vieron afectados nunca por ilegalización alguna. Incluso cuando la justicia argentina osó pedir tomar declaraciones a personas sospechosas de delitos de lesa humanidad, esos conversos o perseverantes, fueron protegidos. Mirando esta realidad, ¿se le puede negar a Otegui su derecho a ser candidato a lehendakari?

domingo, 7 de agosto de 2016

Echenique… sueña con serpientes pegajosas

Tradición.
Concordarán conmigo en que es un término bastante complejo. Tranquilidad. No es mi intención polemizar en este texto sobre “el noble arte de la tauromaquia” o “un ritual donde se tortura hasta la muerte a un toro”. Tampoco lo es referirme al vigoroso “paseando a tu puta madre” con el que Carlos Herrera zanjó un tuit en el que, tras un comentario emocionado del locutor acerca de una procesión en honor de la Virgen de Las Nieves, la web Cartelera Polítika se hacía la siguiente pregunta: “ya estamos paseando muñecos?” No. Mi objetivo no es hablar de estás tradiciones. No obstante, me permito hacerles una recomendación a quiénes gusten de ejercer la sátira: cuidado, no está, acogiéndome a la tradición refranera, el horno para bollos. La semana pasada la revista El Jueves habló de Fuerteventura como “el Caribe de los pobres” y toda la institucionalidad de este archipiélago, olvidándose de que todos somos Charlie y blablablá, expresó su malhumorado rechazo.
A mi mente han acudido dos tradiciones menores, tan prosaicas como veraniegas, que hunden sus raíces en mi lejana adolescencia y, temo, se están perdiendo (quizás fuera más adecuado el pasado que el presente continuo): la canción y la serpiente. La primera declinó tras el largo y férreo reinado de Georgie Dann y el efímero, casi bufonesco, de King África. Ahora, los lugares de fiesta nocturna tienen en los disjeys a sus dioses creadores de una única, magmática, canción río encauzada por una especie de tam tam acelerado y diseñado para ser soportado mediante aportes químicos varios. La segunda, que es a la que yo quiero llegar (aunque sea casi a la mitad del texto), hacía referencia a los medios informativos, a la sequía estival que, en general, tenían los teletipos (hasta este concepto nos sitúa en lo añoso), lo que producía que saltaran a la primera página noticias de poca enjundia o incluso rumores de muy dudosa veracidad.  Actualmente, sin distinción estacional alguna, vivimos en un enorme nido de ofidios. Algunos de ellos enormemente venenosos, que buscan, generalmente con eficacia, inocular en nuestras mentes el veneno pegajoso de la confusión, del totum revolutum, de una cierta perversidad intrínseca, y ventajista, del ser humano. Un ejemplo. Ayer durante un almuerzo familiar, delicioso y amplio, uno de los miembros más jóvenes hizo dos afirmaciones rotundas que son ejemplo de esa confusión. La primera fue un clásico: “todos los políticos son unos corruptos”. El problema no es lo que piense este joven que me pareció una estupenda persona, lo grave es que su pensamiento está melosamente extendido y lleva las adherencias, peligrosas, de la antipolítica. La segunda también es un clásico, aunque bastante atenuado por el encogimiento del peligro que representan los sujetos a desacreditar: “todos los sindicatos son corruptos y viven del estado”. Reafirmó mi percepción de que la huelga en un futuro quizás no muy lejano, transite, de donde ya casi está, la historia, al mito.
A los ofidios de derechas, expertos en intranquilizar la candidez de mucha gente de izquierdas,  hizo referencia tangencial Pablo Echenique cuando, tras descubrirse que tiene alma, pequeña, pues no es rico, de estafador a la Seguridad Social, dijo que la relevancia de su caso le parecía una serpiente de verano. ¡Echenique dimisión!, bramaron las derechas y algunos izquierdistas que quizás en algún momento han pagado a alguien, un profesor en paro por ejemplo, por ir una horita diaria a darle clase a un estudiante poco talentoso o que atraviesa dificultades en alguna materia.
Mientras esta magnífica crisis ha llevado a muchísima gente al limpísimo reino de los sueldos de miseria, el gobierno nos dice que el paro decrece y que cada vez se contrata más. Siempre se recalca por los decrecientes sindicatos la temporalidad del empleo, pero casi nunca sale el dato, esencial, de cuál es el salario medio de los nuevos contratos. No, no me he ido del asunto Echenique, que pagaba 300 euros mensuales a una persona por una hora diaria de trabajo como ayudante personal. Si  su labor era de lunes a viernes ese trabajador recibía por cada hora casi 15 euros. Reconozcámoslo, en un país donde muchas personas trabajan 8 o más horas diarias por salarios que no siempre llegan a los 1000 euros (al trabajador que ingresa esta cantidad por 8 horas diarias le sale de media la hora a 6.25 euros), el salario que abonaba Echenique no era, ni mucho menos abusivo si lo comparamos con los niveles salariales que están proliferando en este país. De hecho, lo que no ha salido a los medios es la cantidad con la que se quedaba la empresa cuando era ella quién pagaba a este trabajador, que quizás, cuando aquella prescindió de sus servicios y Echenique decidió seguir contando con él, por su apurada situación no cotizó a la Seguridad Social.

Da asco. Los criminales y sus lacayos ponen focos de criminalización en lugares de sufrimiento, espacios donde dos personas, una con grave dependencia y otra, seguramente, con gran necesidad, llegan a un acuerdo que les facilita un poco la vida a ambos. Mientras, hónrenme llamándome demagogo, la cotización de las grandes empresas es mucho menor del 19% que me retienen cada mes a mí, la evasión fiscal de los grandes patriotas sigue siendo de miles de millones y, lo vuelvo a repetir, los 20 españoles más ricos tienen la misma riqueza que los 14.000.000 más pobres. Sí, este tendría que ser un titular informativo perenne. Y aquí no hablaríamos de una serpiente, sino de un dragón pertinaz que achicharra a los que, cada vez son más, van quedando a la intemperie.

sábado, 30 de julio de 2016

El tamaño de cada mitad

                              Para mi amigo Manolo Rodríguez Machado, 
                        a quién percibo cada vez más,
                        quizás a su pesar,
                        cuitas oteguianas y emocionales aparte,
                        como un ex español de pro.


Hace unos días el Parlamento de Cataluña aprobó con los votos de Junts per Sí y la CUP, 72 votos sobre un total de 135, desatender al Tribunal Constitucional y proseguir con la denominada hoja de ruta independentista. Se iniciaría así, un proceso de desconexión del estado español que implicaría la creación de una serie de instituciones para la construcción de un estado, republicano, propio.
Sucintamente, esta es la noticia.
Después, por supuesto, ha venido una catarata de reacciones. Desde el gobierno se impele al Tribunal Constitucional a que declare ilegal la última resolución de parlamento catalán y a que se inicie la vía penal contra su presidenta por llevar a votación algo previamente rechazado por el Alto Tribunal. Desconozco que recorrido puede tener la vía penal o coercitiva que pretende utilizar el gobierno español. Sin duda esta amplitud puede ser testimonial o de enorme contundencia: desde una multa a la presidenta al 155 o, si persistiera la desobediencia, el uso de la fuerza de las armas, fase esta última no sé si superior o inferior, pero sí ulterior de la política. Lo que se ha dado en llamar “el choque de trenes”. El Parlament alega que tiene la fuerza de los votos, y el gobierno, con la aquiescencia de Ciudadanos y el PSOE, esgrime la fuerza de la ley. O sea, el conflicto está planteado, al menos institucionalmente, en unos términos claros: la desobediencia contra el garrote. O viceversa. Por supuesto, la racional vía escocesa aquí no cabe, que para eso somos la nación más antigua de Europa, lo cual es un modo más edulcorado de defender el famoso lema fascista que poetizaba a España como “una unidad de destino en lo universal”. Parafraseando la famosa frase del rito matrimonial católico: lo que la historia (en mayúsculas) ha unido que no lo separe un atajo de independentistas.
El problema, la esencia, al menos para mí, es saber cuantas personas componen ese atajo de destructores en el conjunto del pueblo catalán, si se le reconoce como tal, claro. Si el único pueblo sujeto de soberanía es el español se acabó, al menos en la mente de los unionistas universales, el problema. Lo expresó Rajoy con claridad, gustándose tanto que hizo su propia parodia, ante la delegación olímpica española presta a partir a Río de Janeiro: “Hay detrás de ustedes una gran nación, España, llena de españoles”. En concreto 45 millones, de los cuales menos de 8 son catalanes. Independencia imposible por aplastamiento. Y punto.
Otras visiones son más matizadas y en vez de aludir al prietas las filas de la consagrada constitución, cuya reforma se sitúa como dique imposible de rebasar por las globalmente exiguas fuerzas separatistas, ponen el foco en la propia sociedad catalana. En concreto, se argumenta asiéndose a la inquietante teoría de las dos mitades enfrentadas. No olvidemos que la guerra civil que provocó la acción del fascismo, es, cuando hay situaciones delicadas o de alta conflictividad, un coco que produce unos dividendos generosos cuando se apela, aunque suene paradójico, al peligro de la división. Piensen en la invocada unanimidad sobre asuntos de estado que en no pocas ocasiones tapan, sin asomo de paradoja, un estado lamentable para los derechos sociales de muchas personas.
El día de la polémica resolución, a través de Facebook, dieron su opinión urgente, muy escueta, sobre la teoría de las mitades, dos significados líderes políticos, probablemente, más allá de la cuestión nacional, con más nexos ideológicos de los que ellos mismos estarían dispuestos a admitir públicamente.
Iñigo Errejón: “Que nadie cuente con nosotros para volar puentes en Cataluña. No se construye país contra la mitad de tu pueblo”.
Arnaldo Otegui: “Como diría Mariano… no se construye país contra la mitad de tu pueblo, la otra mitad ya tal”.
Sin tener certeza, deduzco que la reflexión de Otegui es una réplica a la segunda parte del texto de Errejón, en el que una de las dos hipotéticas mitades, no sabemos muy bien en función de que tipo de superioridad moral o razón, es victimizada ante la otra. Por eso añade el líder abertzale vasco: “la otra mitad ya tal”. Ese “tal”, obviando que el “ya” queda sintácticamente poco airoso, es la clave, una coletilla jesusgilesca que tiene el valor del desprecio, del desecho. Una mitad es valerosa y sufrida y la otra, la secesionista, es mendaz y mortificadora. Incluso a esta mitad se le tacha en no pocas ocasiones, para reafirmación de hinchas de mente perezosa, de antidemocrática.
El problema esencial es que desconocemos la cuantía real de las dos mitades. Fue la idea (no son sus palabras textuales) que expresó Xavi Domènech, líder de En Comú Podem, y que yo traigo al molino de mi texto: la única salida razonable para dilucidar la magnitud de ambas mitades es la realización, con todas las garantías de defensa de sus posiciones, de un referéndum. Se hacen mil encuestas sobre el sí o el no a la independencia. Es absolutamente legal, me repiten con tonillo de suficiencia, ser independentista, pero ¡oh sorpresa! no existe el mecanismo para que si esa idea se convierte en socialmente relevante en una determinada comunidad, la gente pueda contarse y no haya lugar a especulaciones sobre la magnitud de cada mitad y, además, de camino, los puentes que Errejón percibe dinamitados, o en peligro de saltar por los aires, sigan transitables. Si ese mecanismo no se articula, si el obstáculo para saber la ciencia exacta de los números se percibe gigantesco, no debería parecer tan alocado que dos partidos independentistas con mayoría absoluta de escaños en su comunidad se planteen una ruptura unilateral. Sí, ya sé que solo tienen el 48% de los votos y la decisión es de tal trascendencia que requiere la consulta directa al pueblo catalán. Pero permítanme recordar que en el estado español, en 2011, el PP con el 44.5% de los votos tuvo una holgada mayoría absoluta de 186 escaños. Y aplicó una versión siniestra del famoso refrán vitalista que surge de la sensación, que se acrecienta con los años, de fugacidad: “¡A recortar que son dos días!”.
La consulta pactada y con una campaña donde impere la igualdad de acceso a los medios implica que todo el mundo se somete al resultado y la mitad más pequeña, aunque se sentirá frustrada, acepta la victoria de la mitad más grande. Y tengámoslo claro. Ninguna realidad histórica conformada en periodos más o menos extensos de tiempo, aunque dependa de ínfimas o enormes mitades, es eterna.

domingo, 24 de julio de 2016

El opositor, las pensiones menguantes y Pokemon Go

Unas líneas como breve preámbulo. 
A veces la vida nos sitúa en tesituras que, siendo en principio poco agradables, nos ofrecen algo bastante valioso para quién, como el que esto escribe, desde hace mucho tiempo, fruto de la alopecia, rapa canas. Ese tesorito al que otorgo gran valía, aún siendo yo cada vez más covachero, se plasma en el grato desempeño, aunque haya sido por mor de la ingrata pertenencia a un tribunal de oposiciones de enseñanza secundaria, con un grupo de personas a las que percibo discípulas de Antonio Machado, aspirantes, acción cotidiana al canto, a ser, “en el buen sentido de la palabra”, buenas.
Entrando en materia, la tesitura a la que hago referencia también me ha permitido observar (no me atrevo a utilizar el término sentir, pues me parece que está reservado de manera intransferible a cada persona y a quiénes la aman), en primera línea, la ansiedad de muchos seres que se están jugando su futuro. Personas que a veces tienen trabajos precarios, mal pagados, o con horarios leoninos. Pero en realidad, siendo un arrimador de ascuas a mis sardinas y reconociéndoles la enorme tensión y el sufrimiento a todos, estoy pensando en uno concreto por las razones que ahora expongo.
Treintañero avanzado, expresó que trabajaba en una pequeña empresa dedicada a una actividad sin relación alguna con su preparación académica y el objeto de la oposición. Y tuvo un tic que cada vez se repite más entre la gente joven y entre quiénes ya vislumbran la edad madura. Cuando iniciaba una leve queja por trabajar ente las cinco de la mañana y las cinco de la tarde, hizo la rectificación del agradecimiento: “pero no me lamento, pues tengo un trabajo fijo”. Amen. Cada vez proliferan más los amenes. Esa palabra terrible que cercena hasta la primera rebeldía: la mental. Y humanamente, desde el terror al abismo del desempleo prolongado, los entiendo a él y a quiénes están en parecidas o mucho peores circunstancias. Aunque este agradecimiento, grabado a fuerza de crisis, me lleva a pensar (es una idea que desde hace unas semanas me ronda mucho), que quizás en un futuro, la huelga, esa herramienta de lucha esencial para la clase trabajadora, al menos como instrumento de largo aliento, será un vestigio casi arqueológico.
Vinculo a este opositor con otro joven, quizás también treintañero, que, en este caso, vi fugazmente a través de la televisión. En los últimos días, tras la retirada del gobierno de 10.000 millones de euros de la llamada “hucha de las pensiones” para diversos pagos, ha vuelto a la palestra el tema de las cantidades que cobrarán los jubilados del futuro próximo o lejano. Y, por supuesto, aparecen los “estudios desinteresados” que dicen: los nacidos en los 50 cobrarán de media el 75% de su último salario; los nacidos en los 90 apenas recibirán un 48% de ese último salario. Tutuuututuuuututuuuu. Sí. Toque de corneta  y a hacerse todo el mundo un plan de pensiones privado. Tras darnos la candorosa información sacan los micrófonos a la calle y el joven al que aludí antes dice, casi risueño: “estaré feliz si cobro algo”. Enhorabuena chico, tú no necesitaras nunca libros de autoayuda. Pura doctrina Van Gaal: “siempre positivo”. Aunque vivamos en el cada vez más palpable, ante nuestra pasividad, estado menguante. Este joven y mi tímido opositor tienen un corte de pensamiento cada vez más común, aunque, perdóneseme la broma, menos comunista, que se extiende victorioso sin apenas toparse con barricada alguna. Y que conste que hablo, en principio, de humildes barricadas ideológicas. Imprescindibles para poner decenas de miles de pies en la calle y erigir barricadas que reivindiquen soluciones que aseguren la pensión digna como un derecho conquistado, no otorgado.

Hablo de pisar las calles y no me puedo sustraer al consuelo que me produce la única gran convocatoria, autocares desde diferentes lugares del estado incluidos, que se avizora en el horizonte: la del día 28 de julio en la Puerta del Sol de Madrid. Se reunirán al menos 5.000 personas, no para reeditar esa antigualla llamada 15 M, sino para jugar al Pokemon Go. Lo más triste es que, sin atisbo alguno de ironía, la han denominado la gran quedada. Lo dicho: amén.



domingo, 17 de julio de 2016

El 18 de julio y La 18 de julio

Otro año más, éste con mayor intensidad por ese énfasis que nos produce la cifra redonda, toca rememorar el golpe militar fascista que comenzó la tarde del 17 de julio de 1936 en el territorio marroquí colonizado por España. No obstante, el grupo sublevado tomó como fecha emblemática la del 18 de julio. Por esa razón, quién esto escribe, en un texto de hace varios años a cuenta de esta misma fecha, denominaba al conjunto de militares y civiles que se alzaron en armas contra el legítimo régimen republicano como “la 18 de julio”, la banda terrorista más criminal (y menos condenada, añado ahora) de la historia de España. Es una expresión de la que me siento orgulloso. Desconozco, soy absolutamente sincero, si alguien antes que yo la acuñó. Pero me sigue pareciendo absolutamente precisa y descriptiva. Sé que en España  el concepto terrorismo era hasta hace muy poco sinónimo de ETA y ahora lo es del islamismo. Nunca se ha asociado esta palabra con el régimen fascista que inició sus primeros pasos hace ahora 80 años. Erróneamente. La definición de la RAE, en su primera acepción, es diáfana: “Dominación por el terror”. Y además, ese terror lo tenían previsto desde casi dos meses antes del inicio de la acción, cuando el general Mola, director del golpe, en una directriz del 25 de mayo (apenas tres meses después de las elecciones de febrero que otorgaron la victoria al Frente Popular),  decía que aquél debería ser “extremadamente violento para reducir toda resistencia”. Y los golpistas llevaron a cabo esta directriz con enorme determinación. Y esa determinación, aunque la intensidad final no fuera la misma que la inicial, no les faltó durante 40 años.
No, calificar al régimen fascista del general Franco como un ente terrorista no es ninguna osadía. Es descriptivo y, a la vez, un elemento que activa y amplía un pensamiento muchas veces encorsetado por un lenguaje dominante que nombra los acontecimientos en función de sus intereses. Hoy, en su telediario del mediodía, la emisora derechista Antena 3 transmitía a sus televidentes, quizás más de un millón, la idea de que en julio de hace 80 años un siroco maligno, enloquecedor, recorrió el estado español y, como por arte de magia, se formaron dos bandos que empezaron a contender. En los titulares que yo vi no se hacía referencia a una sublevación militar apoyada por el fascismo (Falange) y la derecha monárquica que, ante el éxito del golpe en unos territorios y su fracaso en otros, derivó en una guerra en la que desde la primera hora, y comprometida ya con antelación, los terroristas alzados contra un gobierno elegido cinco meses antes, contaron con la ayuda de los gobiernos criminales de Italia y Alemania.
En Canarias, la isla que más tardó en ser controlada por los sublevados fue La Palma. Y cayó en poder de los facciosos el 25 julio. O sea, en este territorio no hubo guerra, ni siquiera, por poner el ejemplo paradigmático de la maldad roja, se quemó una iglesia. Quiero expresar con esto que, aún existiendo conflictividad social, pues eran tiempos de lucha y reivindicación, de avizorar mejoras largo tiempo anheladas, no era Canarias un lugar de enorme encono, como podían ser Cataluña o la Andalucía jornalera, en la lucha de clases. Sin embargo, las fuentes históricas calculan que entre 1.300 y 3.000 personas perdieron la vida por la represión fascista en un territorio que en los años 30 tenía alrededor de 650.000 habitantes. Sí, los datos son tozudos, la represión fascista en este archipiélago con un desarrollo limitado de la conciencia de clase entre los trabajadores, produjo más muertes en apenas tres años que la reiteradamente condenada acción de ETA, responsable de algo menos de 900 asesinados en algo más de 40 años de atentados. Y la palabra terrorismo es muy pertinente, y así deberían aceptarlo hasta los reticentes, pues entre estas víctimas hablamos de muchísimos desaparecidos por la acción nocturna, consentida por los militares, de los grupos de Falange. En la isla de Gran Canaria, los pozos de la zona de Arucas, la Sima de Jinámar y la Marfea, son lugares, salvo un único pozo, inexplorados por la falta de ayuda pública y señalados durante muchos años por el miedo y el murmullo. En esta misma isla Pedro Perdomo vivió 33 años (1936-1969) escondido en el barrio de La Isleta. El largo autoencarcelamiento de este hombre no se explica sin acudir, prolongado en el tiempo, al término terror.
Un último dato que tiende a obviarse, La 18 de julio, además de asesinar la Segunda República, abrió el camino, por la mano del que fue su jefe supremo desde el 1 de octubre de 1936, Franco, a la reinstauración monárquica. Sí. No habiendo sido consultado el pueblo directamente en ningún momento sobre la forma de Estado, la ilegitimidad de la monarquía en este país hunde sus raíces en la acción sangrienta que inició, hace ahora 80 años, la banda terrorista más criminal de la historia de España. Esa banda que el Partido fundado por siete ministros de los gobiernos fascistas se negó a condenar hace pocos días en la Asamblea de Madrid. Así se escribe la historia del 18 de julio, ese día que supuso, a la par que el inicio de una acción criminal, el comienzo de la mayor resistencia interior, sin premio alguno, que un pueblo opuso al fascismo en Europa.

Imagen del único pozo excavado en la 
localidad de Arucas