lunes, 20 de abril de 2020

Antipoema de un neojubilado recluido

Derrotado e ignorante,
ahíto de estos tiempos finados
(donde si los imbéciles volaran,
aun cuando los aviones reposan en tierra,
habría que duplicar las torres de control),
salgo para siempre, sin júbilo, 
de la oficina neblinosa,
del sótano con ventanuco
donde exploré vertiginosos tacones
e indecentes sandalias
y, secundariamente, por supuesto,
soñé, día tras día,
con empeño de burócrata narcotizado, 
que era profesor
y que con leonfelipiano afán
pateaba los mecedores cuentos
para que tras el llanto, la angustia y el miedo
brotara,
imberbe y titubeante,
el extraño sueño del entendimiento.

En casa, 
grasa, tristeza y pellejo,
sin tránsito,
doy con mis huesos
en la sala de los confinamientos.
Cautivo y desarmado,
ejército rojo transmutado en desvaído,
entre aplausos horarios,
se entrega mi pensamiento.

Hombres lánguidos, casi muertos,
y mujeres hechas de relatos y retazos,
se turnan 
por orden de sapiencia,
susurrándome a gritos palabras
que desconocerán el futuro,
que me matarán tantas veces,
benditas entre todas las infames,
que ebrio de soledades y azúcares, 
acabaré, en imposible coyunda,
celebrando la vida con ellas.







miércoles, 25 de marzo de 2020

La epidemia por coronavirus y el trabajo imprescindible (texto muy interesante de Jerónimo Artiles)



“Los seres humanos buscando con ahínco el interés social se procuran de la manera
más óptima su interés particular” Francisco Umpierrez, filósofo
El diario Canarias 7 publicó un trabajo titulado: “El futbol se implica para poner fin a la crisis sanitaria que ataca al mundo”. En el citado artículo se citan unas declaraciones de Andrés Iniesta. Las ideas destacadas son:1) haced caso a los protocolos que nos están dando los profesionales que estamos viendo y leyendo. Hay que ser los más solidarios del mundo en estos momentos”. 2) “Hay que ser coherentes y consecuentes con lo que hacemos”. Me indigna que multimillonarios futbolistas y otros deportistas de elites se presenten como solidarios, coherentes y consecuentes con lo que hacen.
Se aceptan los ingresos multimillonarios de los futbolistas por la idea simplista de que se lo merecen, ya que lo producen con su trabajo. Además, se acepta que ganen cantidades inmensas de dinero en publicidad y derechos de imagen. Pensemos, por otro lado, en los ingresos de: investigadores científicos, médicos especialistas, ingenieros, arquitectos, profesores de todas las etapas formativas..., autónomos, propietarios y gerentes de pequeñas y medianas empresas, trabajadores manuales, personas de máxima responsabilidad en la gestión político-administrativa del estado, jueces, magistrados, gerentes de empresas públicas, hospitales, diputados, ministros, presidentes del gobierno. Esto llega hasta el punto disparatado que se haya debatido públicamente el derecho y/o la eticidad de uno de los actuales vicepresidentes del gobierno de España y una ministra de dicho gobierno a comprarse una vivienda por valor de 500000 euros.
¿Qué producen los futbolistas? Solo partidos de futbol. ¿Qué hace posible pues que partidos de futbol pongan en movimiento tanto dinero? El consumo televisivo masivo de estos gracias al gran desarrollo social de la ciencia y su aplicación tecnológica; el uso de estos eventos como medios de publicidad por multinacionales y agencias de publicidad.
Pensemos en un futbolista que gane “solo” 2 millones anuales. En un año se puede comprar una buena casa, por valor de seiscientos mil euros, un buen coche, y vivir a cuerpo de rey y ahorrar un millón. Al siguiente año, vive con 250000 euros y ahorra el resto. Con sus ahorros compra 11 viviendas de 250000 euros y los alquila a 700 euros. Este futbolista en dos años se ha convertido en propietario de suelo y puede vivir de la renta del suelo sin trabajar más en su vida. Y esto ocurre también con los altos ejecutivos y consejeros de grandes empresas y multinacionales.
Si los millonarios se comportasen de manera solidaria, fuesen unos cientos de miles de euros solidarios cada uno, tendríamos muchos recursos económicos para la compra de medios sanitarios (compra de kits diagnósticos, respiradores, medios de protección de
trabajadores en primera línea de choque...) y contratación de trabajadoressociosanitarios, con un digno salario. Pero la solidaridad no va a resolver la miseria del mundo, ni las relaciones económicas de los hombres y mujeres que puedan hacer posible acabar con la pobreza. Estamos en la época histórica de la transición del capitalismo al socialismo. La última crisis económica-financiera y la pandemia actual han puesto de manifiesto la necesidad del estado, y de un mayor peso de los estados y la economía pública en la economía global. Se reconoce legalmente la necesidad de un salario mínimo. Sin embargo, no se cuestiona socialmente el derecho a la apropiación privada de riqueza social sin límites. Así pocos milesmillonarios pueden acumular tanta riqueza social y capital monetario que pueden tener cierto control y poder sobre los estados por medio de la deuda pública. No se cuestiona el enriquecimiento ilimitado individual siempre que este sea legal. Pero las leyes se pueden cambiar. Y es de justica social que del mismo modo que se reconoce el derecho a un salario mínimo se legislen unos ingresos máximos. Que se cuestione el derecho de apropiación del trabajo ajeno, apropiación del trabajo de los otros sin límites.
Se ha profundizado la globalización de la economía y la vida social. Los pueblos y naciones del mundo se han hecho más interdependientes. La producción de medidos de vida y de trabajo se ha socializado de forma impensable. La división social del trabajo ha llegado al punto que un producto acabado, para el consumo o la producción, en su proceso de elaboración pasa por países y continentes distintos. El turismo de masas moviliza millones de ciudadanos entre países de distintos continentes. España recibe más de 80 millones de turistas anuales. Y en estas condiciones de vida actuales una infección con alta transmisibilidad se puede convertir en pandemia, como así ocurrió con la infección por el VIH, y ahora ha ocurrido con el Covid19.
La pandemia por COVID19 está colapsando sistemas sanitarios. Las medidas para luchar contra la pandemia están produciendo una crisis económica y social no pensada ni en los peores sueños en las sociedades desarrolladas. La economía pública y los servicios públicos están teniendo que luchar en primera línea contra el COVID19. Así ocurre con el sector sociosanitario. Los ciudadanos dicen que son héroes muy valorados. Pero el ministerio de Sanidad ha decretado renovar el contrato MIR a los residentes que luchan en primera línea de choque contra la infección por el coronavirus. Estos médicos especialistas están haciendo jornadas de trabajo agotadoras que superan con mucho una jornada laboral habitual en nuestro entorno económico; y en unas condiciones de stress físico y psicológico que solo lo aguantan por un entrenamiento de años en unas condiciones de sobreexplotación, con un salario menor que el de cualquier trabajador manual del sistema sanitario, cuando consideramos el pago por hora trabajada. Así que reconocer la profesionalidad y valorar a estos médicos especialistas es contratarlos como lo que son, médicos especialistas.
Ahora una población asustada y angustiada aplaude desde las ventanas el trabajo de los servicios públicos que luchan por el control de la epidemia por coronavirus. Pero dentro de unos meses puede que aplaudan las “obras de arte”, ¡estúpida expresión!, de
los que esta crisis ha mostrado millonarios socialmente prescindibles. Y los verdaderos imprescindibles para la vida social son los trabajadores en las distintas funciones social del trabajo: agricultores, ganaderos, trabajadores manuales de todas las ramas productivas, trabajadores cualificados, científicos y técnicos, empresarios y emprendedores; todos los estamentos de la administración del estado, aparato judicial, legislativo y ejecutivo. Todos imprescindibles en la lucha contra el coronavirus en diferentes frentes e imprescindibles en el día a día en épocas de estabilidad y crecimiento socioeconómico.
La necesidad de acabar con la pandemia por covid19 está haciendo que muchos seres humanos luchen con ahínco por el interés social, como única posibilidad de alcanzar nuestro interés particular. Y la pandemia por coronavirus pasará. Dejará mucho dolor. Pero si las relaciones económicas entre los hombres y mujeres no cambian, si dejamos que las grandes conquistas sociales sean medios por los que unos pocos se puedan apropiar de una ilimitada cantidad de trabajo social, para su interés privado, entonces gran parte de la humanidad seguirá viviendo en las condiciones de inhumanidad, la miseria. Deberíamos aprender mucho de la pandemia por coronavirus.

Jerónimo Artiles Vizcaino. Médico internista

lunes, 9 de marzo de 2020

El hijo de Franco y sus hormigas

Teniendo mucho más camino detrás que delante, reconozco que he devenido en un cínico menor, un tipo inofensivo que intenta ver la realidad, aún en la Tierra, con la lejanía y perspectiva que me daría la balconada celestial con vistas que, si fuera creyente, anhelaría. 
No es asunto de este texto, pero permítaseme uno de mis típicos desvíos: es desazonante ver secarse las pilas de agua bendita, observar a los fieles inclinar la cabeza, temerosos de besar los pies de un Cristo o al Papa  Francisco impartir sus bendiciones ante una cámara en la frialdad de un salón vaticano. Si la gente de fe duda en los tiempos del coronavirus (donde quedaron las reuniones en las iglesias para pedir ayuda a Dios ante la yersinia pestis, una Godzilla-bacteria que tenía la costumbre de no hacer casi prisioneros), mi balconada, mi posición privilegiada de espectador post mortem del mundo que exista cuando yo no esté se me antoja hartamente improbable. 
Por eso quiero, ya, aunque esté tan alejado de mi esencia, en el inicio de la sesentena, investirme de la impasibilidad que pensaba dejar para el tiempo eterno del mirador que no será.
Pero no hay manera. Si no me retiro a un montañoso monasterio de clausura para ateos (me imagino que tendría que fundarlo, y me da infinita pereza), donde estuvieran prohibidos todos los artilugios electrónicos y pudiera retrotraerme al medievo, reconozco que es tarea imposible para mí no envenenarme y enervarme y sublevarme con el aire mefítico que desprenden determinadas informaciones (y desinformaciones).
Sé, y ojalá tuviera que tragarme mis palabras, que el hijo político del asesino terrorista Francisco Franco, Juan Carlos de Borbón, más allá del infinito fárrago judicial salpicado de peticiones diversas, nunca sufrirá la denominada pena de banquillo. Ni en el estado español, ni en el extranjero. Tampoco será posible una investigación política en sede parlamentaria con la banal excusa, por parte de ese pilar de la monarquía llamado PSOE, de la inviolabilidad del sujeto. Es una degradación intolerable del lugar de residencia de la soberanía nacional que unos letrados te digan lo que puedes debatir o investigar y lo que no. Me atrevo a decir que el privilegio, la irresponsabilidad consentida de un solo individuo que, peculiaridades designatorias aparte, es el funcionario número uno, es la negación más indignante de la denominada democracia formal. 
Pero no me engaño, su evasión de la justicia o la timoratez del PSOE, no serán fruto de lo escrito en la Constitución española (recuerden que unos pocos días de agosto  de 2011 bastaron para que, reforma constitucional exprés del PP y PSOE mediante, la Deuda pasará por delante de cualquier otra prioridad de gasto). Es el fruto podrido del abotargamiento de un pueblo que le da lo mismo ser chuleado por un tipo al que dudo si calificar de inmoral o amoral. 
El inmoral conoce la moral y la pervierte a conciencia. El amoral no puede pervertir lo que desconoce. Yo introduciría al tipo que fue jefe del estado español cerca de 40 años en este último saco. Cuando vives en la estratosfera (el sí está acomodado en una balconada lujosa y exclusiva) todo lo que ves, desde esa enorme distancia, son hileras de hormigas tan ajenas a tu acontecer cotidiano que no te producen dilema ético alguno.
El mismo año, 2008, que la tiranía saudita le “regala” 100 millones de dólares, estalla la crisis que llevó a millones del personas del estado español a un empobrecimiento que generó, y genera, grandes dificultades para las capas populares de la población que sufren una destrucción masiva de empleo y una reducción generalizada de los salarios. 
Mientras tanto, el heredero del asesino Franco, aún rey ejerciente, guarda ese dinero en Suiza para ni siquiera tributar a la Hacienda Pública. El “ni siquiera” anterior hace hincapié en lo miserable de su comportamiento. Lo lógico, lo decente, sobretodo para un gobernante vitalicio y no electo, que recibía del estado para su libre disposición una asignación de alrededor de 8 millones de euros, más toda una serie de sustanciosas partidas que llegaban (y llegan), vía otros ministerios, para el mantenimiento de la Casa Real, habría sido entregar hasta el último céntimo al erario público. Fíjense que no he hecho mención, lo que aumentaría su infamia, a la fortuna de más de 1500 millones de dólares (¿salidos de comisiones petroleras?) que la revista Forbes, boletín que estable el ranking mundial de los cresos, le atribuye. Y que, no nos olvidemos, como el cargo, heredaría su hijo, el nieto político de Franco.
En 2012, la crisis está en sus momentos más crudos, cada Consejo de Ministros es un rosario de recortes. Comienza el rescate de la banca, que ha costado 75.000 millones de euros al erario público, recuperándose hasta el momento, según el diario Publico, apenas un 6%. 
Ese mismo año, el del “Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir” dicho con la boca chica, como muestra de su gran arrepentimiento decide practicar algo que es del gusto de la nobleza: la caridad, que ya sabemos que bien entendida empieza por los de la misma clase social. El dadivoso le da a la aristócrata Corinna Larsen 65 millones de euros de los 100 recibidos (mírenlo así: es como jugar a la lotería primitiva 30 días seguidos y que cada uno de esos días, sin excepción, te toquen  algo más de dos millones), y a otra señora afincada en Suiza, y bastante más abajo en el ranking, un milloncejo. 
Un cierto tono irónico es la defensa ante el muy esperado encubrimiento de los grandes medios, y la no menos esperada pasividad social. Hablaba más arriba de que su impunidad (ellos la llaman inviolabilidad) no tenía que ver con la constitución y su articulado, sino con la mansa aceptación de las tropelías borbónicas por parte de la población.
Cientos de miles en las calles, con persistencia y determinación, abrirían el camino, sin constitución que valga, a lo que nos birlaron hace 40 años, a lo mínimo: un referéndum en el que decidir la forma de estado. Una consulta que la izquierda (IU y Podemos) tiene que situar entre sus prioridades abandonando un estomagante republicanismo cobarde y de boquilla.
Quiero traer aquí también, a cuenta del mangoneo del pueblo por los medios masivos de información y como elemento comparativo, un tema que ocupó más espacio en las tertulias que las tropelías reales: una propuesta que llevarán a la próxima Asamblea de Podemos para que sus cargos públicos ya no tengan que limitarse a cobrar 3 salarios mínimos. 
¡Ardió Troya! Podemos ya se ha corrompido y es casta, como todos, dicen los todólogos que nos amenizan las mañanas. A mí me da igual el temita de la casta. Siempre me pareció un debate estéril y mentiroso el de los sueldos de los cargos públicos. Cobre usted lo que le corresponda en base a la responsabilidad que ostenta. Lo he dicho y lo mantengo, el salario del Presidente del Gobierno, aproximadamente 83.000 euros brutos, o el de un ministro, 73.000 euros, están en la escala de lo razonable para alguien que tiene dedicación y responsabilidad a tiempo completo. Ahora mismo, por ejemplo, me pongo en la piel de Salvador Illa, Ministro de Sanidad en tiempos del coronavirus y creo que se entiende a lo que me refiero. Este hombre y su equipo, independientemente del resultado de su gestión, trabajan sin horario.
El salario de un cargo público, fruto de unas elecciones, hace que no pocos pongan el grito en el cielo y digan toda clase de bobadas sobre el gasto que genera la “clase política”, mientras que un rey impuesto por un dictador sanguinario, recibiendo 100 millones de dólares que escatima al erario público, deja a una gran mayoría impávida o, expresando su “malestar” a través a través de memes en las redes sociales.

Desfogado, torno, apoltronado en mi balconada, a mi cinismo de baja intensidad que el mes que viene volverá a conmemorar una república que nunca veré.

lunes, 3 de febrero de 2020

Reflexión urgente en la inauguración de la legislatura: el Borbón y la izquierda

Casi siempre, más como fruto de mi natural dubitativo que por tenerlo como norma,  antes de escribir un texto me tomo mi tiempo, mi pensamiento remolonea por tal o cual vericueto, del tal manera que cuando el articulito de marras ve la luz el asunto, si era de candente actualidad, ya campa por territorios fríos tendentes a lo gélido.
Sin embargo, hoy, con la inauguración oficial de la legislatura por parte del nieto político de Franco, el nombrado Felipe VI, me he puesto al teclado apenas unas horas después, con una urgencia quizás incompatible con la tristeza untada de resabio que me ha dejado ver las imágenes de los ministros de Unidas Podemos aplaudiendo el discurso viejuno, eterno, que habla de la igualdad mentirosa de todos los españoles unidos y vaguedades varias que son refrendadas por casi 5 minutos de aplausos a una familia que nunca tuvimos la opción de votar.
Siempre se dice desde el espacio de Unidas Podemos que ellos llegan al gobierno para influir en el día a día de “la gente” (cuanto miedo a emplear el concepto clase trabajadora o cualquier otro término que nos suene excesivamente radical o recuerde un pasado rojo). Y yo les creo, y puedo entender que el objetivo, sin quizás, implica, en un gobierno en el que tienes minoría, la ingesta de sapos. Pero hay un pero. Determinados sapos no son de consumo obligatorio, ni son tragados en menor medida  porque parezca que lo hacemos a regañadientes.
Ha sido noticia la circunstancia de que después de 80 años, tras aquellos que integraron algunos gobiernos republicanos durante la Guerra Civil, volvían al ejecutivo ministros comunistas. Esto se personaliza en la figura de Alberto Garzón, quién se ha significado por llamar, con bastante perseverancia, a Felipe VI, el “ciudadano Borbón”. En alguna otra ocasión ya he manifestado mi desacuerdo con tal denominación, porque comete uno de los errores que quizás más ha lastrado al campo comunista: una cierta tendencia a teñir la realidad con un optimismo no justificado.  Sería más lógico que se refiriera siempre a él como el jefe del estado no electo e impuesto por el dictador fascista Franco (que por cierto, aunque me desagrade profundamente, fue mi jefe del estado). 
Yo ansío que Felipe VI sea, desposeído de todos sus títulos y prerrogativas, el “ciudadano Borbón” que a menudo mienta Garzón, pero ahora mismo, aunque nos moleste, y quizás desnude nuestra incapacidad como izquierda, Felipe VI es el jefe del estado no electo del territorio que habitamos hasta que se muera o abdique en la princesa que, escapada de su territorio natural que es el cuento o el papel couche, le sucederá. 
O sea, “sí tenemos rey”. Y también lo tienen, aunque sus poblaciones sean, de manera incuestionable, mayoritariamente republicanas, los vascos y los catalanes. Puse el anterior entrecomillado en alusión al manifiesto conjunto que sacaron ERC, JxC, CUP, EH Bildu y BNG con el título “No tenemos rey”, haciendo referencia a Cataluña, Euskadi y Galicia. Me parece bien la firma del BNG del manifiesto, pero decir que Galicia es mayoritariamente republicana, con tropecientas mayorías absolutas consecutivas del PP en las elecciones autonómicas, es algo osado. Ahora mismo, el único lugar donde existe la lucha activa de una masa significativa de población por la consecución de una república es Cataluña. Creo que a estas organizaciones les faltó un poco de arrojo para escenificar ese rechazo mediante el abandono del hemiciclo cuando comenzara el discurso. Se me dirá que era darle carnaza a la derecha para explotar en vivas al rey y a España. Mejor, así se habría visto quiénes son los monárquicos fervorosos, los entusiastas de la oprobiosa institución. 
Vuelvo a Garzón (y de refilón a Iglesias, aunque éste, con decepción lo digo, ha sido menos significado en su republicanismo que el líder de Izquierda Unida). El sapo que se ha tragado hoy, con el aplauso tímido, flojito para que no suene, era absolutamente prescindible, pues por eso no iba a quebrarse la a menudo mentada unidad de acción del gobierno. Si tal cosa sucediera la flexibilidad sería mínima y la fragilidad máxima. Pienso que, por encima de todo, había una deuda moral, tanto con los luchadores antifascistas que sufrieron desde la pena de muerte hasta la cárcel cuando gobernó el abuelo político de Felipe VI, como con los miles de enterrados en las cunetas que defendieron la Segunda República. Por esa simple razón, recordando el espíritu de lucha de aquellas personas, debía haber negado su aplauso al no electo el ministro comunista Alberto Garzón que, seguro que mucho mejor que yo, sabe que representa al partido que mantuvo la más sostenida lucha contra la dictadura. 

Desde que vi las imágenes me he preguntado qué pensó el nieto político de Franco  cuando vio a los que, vía celestial, hace unos pocos años iban a derrocarlo, aplaudiéndolo. Imagino que se habrá debatido entre una leve inquietud (¿el enemigo en casa?) y una solida satisfacción (¿el enemigo perdiendo músculo, volviéndose fláccido al contacto de la moqueta?).

lunes, 27 de enero de 2020

A los Federicos fascistas y anticomunistas, con ánimo de enfrentar

Jiménez Losantos. Para algunos, Federico, o Don Federico.
El hombre que solo tiene dos pasiones: España y, la palabra más malbaratada del mundo, la libertad. 
El hombre que hace unos días recibió en su casa a Bertín Osborne y, como suele, se despacho a gusto. El hombre que sabe que en este extraño país, a veces cómico, otras trágico, por parte de millones de personas, el fascismo y el antifascismo se perciben (y se venden por los grandes medios) como las dos caras de una misma moneda. El gran insultador, el que para sus seguidores es el intelectual más brillante de España, admirados ante su enorme biblioteca. La brillantez intelectual, más allá de lo admirable que nos parezca o el gozo que nos produzca, no añade ni quita nada a la miseria moral y al desprecio de clase que conlleva el fascismo. Él, que estuvo en las entrañas de la bestia (comunista, por supuesto) y salió de ella refulgente, con la camisa novísima de la que aborreció el hilo rojo, a pastorear a esos autodenominados liberales prestos a fascistizarse al primer susto, por muy leve que sea, circunstancia que hemos visto, por ejemplo, con el eurodiputado de VOX Hermann Tertsch llamando a la intervención militar ante el gobierno de coalición UP-PSOE. Él y sus seguidores, todos los bertines (tipología tradicional del campechano facha hispano) que en el estado español son, son fascistas. Igual que en el 36. Lo único que varía es una coyuntura histórica en que la burguesía europea no necesita el fascismo actuante pero le interesa el fascismo acechante. No obstante, si fuera muy necesario para sus intereses no faltarían abundantes plumillas en los medios ni espadones en los cuarteles para llevar a cabo el golpe. Ahí están, como ejemplo, los militares pertenecientes a la bancada de VOX, dispuestos a enveredar (aún más) el país.
Y hay que llamarlos así. Bertold Brecht dijo “que no había nada más parecido a un fascista que un burgués asustado”. Y cuando se dice burgués, yo al menos lo interpreto, en este contexto, como una cuestión ideológica. Federico Engels era un hombre de familia rica, pero nadie duda de su apuesta, teórica y práctica, por los desheredados de la tierra. A la inversa, todos conocemos multitud de personas que perteneciendo a la clase trabajadora, incluso a sus capas mas desfavorecidas, están absolutamente dominados por la ideología burguesa, esa que te dice, desde la más tierna (o dura) infancia, que la aspiración de todo ser humano tiene que ser la acumulación, casi infinita, de unas riquezas a las que nunca se plantea poner límite. Así, casi nadie ve con escándalo de primera página perpetua, el que a mí al menos me produce, que vivamos tiempos en los que un individuo, una sola persona cuyo nombre no voy a citar, tenga una fortuna de 90.000 millones de euros. Según la tabla del FMI sobre el PIB (Producto Interior Bruto) de cada país en 2019, este individuo solito, sobre un total de 189 países reflejados, metería su cabecita entre el puesto 62 y 63. Está claramente en la parte superior de la tabla. Intermón Oxfam en 2017, según sus estudios, estableció que los 8 individuos más ricos del planeta acumulaban la misma riqueza que los 3.600 millones más pobres (BBC Mundo, 16 de enero de 2017). Sobre esto, para no extenderme, pues no era el objeto de este texto (ellos y mi dispersión siempre me llevan por donde quieren), un último dato referente a España que recogí en otro escrito hace años y que siempre me ha parecido demoledor, sirviéndome de ejemplo, a mí, al profe adoctrinador (jódanse fascistas, yo me cago en esa idiotez llamada pin parental), en muchas clases para ilustrar lo inhumano de las clases sociales: chicos y chicas, les digo, las 20 personas más ricas de España, que cabrían en este aula, tienen la misma riqueza que los 14.000.000 de españoles más pobres, lo que, asómbrense, son casi 7 archipiélagos (Canarias) como el que habitamos.
Y entre esos 14.000.000 más pobres seguro que hay votantes de VOX y seguidores desclasados de Federico, el gran insultador fascista. El que odia al comunismo, el que dice, con la sonrisa aquiescente del granujilla andaluz (que fácil es ser faltón) que “para ser comunista hay que ser millonario y si quieres ser millonario hay que ser comunista”. Amancio Ortega, Ana Botín y Florentino Pérez están a punto de constituir el soviet más reducido y más rico de la historia. Pero es comprensible, la maquina del desprestigio no puede parar. Por ahí le duele a Federico y le horroriza a la burguesía. Ni un minuto han dejado, los Federicos del mundo, de combatir una ideología que plantea que el fin de cada ser humano no es la acumulación de riquezas (circunstancia que ya choca con la propia supervivencia del planeta, aunque como siempre nos quieren hacer ahorrar a los curritos mientras los ricos llevan sus vidas de disipación sin cortapisas, hace unas semanas me asombró la noticia de un tipo que tenía aparte de su yate otro yate exclusivamente para transportar sus “juguetes” acuáticos), circunstancia que siempre se hace a lomos de otros, sino una vida digna en la que desarrollar honestamente las diferentes potencialidades de todas las personas.
Es ya casi legendaria su mención a la lupara que dispararía si algún líder de Podemos se le pusiera, nunca mejor dicho, a tiro. Esta amenaza pública, con amplia difusión, no tuvo ninguna consecuencia jurídica para el individuo. Siempre el desequilibrio judicial, la balanza inclinada hacia el fascismo. Si usted dice algo inapropiado de los sacralizados cuerpos de seguridad del estado y fuerzas armadas escorados hacia la ultraderecha (vean la geografía del sufragio y como en las zonas de cuarteleras de toda laya el voto a VOX se dispara) tiene muchos boletos para recibir una cita judicial. Los Ongi etorri, los recibimientos a presos de ETA que han cumplido largas condenas (casi siempre más de 20 años) por sus atentados, llevan a que 4 miembros de la izquierda abertzale sean acusados de apología del terrorismo, casi el mismo día en que se supo que el gobierno pagará 10.000 euros al mes de seguridad privada para la tumba de Franco que nos costó a todos 70.000 euros o que la mesa del Senado rechazó una pregunta de un senador porque en la misma se faltaba al respeto al tipo que nos regaló un rey, el mayor asesino terrorista español del siglo XX, llamándole lo que fue: genocida. Me pregunto cuándo citarán, siguiendo la lógica de perseguir al terrorismo y a cualquier sujeto o entidad que lo ponga en valor, a todos los presidentes del gobierno de España que reconocieron de facto a ETA, y su raíz política, sentándose con ella a negociar.
Curiosamente, quién sí estuvo a tiro fue él, Federico. A tiro de Terra Lluire en el año 1980. Le dispararon en una rodilla  y lo dejaron atado a un árbol. En la entrevista con el tipo con nombre de coñac, entre las risotadas de éste, habla de “los cabritos de Cataluña, que son antiespañoles satánicos” (yo, por esta afirmación, ya le bajaría unos cuantos puestos en el podio intelectual en el que sus acólitos lo ubican). 

Federico, contente un poco, que contigo los satánicos terroristas catalanes fueron, te guste o no, algo piadosos. Piensa que hay otros lugares del cuerpo, un poco más cabroncetes, a los que disparar. Desconozco, cuando citabas esa lupara que si tenías a mano utilizabas, donde ponías tu mira mental, pero, con ese alma legionaria que tienes (juntándote al excomando Ortega Smith serían un redivivo duo sacapuntas facha), dudo que fuera en las rodillas. Siendo bien pensado imagino que donde siempre, para alguien que escapó del infierno catalán: en la defensa de los cielos hispanos y su deífica libertad.

lunes, 20 de enero de 2020

De la escéptica esperanza

En una gradación de literato mediocre y filósofo peor, categorizando de lo optimista a lo pesimista, hablaría de que la asunción del gobierno por parte de la coalición PSOE-UP, entre la fauna que se autodenomina de izquierdas, interpela, al menos en la primera sílaba de la primera y la tercera palabras, curiosamente las no dubitativas, al verbo ser, que se supone es la esencia. Así, nos preguntamos: ¿qué será (cómo actuará) el gobierno de coalición? Y desde el turbulento e impreciso campo de la izquierda surgen, a grandes rasgos, tres posiciones: esperanza, a la expectativa y escepticismo.
Yo viví el triunfo arrollador de Felipe González en 1982, hace casi 40 años (el tango Volver, aquél que dice “que veinte años no es nada” es un mentiroso que se queda corto, muy corto). Votante de la coalición nacionalista y de izquierdas (sí, indocumentados repetidores de mantras, se puede ser ambas cosas) Unión del Pueblo Canario, que perdió el escaño que ostentaba Fernando Sagaseta, yo era la cara enfurruñada de mi casa. La cara alegre, emocionada hasta el brillo en los ojos, aunque su voto había sido para UPC, era la de mi padre. Siempre votó a formaciones a la izquierda del PSOE, pero tengo claro que, habiendo nacido en el 29 y recordando el sancocho que comían en el patio de su casa del barrio de La Isleta en Las Palmas de Gran Canaria el 18 de julio del 36, cuando empezaron a sonar los tiros que anunciaban una dictadura fascista que se prolongaría 40 años, o recordando sus conversaciones nocturnas, en la dura posguerra de los años 40, con Don Joaquín, un socialista represaliado cuya biblioteca fue quemada por su aterrorizada familia, que se ganaba el sustento dando clases particulares a las que acudía mi padre a aprender algo de inglés… sí, imaginando los recuerdos que mi padre  pudo tener esa noche, tengo la certeza de que para él y para otros muchos de su generación o mayores (pienso también en mi tío Domingo, cuya casa sentía como mi casa, y esa guardia civil que durante años lo visitó para atestiguar su “buen” comportamiento) la victoria del PSOE tuvo la dimensión de un resarcimiento histórico y también estaba preñada de esperanza porque parecía que se enjaulaba a la bestia que había campado a sus anchas durante tantos años. 
La esperanza que hoy siente buena parte de la población tiene, en ese aspecto, alguna similitud con la del 82. La bestia, tras años en los sótanos (o tal vez igual que tenía caja b, también poseía casa b) del PP, puesta a buen recaudo, emitiendo algún rugidito que otro de vez en cuando, se ha escapado. Y está grandita, y parece que sigue creciendo. Sí, para mucha gente el gobierno progresista (así se denominan ellos) cierra el acceso al poder de VOX y un PP que, compitiendo con su criatura, se bestializa a pasos agigantados. Ésta que describo sería una esperanza a la contra, una esperanza que quiere, desde su perspectiva, al menos no retroceder más y si se puede (aquí el sí es condicional) dar tímidos pasos. También observo otra esperanza: la de Unidas Podemos. Una esperanza puramente terrenal y muy alejada de los cielos, que sabe que su influencia está en el ámbito social y con las limitaciones que marca la UE en el tema del déficit, asumiendo que en otros asuntos no podrá ir más allá de atemperar o matizar posiciones. “Es un programa muy moderado”, aseveró Pablo Iglesias en una entrevista mientras una prensa desquiciada habla de Venezuela y de Cuba como próximos horizontes patrios a los que Google, con la visión de futuro de algún cachondo mental, se adelantó situando a España como un país comunista. 
Podemos no ignora que el pacto es una píldora que no ha tenido más remedio que tragarse el PSOE ante el temor, de ambos, a una nueva convocatoria electoral. Pero lo cierto es que si el PSOE se ha tragado una píldora, Podemos debe tener bastante asumido, las palabras de Pablo Iglesias lo demuestran, que quizás ellos van a tragarse una caja entera en temas como Política Exterior, Defensa, Cataluña, etc. Ocurre, salvando las distancias, algo similar a lo que planteaba Vázquez Montalbán con respecto a la situación de la Oposición y el Régimen a la muerte de Franco y que devino en lo que llamamos Transición: estamos ante un pacto donde predominan las debilidades sobre las fortalezas. La repetición electoral que Sánchez provocó para crecer y limpiar el terreno a su izquierda, intentando hundir a UP en la irrelevancia, fue un fracaso absoluto, pues UP, con dificultades, mantuvo el tipo, el propio PSOE bajó y encima consiguió eliminar a su posible aliado de centro (Ciudadanos parece que va camino de la desaparición) acrecentando a la ultraderecha. 
A la expectativa están básicamente los de ERC y, en segundo plano, EH Bildu. Sin ellos, como le dijo Rufián, no hay legislatura. Será interesante ver lo que ocurre cuando se constituya la mesa de los gobiernos español y catalán con la que el PSOE logró la abstención de ERC. Vienen curvas bastante cerradas. El ataque de la derecha fascistizada, con todas sus potentísimas baterías mediáticas, va a ser aún más brutal de lo que vimos en las fechas anteriores a la investidura. La unidad de España es un banderín de enganche muy eficaz. Y será un ataque que se trasladará a la calle. Ya sabemos que los heroicos jóvenes que luchan en Venezuela por la libertad quemando, si se tercia, a gente en la calle, cuando prenden contenedores en la noche barcelonesa transmutan en una patulea terrorista. Saldrán a la calle con dureza y debería UP, no sé si estará el PSOE por la labor, movilizar a la izquierda para defender los posibles avances sociales que se planteen y, quizás, la propia supervivencia del gobierno de coalición. 
Siempre leo a Julio Anguita con atención y hoy domingo 19 de enero en eldiario.es dice lo siguiente: “la oposición de verdad está en el IBEX, la banca y los poderes económicos”. Además cita también a la Iglesia (la conferencia episcopal quiere mantener prietas las filas de una grey que tiende a lo disoluto, aunque en el programa no hay ninguna medida, como pagar el IBI, que atente contra los intereses de la casta eclesial) y a sectores recalcitrantes del PSOE. Las palabras de Anguita me han hecho formularme, con toda la inocencia del mundo, una pregunta: ¿qué temor tienen el IBEX o los poderes económicos al muy moderado programa del gobierno de coalición? En nada peligra la estructura del poder económico en el estado español. Lo que se plantea en el ámbito económico son tibias medidas que apenas podrían tildarse de socialdemócratas. El PSOE, obligado a lidiar con la coyuntura, no va a dejar de ser de un día para otro uno de los pilares del sistema político español. Incluso, pensando retorcidamente y entrando ya de lleno en el territorio de los escépticos con el pacto, parece que les viene bien que el asalto a los cielos haya sido pospuesto sine die y que UP arrime el hombro para apuntalar lo que hasta hace un rato llamaba el Régimen del 78. Te tengo en casa y puedo, desde mi posición de predominio en el pacto, controlarte mejor. 
El único trasvase de riqueza que se plantea el bipartito gobernante es el incremento de los impuestos a quiénes ingresen más de 130.000 euros (un 0.9% de la población activa). Una medida que contribuirá no a la revolución social, sino a acercarnos un poco a la carga impositiva media de la Unión Europea y a que haya (y es valorable) algunos miles de millones de euros más en las arcas públicas para asuntos sociales. Quiero hacer una mención específica al desparpajo con que la derecha trata como idiotas políticos a buena parte de la población hablando de subida de impuestos a unas clases medias que, por lo que parece, ganan la minucia de unos 11.000 euros mensuales. El problema es que hay sectores de la población, y no pudientes precisamente, profundamente acríticos, que compran ese discurso, que suele ir en el mismo lote que el berreante ¡Viva España!, más allá de sus propias condiciones materiales de vida. Así, me lo contó mi hijo, en uno de esos foros de “guasap” donde el facherío mas memo da rienda suelta a sus simplezas, el que vive de alquiler está preocupado porque el gobierno “comunista” va a empezar a expropiar a los ciudadanos esa vivienda que él, por ejemplo, no tiene.
Anuncié un poco más arriba que entraba ya en el territorio de los escépticos, de los que desde el campo de la izquierda nada esperan del pacto de gobierno. Este punto reconozco que acentúa al dubitativo pertinaz que habita en mí. Podemos no ha pactado un programa de izquierdas con el PSOE. Por una sencilla razón: el PSOE, desde hace bastante tiempo, no es un partido de izquierdas, es, y no siempre, un gestor más amable del sistema capitalista que la derecha montaraz o fascista. El PSOE, aunque se llame socialista, no tiene ya, ni en su horizonte más remoto, la construcción de una sociedad sin explotación. No sé cuantos de los puntos fundacionales de Podemos en 2014 siguen vigentes, pero sospecho que son pocos o están arrumbados en un cuarto oscuro. Sé que un programa pactado para 4 años no puede pretender cambiar el mundo, pero si me parece desazonante que la teórica izquierda haya quedado para defender y lograr, casi exclusivamente, determinados derechos civiles, renunciando casi por completo a su esencia, la lucha por un modelo económico diferente. 
Desde ese punto de vista comprendo que para determinados sectores de la izquierda el entusiasmo sea cero. No obstante, asumiendo que tienen todo el derecho a la crítica consistente y razonada, no tienen ningún derecho a la crítica inconsistente y que baile la música de la derecha. Pongo un ejemplo concreto. Sigo a diario las informaciones del digital insurgente.org que recoge voces variadas dentro de lo que llamaríamos la izquierda transformadora. Me preocupé profundamente cuando vi en ese medio la siguiente y escueta “noticia”: “PSOE y PP la misma mierda es/ pero hay que comé” al pie de una foto del abrazo de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez el día de la firma del pacto. Digno de cualquier panfleto de la ultraderecha que considera a los políticos en general, y a los de izquierdas por muertos de hambre en particular, unos tipos que están en el cargo para llevárselo crudo. Es una crítica indigna de un medio serio de izquierdas. Siempre combato el tema demagógico del sueldo de los políticos (en este tema no está exento de culpa Podemos). Y pongo el ejemplo del Presidente del Gobierno, cuyo salario ronda los 80.000 euros brutos anuales. Para su responsabilidad y la disponibilidad absoluta de las 24 horas del día me parece una remuneración bastante comedida. La crítica de la izquierda puede y debe ser contundente, sacando a flote las contradicciones, que no son pocas, y tal vez  tampoco son evitables, pero no puede transitar, bajo ningún concepto, el derrotero fácil y demagógico propio de las mentes perezosas acodadas en la barra de esos modernos bares que son las redes sociales.

Una última consideración, no seria extraño que esperanzados, expectantes o escépticos, ante el que sospecho será durísimo embate de la ultraderecha (en alianza con los jueces) acabemos encontrándonos en la calle, si no para defender al gobierno, quizás para defendernos a nosotros mismos.

miércoles, 8 de enero de 2020

Estados Unidos: el fascismo en la acción exterior


Según cuenta Pablo Iglesias, en una entrevista que le realizó, el escritor mejicano, nacido y criado en Asturias (ah, las identidades, que electivas son, como el cubano universal nacido y educado en Argentina), Paco Ignacio Taibo II portó en una manifestación, años ha, cuando el dominio del PRI (Partido Revolucionario Institucional) era apabullante, una pancarta que decía, más o menos, lo siguiente: “Aplíquennos a nosotros su política internacional”. El mismo país que en la escena internacional (cierto que ahí estuvo la mano de un humanista como era el presidente Lázaro Cárdenes) abrió sus puertas a miles de exiliados españoles, y que nunca reconoció diplomáticamente a la dictadura fascista de Franco, y que siempre mantuvo relaciones con Cuba cuando EEUU impuso la ruptura con ella de todos los gobiernos títeres latinoamericanos, en política interior provocó, el 2 de octubre de 1968 (un año con tanta literatura y ponderación, que en el panteón de los tiempos extintos debe ser un engreído insoportable), en el marco de una revuelta universitaria, la matanza de centenares de personas en la plaza de las Tres Culturas. La generosidad y la mano tendida en política exterior se tornaba en puño férreo contra su pueblo en defensa de los intereses oligárquicos y de una situación con lacerantes desigualdades sociales.
Me vino a la mente la pancarta de Paco Ignacio Taibo II, no sé si acertadamente, las conexiones mentales, por lo menos las mías, a veces son extrañas o enrevesadas, a cuenta del asesinato, en el norte de Iraq, por parte de EEUU del general iraní Soleimani. El pensamiento común considera al estado norteamericano como un país que respeta las libertades en el interior de su territorio, donde los ciudadanos tienen unos derechos formales (libertad de expresión, asociación, reunión, manifestación, etc) asentados que consideran parte inalienable de su constitución política. Por supuesto, aquí no podríamos incluir, con el mismo vigor, los llamados derechos sociales. Existe carencia de una sanidad universal, millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza en el país más rico y poderoso del planeta, y ligado esto último pervive un racismo latente o manifiesto que, con precisión casi matemática, te aclara la piel cuando te crece, exponencialmente, la cuenta corriente.
Curiosamente, ese asentamiento de derechos formales en el interior, es una carta blanca entre buena parte de su población (ningún presidente norteamericano ha perdido una reelección mientras está embarcado en un conflicto bélico exterior) para una acción en el resto del planeta que yo me atrevo a tildar, más allá del usual concepto de imperialismo, como fascista. Lo percibo, quizás en un trazo grueso, como una acción inversa a la del gobierno mejicano que exponía en el inicio de este texto.
El periodista John L. O’Sullivan, en 1845, en la revista Democratic Review de Nueva York expuso lo siguiente: “el cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino”. Ésta sería la idea básica de la conocida como doctrina del “Destino Manifiesto”. Sustituyan la palabra manifiesto por evidente, con la incuestionabilidad que supone, y la idea adquiere aún más diafanidad. También debe procederse a sustituir, en los siglos XX y XXI, la palabra continente por planeta. Y como colofón, como razón de peso insuperable e irrebatible la Providencia, o sea, Dios. Por arte de la divinidad quedas convertido, y eso cala con fuerza en muchas mentes, en un pueblo elegido que tiene derecho a obtener “el aire y la tierra (ésta y sus riquezas son el objetivo básico, aunque ahora esté en valor también, permítaseme una cierta ironía, la calidad del aire) necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades…”
Todo bajo el estandarte de la libertad, que es palabra muy agradecida. Además, los pueblos, malagradecidos, tienen la extraña costumbre de defender los territorios donde han vivido ancestralmente, aunque después, como las diferentes naciones indias, acaben recluidos en reservas.
Ahora me permito transcribirles un párrafo de la Wikipedia acerca de la teoría del Espacio Vital (Lebensraum) de la alemania nazi: “El programa estratégico de Hitler para dominar el mundo se basaba en la creencia en el poder del Lebensraum, especialmente cuando era buscado por una raza superior. Las personas de razas no arias en el territorio del Lebensraum serían objeto de expulsión o destrucción. La eugenesia del Lebensraum consideraba un derecho de la raza superior (herrenvolk) aria alemana quitar a las personas originarias para conseguir su propio espacio vital”.
Muchas personas pensaran que me paso tres pueblos estableciendo similitudes entre el destino Manifiesto y la teoría del Espacio Vital. Antes que nada precisar que aunque el Lebensraum se asocia al nazismo, es una teoría anterior, que surge a finales del siglo XIX y que, sobre todo fruto del magro imperio colonial alemán, ve en las llanuras del este un posible territorio de expansión. Dicho esto, observamos que aunque el Destino Manifiesto no pone el acento en la raza al ser EEUU territorio de inmigración, sí habla de una nación divinamente electa que se eleva sobre los ocupantes originarios que, siendo reducidos, según la conveniencia, a la condición de salvajes (indios) o subhumanos (eslavos), pueden eliminarse impunemente. O sea, no hay en esa expansión un elemento presente en muchas experiencias imperialistas: la coartada civilizatoria.
Y a esta última palabra me aferro para venir a la actualidad y enlazar con el asesinato del general iraní. El fascismo, fruto de su ideología supremacista, siempre se piensa impune y moralmente legitimado desde el momento en que considera al pueblo del estado que gobierna superior a otros pueblos. No albergo duda alguna de que el sentimiento nacional de EEUU, más allá, vuelvo a insistir, de sus libertades internas, está aderezado con grandes dosis de superioridad, de nación elegida para, lo hemos oído múltiples veces, liderar el mundo. Y liderar quiere decir mandar y en muchos casos, cuando la persuasión diplomática y el acoso mediático de las mentiras repetidas mil veces no funciona ante el díscolo, hay que pasar a la siguiente fase: sancionar, estrangular económicamente (Cuba y Venezuela) y, si esto falla, la acción armada de un ejército que tiene un presupuesto militar igual que la suma de los nueve países que le siguen en la lista y que representa, además, el 36% del gasto militar mundial para una población que supone el 4% de los habitantes del planeta. Este desequilibrio entre población y presupuesto militar demuestra la vocación manifiesta de gendarme mundial.
La acción de EEUU contra un general de un país con el que no tienes un conflicto militar declarado (ya no se “declaran” guerras, creo que tampoco los amores) es una acción puramente fascista, al estilo de las protagonizadas por otro estado que práctica en su política exterior el asesinato selectivo (y no selectivo): Israel. Pienso que es imprescindible utilizar el término fascismo, y no significa banalizarlo, porque es revelador, necesario para desnudar y reflejar con la máxima crudeza la realidad del imperio de la fuerza y la supremacía y el expolio de otros pueblos que es la línea de acción exterior de EEUU.
Acabo con la declaración que hoy 8 de enero de 2020 acaba de realizar, hace apenas unas horas, Donald Trump: “Irán amenaza al mundo civilizado”. Amenaza y civilización (¿cristiana?), términos tenebrosos constantemente utilizados en la política exterior de EEUU y que, permítaseme mi conexión con un caldero que ya tengo al fuego en mi mente para un hipotético próximo texto, me recuerda a la actuación, apocalíptica y fascistoide (invocaciones explícitas o veladas al ejército incluidas), de la extrema derecha española en el Congreso ante el surgimiento de un gobierno PSOE-UP, horda roja que amenaza la pervivencia de España y su civilización.