lunes, 10 de mayo de 2021

Colombia, Pablo Iglesias y la frase demoledora de Malcolm X

Sí, usted, conteste sin hacer trampas. Le digo que no vale buscarlo, lo que ahora llaman googlear. Si lee este texto, y tiene un minuto, póngame en los comentarios, el nombre del presidente de Colombia. Insisto, no lo mire, no sorteo nada. Si no lo sabe, escríbamelo también. Repita el proceso indicado con el nombre del presidente de Venezuela. Es un ejercicio simple pero que, le aseguro, encierra importantes enseñanzas.

Colombia y Venezuela son estados fronterizos situados al norte de América del Sur. Siamesitos que casi comparten bandera. Usted, la mini encuesta y su sinceridad dirán, ha escuchado el nombre del presidente de Venezuela, país que soporta la categoría, poco halagüeña, de régimen, en infinidad de ocasiones. Nadie, ni los marcianos aún no detectados por el helicóptero que escudriña el planeta rojo, desconoce el nombre del individuo en cuestión. Cuando hace unos años hubieron protestas, las llamadas guarimbas, cuando en una plaza juramentó un "presidente encargado", oyó usted hasta la saciedad el nombre del, con gran unanimidad mediática, denominado siniestro dictador. Día tras día los "luchadores por la libertad venezolanos", que usaban esa violencia que aquí, en las protestas caseras, aún en un grado menor, es catalogada de terrorismo, eran tildados de héroes, aunque entre sus heroicidades estuviera quemar vivo algún chavista de piel excesivamente oscura. Por cierto, uno de los acusados de la hazaña, Enzo Franchini,  tiene refugio en el estado español. 

Colombia, en cambio, es ese país que tiene centenares de líderes sociales y comunitarios, mayormente campesinos, asesinados con sordina mediática, pero que afortunadamente no padece régimen siniestro alguno. Ese país cuya policía en una semana ha asesinado a más de 30 personas que protestan contra una ley fiscal regresiva. Eso de fiscalidades regresivas trae a mi mente algún eco de una comunidad donde se ha plantado la bandera de la libertad, sustituyendo siete trasnochadas estrellas blancas (por supuesto) por siete espumeantes cañas. Paro mi tendencia a la deriva. Abandono el cocidito castizo y sigo con Colombia, ese país donde hay miles de falsos positivos (campesinos que asesinaba el ejército para hacerlos pasar por guerrilleros y cobrar el correspondiente estipendio) pero, ufff, insisto, qué suerte, no tiene un régimen. Y como no tiene el baldón de un régimen, los grandes portaviones mediáticos no ubican la masacre en portada o primera línea, y la comunidad internacional, o sea, EEUU y sus acólitos europeos y esa engendro llamado OEA, hacen admoniciones casi beatíficas a parar la violencia, tipo: la violencia nunca es el camino (argumento siempre usado por quienes tienen más rebosantes los arsenales), debe imperar el diálogo. Así, todo lo que en Venezuela es un foco constante, nítido y preciso, sobre la maldad de un tipo con mostacho con el que no cabe diálogo alguno (leña a Zapatero por legitimar el lado oscuro de la fuerza), aquí es niebla y responsabilidades compartidas porque, por designo imperial y bases militares estadounidenses mediante, Colombia, ya lo he repetido no es un régimen, sino una democracia que atraviesa dificultades y cuyos manifestantes no merecen el rango de luchadores por la libertad.

La derecha, con su armada político-intelectual, Vargas Llosa y Felipe González al frente,  protege a los suyos, y su sangrienta represión, sin fisuras. Lo vimos en Bolivia en 2019, lo vemos ahora en Colombia. Y cuando toca la ofensiva ataca con la dureza de un puño. En cambio la izquierda, que simboliza la unión de los trabajadores con el puño alzado, casi siempre ofrece una mano laxa, desmadejada, acomplejada.

Cada día que pasa, la famosa frase de Malcom X, aquella que nos dice que si no tenemos cuidado los medios de comunicación nos harán odiar al oprimido y amar al opresor, es más plena, tiene más vigencia.

Sobre la sevicia de los grandes emporios mediáticos hay, en clave del estado español, como epílogo, otro ejemplo muy reciente. Pablo Iglesias, exitosa demolición mediante, se ha ido de la política institucional. Y se ha marchado cargando sobre sus hombros un odio enorme hacia su persona (no me atrevo a decir que el que más pues Puigdemont, ahora en segundo plano, también carga el suyo). Lo que me parece digno de estudio es cómo se ha forjado, cómo ha cuajado ese odio. Intento explicarme. Los exiliados y presos independentistas sabían, o deberían haberlo sabido y calibrado, que, incluso sin necesidad de furia mediática, gran parte de la población hispana los iba a odiar y el aparato judicial los iba a machacar. Un proceso de independencia no es jamás, como alguno de ellos desatinadamente expresó, una "revolución de las sonrisas". Los estados, cuando la fuerza se los permite, enseñan los colmillos, no los dientes. Y si no basta, los usan.

La peculiaridad del "caso Pablo Iglesias" es que nunca planteó romper España, y que partiendo del programa ambicioso del primer Podemos acabó en un reformismo muy tenue con leves tintes socialdemócratas. Incluso habló de patriotismo, y como posición "izquierdista" planteaba que los ricos deberían pagar un poco más (sí, así, tímidamente, casi solícito). La ira "revolucionaria" lo abandonó pronto (o viceversa), pero dio igual, la cacería ha sido implacable, lo ha "matado" socialmente, creando en millones de personas una inquina que ni siquiera, la mayoría de ellas, serían capaces de explicar con una mínima racionalidad, y se ha cobrado su pieza. Y así, muchísimas personas de clase trabajadora, con jornada leonina y menguado salario,  destilaban felicidad el miércoles por la mañana, quizás ignorando que  su nómina era un poco más alta porque Podemos,  tal vez su principal logro, pactó con el PSOE una subida del 22% en el salario mínimo. 

Por cierto, unas palabras para los oficiantes que desde la izquierda rezuman pureza. Dicen: la gente reniega de Podemos porque no ha derogado la ley mordaza o la reforma laboral. Y tienen toda la razón en el reproche, que yo comparto plenamente, irritándome sobremanera con la excusa de los 35 diputados. Pero donde me surge la grieta es en lo siguiente, que expresaba en un tuit el periodista, estudioso de los medios de comunicación y su propiedad, Pascual Serrano: la clase trabajadora no le vota a quien no deroga esas leyes, la coalición PSOE- Podemos, pero lo hace masivamente a quien las elaboró, el PP. Extraño razonamiento.  Toda la ira contra el que no derriba la fortaleza se torna en agasajo en forma de votación masiva a los arquitectos y constructores. También es un clásico esgrimir que la irrupción de Pablo Iglesias y la creación de Podemos a inicios de 2014 tuvo un efecto desmovilizador sobre las luchas sociales. ¿De verdad? Ahora resulta que la izquierda revolucionaria estaba a 5 minutos de la toma del Palacio de Invierno y llegó Podemos y jodió el invento. Se confunden movilizaciones masivas puntuales, como la marcha minera sobre Madrid de 2012, arropada por decenas de miles de personas, con situaciones prerrevolucionarias, o ansias transformadoras generalizadas que no existían, ni existen. Ocho meses antes, en noviembre de 2011, y 6 meses después del cacareado 15M, en respuesta a la crisis, el PP sacó una mayoría absoluta de 186 diputados y casi 11 millones de votos.

A Pablo Iglesias se le puede acusar de posibilista, de frustrar expectativas en la lucha de su organización por avances sociales para las grandes mayorías, pero no de una acción lesiva para esas grandes mayorías que con inoculado encono le repudian. Observemos la obscenidad del evasor emérito regalándole a Corina, en lo más duro de la anterior crisis, por los servicios prestados (exclusivamente a él) 65 millones de euros, o a otros personajes con trayectorias siniestras o corruptas. No se olviden de que la sede desde la que el PP celebró su reciente victoria está pagada con dinero negro según los tribunales. Insisto, miren a cualquiera de ellos y en sus siniestras o embozadas faces (todo un número la ex dirigencia pepera negando ser los que aparecen, con nombre y apellidos, en los papeles de Barcenas, declarando con mascarilla desde casa), no verán reflejadas ni la décima parte del odio que concita Pablo Iglesias. 

Acabo, uniendo brevemente los dos hilos de este texto. Pablo Iglesias,  no sé si por estrategia electoral, o por cambios en sus convicciones (lo dudo), orilló sus simpatías por la revolución bolivariana. ¿Valió la pena? Retroceder, renegar de ideas y aliados, no amansa a la carcundia derechista, la fortalece y envalentona. Hace unos días, en una entrevista, la que situan como próxima líder de Unidas Podemos, ante la pregunta de si era comunista respondió, sonriente y algo apurada, que hablar del comunismo era algo muy complejo. No te va a valer de nada el equilibrismo Yolanda Díaz. En Madrid, Ayuso acaba de arrasar, aupada por los medios, con la absurda disyuntiva Comunismo o Libertad (la real sigue siendo socialismo o barbarie). Si, mirando alrededor, ves que ese es el nivel, no cambies arañar votos por dignidad. La línea roja es delgada, y sembrada de dificultosos recovecos, pero sigue marcando el camino.

jueves, 1 de abril de 2021

La historia: ni monta en escoba, ni porta varita mágica

"Si te llaman fascista, estás en el lado bueno de la historia".

Frase pronunciada hace varias semanas por la ultraderechista que gobierna Madrid. 

Es una desgracia, pero hay que apechugar. Yo no puedo hablar de ese misterio que es el átomo para mí, ni de las enanas rojas (las estrellas), ni de que un espermatozoide entre millones, nadando y arribando el primero a ese óvulo que parece un sol, da como resultado Pablo Picasso, Jack el destripador o La Pasionaria. Casi nadie puede hablar, con cierto fundamento, de esos temas. Aspiramos, al menos quien esto escribe, a ver, con fe cuasi religiosa, algún documental que más que iluminar, nos permita una modesta penumbra.

Sin embargo, es materia diferente la historia. Esa de la que yo viví, que quizás para alguno es como vivir de un cuento, de ese que ahoga todos los gritos de angustia del hombre, un cuento inmisericorde que describía en su "Sé todos los cuentos" León Felipe.

Y sé que sobre la historia, y con ella, cualquiera disparata y dispara. Sé que con la historia para el común se sublima el juego, tan cultura cinematográfica que nos nutre, de los malos y de los buenos.

El lado bueno y el lado malo. Clasificar nos sirve y es necesario, nos ordena un mundo que puede ser muy desconcertante, maravilloso y horripilante.

La bondad y la maldad como explicaciones históricas son herramientas tremendamente frágiles. Tengo claro que en cada uno de esos campos puedes encontrar trazas del otro.

Alguien podría decirme: tú defiendes la lucha de clases como motor de la historia. O sea, sí crees que hay malos (los explotadores) y buenos (los explotados). Falso. No se trata de bondad o maldad. Se trata de dinámicas históricas que sitúan a unos seres humanos acumulando riquezas y prevaleciendo sobre otros seres humanos, generalmente gracias a la fuerza que pueden comprar, estructurar y ejercer. Es su posición en la pirámide social lo que los define. No obstante, los privilegiados cuentan además con la enorme ventaja de su dominio ideológico. Históricamente a través de las religiones y en la actualidad con el dominio de los grandes medios de comunicación.

Todos los poderosos no son, ni eran, seres perversos. Incluso algunos de ellos, un señor feudal en la Edad Media, o un cacique en el XIX o el XX, podían tener una visión paternalista, ayudar en momentos puntuales a esas personas a las que explotaban y de las que nacía su riqueza. En modo contrario, un obrero, incluso un esclavo, puede o podía ser un tipo trapacero y profundamente insolidario con aquellos que comparten su infortunio.

Por eso pienso que hay que sacar de la ecuación el bien y el mal. En la sociedad más injusta, que quizás sea la que más necesita esos actos, podemos toparnos con muchas acciones benéficas. Y la sociedad más justa, aquella que está por venir y debería ser (aunque no será) el porvenir, no estará exenta de la vileza y la ruindad. 

La frase del inicio, infantilismo y buenomalismo aparte, es muy interesante porque sirve para retratar y desnudar una característica del estado español: la injusticia sobre la que se construyó la denominada Transición.

Sí, se fundó no solo en dejar impune al fascismo patrio, sino en aceptar de facto el discurso con el que machacó durante 40 años: la Guerra Civil fue inevitable, (no producto de la ultraderecha hispana y su brazo armado, unos militares facciosos apoyados por el nazismo alemán y el fascismo italiano) fruto de la división de la sociedad española.

La palabra eje, la palabra que demoniza, es división. La idea que, a la contra, refuerza, es la necesidad de unidad. La nación debe estar unida, y eso que proclaman los comunistas, la lucha de clases, contraria a la armónica colaboración de clases que defiende el fascismo, solo trae desgracias. Y, como si estuviéramos en el Cuento de Navidad de Charles Dickens, el fantasma del pasado nos lleva a observar los horrores del 36, la matanza, el fratricidio, hurtándonos el diestro espectro la visión de una oligarquía que, ante una república reformista, no quería ceder un ápice de sus privilegios, tema, insisto, no de bondad, sino de naturaleza.

Sí, la lucha de clases es una desgracia, pero, incluso desorganizada, preexiste, no la inventaron los comunistas.

Y esta preexistencia de la lucha de clases me lleva a una de esas ramificaciones por las que a veces me voy en mis textos, pero que me parece viene a cuento y a cuenta.

Hace unas semanas leí un opúsculo de un autor francés, Eric Vuillard, llamado "La guerra de los pobres", cuyo eje es Tomás Muntzer, un reformista religioso alemán del siglo XVI que puso a los desheredados de la tierra como eje de su lucha, pero lo que me llamó la atención, pues lo desconocía, es que ya antes, en el siglo XIV, los campesinos ingleses, liderados por otro reformista religioso, y con un carburante explosivo, mezcla de fe y cólera, se plantaron en Londres. El rey huyó, cortaron algunas cabezas, dudaron, y perdieron. El libro, tan breve como hermoso, no es otra cosa que, con esa herramienta que era una Biblia vedada a los pobres, una expresión de ese enfrentamiento contumaz entre poseedores y desposeídos (campesinos que querían traer un poquito del Reino de Dios a sus míseras vidas terrenales). De este autor no me resisto a nombrar dos joyitas más. La primera es "El orden del día", donde narra como la oligarquía alemana apostó decididamente por Hitler, y que se torna necesario ante tanto lerdo que defiende que los nazis eran socialistas, desconociendo que no es el nombre que robas sino la práctica. La segunda delicia, que casi me hizo saltar las lágrimas, es "14 de julio". Narra esa jornada, que ha pasado a la historia como el inicio de la contemporaneidad, con la cercanía del buen reporterismo, con la emoción de vibrar con muchos de los asaltantes de La Bastilla, esos "sin nombre", artesanos y obreros, de los que hablaba Eduardo Galeano, y a los que Vuillard saca del anonimato y ubica con nombre propio, aunque sea un minuto fugaz, en la historia.

Después de este rodeo vuelvo, en realidad no la he abandonado, a la desgraciada lucha de clases, esa que por reconocer su brutalidad y la injusticia que la propicia, los comunistas aspiran a que quede abolida por una sociedad igualitaria. Los fascistas defienden, como dije anteriormente, una colaboración de clases. Traduciendo: aspiran a la sumisión de la clase trabajadora desde un discurso, un mensaje que se centra en el paternalismo, tan caro para la clase dominante, y una acción que se plasma en la brutalidad.

Se viene un tiempo donde, por mor de la campaña madrileña, se va a hablar por cierta profusión de fascismo (cada vez más envalentonado) y de comunismo (siempre tan desconocido y tergiversado). Y lo triste es el ínfimo nivel. Cuando tienes la certeza de que cualquier mentira encuentra para crecer el abono de la ignorancia.

Solo desde ese supuesto la misma persona autora de la frase entrecomillada que encabeza el texto puede superarse diciendo: "...vendrán intentos de privatización de los servicios públicos a manos de cuatro... porque así es el comunismo". La derecha ultra y privatizadora (junto a la muy hipotética izquierda llamada PSOE) acusando al comunismo de su propia práctica política es una falta de respeto gigantesco... a sus propios votantes. 

Y ahí llegas a la certeza pesimista de que lo que expresa un sindicalista, bastante quemado, en un documental imprescindible, sobre todo en su hora final, llamado "El año del descubrimiento", es una realidad: el mundo camina inexorable (con riendas ideológicas firmes, añado yo) hacia la derecha. 

jueves, 18 de marzo de 2021

Reflexión corta sobre diecisiete palabras para una película de gansters


Texto de la cuenta oficial en twitter del PP de la Comunidad de Madrid:

"Iglesias es un caribeño con chándal que vive de los demás en mansiones con séquitos de mujeres".

No son, como en el bolero, tres palabras. Son diecisiete. 

Y en ese exiguo número de palabras caben el racismo, el clasismo y el machismo.

El término caribeño está utilizado con afán degradante. Iglesias es madrileño, y la cuenta oficial del PP lo sitúa, para desprestigiarlo, como natural de una zona geográfica cuya población ellos consideran, a la luz de su texto, de inferior categoría. Un lugar de sangres mezcladas que tienden a la oscuridad de la piel, camisas de flores al sol con un mojito o un daiquiri, y pocas (o ningunas) ganas de trabajar. Racismo de manual de la moderna derecha española.

Chandal y mansiones. A mí se me han venido a la mente esas películas donde un gánster con cadenas de oro y sortijas, puro ensalivado en ristre y chandal abierto hasta un poco por encima de la prominente barriga, al borde de una piscina donde se solaza la que en el caribe llamarían una "reina de la belleza", ordena un asesinato con la misma facilidad que pide un whisky. Creo que el objetivo es despertar en el imaginario de la gente la repulsión y la envidia por el que presentan como nuevo rico (Pablo, el defensor de los pobres, ya pertenece a la clase alta), a la par que el despreció por el chandal como símbolo de algo cuasi lumpen, una especie de estigma que delata tu "verdadera" raíz y condición social. Con el agravante, digno de juicio sumarísimo, de que el supuesto nuevo rico, según ellos, es comunista y, por tanto, hizo votos de pobreza severa.

A los administradores de la cuenta, lanzados al fragor de la batalla, al final les faltó una pizca de valor al culminar: "séquitos de mujeres".  Harem era la palabra que tenían en mente y no se atrevieron escribir, pues el término séquito aquí tiene, no nos engañemos, el mismo sentido: un harem de descerebradas, pastoreadas y atentas a los niveles de testosterona del macho alfa, más allá de sus proclamas feministas.

Por cierto, se les cuela una verdad constatable en esas diecisiete palabras: todos, la cuestión esencial es cómo, vivimos de los demás: se llama vivir en sociedad. Cuando preparo el potaje de berros que tan rico me queda (creo que al sabor canario lo doto de un matiz caribeño inigualable), reconozco que yo no he cultivado los ingredientes ni los he transportado al lugar donde los compro.

Acabo con una mención a la Comuna de París, esa primera experiencia socialista que hoy, 18 de marzo de 2021, cumple 150 años de su inicio. Duró hasta finales de mayo, cuando las fuerzas de la burguesía, ubicadas en Versalles, la arrasaron. Miles de personas fueron ejecutadas en la feroz represión que conllevó su derrota. Esta placa del Cementerio de Pere Lachaise, uno de los lugares que contempló la masacre, las recuerda.

viernes, 12 de marzo de 2021

Canarias en su rincón (africano)

Racismo, xenofobia, invasión.
Son conceptos que están en boga en Canarias. No obstante, cualquier persona, sea autoridad, representante o caminante embozado, negará airadamente que el pueblo canario se caracterice, así sea de refilón, por alguno de esos términos. Es un clásico con mucha solera "la tradicional hospitalidad del pueblo canario", esa gente encantadora y de acento meloso, que incluso en sus cadencias futbolísticas (Manuel Vázquez Montalbán siempre citaba a la Unión Deportiva Las Palmas de fines de los 60 e inicios de los 70 como ese equipo que, cual serpiente de ritmo pausadísimo, te iba envolviendo hasta neutralizarte)
recordaba a Sudamérica.
Alguien que tolera mis envíos de los textos que perpetro, me escribió un wasap hace ya más de un mes diciéndome que "esperaba" un artículo mío sobre el tema migratorio y esa ola de "terror" que se extendía (parece que en cierta medida el pico de histeria ha remitido) por la isla de Gran Canaria. En cierta medida, el colega, por decirlo suave, me fastidió, porque ponía el dedo en una llaga que yo ya me había inspeccionado.
Tú, me he dicho en más de una ocasión, mucho hablar de que en EEUU al republicano por mucho que lo vistas de demócrata, apenas pone un pie fuera, imperialista se queda, que nos tragaremos, organización trilera llamada PSOE mediante, a la parentela del demérito ladrón con la más abyecta de las sumisiones, que Podemos esta en camino de aguantar de su socio lo inaguantable con la mísera e indigna excusa de la pequeñez de sus 35, que los independentistas catalanes da lo mismo que saquen el 52%: serán perseguidos mientras aspiren a que sus ideas transiten de lo abstracto a lo concreto. En resumen, me digo, tu arreglas el mundo exterior pero te escaqueas del suelo que pisas.
Y aquí estoy, algo abrumado entre el pueblo acogedor y un ambiente hostil y fascistizado hacia la denominada inmigración ilegal. Diría que intento ordenar mis ideas, pero creo que es falso. En realidad, me gusta agitarlas, me gusta coger el hilo de los pensamientos en el territorio de las peteneras y seguirlo a veces de manera un tanto errática expectante ante los derroteros que pueda mostrarme.
Miren, el primer racismo que hay en Canarias es el geográfico, y se promociona desde las instituciones. Me refiero a la caracterización de nuestro archipiélago como un territorio "atlántico", circunstancia repleta de indefinición que compartimos con territorios tan dispares y alejados como Islandia o Las Malvinas. Nadie discute la africanidad de Cabo Verde aunque diste 600 kilómetros del punto más cercano de la costa africana. Entre Fuerteventura y Cabo Bojador hay 95 kilómetros. Sin embargo, aquí es tabú una afirmación tan simple y evidente como que Canarias es un archipiélago africano, igual que la Guayana Francesa, pertenencia a la Unión Europea aparte, es territorio americano aunque políticamente este ligada a Europa al ser colonia francesa. Lo asocio con el racismo, aparte de con el tema político de no dar alas al independentismo canario (ahora mismo bastante escualido), porque para el pensamiento común dominante África es el continente negro o, en su defecto, de esos no caucásicos que habitualmente llamamos moros. Se ha ignorado, más allá de los ámbitos historiográficos que Canarias fue, tras su conquista, culminada a fines del siglo XV, un lugar al que llegarían gran cantidad de subsaharianos en calidad de esclavos. 
Estudios realizados con el ADN mitocondrial (linaje materno) por la profesora de Genética de Universidad de La Laguna, Rosa Fregel, apuntan a que el componente genético de la población canaria estaría compuesto por un 55% europeo, alrededor de un 42% norteafricano y un 3% subsahariano. El 42% norteafricano correspondería básicamente la población que habitaba las islas antes de la Conquista, derribando una idea que ha estado bastante extendida en nuestro archipiélago: los canarios se habrían extinguido, esfumado de la tierra que los albergó durante más de mil años antes de la llegada de los colonizadores. No expreso estos datos porque yo le dé valor a tener una componente genética u otra, pero es bueno ubicarse, conocer las raíces reales y no las ficticias. Las élites que dominan el pensamiento quieren que los canarios veamos África como algo ajeno por completo a nuestra identidad y, por eso, nos llenan la cabeza con esa nada que es ser atlánticos o hacernos creer, incluso mediante groseras mentiras geográficas como la que publicaba por twiter RTVE haciendo referencia que el primer lugar Patrimonio de Ballenas en Europa se encontraba entre Tenerife y La Gomera, que habitamos en continente europeo.
Alguien me dirá que me voy por las ramas, y a veces para lo que observas a ras de suelo no es mal lugar seguir las enseñanzas de Calvino (Don Italo) y ser un remedo del barón rampante. Sí, el pánico viene de los oscuros que emigran ilegalmente a una Canarias que no perciben como destino sino como puente. Antes de proseguir quiero detenerme en un término que hace a mucha gente con alma cuartelera poner firme su pensamiento: ilegal. Todo lo ilegal es para ellos intrínsecamente perverso y, ante la palabra, sacan su cerebro  de la cabeza, como un gorro se lo colocan bajo el brazo e inclinan la testuz. 
Siempre dicen, cansinos, lo mismo: la esencia de la democracia es el respeto a la ley, y la ley puede cambiarse. Pura hipocresía, con Franco, los que tienen ya una edad, también decían que el que tenía problemas  era por meterse en lo que no debía y no acatar las leyes.
La famosa Rosa Parks, cuando no se levantó en la guagua del lugar que no le correspondía por su negritud, también vivía en lo que se llama una "democracia representativa". El estado de Alabama tenía su parlamento. ¿Por qué, en vez de desafiar las leyes, no esperó pacientemente a que hubiera una mayoría  que quisiera cambiar las disposiciones reguladoras acerca del color de la piel y el derecho a sentarse? Es fácil. Casi de primero de conciencia. Porque los cambios legislativos, los avances que nos humanizan, históricamente, se fuerzan desde la calle, desde la acción, incluso violenta. Y a quiénes, falazmente desde la derecha o desnortadamente desde la izquierda, quieran ponerme un gritito en el cielo les digo que posen su exquisita mirada en enero de 2014, en Ucrania, en el Maidan. Con el apoyo de la UE y EEUU una rebelión violenta tumbó al gobierno ucraniano, en esos momentos aliado de Rusia, y logro imponer otro proestadounidense y que a cada rato rinde homenaje a los nazis ucranianos.
Para el fascismo, o la fascistización, la llegada de pobres que otros pobres sienten como una amenaza es una situación óptima. El fascismo, doctrina en esencia criminal, e instrumento de la oligarquía cuando se ve amenazada por la pujanza del movimiento obrero (eso fue en Italia, Alemania o España) tiene la virtud de la simpleza, del mensaje que llega a las tripas, ese lugar donde se aloja el miedo. A nadie le horroriza o enerva que 60.000 millones salvaran a la banca sin que ese dinero se recupere o suponga, al menos, la nacionalización del sector. Sin embargo, la posibilidad del raterillo norteafricano saca a mucha gente de sus casillas.
Yo vivo en Gran Canaria, pero una persona que no habite en nuestras islas podría pensar que estábamos en una situación de enfrentamientos diarios y robos generalizados. Las estadísticas lo desmienten, aunque no debemos negar la posible influencia de la pandemia en el descenso de las cifras. No obstante, da igual. El objetivo está conseguido. El pensamiento se pudre cada vez más y los viejos ideales, socialistas y comunistas, de paz entre los pueblos, los oprimidos, y lucha entre las clases, quedan arrumbados.
Y esto no quiere decir que no exista una problemática con la llegada masiva de inmigrantes a un territorio fragmentado, con una densidad de población elevada y con un modelo económico basado en el turismo que, como demuestra la pandemia, te hace extremadamente frágil a cualquier circunstancia que altere el orden internacional y lo frene.
En el marco de esta problemática una cifra destaca: a finales de 2020 el paro juvenil en Canarias rondaba el 60%. Es muy sencillo que esos jóvenes vean a los migrantes como una enorme amenaza. Como acelerantes tenemos a la prensa magnificando cualquier riña que si de turistas se tratara no tendría mayor relevancia, y unas redes sociales donde se confunde la libertad de expresión con la libertad de revolcarse entre mentiras y bulos que abren camino al pensamiento fascista.
Mientras este proceso se da y los parias se miran con desconfianza, Canarias, frontera africana de la Unión Europea, ejerce de carcelera.

lunes, 22 de febrero de 2021

Microrreflexión sobre la violencia

La violencia ya es una palabra tabú. Un concepto usado para que decaiga la reflexión y asome la consigna generalizada de un rechazo acrítico y estricto, sin siquiera pararnos un momentito y echar un vistazo a la historia y a la lucha de personas o grupos humanos que no siempre, aunque quizás les habría gustado, pudieron ser pacíficos.

En el fondo, mil ropajes aparte, todo sigue siendo cuestión de intereses de clase. Recordemos la "heroicidad" de los guarimberos venezolanos para estos medios de desinformación o tergiversación masiva que, en cambio, aquí degradan a los jóvenes que se enfrentan a la violencia policial a la condición de terroristas callejeros.

Por cierto, al hilo de quienes lloran por la quema de contenedores y el consiguiente quebranto de las arcas públicas, me cuestiono: ¿cuántos contenedores podrían comprarse con los 60.000 millones que el estado regaló a la banca?

A todos los seguidores del tabú no-violentista, les pregunto: ¿Ha habido en algún momento de la humanidad, un acto, un segundo más violento y atroz, generado por el ser humano, que el que causó la destrucción de Hiroshima y se repitió tres días más tarde en Nagasaki? 

Nos tienen, y es lo más triste, encerrados en sus marcos mentales.

martes, 2 de febrero de 2021

De exilios e hipocresías

Siempre intento, cuando escribo, la reflexión.  Ser, al contrario que en mi cotidianidad, un tipo alejado de la vehemencia.  La ventaja de escribir es que puedes contar, no hasta 10, sino hasta 50, 100 o 1000.  La escritura siempre tiene la posibilidad del reposo y, lo más importante, del repaso. Aunque sé que esto que planteo, con la inmediatez de las redes sociales, donde se conversa en tiempo real, también es cuestionable.  Los adolescentes y jóvenes, lo viví en el instituto en diferentes ocasiones, muchas veces no se dan cuenta de que si bien las palabras de un cara a cara airado se las lleva el viento, las escritas, no.

Reconozco que cada vez tengo más la tentación del exabrupto, no por la discrepancia, esa siempre, desde el razonamiento serio, es absolutamente respetable.  El problema es que ese razonamiento, aunque sea en su mínima expresión, muchas veces no lo hallas, encuentras la afirmación pura y dura de una posición sin aportar explicación alguna o, lo que es peor, esgrimiendo un símil que produce vergüenza ajena. Respecto a esto, hace unos días, moviéndome por twitter, una persona le espetaba a otra que el nacionalismo siempre era  reaccionario y una lacra per se. El espetado, con toda educación, le pedía al espetante lo mínimo, que, afirmaciones contundentes aparte, se lo argumentara, circunstancia que implica un razonamiento previo. La respuesta de este último fue, casi textualmente, la siguiente: "el nacionalismo es como el cáncer". No sólo no argumentó, sino que llevó su afirmación a un extremo colindante con la miseria moral al equiparar, sin ninguna fundamentación, una forma de pensar con una enfermedad grave.

Hay otro elemento que me pone el cuchillo en los dientes y es moneda tan común como la escasez de razonamiento (que nadie se ofenda que no he hablado de raciocinio) y quizás más irritante, porque conforme el primero surge muchas veces de la carencia y la complejidad, el que voy a citar ahora siempre nace de la malicia: la hipocresía.

Lo que antecede viene a cuento de que, tras la entrevista a Pablo Iglesias en el programa Salvados, el domingo 18, se puso de moda  una palabra bastante ignorada durante decenios, tanto por la población española como por la gran mayoría de su dirigencia política: exilio.

La RAE da dos definiciones que interesan para el objeto de este texto:

1. Separación de una persona de la tierra en que vive.

2. Expatriación, generalmente por motivos políticos.

Reconozco que me ha sorprendido la primera definición de la RAE (la segunda es coincidente con otros diccionarios: salir de un estado por causas políticas) por su excesiva amplitud. ¿El jubilado nórdico o alemán que recala en Canarias o Baleares, para vivir con sus huesos calientes el trayecto final de su vida, es un exiliado? ¿Los migrantes pobres que llegan a Canarias, esa tierra paradisiaca donde nunca ha existido delincuencia alguna, son todos (y quizás los haya) exiliados? El exilio es una migración, pero ¿toda migración es exilio?

Pero ese no es el objeto de este texto.

El primer impulso, su matriz, es, como dije en el arranque, la rabia ante tanto aprovechado y farsante, tanto rasgador de vestiduras de saldo. 

Lo he dicho en algunas ocasión y lo reitero, no soy ni militante, ni simpatizante de Podemos. Nunca estuve encantado y quizás por eso no me siento desencantado. Pienso que los réditos que está logrando, para las clases populares en primer lugar, e incluso par su futuro propósito electoral, son realmente escasos, pero no deja de alucinarme el instinto de cacería perpetua, el mayor, a mi parecer (por su casi unanimidad, salvo algunos medios digitales), contra un político en la historia reciente del estado español. Por supuesto, me refiero a Pablo Iglesias, y ojo, no planteo martirologio alguno, está ahí por su voluntad, pero observo una animadversión visceral, no fundada y animalizante, que no ha existido en este país por ningún otro político aunque haya tenido muchísimo más poder y capacidad de tomar decisiones bastante más trascendentes (y negativas) para la vida de las personas. Políticos que se han sumado e impulsado agresiones exteriores que han costado la vida de centenares de miles de personas (Aznar) o que se sospecha que han impulsado grupos ilegales armados (Felipe González y los GAL) tienen una aureola de respetabilidad. 

Yo les propongo un ejercicio mental: piensen por un momento que el Ministerio de Sanidad, con las decenas de miles de personas fallecidas en la pandemia, estuviera ocupado por Pablo Iglesias. Dejo al vuelo imaginativo de cada uno pensar lo que ocurriría y que consecuencias podría tener para su persona. Su ocupante real, Salvador Illa, acaba de dimitir, entre ciertas alabanzas a su gestión (que más de uno a confundido con su talante personal tranquilo, ajeno a la estridencia) y unas voces críticas en general bastante contenidas, para presentarse como candidato del PSC-PSOE a la Generalitat de Cataluña. El otro día el CIS presentó los datos de una de sus encuestas regulares. En el apartado de valoración de las personas que ejercen cargos ministeriales Illa aparecía en tercer lugar y Pablo Iglesias en la última posición. Y que no me vengan a decir, desde ciertas posiciones de izquierda que critican a Podemos, que el descrédito de éste es por el "derechismo" de la coalición. La persona más valorada del gobierno de coalición es Nadia Calviño, representante de la ortodoxia más derechista de la UE, quien se opuso, contra Pablo Iglesias, a la subida del salario mínimo. Ojalá la censura, la inquina que ha calado en amplísimos sectores sociales, incluso bastante desfavorecidos, fueran explicables por las políticas timoratas y "derechistas" de Podemos. Tiene que ver muchísimo más con la firme decisión de una oligarquía que detenta la hegemonía del pensamiento, y quiere restablecer y consolidar la absoluta hegemonía del PSOE en el llamado ámbito de la izquierda. Para amplios sectores de la población su responsabilidad en los males patrios es mayor que la de Pedro Sánchez, considerado una especie de títere de aquel al  que la fascistización creciente considera un malvado Rasputín de Galapagar.

Volviendo a la entrevista de Salvados, la última "indecencia" de Pablo Iglesias fue plantear que, como aquellos que salieron de España en el 39, Puigdemont es un exiliado. 

En menos de una hora las redes bullían de fotos que mostraban las hileras de los republicanos camino de la frontera francesa huyendo del avance de las tropas fascistas, o ya encerrados en el campo de internamiento de Angelés-Sur-Mer. No la vi, pero tal vez también pusieran la del atestado Stanbrook zarpando del puerto de Alicante con gente hasta en el mástil. En el reverso de la moneda se ofreció la sonriente imagen de Puigdemont en algún restaurante belga o en la puerta de la llamada Casa de la República en Waterloo.

Y se montó el aquelarre. Hasta Ciudadanos, que como los cerdos se alimenta de todo, siempre tan rácano a la hora de condenar el fascismo, como servicial a la hora de destruir el memorial instalado en el Cementerio Civil de Madrid en reconocimiento a los 3000 ejecutados en Madrid tras el triunfo de Franco, arremetía contra Iglesias. El País conminaba en un editorial al vicepresidente a pedir perdón, no sé si con mesamiento de coleta o moño incluidos, al exilio republicano. Y en las redes, miles que jamás han tenido en mente asistir a acto alguno de desagravio a los exiliados republicanos o a los asesinados por el fascismo, reposen en tumbas o cunetas, también clamaban con falsario ofendimiento. 

Alguna entidad mantuvo tanto la claridad de criterio como la dignidad y no quisieron ser utilizados para el linchamiento inmoral. La organización Foro por la Memoria explicaba que en esos días habían contactado con ellos medios de comunicación que siempre los habían ignorado. Y usaban la palabra clave de lo que buscaban de ellos: carnaza, mucha carnaza para seguir alimentando a la bestia del descrédito. No pienso que no haya personas cuya crítica sea honesta por sincero desacuerdo, pero tampoco puedo ignorar que el objetivo esencial de la enésima escandalera mediática en torno a Podemos es que el considerado voto de izquierdas vuelva a ese redil llamado PSOE.

Aquí quiero hacer un pequeño inciso. Uno de los ámbitos de crítica más feroz a Podemos es el de algunos sectores de izquierda que piensan que esa organización surgió en 2014 para frenar las luchas populares y desmovilizar a la población. Pueden estar felices estimados compañeros, seguramente en las próximas elecciones Unidas Podemos ocupará el ámbito que por decenios ocupó IU, no más de 20 escaños. Neutralizados los traidores y agrupado el voto de izquierda en ese partido que siempre sale indemne de sus traiciones a la clase obrera, llamado PSOE, quedarán abiertas las grandes avenidas allendianas para empezar a hacer la revolución. 

Sí, el redil se llama PSOE, ese partido que ha gobernado más de 20 años, alrededor de 10 con mayoría absoluta, y que ha consentido que aún haya decenas de miles de antifascistas (la mayoría correligionarios suyos) en fosas comunes. Observamos la miserabilidad de los hechos de anteriores gobiernos socialistas, contrastados con la crucifixión de una opinión convertida por muchos dirigentes de ese partido en un acto casi sacrílego. Yo, que nací 20 años después de su diáspora, siento mías la derrota y el sufrimiento o las desdichas del exilio republicano. Y tengo pocas dudas de que por su trayectoria de militancia en el PCE, por sus familiares represaliados o por la realización de programas como La Tuerka, Pablo Iglesias la siente mucho más que la cohorte de miserables y aprovechados vociferantes a los que ese exilio se las trajo siempre al pairo. 

Quisiera tornar a hacer algunas consideraciones sobre lo que me parecen malentendidos acerca de las implicaciones del término exilio. Hay que tener muy claro que no conlleva necesariamente estar dotado de bondad, portar estandartes de justicia, o ser adalid de las ideas más nobles. Preciso que en el estado español sí ha estado investido abrumadoramente de esos ropajes, pues históricamente ha existido un dominio pertinaz de las ideas más retrógradas.

El exiliado puede ser un sinvergüenza y un infame defensor y ejecutor de las políticas más deleznables. Cuando Somoza huyó de Nicaragua o Batista de Cuba, ambos eran, aparte de criminales execrables y perseguibles (con el primero acabaron por la vía rápida), exiliados. El propio bisabuelo de FelipeVI cuando embarca en Cartagena se convierte en exiliado. Sobre el exilio español quisiera hacer alguna precisión: siendo la condición social abrumadoramente mayoritaria la de los trabajadores, gente humilde que, como habitualmente decimos, "salió con lo puesto", no debemos obviar el exilio de profesionales, artistas e intelectuales y, por supuesto, de toda la dirigencia republicana. Recordemos que el gobierno de la República trasladó su sede a Valencia desde que el ejército de Franco llegó a las puertas de Madrid a inicios de noviembre de 1936. Desde Elda partirán al exilio el 5 de marzo de 1939, en avión, Pasionaria, Juan Negrín o Rafael Alberti. El grancanario Negrín, nacido en 1892 en una familia de clase burguesa que, cuando muchos trabajadores y campesinos no pisaban en su vida una escuela, pudo ir a estudiar a Medicina a Madrid y posteriormente a Alemania, es un hombre que vive su exilio en unas condiciones infinitamente mejores que quienes salieron sin nada y estaban condenados a pasar, al menos en el tramo inicial de su exilio, grandes penalidades. 

Tu nivel económico, tu status político o tu reconocimiento como intelectual o artista de prestigio marcan el devenir de tu vida cuando te ves forzado a abandonar un país. La manera de vivir de Puigdemont no lo hace más o menos exiliado. Lo es, porque su abandono del territorio español tiene su origen en su actividad política y, además, en su desconfianza en la acción de la justicia española. Quien habla de fuga es o un ignorante o un malintencionado pues cuando ha sido requerido, en Bélgica, se ha presentado en los tribunales. Tampoco ha traspasado esa frontera, la violencia, que algunos establecen como criterio para otorgar carta de exiliado. Por cierto, esto me trae a la mente una pregunta interesante: ¿cuestionarían algunos, siempre cercanos a la pureza, la condición de exiliados de aquellos republicanos que ejercieron la violencia fuera de los campos de batalla y los rebajarían a la mera condición de fugados?

Los medios y su arsenal de tertulianos repiten como loros lo del fugado Puigdemont (y el resto de sus compañeros, a menudo ignorados) porque saben que la mayoría de la población asume, acríticamente, su opinión machacona. El rapero Valtonyc está en el exilio porque no quiere entrar en la cárcel por un delito de opinión y de ofensas al hijo político de Franco, ese sí, fugado, protegido y financiado con dinero público. En unos días entrará en la cárcel, con el reprobable silencio de parte de la izquierda, otro rapero, Pablo Hasel, por decir la verdad: los borbones son unos ladrones. Él quiere afrontar su condena porque cree que así pone en evidencia con más claridad la injusticia del sistema que critica. Otros le aconsejan que se vaya, que engrose el exilio. O sea, se genera una especie de debate sobre qué es más eficaz en la lucha contra la represión, sea ésta por poner urnas, por cantar una canción o por manifestarse y que un atestado policial, que aquí siempre va a misa, te lleve a prisión.

Una última cuestión, establecer una comparación, como intentó Gonzo en Salvados, entre Puigdemont y el demérito, es bochornoso. El primero no se va porque se lo haya llevado crudo, incluso, estoy de acuerdo con Pablo Iglesias, siendo un hombre con una vida acomodada, su persistencia en cumplir su programa electoral (otro interesante elemento de debate) le ha conllevado un perjuicio personal indudable. Probablemente no pueda volver en bastantes años. Cierto es que a diferencia de Juan Negrín y otros republicanos, del exterior y del interior, no ha visto intervenido su patrimonio. El demérito puede volver mañana y su latrocinio permanecerá blindado con una triple coraza política, judicial y mediática.

martes, 19 de enero de 2021

500 o el pensamiento contra los poderosos

Mitad de enero. Todo circula, se mueve bajo el ala, cada vez más grande y ominosa, del coronavirus. El oleaje, y no es trillada metáfora, no cesa. Pero, lo escuchamos desde niños ante los infortunios, la vida sigue... hasta que se acaba, claro (vaya un perogrullo por otro). Y a veces te encuentras, como es mi caso, en una cota, agradable, que solo podría haber imaginado. Si ve la luz, y en el caso de que lo estés leyendo lo habrá hecho, este texto será la entrada 500 de un blog que en julio de 2011 nació, debo decirlo, de la irreflexión y con la certeza de que siendo yo un tipo de carácter inconstante, y teniendo limitadas capacidades expresivas, estaba condenado a una brevísima vida. No obstante, aquí estoy, en mi callejoncito, empuñando un bolígrafo borrable, comprado en una de las múltiples tiendas de la potencia que se avizora ante el decaimiento del "imperio americano", con las mismas dudas y ansiedades del inicio de cada texto y sabiendo también que si logro acabarlo sentiré, si dijera lo contrario con falsa humildad mentiría, una momentánea inflamación del ego que, con prontitud deja paso al obsesivo que teme no haber redondeado bien sus ideas. Curiosamente, cuando en alguna rara ocasión releo algún texto antiguo, tiendo, con cierta sorpresa, a pasarme la mano por mi propio lomo, pues suelo percibir mayor enjundia y mejor escritura que cuando los concebí. Sí, el callejón donde incluso hay dos poemarios ilustrados por Pilar de Vera, a pesar de que nunca he ascendido de poetastro, se ha ido colmando. Sé que ya el pobre está un poco obsoleto, pero me da cobijo y, aunque quien lo desee está invitado a escribir sus paredes, es uno de mis escasos lugares en el mundo, ese lugar donde uno intenta seguir el verso de Luis Eduardo Aute cuando dice "que el pensamiento no puede tomar asiento". Ahora priman las gigantescas avenidas, las redes sociales que cruzan el planeta y donde, ante el pensamiento incómodo, siempre está atenta la perezosa brigada del insulto y la descalificación personal, especialmente en twitter, lugar al que me asomo pero donde no tengo cuenta, aunque, por un cierto afán promotor, me ronda la tentación.

Después de este largo párrafo de un moderado (espero) narcisismo, entraré, poniéndome un poco estupendo, en la"sustancia" del texto.

Y, siendo honesto, creo que el personaje estelar de este callejón es el individuo que responde al título de "rey emérito".

Lo sorprendente de este caballero es la pertinacia y fervorosidad de sus acólitos. Funcionan como perfectos ángeles custodios que le perdonan sus tendencias cleptómanas y, lo que es peor aún, a pesar de lo abultado del peculio acumulado, justifican el pago de los gastos de su ocaso lejano y fastuoso. 

El detritus aflora tan implacable como la abulia del pueblo. Eldiario.es publicó hace unos días que Patrimonio Nacional paga una "ayuda de cámara" de tres personas a un tipo que tiene una fortuna calculada de, como mínimo, centenares de millones de euros. Le sufragamos protección y cuidados al mangante que quiso regularizar su situación con una declaración de algo más de 600.000 euros. Un escrupuloso me dirá: está usted llamando ladrón a alguien que no tiene (ni tendrá nunca, aviso) sentencia judicial. Le respondo: tiene a su disposición todas las cámaras del mundo para defenderse convocando la rueda de prensa más multitudinaria de la historia de España. Que, con gallardía real, lo haga. Que se presente voluntariamente en sede judicial a declarar y proclamar su inocencia. Que renuncie a la antidemocrática y absolutista inviolabilidad que le salvaguarda de cualquier tropelía cometida antes de su abdicación en 2014 (y de facto, después también).

Mientras se le pagan tres ayudas de cámara y servicio de protección a alguien que podría costeárselos aunque viviera hasta los 200 años, miles y miles de personas dependientes en el estado español  no pueden acceder a una ayuda, para sus necesidades básicas, de unas horas diarias o en días alternos. Yo no niego la condición humana de Juan Carlos, las fotos la atestiguan. Ahora mismo, y para el resto de su vida, es un ser humano dependiente, pero está claro que puede sufragarse la ayuda que necesita. Y el que no renuncie a generar esos gastos al estado, viendo la situación económica de millones de personas, muestra, con toda certeza, su lejanía del pueblo y la mentalidad de quien se considera (y la inviolabilidad lo sitúa) en un escalón superior, además de una ínfima catadura moral.

Si lamentable es lo anterior, más lamentable aún es que a este sujeto, que año tras año, en Nochebuena, mientras se enriquecía, soltaba discursos moralistas, que muchos aún consideran el padre de la democracia en España, con absoluto desprecio y falta de reconocimiento de tantos luchadores antifascistas que dejaron libertad, salud o vida por el camino, a este demérito, digo, lo siga protegiendo el PSOE. 

Hace unos días la Mesa del Congreso de los Diputados volvió  a rechazar, por quinta o sexta vez, una comisión de investigación sobre una de sus andanzas económicas. La peculiaridad de esta ocasión es que por primera vez los letrados de Las Cortes dieron el visto bueno, al referirse la citada comisión a las tarjetas black, posteriores a 2014 y usadas por varios miembros de la regia familia.

En ocasiones anteriores el PSOE se acogió a la negativa de los letrados, que no es vinculante, para votar en contra. Carente de esa excusa, Margarita Robles, Ministra de Defensa, declaró: "en una democracia sólida y seria no es bueno que se cuestionen las instituciones". A mí, quizás yerro, el razonamiento me resulta muy endeble. Parece lógico pensar que si tan sólida es una institución no debe haber temor al cuestionamiento, a la dilucidación de comportamientos inadecuados o ilegales. Este temor sería más entendible si la institución se considerara en situación de precariedad. La realidad es que no es muy pertinente usar el término seriedad para calificar a una democracia que permite una institución propiedad de una familia cuyo jefe, cual agente 007, tiene licencia para delinquir. Queda archidemostrado lo ya que no es accidente sino esencia: el PSOE es un partido tan monárquico como PP, C,s y VOX, pero con la malicia del engaño. Cualquier persona republicana que le vota al PSOE tiene que ser consciente de que su voto es a un partido objetivamente monárquico, que nunca moverá una ficha que nos acerque a una república. El alma republicana es una quimera que se utiliza de manera rastrera, en épocas electorales, para gente que se autoengaña.

El otro asunto al que quería hacer mención en este arranque del año es a las tribulaciones del Imperio.

¿Fue un golpe de estado el asalto del 6 de enero a ese Capitolio  en cuyo interior hoy, literalmente, acampan centenares de militares? La inexactitud de la ciencia política y la plasticidad, deformante, de muchos conceptos políticos, alimentan el debate. Yo, entonces, me retrotraigo, y veo, en blanco y negro, los aviones del ejército golpista de Chile bombardeando La Moneda con las bendiciones de EEUU, y el tipo de los cuernos y sus camaradas asaltantes me importan un bledo. Aquí, saco sin decoro mi visceralidad a pasear. Esa gente, la administración de EEUU y una mayoría de su población, más allá de sus rencillas internas, sigue impregnada de la idea del "Destino Manifiesto", de la América destinada a alumbrar, a guiar, a dominar el mundo. Y, desde esa óptica, ese cierto olor a chamusquina, esa capital del Imperio autositiada, tienen la belleza que siempre encierra la posibilidad del matón matonizado.

Si alguien está pensando: qué dices, insensato, si el gigante se resfría su estornudo puede barrer el planeta con peores consecuencias que el meteorito que arrasó a los dinosaurios. Nada novedoso. Sé que el riesgo existe y quizás crezca. Desde la Segunda Guerra Mundial es lo que hace EEUU, sin distinción del color de la administración, con absoluta impunidad. Impunidad que alzan sobre el título de autodenominarse la principal democracia del planeta. También, añado, son el culmen del fariseismo. Para muestra, estas palabras de Mark Zuckerberg, multimillonario propietario de Facebook, que justifica la suspensión de la cuenta de Trump por "incitar a una insurrección violenta contra un gobierno elegido democráticamente". 

Cada presidente de EEUU, casi desde su nacimiento como nación, ha atacado cuando, donde y a quien ha considerado conveniente. Ya en el lejano 1848 México perdió alrededor de dos millones y medio de Km2, más de la mitad de su territorio, a manos de su vecino del norte. En Venezuela, EEUU reconoce a un tipo que se autoproclama presidente en una plaza, al que seguro que ni Facebook ni Twiter, en una tan asquerosa como habitual doble vara de medir, han cerrado sus cuentas por insurrecto. Un pequeño inciso, me inquieta que estos multimillonarios, propietarios de redes sociales, puedan decidir, casi como autócratas, tapar la boca de un presidente, por muy desagradable que ésta sea.

La humanidad tiene un peligro básico, que se acrecentará a medida que China se acerque al "sorpasso" (es la única economía del planeta que creció en 2020), que se llama, no Donald Trump y sus cerriles seguidores, sino EEUU. Biden presentará, al menos de entrada, una cara más amable del Imperio. Circunstancia que, a la espera de los hechos, no es mala noticia, por ejemplo, para las bloqueadas Cuba y Venezuela, pero tengo claro que nunca accederán de buen grado, ni él, ni mandatarios futuros, a un mundo multipolar, un mundo de iguales donde cada estado decida, soberanamente, sin mirar de reojo a la hoy militarizada Washington.

Citar a Cuba me ha recordado que una de las últimas medidas de la administración Trump ha sido incluir a Cuba en una lista de países patrocinadores del terrorismo. Imagino que Joe Biden, con prontitud, revocará esta infamia contra un  pequeño estado que, navegando en aguas procelosas, lo único que patrocina, en estos tiempos de pandemia, brigadas médicas en decenas de países mediante, es la salud.

Después de tanta seriedad, me apetece acabar sonriente,  comunicándoles un capricho que acabo de permitirme, por si se tercian las barricadas. Me he comprado, con algo de suerte, ya había tallas agotadas, un mono manchado de pintura de la marca Ralph Lauren por la módica cantidad de 483 euros.