viernes, 20 de enero de 2023

Perú, Brasil, la Unión Soviética, y un brevísimo epílogo neerlandés

A veces me cuesta vueltas poco fructíferas poner título a un texto y en otras ocasiones, mucho más escasas, sucede al contrario, tengo el encabezado sin haber escrito aún una palabra del artículo. Como ustedes imaginarán estamos en el segundo de los supuestos. Llevo días con el runrún peruano-brasileño y a la vez, en referencia a este asunto, se me metió en la mente la extinta URSS. No gratuitamente, o quizás sí, sino porque el 30 de diciembre del recién acabado 2022 se conmemoró el centenario de la formación de esa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que espantó a la burguesía mundial. Tanto fue así, que apenas un año después del triunfo revolucionario de octubre de 1917 una coalición de 14 países entre los que estaban EEUU, Reino Unido o Francia intervino en apoyo del contrarrevolucionario Ejército Blanco, que a pasar de esta ayuda acabó siendo derrotado por el Ejército Rojo de Obreros y Campesinos. Este espanto es el nexo que intentaré desarrollar al final con referencia a los dos países sudamericanos citados.

Empezaré por Perú. El 28 de julio de 2021, tras una reñida elección en la que derrotó a la candidata derechista Keiko Fujimori, asumió la presidencia el maestro Pedro Castillo. Desde el minuto uno este hombre procedente de un entorno humilde y rural, que llegó al cargo con el apoyo de un partido de izquierdas llamado Perú Libre que, algo lamentablemente inusual en estos tiempos, habla de lucha de clases, fue objeto de un ataque inmisericorde por parte de una derecha, esta nunca pierde de vista la lucha de clases, que ha utilizado al legislativo como ariete para derribar al presidente. Aquí quiero hacer un inciso aclaratorio. Perú es una república presidencialista, al igual que el resto de repúblicas sudamericanas u otras como EEUU o Francia. En este tipo de repúblicas tanto el legislativo como el ejecutivo emanan del voto popular directo, la legitimidad de ambas tiene el mismo origen. En las repúblicas no presidencialistas como Alemania o Italia, o como lo fue la Segunda República Española, los presidentes son elegidos por los diputados, no por el voto popular directo, y suelen tener poderes bastante limitados, mayormente representativos y quizás de "mediación" entre las diferentes fuerzas políticas. Carecen generalmente de facultades ejecutivas que sí son propias de los jefes de estado de las repúblicas llamadas presidencialistas.  Por eso en estas puede darse el caso de que el legislativo y el ejecutivo tengan diferente "color" político. En Francia cuando se ha dado esta circunstancia se habla de cohabitación. Caso aparte es el de EEUU, que ya he comentado en alguna ocasión, donde los votantes eligen en cada estado una serie de compromisarios con la particularidad de que la candidatura más votada, aunque sea por un voto de diferencia se los lleva todos. Esto puede ocasionar situaciones antidemocráticas como que en 2016 Donald Trump, con 3 millones de votos populares menos que Hillary Clinton, lograra la presidencia.

He hecho esta pequeña digresión, pues la vorágine mediática puede confundir, para explicar que la fuente de legitimidad de Pedro Castillo es la misma que la del legislativo. Afirmaba más arriba que el ataque no había tenido tregua. Los datos. En Perú existe la posibilidad de que el congreso declare, con el voto de los dos tercios de los diputados, la vacancia de la presidencia por una extraña figura legal, inquietante por la difícil concreción de su significado, llamada incapacidad moral permanente, concepto que me parece casi más un elemento de debate filosófico que político. El 25 de noviembre de 2021 la oposición derechista de un parlamento bastante fragmentado fracasó en el intento, sin transcurrir ni cuatro meses de su asunción de la presidencia, de declarar incapaz moral a Pedro Castillo.  Tres meses y medio después, el 8 de marzo de 2022, volvió, sin éxito, a intentar su destitución. El 7 de diciembre de 2022 estaba prevista otra votación para defenestrarlo que probablemente iba a seguir, ante esa barrera de los dos tercios necesarios, el mismo camino que las anteriores. El presidente en este caso decide, erráticamente, no se sabe asesorado por quien y temblándole el manojo de folios en las manos, contratacar y disolver el congreso, facultad que no tenía pues esa acción sólo la puede hacer cuando el órgano legislativo le haya rechazado dos veces la cuestión de confianza. El parlamento votó a favor de la vacancia y el presidente, un año y cuatro meses después de ser elegido, considerándose que había intentado un golpe de estado, fue detenido. Y el asunto parecía que se finiquitaba ahí. El osado maestrito peruano, salido de la sierra que la burguesía limeña desprecia, se convertía en historia. Pero en ese momento, reconozco que a mí después de un mandato de cesiones y totalmente a la defensiva me sorprendió, aparece el pueblo en las calles y la historia de éxito para la derecha se ha vuelto más compleja. El camino que parecía único y abierto para la derecha se ha complicado con movilizaciones y barricadas a la búsqueda  de vías alternativas. Según datos de la fiscalía han sido asesinadas 48 personas (otras fuentes hablan ya de 60 muertos) en la represión de la policía y los militares. Represión de la que usted tendrá, al no producirse en Venezuela o Cuba o Nicaragua, o sea, al pertenecer Perú al eje del bien, una visión más bien distante, con palabras más neutras, menos estridentes. Recuerde el caso boliviano en 2019 cuando Estados Unidos y la OEA apadrinaron, con la anuencia y el sostén de las grandes corporaciones mediáticas, un golpe de estado contra Evo Morales por denuncias de un fraude electoral que se demostró falso y que también costó, por la represión policial, la vida a varias decenas de personas. Mucha gente en la calle pide la restitución de Pedro Castillo y la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Los que lo eliminaron sin dejarlo gobernar (hubo un baile de ministros continuo buscando contentar a la fiera entregándole piezas menores) hoy masacran al pueblo impunemente con la aquiescencia de los EEUU que se visualizó en la reunión de la sustituta de Pedro Castillo,  Dina Boluarte, con la embajadora de ese país menos de una semana después de asumir el cargo. Esa foto significa un plácet de facto por parte de la potencia imperial.

Una lección me parece evidente: antes de ceder y ceder moviliza tus bases, apresta tus fuerzas. Si a un histórico de la izquierda peruana como Héctor Béjar, guerrillero en los 60, lo dejas caer a los 18 días de tomar posesión del cargo de Ministro de Asuntos Exteriores por unas declaraciones de 2020 que no gustaron a la Armada ya estás mandando un mensaje de debilidad y alimentando a la bestia. Esa bestia, que hoy, desatada, reprime y asesina al pueblo. Y con esto no niego tener conciencia de tus propias fuerzas, actuar con cintura política y la posibilidad de acuerdos que siempre implican concesiones, pero si tu apariencia y tu acción es errática y de debilidad extrema la derrota es segura. 

Ahora Brasil. El socialdemócrata moderado Lula da Silva venció a finales de octubre de 2022 al ultraderechista Jair Bolsonaro por una diferencia de 1,80% que se traduce en 2.100.000 votos. Aquí, al contrario que en Perú, cuya diferencia porcentual fue mucho más pequeña (0,26% y 44.000 votos), el embate no comenzó en el minuto uno, se inició antes de que empezara a correr el tiempo presidencial. En los dos meses anteriores a la toma de posesión de Lula esa masa fascistizada (viéndolos con la camiseta, hermosa, son los mismos colores de la Unión Deportiva Las Palmas, de la selección brasileña de fútbol, parecen, entiéndase la chacota, unos fascistas mindundis y algo bobalicones) que son los seguidores de Bolsonaro ha pedido, incluso con acampadas frente a los cuarteles, un golpe de estado a la vieja usanza: toma del poder directa de los militares, gremio al que pertenece Bolsonaro. 

Lula asumió el cargo el 1 de enero y el 8 la fascio-futbolera masa asaltó en Brasília, esa urbe creada en gran medida por el arquitecto comunista Óscar Niemeyer para ser el centro del poder político federal, con absoluta impunidad, casi con una política policial de puertas abiertas, las sedes del legislativo, el ejecutivo y el judicial. Fíjense en un contraste clamoroso. En Perú la lucha ha dejado casi 50 muertos, en Brasil, con más de 1000 asaltantes detenidos (por cierto, ahora mismo políticamente huérfanos pues su líder está en EEUU y, como su propio partido, ha rechazado la acción de sus seguidores) la policía, y hay que alegrarse, no ha matado a nadie. No sé si la pasma brasileña habrá sido tan exquisita deteniendo fascistas como el policía local madrileño que se dirigió a un franquista en noviembre diciéndole solícito: “hay determinados símbolos en las banderas que desgraciadamente, por determinadas leyes, no se pueden exhibir”. En cualquier caso, a pesar de los destrozos creo que ni heridos se reportaron. Recordemos que el propio asalto al Capitolio, que se considera acción precursora y modelo (el mecanicismo, las aplicaciones miméticas, son mala cosa) se saldó con 4 muertos. La ultraderecha hispana ha querido minimizar el asalto brasileño hablando del Rodea el Congreso de septiembre de 2012, convocado por parte de la izquierda, donde la policía repartió estopa en abundancia y no se rompió barrera alguna. En cambio, una manifestación de Jusapol, el sindicato ultraderechista policial, en marzo de 2020 sí logró romper el "muro" policial con la aquiescencia de sus compañeros y, sin asaltarlo, llegar hasta el Congreso. Perro no come perro (es un refrán, ojo). También ha surgido la pregunta de si, tras llevar esta legislatura una estrategia deslegitimadora del ejecutivo de coalición, en caso de no poder gobernar tras las generales de este año, la ultraderecha seguiría una estrategia similar. Lo dudo. Por dos razones: es un camino que sin poderosos apoyos externos está condenado al fracaso y, esta razón quizás sea más lamentable, la ultraderecha y la derecha ultra (no exagero, Ayuso es el referente del PP ahora mismo y su discurso sospecho que ya empieza a producir envidia en VOX) van a tener, o rondar, la mayoría absoluta.

Introduzco ya, para no alargar mucho, la referencia a la URSS que, como especifiqué al principio, se ha infiltrado en mi mente al pensar en los hechos peruano-brasileños, hechos que serían extensibles a otras situaciones golpistas lationoamericanas de la última década. La URSS, con todo el arsenal de críticas razonables que se le pueden hacer, con sus deficiencias democráticas sobretodo en el sentido de crear una conciencia crítica que probablemente habría impedido su desplome y esa creación por vía de la apropiación de grandes cantidades de capital público de una nueva clase de millonarios procedentes, oh paradoja, de cuadros medios del partido comunista, fue un país socialista. Allí no hubo esa clase que hoy curiosamente solo se asocia a Rusia: la oligarquía. No digo que vivieran en un igualitarismo estricto, ni que no existieran grupos o castas con determinados privilegios, pero no sucedía como en muchos países capitalistas, donde como en el caso de España las 20 personas más ricas tienen la misma riqueza que las 14 millones más pobres. Sin embargo, me asusta la facilidad con que la clase dominante impone su relato, cualquiera asocia hoy oligarquía con Rusia, mientras los verdaderos grandes oligarcas  como Amancio Ortega, Bill Gates, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg son emprendedores, palabra hermosa y engatusadora que suena a aventura, a gente casi altruista, a horizontes abiertos y a un futuro promisorio.

La conexión me viene desde mi escasa capacidad, lo confieso, de entender el surgimiento de ese fascismo que ha pasado del correaje a la elástica deportiva. Cierto es que soy un adepto a los defensores de la definición del fascismo que lo considera el estado de excepción de la burguesía. Los fascismos en el siglo pasado fueron una reacción al auge del movimiento obrero y, principalmente, al surgimiento de la mentada URSS. Un movimiento de masas vertical que defiende la colaboración de clases (plasmada en la España de Franco en el Sindicato Vertical que aunaba a patronos y obreros) contra aquellos, básicamente los comunistas, que portan el estandarte de la lucha de clases y el derrocamiento, como sucedió en 1917, de la oligarquía. Mi extrañeza procede de que a mi alrededor veo un mundo donde la conciencia de clase de los trabajadores, es la impresión subjetiva del pesimista que soy, pero creo que no muy errada, roza la marginalidad. Por el contrario la conciencia de clase de la gran burguesía, a la par que la incuestionabilidad de su dominio, es mayor que nunca. Además, desde la caída de la URSS y el bloque socialista diría que hay un retroceso en las conquistas obreras (por ejemplo, en el estado español subió la jubilación de 65 a 67 años sin casi contestación social) que me hacen preguntarme para qué necesita ahora la oligarquía al fascismo. Quizás se pretende que el miedo al ogro nos vuelva aún más conformistas con la realidad existente por temor a lo que la ultraderecha pueda llegar a hacer en el gobierno. Mientras tanto, mientras ese miedo crece, la llamada derecha moderada que, dominio ideológico mediante, está casi siempre en el poder, gobierne quien gobierne, cumple la agenda de los poderosos con bastante placidez.

No quiero irme sin hacer referencia a una noticia del 20 de diciembre que pasó casi desapercibida. Ese día  el primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte,  pidió perdón en nombre del estado neerlandés por practicar desde 1621 a 1873 (252 años) el comercio más inmundo: el de seres humanos. El gran negocio de la esclavitud durante dos siglos y medio cimentó el desarrollo capitalista de ese país. Me pregunto cuantos oligarcas holandeses actuales hunden las raíces de su enriquecimiento en ese lodazal. Esa monstruosidad se solventa pidiendo perdón en una ceremonia y reconociendo las iniquidades cometidas sin cuestionar un ápice el sistema que contribuyó a forjar. En cambio, menos de un siglo de experiencias socialistas (nunca ha existido en la práctica el comunismo) sirven para que los grandes altavoces comunicacionales nos vendan constantemente cualquier sistema, como fue la Unión Soviética, que intente llevar a la práctica el socialismo y eliminar la explotación y la desigualdad social, como una utopía condenada para siempre, sin salvación posible, al fracaso.

domingo, 25 de diciembre de 2022

La libertad en y del parlamento. Adenda regia

En los últimos tiempos han salido algunas noticias sobre el Congreso de los Diputados que me han hecho preguntarme acerca de la libertad de expresión en dicha institución que, recordémoslo, junto a los diferentes parlamentos autonómicos y corporaciones locales, es la única que emana del voto popular directo.
El primer caso que llegó a mi conocimiento le ocurrió al parlamentario del Bloque Nacionalista Gallego Néstor Rego cuando en el uso de la palabra fue censurado por el vicepresidente Alfonso Gómez de Celis, en esos momentos en funciones de presidencia,  por utilizar durante su intervención la expresión “monarquía anacrónica y corrupta”. Dos veces la repitió y otras tantas intervino el moderador para retirar la referencia a la corrupción del Diario de Sesiones, alegando que es un insulto, y amenazarle con que si la utilizaba de nuevo le retiraría la palabra. En la última ocasión el diputado Rego después de utilizar el término monarquía se limitó a remarcar, haciendo el signo de paréntesis, el lugar donde iría la palabra innombrable. 
El asunto a mí me parece harto irritante. Tenemos un individuo con el título, para vergüenza de este estado aún no ha sido despojado de él, de Rey Emérito. Esa persona y su hijo, ejerciente actual de la jefatura del estado, tienen un status especial que los hace  inalcanzables por esa ley que, en teoría, es igual para todos. El elemento que los convierte en absolutamente diferentes es una institución llamada monarquía que los sitúa en disposición de hacer u ordenar cualquier tropelía sin riesgo jurídico alguno. Además, incluso mediante diferentes regularizaciones con Hacienda, está bastante demostrado que este individuo usó su posición para enriquecerse ilícitamente, que los hipotéticos grandes servicios que los juancarlistas devenidos ahora en felipistas siempre airean fueron espléndidamente cobrados. Incluso ha hecho prevaler en Reino Unido, ante los litigios puestos por su ex amante Corinna Larsen, su condición, no de inocente, sino de persona con aforamiento absoluto durante los cerca de 39 años que reinó. Tiene claro que su inocencia, incluso su buen nombre, le es indiferente. Ya da por descontado que todo el mundo sabe que ha delinquido y es un corrupto y así,  con descaro, se aferra a un privilegio inmoral. Siendo lo descrito algo que hoy casi nadie niega, sin embargo, un diputado representante de miles de personas que le votaron no puede utilizar la expresión monarquía corrupta. A todo esto se une un agravio mayor: si tú en el ejercicio de tu cargo estás por encima de las leyes lo mínimo que debo tener yo, sea o no diputado, pero en este caso por la representatividad otorgada más, es una libertad absoluta de expresión respecto a esa institución unipersonal que detentas de manera vitalicia y por la "democrática" vía del coito.  Si quieres mantener incólume tu honor desciende al país de los vigilados por la ley (bien sé que el ojo, según la posición social, con algunos está vago o se duerme) y renuncia al privilegio unipersonal y antidemocrático que disfrutas. Si no haces eso considero que debes aguantar cualquier crítica pues el beneficio de tu privilegiado status supera el perjuicio de tu honra. Y a pesar de todo entiendo que no se tolere en sede parlamentaria la descalificación soez, el insulto chabacano que cualquiera de los lectores puede tener en mente y que siendo igual de desaconsejable en otros ámbitos, sea la opinión escrita o el mundo de la cultura, debe ser tolerado en reciprocidad a la inexpugnabilidad del individuo titulado rey.
Otro caso.
La presidenta de la cámara Meritxell Batet censuró a Irene Montero por utilizar, en un debate con la bancada del PP el concepto, ya con decenios de existencia en el mundo del feminismo, de cultura de la violación, que hace referencia a cuando se sitúa el foco en la víctima que padece la agresión (lo que esta debió o no hacer, la vestimenta que llevaba, las copas que tomó o la hora y el lugar por donde transitaba) y no en el culpable. El foco en la víctima lo pusieron, sin entrar en su intencionalidad, pues intento no presuponer maldad, el PP gallego y el madrileño con unos anuncios, ante el Día Mundial contra la Violencia de Genero celebrado el 25 de noviembre, en los que advertían a las mujeres que no salieran a correr en horas inadecuadas y con mallas ceñidas o que vigilaran su bebida cuando salen de fiesta. O sea, anuncios que alientan el miedo y la culpa de las mujeres, circunstancia curiosa, pues en concreto el PP madrileño envió en la campaña electoral un sobre donde todo el texto de su programa, aparte de la cara de la señora Díaz Ayuso, contenía una única palabra: libertad. 
Imagino que tanto la bancada pepera como  la presidenta Batet pensaron, erróneamente, que la ministra acusaba a la derecha de defender la violación. En este caso, no como con el diputado del BNG, la ministra acabó su intervención y la presidenta decidió otra vez, aparte de conminarla a no usar un lenguaje inadecuado, que la expresión se borrara del Diario de Sesiones. 
El último caso.
El mentado vicepresidente Gómez de Celis procedió a borrar del diario de sesiones una alusión de Irene Montero a VOX como "formación fascista". También, en la misma sesión, decidió eliminar una referencia a Bildu como "filoterroristas". 
El fascismo, más allá del uso adecuado o no del término, es una ideología política. Podemos debatir si se apela en exceso a esa denominación, cuales son sus características esenciales y las peculiaridades que ha podido desarrollar según los marcos históricos y temporales. Podemos debatir múltiples cuestiones para las que existe una amplia bibliografía, pero que existe una ideología con tal denominación es incuestionable. La acusación de Montero podrá ser más o menos acertada, pero no debes tratarla como un simple insulto pues es una calificación política a la que los diputados de VOX pueden, en los términos que consideren, contestar. El oprobio de esa ideología hace que casi la totalidad de quienes la profesan busque denominarse de otra manera, pero por eso no deja de ser, aunque negativa, una apelación política.
Con respecto a la expresión "filoterroristas", aunque bastante más difusa (la habitual dirigida a Bildu es la de "filoetarras") y aplicada mediáticamente en múltiples y bien diferenciados contextos según determinados intereses ideológicos, pienso exactamente igual. Los diputados de Bildu pueden replicar lo que estimen oportuno, e incluso, si alguno considera que están agraviando su honor, dirigirse a los tribunales, pues ellos no tienen el fuero regio que disfrutan los borbones. No obstante, a mí me parecería inadecuado, pues entiendo que el debate político puede tener gran dureza, sin entrar, reitero, en el insulto o la descalificación personal.
Debo aclarar, lo he sabido mientras escribo el texto, vivimos en el mundo de los símbolos y las apariencias, que la retirada del Diario de Sesiones  no es tal. Lo explica perfectamente en un tuit quien fuera presidenta del Congreso con el PP, Ana Pastor: "Cuando, conforme a Reglamento y como presidenta, anuncio que alguna palabra será retirada no desaparece pero sí aparece al lado su retirada y que recibió el reproche de la Presidencia". O sea, usando una expresión en boga, puro y absurdo postureo, además de contradictorio, pues algo no se retira, aunque pongas esa palabra al lado si, negro sobre blanco, permanece. En realidad es una especie de sublimación de las formas, que son importantes, pero no deben caer en el ridículo.
Otro tema que quiero tratar, pues ya no afecta solo a la libertad de expresión de las Cortes Generales, sino a su libertad de acción, es la decisión del Tribunal Constitucional, a propuesta del PP, de impedir un debate legislativo en el Senado (quiso hacerlo en el Congreso pero no llegó a tiempo por motivos técnicos). El TC se supone que tiene que decidir sobre si una ley tiene determinadas inconstitucionalidades después de que el legislativo haya completado su trabajo. Lo peligroso es que un tribunal se arrogue la potestad de intervenir en la actividad de un legislativo antes de que este termine su tarea. 
Hay un cierto revuelo, comprensivo, por esta acción invasiva del TC. Pero no es nueva. Una información del digital Eldiario.es muestra que este tribunal ha impedido en tres ocasiones debates en el Parlament de Cataluña. En uno de los casos lo que se discutía era una moción para reprobar la Monarquía. Este asunto es significativo porque lo debatido y votado no deja de ser algo que es meramente un pronunciamiento político, que no tiene valor normativo alguno. Hagan un ejercicio mental simple: si el parlamento de Canarias u otra Comunidad planteara una moción de apoyo a la monarquía, otro pronunciamiento político sin valor normativo, somos conscientes de que no terciaría el TC. La intervención, o no, depende bastante de la correlación de fuerzas. En Galicia en marzo de 1990 un pequeño partido nacionalista de izquierdas presentó una propuesta para que esa autonomía tuviera la potestad de ejercer el derecho de autodeterminación, que significa tener la posibilidad de constituirse en estado independiente. Se llevó a pleno, se debatió, y con los votos del PP y del PSOE fue rechazada por amplísima mayoría. O sea, en este caso incluso sirvió para manifestar ante la opinión pública el enorme predominio del "unionismo", hecho previsible y al que ningún tribunal se opuso. Claro, el tema cambia por completo cuando la propuesta que cuestiona la unidad territorial del estado tiene la posibilidad e incluso la certeza de ganar. En el caso de impedir la votación sobre la monarquía el tema se agrava por lo que expliqué más arriba. Hablamos de una institución no electiva, hereditaria, e inalcanzable para la ley. Así, se da la odiosa paradoja de que un parlamento electo por el voto popular directo no puede pronunciarse sobre la institución no democrática que acabo de describir. 
Ningún tribunal debe tener capacidad de intervenir en el desarrollo de la actividad de los únicos órganos elegidos por sufragio universal. Aparte de la antidemocrática figura del Rey, tampoco el jefe de gobierno es elegido por voto popular directo: lo nombran e incluso lo deponen, vía moción de censura, los parlamentarios. Existe un ejemplo reciente: Rajoy no cayó en las urnas, fue depuesto por una moción de censura consensuada por una serie de grupos parlamentarios. VOX ha anunciado otra próximamente contra Pedro Sánchez y, según parece, ha sondeado a diversas personas independientes para ser posibles candidatos presidenciales. Sí, tampoco es necesario haberse presentado a las elecciones para ser elegido presidente. Lo esencial es tener la confianza de una mayoría de diputados, estos sí, reitero, escogidos por voto popular. Por esta razón, la tutela del TC a los diputados, determinados sectores ubicados en la izquierda lo denominan como "golpe de estado blando". Ante la antigua dureza de la metralleta parece que hoy impera la "suavidad" de la toga. Aunque ojo, el martes 20 el PP, ampliando el frente, se reunió en su sede con nueve sindicatos policiales para animarles a manifestarse contra la reforma de la llamada Ley Mordaza que se supone afrontará pronto el gobierno.
No deja de impresionarme la inquina de la derecha contra un gobierno que, salvando algunas medidas progresistas limitadas, no pone en jaque en ningún momento la estricta jerarquía de clase del estado español. Me cuesta entender esa obsesión con la ilegitimidad de un gabinete sostenido por la mayoría del parlamento en elecciones que nadie calificó de fraudulentas. Me pregunto si en el caso de realizar medidas de calado que cuestionaran el orden social darían un paso atrás las togas y uno adelante las metralletas.
Adelantado en el título, califico esto que viene de adenda porque estando el texto ya concluido me ha surgido este añadido tras las reacciones al discurso del Rey la noche del 24 de diciembre.
Los mensajes navideños de los monarcas son siempre una sucesión de lugares comunes y ambiguos, al menos en lo que hace referencia a la política interna. Mucha apelación a la unidad de los españoles, al interés general, al respeto a la Constitución, a la responsabilidad, etc. A mí me fascinan aquellos opinadores o partidos, que al modo de los arúspices, sacerdotes de la Antigua Roma que indagaban el futuro en las entrañas de los animales, bucean en el magma confuso, siempre velado, de las regias palabras buscando tesoros de enorme lucidez. La cosa suele ser bien simple: del timorato PSOE a la derecha estridente del PP y VOX predomina la alabanza; en el estrecho margen izquierdo surgen Unidas Podemos y otras formaciones nacionalistas progresistas que aportan, con variable intensidad y sutileza, un tinte crítico. 
Este año, por poner un ejemplo, los magos de la derecha han hallado en ese revoltijo de entrañas la pepita de oro de "la erosión de las instituciones" como símbolo de reprobación del monarca al gobierno. Es bastante absurdo, también serviría esa alusión para criticar la renovación, cuatro años pospuesta por el PP, del caducado mandato del Consejo General del Poder Judicial o el bloqueo actual para renovar el TC. Lo de siempre, pura interpretación.
En clave internacional el hombre se suelta más y, entre ditirambos otánicos, este año ha hecho referencia al padecimiento de Ucrania por la invasión de Rusia. Reconozco que no lo he buscado, pero sé que ni él ni su padre en más de 40 años de discursos han hecho referencia explícita a ninguna de las invasiones de EEUU que, parafraseando la bendición papal del 25 de diciembre en que esto escribo, se parecen a una especie de maldición Urbi et orbe que USA esparce periódicamente por el planeta. Tampoco cita otros conflictos tan injustos como perennes: la ocupación de Palestina por Israel y su incesante goteo de asesinados, muchos de ellos menores; la ocupación del Sahara por Marruecos tras la vergonzosa entrega española; o  esa guerra olvidada y por muchos desconocida en Yemen.
Quien haya llegado hasta aquí, permítaseme después del tostonazo una cierta guasa, se ha ganado un 2023 lleno de venturas y salud.

domingo, 4 de diciembre de 2022

Joaquín Sabina, el valor de las opiniones, la izquierda y un epílogo sobre Pablo Milanés

Casi siempre si quiero tratar algún tema, sobretodo cuando es fruto de una declaración que, por la relevancia del opinante o la enjundia de lo dicho, levanta cierta polvareda, espero que pase un poco de tiempo para hacer una reflexión, no por exquisitez, sino porque suelo sentirme arrollado por la avalancha de comentarios que, llenos de ruido y furia, rebosan o amor incondicional o desamor despechado. Mis textos suelen ser fruto de un cierto reposo y cien mil vueltas mentales aunque esto implique llegar cuando quizás ya solo quedan, o ni siquiera eso, los restos de la batalla. 

Me refiero a las declaraciones que hizo hace varias semanas Joaquín Sabina en la presentación del documental Sintiéndolo mucho realizado por el cineasta Fernando León de Aranoa. Desde luego, aquí el amor o desamor hacia el cantautor no va a encontrar camino. Sus palabras me servirán como punto de partida para expresar algunas ideas, o pinceladas quizás sea un término más preciso, sobre esa parte esencial de la historia contemporánea de la humanidad que conocemos, desde la Revolución Francesa y la ubicación física en la Asamblea Nacional de aquellos que querían cambios más profundos, con el nombre amplio y genérico de izquierda.  Lo primero que me pregunto, antes de transcribir las palabras que generan este escrito, es por qué tiene tanta relevancia lo que diga Joaquín Sabina. 

Siempre es curioso observar como necesitamos una comunión con aquellos personajes públicos que por alguna razón, generalmente relacionada con el mundo de las artes, son emocionalmente muy importantes en nuestras vidas. Y sería yo un necio si no percibiera que para muchas personas, principalmente adscritas al espectro de la izquierda, Joaquín Sabina, al igual que otros cantautores como Aute, Silvio o Pablo, son la banda sonora de sus vidas. Y tiene lógica, los cantautores casi siempre, incluso cuando cantan al amor, revisan o revientan las costuras del mundo. Hurgan, van mucho más allá del mero amor romántico de esos boleros que tanto me gustan.  Esos boleros y tangos (aquellos que se enfadan con las letras del reguetón  que escuchen algunos) son culturalmente pura derecha. Un hombre y una mujer se aman y ahí se acaba el mundo y sus complejidades e injusticias. No hay más. A mí me da igual. Digo: vivan Los Panchos y, aunque sea la mayor falacia, “si tú me dices ven lo dejo todo”.  En realidad, los pensadores Joaquín Sabina y Los Panchos o el recién fallecido Pablo Milanés, creo que no deberían pasar, en cuanto al valor de sus muy respetables opiniones sobre los aconteceres del mundo, de la ajenidad (quizás me invento la palabra, pero me expresa y creo que quien me lee en este momento la entiende) que le daríamos a cualquier otra persona anónima de otra profesión. El único elemento de valoración debe ser la enjundia, el ánimo reflexivo sobre el meramente enunciativo que alimenta titulares de prensa.

Puede pasar en cualquier ámbito del arte: la decepción. El héroe, por mor de abrir la boquita fuera de su ámbito, o por cambiar sus opiniones, o por enterarnos de que es un ser humano manifiestamente mejorable, cuando no despreciable, es villanizado. Y el admirador decepcionado que ve ensuciarse en su alma el arte, narrativo, plástico o musical, que hasta hace cinco minutos lo conmovía, sabe que su rotura ya no va tener reparo y que el disfrute de la comunión ya no volverá. Y en el otro lado, o con la visión opuesta, estará quien, aun desencantado o al tanto de ciertas bajezas o ignominias, es capaz de extraer el arte del artista. Reconozco que, con mis dudas,  creo estar más cerca del segundo grupo pues soy poco dado a encumbramientos, probablemente tan fruto de la pereza como del escepticismo. Escepticismo que cada vez me produce  más una faceta de mucha gente del arte que es el abajofirmantismo. Yo también a veces voy, por puro marujeo, a ver quienes apoyan tal o cual lucha o una u otra formación política ante las elecciones generales. Sé que es absolutamente banal. Las  luchas tienen que apoyarse en su justeza y el escritor, el cantante o el actor comprometidos, que cualquier día se descompromenten, no le aportan, fuera del soporte emocional, valor añadido alguno. 

Voy con lo declarado por Joaquín Sabina. Lo tomo, para que no se me acuse de tendencioso, del digital con el nombre más bonito del mundo: El Español.

El músico Joaquín Sabina ha presentado en Madrid el documental Sintiéndolo mucho, que ha dirigido Fernando León de Aranoa sobre los últimos años del cantautor, lamentando "la deriva de la izquierda latinoamericana" que le ha llevado a replantearse su ideología.

"Esta deriva me rompe el corazón, justamente por haber sido tan de izquierdas. Pero ahora ya no lo soy tanto, porque tengo ojos, oídos y cabeza para ver las cosas que están pasando. Y es muy triste", ha explicado Sabina, acompañado del propio director y del músico Leiva, que ha creado la banda sonora de este trabajo.

Sabina ha reconocido que ha estado "mucho tiempo enfadado" con el siglo XXI. "Todo lo que pasaba: Trump, Putin... Eran cosas feas, incluso el lenguaje de gente a través de redes sociales que lo degrada mucho", ha apuntado, para luego añadir que se viene del "fracaso feroz" del comunismo en el siglo XX.

De todo el texto para mí la frase más enigmática está en la tercera línea del primer párrafo: "la deriva de la izquierda latinoamericana" como origen de su replanteamiento ideológico. La palabra clave es deriva. Y hace referencia a la segunda acepción de la RAE: Evolución que se produce en una determinada dirección, especialmente si esta se considera negativa. Esta definición establece que para Joaquín Sabina la izquierda latinoamericana ha evolucionado en un sentido indeseable. En el segundo párrafo, como complemento, dice que esa evolución a peor le rompe el corazón por haber sido tan de izquierdas. O sea, de la conjunción de esas dos frases infiero que lo que le duele es, grosso modo, que la izquierda latinoamericana ya no es, perdonen la redundancia, tan de izquierdas. Deduzco que él echa de menos la izquierda latinoamericana de los 60 y 70 que se planteaba la toma del poder, en no pocas ocasiones por las armas con el impulso que supuso la Revolución Cubana, para realizar cambios estructurales que condujeran al socialismo superando el sistema capitalista. La izquierda latinoamericana que hoy en día gobierna o aspira a gobernar, aunque sé que existen muchísimos matices entre organizaciones y países,  tiene una agenda que propone, con mayor o menor profundidad, reformas del sistema imperante que generen mayor igualdad social y avances dentro del sistema capitalista. Ninguna izquierda gobernante de Latinoamérica tiene  la ambición de la Unidad Popular de Chile que se planteaba la construcción del socialismo. El recién elegido Lula da Silva se plantea beneficiar a los desfavorecidos sin cuestionar nada del sistema de clases de Brasil. Curiosamente, a pesar de lo expuesto, expresa que la decepción con la derechización de la izquierda lo ha llevado, ojos, oído y cabeza mediante, a derechizarse. 

Lo dije más arriba, esta no es una reflexión sobre si me gusta o no la posición de Sabina, esta reflexión va sobre un fenómeno que se da entre muchas personas autodenominadas de izquierdas. Justifican su cambio ideológico idealizando a una izquierda que en una deriva derechista o autoritaria ya no es, nunca lo ha sido, impoluta. Y Joaquín Sabina y los decepcionados curan sus heridas en los fértiles campos de la derecha (todos los digitales de esta tendencia, la gran mayoría, han acogido su declaración con alborozo). Tengo claro que todo lo idealizado es tremendamente frágil, se nos quiebra el mundo soñado y nos queda la tremenda decepción que es, en cualquier sistema, eso que se denomina, cortina que cubre egoísmos y corruptelas, la condición humana. Esa condición humana que nada expresa mejor que la letra del tango Cambalache: Que el mundo fue y será/ una porquería ya lo sé/ en el quinientos seis/ y en el dos mil también. Y claro, si el mundo siempre ha sido una porquería, según otra frase famosa el que es comunista a los veinte y lo sigue siendo a los sesenta ha pasado de tener un gran corazón a ser portador de un menguado cerebro. A eso alude Sabina cuando declara que ha adquirido una cabeza, a que le ha crecido el órgano del pensamiento y ha disminuido el que asociamos a los impulsos. A mí, en contraposición, se me viene a la mente, por ejemplo, José Luis Sampedro. Un cerebro que, habiendo sido senador de designación real en 1977, con los años crecía y era cada vez, sin alardear de haber sido el más rojo de la clase, más crítico con el mundo injusto que le rodeaba. 

Creo que los años necesariamente no nos hacen más sabios o sensatos, sí suelen hacernos más resabiados, que es una sabiduría aderezada con cierta dosis de mala leche.

Sobre la fealdad de Trump y Putin solo comentar la utilidad de los monstruos oficiales, esos monstruos que lo llenan todo y ocultan que Bush hijo o el increíblemente nobelizado Obama fueron presidentes, objetivamente, yendo a la frialdad de los datos, mucho más bombardeadores que Trump. De Putin poco que decir, tras la guerra de Ucrania, es, perdóneseme la simbiosis, el Stahitler de nuestro tiempo mientras preparamos la salida a la escena mediática del próximo Fu Manchú: Xi Jinping, que imagino es digno sucesor del fracaso feroz del comunismo en el siglo XX. Peor imposible: ferocidad y fracaso. Sé, no quiero manipular las palabras de Sabina, que el término feroz se refiere al fracaso, pero, como casi siempre en un mundo tan plagado de ferocidades perpetuadas en el tiempo, se une a la palabra comunismo, que ni siquiera se merece un fracaso de andar por casa: a una ideología feroz, según el pensar de estos tiempos, un fracaso feroz. Fracaso que no sé si Sabina aplicará al gobernante PC de China que ha sacado en 70 años a centenares de millones de personas de la pobreza extrema.

Muestro mi acuerdo con la fealdad que aprecia en el degradado lenguaje que en muchas ocasiones utiliza, sin necesidad alguna, la gente en las redes sociales, cuando pueden ser, entre otras muchas cosas, un estupendo instrumento comunicativo de intercambio de reflexiones e ideas. Por eso en este texto y en cualquier otro de este blog está habilitada para quien lo lee la opción de comentar libremente. Y jamás, salvo que hubiera un insulto personal, borraría comentario alguno. Hace años, en los albores, cuando logré que este callejón tuviera su pequeña pujanza, un amable señor, ante mi querencia ideológica, me puso muy educadamente un comentario con el listado de los precios de los billetes de avión de avión a La Habana, Pekín, Pyonyang y otras capitales del mal. Por supuesto, pervive.

Para acabar quiero, como en el anterior texto, poner un video musical. Como dije más arriba, acaba de fallecer Pablo Milanés. Ha habido consenso general en la merecida alabanza. No obstante, no puedo dejar de cuestionarme sobre si esta habría sido tan unánime, incluso desde sectores abiertamente hostiles a la revolución cubana, en el caso de que su posición respecto a la citada revolución no hubiese cambiado a partir de los 90 tras la caída del campo socialista. Han salido a la palestra desde sus maravillosas y eternas canciones de amor como Para vivir o El breve instante en que no estás a alguna menor como la muy popular Yolanda. De las canciones manifiestamente políticas se ha recordado la emocionante Yo pisaré las calles nuevamente sobre la represión sangrienta en el Chile de Pinochet. Yo me voy a permitir traer aquí, como colofón, una bastante menos conocida y que tiene que ver con la preocupación de Joaquín Sabina por la izquierda latinoamericana. Se llama Canción por la unidad latinoamericana. Recomiendo su escucha atenta. Su última estrofa dice lo siguiente:

Bolivar lanzó una estrella que junto a Martí brilló/ Fidel la dignificó/ para andar por estas tierras.                                 








lunes, 14 de noviembre de 2022

La lentitud en EEUU. Un sello comunista

Acabo de leer en el diario digital Público que tras ganar en Arizona, a expensas de los resultados de Nevada, el Partido Demócrata está a un escaño de controlar el Senado de EEUU.

Les aclaro que poca fe tengo yo en que para la humanidad, no hablo en clave interna, tenga mayor importancia la victoria del burro o el elefante. Su proyecto, y ante el crecimiento chino y el surgimiento de entes como los BRICS se torna aún más peligroso, sigue siendo, además lo verbalizan, el (pre)dominio mundial. Y en ese asunto son el mayor partido único del mundo. En un documental de John Pilger llamado The Coming War on China un analista chino hablaba de que en su país, tras la victoria del PCCh en 1949, habían habido diferentes políticas en 70 años, circunstancia evidente, pero que en cambio, en la bipartidista USA, al menos en lo que respecta a ciertos fundamentos, la política tenía un eje invariable que venía marcado ideológicamente por la doctrina del “Destino Manifiesto” por el que EEUU estaba llamado, siguiendo designios divinos, por supuesto, a liderar el planeta. Y cuando este hecho parecía más cercano, cuando la hecatombe de la URSS dejaba un mundo unipolar, ha llegado, pausada, poco estridente pero inexorable, sin estar en guerra continua como EEUU, la República Popular China, que, con otros a su rebufo, plantea un mundo multipolar.

Pero bueno, no era, ni es, la idea de este pequeño texto, al menos en esta ocasión, darles la vara con las cuitas del Imperio, sino algo mucho más circunstancial, quizás hasta nimio.

Como les digo la victoria del demócrata Mark Kelly me da igual. Pero hay un hecho muy llamativo. La noticia de hoy sábado 12 de noviembre de que ese escaño, con el 83% de los votos escrutados, vaya a este señor para mí es sorprendente precisamente por la fecha. Las elecciones fueron el martes 8 de noviembre. Arizona tiene algo más de 7 millones de habitantes y el total de votantes apenas superó los 2.300.000. Tres largos días para contar ese exiguo número de votos, con el agravante de que la diferencia, si ya es proclamado senador faltando por contabilizar el 17%, no debe ser muy pequeña. O sea, no creo que pueda alegarse lentitud por una elección reñidísima donde hay que escrutar con lupa cada papeleta. Ustedes se imaginan si esas elecciones se celebraran en un país de la "órbita del mal" lo que se estaría especulando. Viviríamos casi una declarativa, desde el imperio y sus terminales, de guerra. Brasil contó en 3 ó 4 horas más de 118 millones de votos. Vaya paradoja, los subdesarrollados del sur convertidos en espejito donde mirarse el opu(lento) norte estadounidense.

Cuando hay elecciones en Venezuela, Bolivia u otros países que los medios ponen en el centro de la sospecha suelen llegar observadores electorales internacionales para que los atrasados y mendaces de la tierra no hagan un pucherazo. Yo creo que llegó la hora de solicitar que esos observadores internacionales (recordemos también la polémica elección de Bush junior en el año 2000 en Florida) acudan en tropel a las elecciones de Estados Unidos bajo amenaza de sanciones por parte de la comunidad internacional. Incluso creo que sería interesante, si su respuesta es negativa y desdeñosa, contemplar la designación, siguiendo el "exitoso" modelo Guaidó (interesante la imagen de Macron y António Costa saludando en la Cumbre del Clima con bastante cordialidad a Maduro, ese extraño dictador que jamás detuvo al mayordomo del Imperio), de un presidente encargado para aquel país que siempre, históricamente, suele encargar o deponer presidentes a su conveniencia.

Este texto, surgido de la lentitud, tenía vocación de cortedad, iba a terminar aquí, pero este mismo sábado ha surgido una noticia, también menor si se quiere, pero con una carga de profundidad que a mí me produce cierta preocupación y mayor asqueo.

Una jueza, de la que me importa un bledo su nombre y su juzgado, ha paralizado, previa denuncia de la asociación ultraconservadora Abogados Cristianos, la emisión de un sello conmemorativo del centenario del Partido Comunista de España que iba a ponerse a la venta el 14 de noviembre. 

La jueza, que roza la prevaricación pues sabe que su resolución es manifiestamente injusta, le hace el trabajo sucio al run run ultraderechista que quiere equiparar esa ideología esencialmente criminal, llamada nazi-fascismo, con la ideología comunista que busca, que tiene como finalidad, un planeta donde los seres humanos tengan una vida digna, solidaria, y sin enormes diferencias sociales. Ya sé que algún lector me dirá que los comunistas han cometido crímenes. No seré yo, cercano a ese pensamiento, quien lo niegue. Muchos crímenes e injusticias se han cometido desde la posición de los comunistas o, durante muchísimo más tiempo, comercio legal de esclavos  incluido hasta el siglo XIX, desde ese capitalismo que nunca tiene el contador de víctimas que con tanta rigurosidad e interesadamente se aplica a una ideología que desde el siglo XIX planteó que había, en la medida de lo posible, que arrancar el paraíso de la (in)certidumbre de la muerte. Y qué decimos de esos grandes cuerpos de ideas que son las religiones. La media luna y la cruz durante más de mil años han chorreado sangre. No obstante, yo hablo de otra circunstancia más concreta, por eso uso el término esencialmente. El nazi-fascismo es criminal no solo por su accionar exterminador sino básicamente por sus propios postulados ideológicos. Defiende esa triada que siempre ha combatido la izquierda, incluida la comunista: la supremacía racial, la jerarquía social (siempre es un recurso excepcional para la burguesía y su dominio) y el machismo. 

Sus valores son deleznables y, para la historia queda, imborrable, por más resoluciones que saque la Unión Europea equiparándolos, que la Unión Soviética, liderada por el PCUS, fue la gran responsable de la derrota de la Alemania nazi, por más que el cine haya vendido que el desembarco de Normandía fue el instante cumbre que giró el rumbo de la guerra. Mentira. En junio de 1944 el avance del Ejército Rojo en el frente del este era implacable. Alemania en esos momentos ya estaba en absoluta desventaja y abocada a la derrota. No, no solo no son iguales sino, narrativas interesadas de la derecha aparte, el comunismo (sé que es un término incorrecto pues no existía comunismo en la URSS, como no ha existido en ningún otro lugar, pero lo utilizo para facilitar la compresión) fue quien más contribuyó a la derrota del nazi-fascismo.

Centrándome en España, sólo especificar que desde el espectro comunista (esto de espectro casa con el arranque del Manifiesto Comunista que dice: Un fantasma recorre Europa...), en el que englobo al mayoritario PCE y a otras formaciones menores generalmente a su izquierda que surgieron a partir de los 60, se produjo, con enorme diferencia, la más importante y constante lucha por las libertades democráticas contra la dictadura fascista del general Franco. 

Acabo con un dato, en 2021 también se cumplió el centenario del Partido Comunista de Portugal. Allí Correios emitió, para conmemorar la efeméride, no un sello, sino dos. Quizás, es sólo una hipótesis, la diferencia esté en la forma en que acabaron ambas dictaduras. Una, la portuguesa, vivió una ruptura que se visualizó en la foto de un represor de la policía política (PIDE) siendo cacheado con las manos en la nuca y el pantalón por los tobillos. La otra, la española, nació de una reforma timoneada por los herederos de Franco que dejó incólume todo el aparato represor (jueces, policías y militares), convertido ipso facto en demócrata de toda la vida.




viernes, 4 de noviembre de 2022

Contrastes: Argentina 1985 y el caso español. Un epílogo brasileño

De entrada, una recomendación: si pueden vean la película Argentina 1985.

Alejada de mí cualquier tentación de ejercer la crítica cinematográfica, sí me permito decir que me parece que en ella confluyen, sin que ninguno anule al otro, dos elementos valiosos en una ficción: la emoción y la reflexión. Sin ser melodramática, incluso con rasgos humorísticos, sobretodo en la relación paterno-filial, conmueve y hace pensar. Y entretiene, virtud que no siempre tiene que ir unida a lo superficial.

La película refleja, desde el ingente trabajo de la fiscalía, como se prepara y como transcurre el juicio a las juntas militares que asolaron Argentina entre 1976 y 1983 ocasionando 30.000 desaparecidos. 

Recuerdo cuando en los años 80, desde el estado español, se hablaba a menudo de la Transición como elemento especular en el que mirarse para el fin de las dictaduras militares que, respaldadas por EEUU, detentaron el poder en el centro y sur de América en las décadas de los 70 y los 80 del siglo pasado. 

España, en esa época en que era muy común el concepto paternalista (aunque parezca contradictorio es así) de "madre patria", se proponía como una especie de guía con su "ejemplar" y "pacífica" (entre 600 y 700 muertos de 1975 a 1982) transición de la dictadura a la democracia.

Sí, seguro que a muchos de quienes vemos Argentina 1985, se nos viene a la mente el final de la dictadura del general Franco. No podemos evitar trazar paralelismos. Y no solo porque en España, bochornosa Ley de Amnistía de 1977 mediante, que se utilizó arteramente para librar a represores cuando la amnistía que se reivindicaba en las calles era la libertad general de todos los encarcelados por motivos políticos, ni un criminal fue juzgado (alguno como el celebre Billy el Niño incluso murió disfrutando de sus pensionadas medallas), sino por algo que me parece bastante interesante. Me refiero a la justificación, a las causas  de la barbarie, elemento que suele utilizarse para no hacer justicia. 

Me explico. 

Los militares argentinos aducían en su defensa que el país libraba una guerra contra lo que ellos llamaban la subversión, la guerrilla comunista. Y las guerras, más aún las civiles, son situaciones excepcionales, con medidas excepcionales ante enemigos poderosos que también utilizan la violencia. Así, más allá de la ilegalidad del propio golpe de estado, que pomposamente denominaron Proceso de Reorganización Nacional, orillaron la justicia por completo, y sembraron el terror secuestrando casi siempre con la alevosía de la nocturnidad, en los célebres Ford Falcon, a personas a las que llevaban a los llamados "chupaderos" o centros clandestinos de detención. En Argentina, con múltiples avatares (leyes de punto final e indultos que acabaron siendo derogados) de por medio, han sido condenados, y los juicios aún prosiguen, más de mil militares que participaron en la represión. O sea, no se han quedado en el reconocimiento de las víctimas sino que han dado el paso siguiente: el castigo a los victimarios. Y de este modo, los 24 de marzo, fecha del golpe militar de 1976, todas las instituciones argentinas, incluso señeros equipos de fútbol como Boca o River, expresan su rechazo a la dictadura.

En España la justificación habitual de "la guerra entre hermanos" y que "todo el mundo cometió tropelías" ha imperado ideológicamente con la connivencia del PSOE. Felipe González declaró en una entrevista, ante el 40 aniversario de la victoria del PSOE en 1982, que su objetivo principal era mantener la convivencia para que "no volviéramos a las andadas", estableciendo una culpa colectiva en lo que fue un golpe de estado ejecutado por los militares fascistas con el apoyo de la clase dominante y con la complicidad y sostén ideológico de la Iglesia. Con el predominio de este pensamiento, sazonado de miedo, en el estado español se impuso que había que correr un velo sobre el pasado y mirar al futuro sin juzgar ni condenar las tropelías cometidas durante 40 años por la dictadura de Franco. Así, más de 100.000 personas siguen en fosas comunes y cuando el ex juez Garzón, en 2008, quiso encausar al franquismo a los pocos años estaba fuera de la carrera judicial. 

Todo esto viene a cuento de que el 31 de octubre, fecha a partir de ahora dedicada a homenajear a los represaliados por el fascismo hispano, se celebró, a la luz de la recién aprobada Ley de Memoria Democrática, el primer gran acto institucional de reconocimiento a estas víctimas de, permítaseme la expresión, segunda división. Esta demoradísma jornada, que estuvo presidida por Pedro Sánchez y otros cargos del gobierno, llega demasiado tarde. Han pasado casi 50 años de la muerte de Franco y, por supuesto, sus herederos políticos, consecuentes con su ultraderechismo, no han acudido.

Allí no estuvo un rey que, sin embargo, al igual que su padre, ha participado en innumerables homenajes a las víctimas de ETA. La monarquía española no muerde jamás la mano que la restauró. También es coherente, al igual que la derecha española (la ultra y la más ultra), con su génesis. Lo define perfectamente en un tweet, conciso y magnífico, el periodista Ramón LoboEs difícil homenajear a las víctimas si llevan toda la vida homenajeando a los verdugos.

Ni Núñez Feijóo, ni Díaz Ayuso, ni Martínez Almeida, invitados al acto, acudieron. Ustedes se imaginan el escándalo y los epítetos que se usarían si estando en el gobierno el PP ningún líder del PSOE o Unidas Podemos fuera a un acto por las víctimas de ETA. Al PPVOX, Ciudadanos es un cadáver aún insepulto, las víctimas de la dictadura franquista les importan un bledo. Saben que el Pacto de la Transición fue un pacto de olvido a sus desmanes: "yo te dejo de encarcelar o matar y tú te olvidas de que fuiste encarcelado y en muchas ocasiones asesinado por mí".

Reconozco que esa faceta de la ultraderecha española me admira. Defienden sus ideas desde la insolencia, desde la costumbre de la impunidad de clase. Saben cual es su matriz y la justifican abiertamente, juegan sus bazas sin complejo alguno (tremendo ejemplo la renovación del Consejo General del Poder Judicial, caducado hace más de tres años, que no se hará hasta que el PP gane las elecciones con la muleta voxera), mientras ese conglomerado llamado izquierda se mueve en una timoratez que la lleva a arrinconarse cada vez más.

Aquí, no lo tenía previsto, pero de ultraderecha hablamos y en mi callejón, no siendo rey, me siento soberano, me atrevo a enlazar con Brasil, donde los seguidores de Bolsonaro, derrotado en las elecciones presidenciales por un margen de 2.100.000 votos (1,8%), muchos de ellos haciendo el saludo nazi-fascista, se están concentrando ante los cuarteles pidiendo una intervención militar que los libre del "comunismo" de Lula. O sea, son más atrevidos aún que sus colegas españoles (aunque también nuestros fascistas han hablado de gobierno ilegítimo), han salido a la calle decenas de miles de personas para pedir explícitamente un golpe de estado, que el ejército ignore el resultado de las urnas. 

Quizás yerre, pero es una acción que, al menos a corto y medio plazo, no tiene futuro. Incluso de prolongarse podría ser perjudicial para el propio bolsonarismo pues si se mantiene en esa postura golpista, más allá de la sensación de "musculatura"  que ahora siente, quedaría quizás desacreditado para siguientes convocatorias electorales. Y estoy convencido de que las cabezas  pensantes de ese movimiento (entre las cuales no sé si la principal será Bolsonaro) saben que no les interesa prolongar esas acciones inciertas siendo el principal grupo parlamentario y teniendo un importante poder federal a través de los gobernadores de estados importantes, circunstancia que probablemente supondrá un devenir complicado para el futuro gobierno de Lula y, mucho me temo, importantes opciones para la ultraderecha de retomar el poder en el 2026, o antes, si se impone el ejemplo peruano donde el presidente Pedro Castillo, desde su asunción, no ha tenido un minuto de paz jurídico-parlamentaria.

Por otra parte, y esto es lo esencial, estoy convencido de que la propia clase dominante brasileña tendrá,   desde la perspectiva que dan las alturas, viendo ese movimiento, muy fanatizado religiosamente y con el lema cuasi absolutista de Dios, Patria y Familia, con gente que se arrodilla para rezar en las calles y parece que busca el trance,  un mohín de desagrado o de extrañeza. Pensarán, sabiendo la distancia sideral a la que está el comunismo: "carajo, la cosa no es para tanto". Lo conocen, Lula ya gobernó, no lleva ningún programa socializador, no piensa cambiar la estructura social brasileña. Sí, imagino, intentará mejorar, y es muy importante, las condiciones de vida de las capas más desfavorecidas y empobrecidas. Una de las condiciones esenciales para un golpe de estado (no digo que sea la única), la agudización de  las contradicciones de clase, el peligro del predominio de la oligarquía, no existe. 

Además, tampoco suele ser ya necesario dañar el pavimento de las calles con las cadenas de los tanques, se han buscado vías más creativas, más sofisticadas y menos sangrientas, como el Lawfare o Guerra Jurídica, término inglés que significa perseguir al oponente político usando las ley de manera torticera.  De hecho, por vía judicial, el juez Sergio Moro, encarcelando a Lula, posteriormente declarado inocente, lo sacó de la carrera electoral de 2018 que acabó ganando un Bolsonaro que después, ¡oh sorpresa!, con el descaro típico de la derecha, nombró al señor juez Ministro de Justicia.

lunes, 24 de octubre de 2022

La jungla y los jardineros

Josep Borrell y Arturo Pérez-Reverte casi nunca decepcionan. Sus palabras suelen ser, cada uno en su ámbito, objeto de polémica. En estos días pasados, aunque en teoría hablaran de diferentes temas, la ideología base confluye.

Borrell, Ministro de Exteriores de la Unión Europea de facto, en la inauguración del curso piloto de la Academia Diplomática Europea expresó lo siguiente (¿le quiso dar al alumnado un ejemplo a la inversa?): 

"Europa es un jardín (...). El resto del mundo, la mayoría del resto del mundo es una jungla, y la jungla podría invadir el jardín, y los jardineros deben de encargarse de eso, los europeos deben estar más comprometidos con el resto del mundo o si no el resto del mundo nos invadirá".

Pérez-Reverte, afamado escritor, expresó en un programa televisivo, ante dos millones y pico de personas, lo siguiente:

"Estamos criando generaciones de jóvenes que no están preparados para el iceberg del Titanic (...), los hemos criado hiperprotegidos (...), les hemos quitado los mecanismos defensivos (...), cuando vienen otros que sí ejercen la violencia, para quienes es natural, para quien el dolor, la soledad, el fracaso, la muerte, son diarias, cotidianas, estamos en inferioridad de condiciones y nos van a ganar".

Tras leer un texto y otro estarán de acuerdo conmigo en que, como digo al inicio, la idea fuerza es la misma: preparémonos, cual redivivo Imperio Romano, para la llegada de los bárbaros prestos a reventar nuestro civilizado espacio. Tipos que vendrán a pisotear la maravillosa geometría del jardín europeo en contraposición a esa esencia del caos que son las junglas de los otros continentes. Cierto es que uno, Borrell, habla de "compromiso" con esa jungla, de ir a la jungla para anticipar la invasión y el otro, Pérez-Reverte, fatalista, da la invasión por inevitable y expresa lo inane de nuestra posible defensa, ante esas hordas violentas, por mor de la flácida educación que le hemos dado a una juventud que solo conoce las mieles del hedonismo, ignorando las futuras hieles que tal despropósito nos acarreará.

Descritas las posiciones, me gustaría hacer, a mi deslavazado modo, algunas reflexiones.

Ningún jardín está completo sin la música adecuada: el piar de los pájaros. Y yo querría recordar ahora, aquí, a un joven, parece que no todos sucumben a la dulce dictadura de los placeres, que en el jardín europeo lleva encerrado en una jaula desde el 15 de febrero de 2021, más de año y medio, porque parece que al poder del bello jardín no le gustaba la letra de su canto. Me refiero, por supuesto, al rapero Pablo Hasél. Por cierto, relacionado con Pablo Hasel, que lo denuncia con gallardía perezrevertiana en sus letras, está el rey demérito, un tipo que, haciendo el camino inverso, se ha refugiado, huyendo del europeo jardín, en la árida jungla, sin árboles y lianas, de la asiática Península Arábiga.

Estos días se cumplieron once años del asesinato del líder libio Muamar el Gadafi. No sé si Libia era un jardín, aunque sus indicadores sociales eran los mejores de África, pero sí sabemos que actualmente,  tras la actuación de choque de Europa a las órdenes de ese "capo di giardiniere" llamado EEUU, es un país hecho trizas por la guerra civil y que goza de una estupenda jungla esclavista. 

Habla Borrell de una Europa "más comprometida" con ese mundo tenebroso y acechante en aras de evitar una futura invasión de sus hordas. Quiero dejar constancia de que buena parte de Europa, justo es reconocerlo, ya ha cooperado en otras ocasiones con la jungla. Por empeño que no sea. En Alemania, en 1885, ni 150 años hace, en una reunión de estados altruistas que ha pasado a la historia con el nombre de "Conferencia de Berlín", Europa se comprometió a “civilizar” el inmenso jardín africano por la vía de enviar jardineros tan cargados de fusiles como carentes de rastrillos y con la poco creativa tarea de proteger la extracción de unas materias primas que cimentaban el desarrollo del capitalismo en Europa. Justo es hacer mención específica, "primus inter crueles", a ese jardinero infame llamado Leopoldo, rey de los belgas, que asesinó a millones de congoleños y cercenó las manos de miles de niños que no producían lo estipulado por los amos de esa parcela del jardín. No obstante, los grandes jardineros, extendiendo también su "arte" por Asia, fueron ingleses y franceses. Los primeros, por poner un único ejemplo, atacaron China hasta en dos ocasiones (la segunda acompañados de los propios franceses, para civilizar más profundamente) durante el siglo XIX para imponer, contra el criterio de su gobierno, la venta de ese alienante fruto de un jardín de amapola llamado opio (hoy ese mismo jardín  afgano produce la mayor parte de la heroína que se consume en el planeta). Fruto que, debido a sus enormes ganancias, una vez metido en vereda el gobierno chino, originó la fundación en Hong Kong, en 1865, tras su anexión por Gran Bretaña, del HBSC, actualmente el segundo grupo bancario más grande de Europa. 

Sí, el compromiso europeo con el mundo viene de lejos. Los propios españoles, al módico precio de traer galeones cargados de oro y plata, civilizaron buena parte del continente americano e incluso celebran su día nacional conmemorando un acto colonialista que, adornos discursivos aparte, solo quería abrir, pensando que el planeta era más pequeño, una nueva ruta económica con la parte más lejana de Asia.

Como expreso más arriba, tanto Borrell como Pérez-Reverte avizoran la invasión. Pero a mí me falta concreción, valentía: ¿Quiénes son los invasores? ¿Cómo nos invadirán? ¿Ya han llegado avanzadillas?

Borrell no dice nada, Pérez Reverte sí concreta algo y nos dice que son gente para la cual, fruto de una existencia pesarosa, "la violencia es natural". Y claro me acuerdo de las dos guerras mundiales, más de 70 millones de muertos, en las que el suelo europeo fue origen y teatro principal con el epílogo del acto más violento de la historia: el lanzamiento por EEUU, que, no nos olvidemos, es parte principal del jardín, de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. O me viene a la mente un golpe de estado dado por un ejército fascista en un país llamado España en 1936 que devino en una guerra que causo medio millón de muertos. O pienso en las guerras de la antigua Yugoslavia hace menos de 30 años. 

Y así, soy consciente de que el jardín europeo, guste o no, tiene mucho de cementerio edificado a base de cañonazos, sean estos en territorio propio o en territorios ajenos. En este siglo XXI, aunque sea como comparsas de EEUU, en Afganistán, en Irak o en Libia han habido ejércitos europeos. Ejércitos con soldados jóvenes "hiperprotegidos y sin mecanismos defensivos" porque lo que parece claro es que la posición de "Europa" no ha sido defensiva sino, insisto, de la mano de EEUU, ofensiva. Solo en los tres países citados, en estos primeros 20 años del siglo XXI, EEUU y "Europa" (entrecomillo porque sé que la generalización es incorrecta pero uso el término en el sentido borreliano) han generado cientos de miles de víctimas. 

Por eso yo me sigo preguntando quiénes son esos invasores ante los que, según Pérez-Reverte, "estamos en inferioridad de condiciones y nos van a ganar". Yo me imagino que se refiere a las personas migrantes pues no parece que hable de ejércitos organizados en el sentido tradicional del término, ya que si exceptuamos Rusia o China, y en ese escenario estaríamos hablando de otra circunstancia llamada guerra nuclear, ningún ejército está capacitado para esa tarea. Y si no hace referencia a una guerra nuclear de la que se habla a cuenta del actual conflicto entre Ucrania (sustentada por la OTAN) y Rusia y a lo que alude es a que tenemos una juventud inerme ante una inmigración futura, en masa y violenta, no se da cuenta de que el análisis va por otra "guerra" diferente: la llamada lucha de clases, ese conflicto perenne en el que la clase dominante, en lo material e ideológico, se las sabe todas y son maestros en crear disputas entre los trabajadores de diferente condición, pues mano de obra, de la más barata, es lo que serían (y son) esos hipotéticos violentos, procedentes de la jungla, que vendrían a "derrotar" a la juventud pusilánime que hemos formado. Y alguien me dirá que llega gente que delinque y yo le contesto que existe un elemento llamado Código Penal aplicable a cualquier persona que resida en el estado español y que ahora mismo, campañas alarmistas al margen, no parece encontrarse desbordado.

La juventud canaria, española o europea  o de EEUU, esa juventud que habita el jardín, antes que a un grupo  generacional, sea consciente o no, pertenece, como cualquier otra generación, a una u otra clase social. Y ese elemento determina su futuro mucho más que una masa que desde la jungla nos avizora con siniestras intenciones. Pueden tener gustos musicalmente similares, al igual que en el vestir (y estoy simplificando mucho), pero no son unos flojuchos prestos a ser, así en abstracto, devorados. No existen generaciones fuertes o débiles, pues como todos sabemos siempre la débil, la malcriada, es la última y la que se está conformando. Mi padre, cuando surgía el conflicto entre nosotros, me decía que yo había vivido como un príncipe, y hoy lo entiendo porque el nació en una familia obrera que padeció las penurias de la posguerra y tuvo que trabajar desde los 12 años. Seguro que un niño de clase acomodada tendría otra perspectiva de esos años. 

Un ejemplo interesante de la influencia de la clase social es mirar a esa actividad propia de los jóvenes que era el servicio militar. Desde mitad del siglo XIX y hasta las guerras de Marruecos en las primeras décadas del siglo XX los hijos de las clases acomodadas tenían la opción de pagar para librarse del servicio militar. El costo en la segunda mitad del siglo XIX varió entre 6.000 y 8.000 reales. El salario anual de un obrero en esa época era de 1.500 reales. Con este ejemplo quiero expresar que en cualquier época los adinerados (jóvenes o viejos) suelen llevar una vida que les permite librarse ellos del "trabajo sucio" y enviar, aunque en los tiempos actuales sea de manera mejor remunerada, a la servidumbre a enfrentarse con los peligros de la jungla o a mantener custodiado y bien limpito el jardín.


sábado, 24 de septiembre de 2022

Palacios terrenales y celestiales

 "No cabe duda de que vivir en un palacio no es como la gente se piensa, es muy difícil, es frío, hay que estar muy acostumbrado y hay que ser fuerte emocionalmente".

La muerte de Isabel II, reina de diversos territorios, más allá del baboso seguimiento mediático que quiere establecer como meritorio lo que fue un simple hecho biológico: su longevidad y su acceso al trono en plena juventud la llevaron a reinar durante 70 años, lo que implica que ha sido testigo de los grandes cambios en múltiples ámbitos, destacando particularmente las enormes transformaciones tecnológicas  de la tercera revolución industrial producidas en la segunda mitad del siglo XX y el primer cuarto del siglo XXI que ella contempló mayormente desde el silencio. En ningún caso impulsora ni líder de nada, si acaso ducha en adaptabilidad, tanto ella como otras monarquías europeas para garantizar su propia subsistencia, la de esos extraños funcionarios públicos, los reyes, que salvo que abdiquen (o les "obliguen" a abdicar como al Demérito) tienen un carguito vitalicio que se perpetúa mediante una de las funciones básicas de los organismos vivos para la perpetuación de la especie: la reproducción.

No plácidos ríos, un Niágara de tinta y saliva en tertulias y entrevistas en todos los canales informativos. A mí en el fondo me maravilla que ese boato regio que puede ser interesante en los cuentos o en las series que reflejan antiguos mundos de leyenda donde los mitos se condimentan con algunas gotas de historia, casi siempre medieval, encandilen, casi extasíen a tanta gente. Probablemente nos emboba lo que nos parece inalcanzable, aunque con el auge y dominio ideológico de la burguesía, sobretodo en los últimos decenios ha surgido lo que se llama la clase aspiracional, los que anhelan el pequeño palacio del chalet con piscina, el currante que aplaude en Andalucía, al igual que antes en Madrid, que se elimine el impuesto sobre el patrimonio que afecta a los 18.000 andaluces más ricos y que supone alrededor de 100 millones de euros para las arcas públicas. Y a mí me "emociona" y me da mucha envidia observar como el PP y VOX, la derecha, son partidos que gobiernan sin complejos, con desparpajo, para el beneficio de la clase dominante imponiendo su relato ideológico y logrando que buena parte de la clase trabajadora integre en su pensar sus argumentos. 

Pero, como casi siempre en mis textos, derivo. Y, en realidad, lo que me interesa es el párrafo inicial entrecomillado que forma parte de una entrevista en el programa Más Vale Tarde a Cayetano Martínez de Irujo. Sé que no es nada nuevo, sé que "los ricos también lloran", imagino que transitar en noches tormentosas gélidas galerías (el servicio debe descansar, aunque no sé en el caso del eterno príncipe Carlos, un tipo al que le planchan los cordones de los zapatos) para ir a la cocina de palacio y coger algo de la nevera para calmar las ansiedades con el nefasto vicio de picar entre horas debe ser un poco cansado. A mí a veces me da pereza recorrer los como mucho siete u ocho metros que separan mi sillón de la nevera. Y yo no me quejo. El problema en realidad surge cuando te levantas del sillón y casi te das de bruces con la nevera. Insisto, puedo entender la frialdad, hasta el deseo de no incomodar en el palacio al fantasma oficial de un alma en pena, como ese que tan deliciosamente retrató Oscar Wilde en El fantasma de Canterville, cuento donde una familia de yanquis, positivistas y burgueses, desquicia al atormentado espíritu condenado a expiar su crimen toda la eternidad.

Todo lo entiendo, pero me gustaría precisar un par de ideas. Emplear para hablar de vivir en un palacio la expresión "muy difícil" o la necesidad de ser "fuerte emocionalmente" en un país donde cada día se desahucian familias a mí parece que roza la falta de respeto y quizás sea fruto de otro término que utiliza: la costumbre. La riqueza como costumbre que te hace ver al común de los mortales con un cierto desprecio o una enorme lejanía, pues si no, no te atreverías a utilizar, por simple decoro, esas expresiones para referirte a la vida en un palacio como una pesada carga. Cuando leí sus declaraciones recordé la pandemia y, sabiendo que hay muchas escalas por medio, pienso que no es lo mismo estar confinado en 40 ó 50 metros cuadrados que en mil con amplios jardines y piscina y pistas para hacer deporte. Estos nobles, no solo es que tengan acendrado el concepto, lamentablemente tan desvaído ahora para muchos trabajadores, de clase. Ellos, lo hemos visto en el larguísimo entierro de Isabel II, tienen muy presente la idea medieval del estamento, del grupo cerrado y en la cúspide que necesita un sirviente para que le mueva unos centímetros el tintero, no por pereza, pienso yo, sino porque consideran que su "dignidad", su lugar en el mundo conlleva la no realización de lo que en la Edad Media y el Antiguo Régimen se denominaban los "oficios viles", aquellos que implicaban el trabajo manual al que estaba condenado el denominado Tercer Estado o pueblo llano. Quizás me columpio en mis elucubraciones, pero yo creo que en la nobleza antigua, de siglos, más allá de su forzada alianza desde el siglo XIX con la emergente burguesía, perdura la idea de una superioridad congénita, lo cual, desde su perspectiva, casi de entomólogos observando insectos, tiene toda la lógica. También pienso que les queda poco (aunque aviso que en historia el concepto "poco" aplicado a lo temporal es bastante flexible), que llegará el día en que este país, tras proclamarse la república, esta vez para siempre, sin ninguna sublevación fascista de militares terroristas por medio, elimine los títulos nobiliarios. 

Del palacio terrenal al palacio celestial.

En concreto, quiero hacer referencia a un jefe religioso. Al que habita el palacio episcopal ubicado en la Plaza de Santa Ana en el barrio de Vegueta de Las Palmas de Gran Canaria.

El obispo José Mazuelos criticó el 8 de septiembre en su homilía en honor de la Virgen del Pino el aborto y defendió el "don" de la maternidad. Aunque no sea el objeto de este texto un matiz al señor obispo: la maternidad no es un don en ninguna de las tres acepciones de la RAE. Ni es una dádiva, ni es una gracia especial, ni es, en este caso, un bien sobrenatural que recibe el cristiano. Es un hecho biológico que los seres humanos compartimos con infinidad de especies animales. 

La crítica del obispo fue contestada por el Presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, diciendo que éste no debió referirse a la maternidad y el aborto sino a lo que "todos los canarios esperábamos: agradecer (el esfuerzo y el sacrificio por la pandemia)  y compartir la celebración". 

Expreso, en este caso, mi apoyo al obispo, que, más aún en su territorio, con sus fieles, tiene derecho, dentro de los límites del propio derecho, desde su liderato religioso y desde su libertad de expresión, a expresar lo que considere oportuno aunque a mí o a cualquier otra persona nos desagrade. Sí considero inoportuna, en cambio, la presencia de un Presidente del Gobierno, en su calidad de tal, en múltiples celebraciones de esa entidad privada llamada Iglesia Católica. Militares y autoridades van año tras año a rendir homenaje a un ser celestial cuya esencia (aunque paradójicamente el obispo alabe la maternidad) es la virginidad. Siempre recuerdo las risas, entre gente que cree en la fecundación de la virgen por el Espíritu Santo, por el "pajarito" de Maduro. Insisto, debe haber libertad absoluta de credo y cualquier persona tiene derecho a participar en los ritos religiosos que considere, también Ángel Víctor Torres u otros cargos públicos, pero si lo hacen debería ser a título personal, nunca como representante oficial de la ciudadanía. 

No obstante, sé que es una batalla ideológica que, como tantas otras, la izquierda (ese mundo tan amplio desunido y desnortado) renunció a librar hace mucho tiempo y, sospecho, para más tiempo aún.