martes, 29 de abril de 2014

Redada en la red


La noticia sucinta, del 28 de abril, es la siguiente:
“La Guardia Civil detiene a 17 internautas de varias comunidades autónomas por enaltecimiento del terrorismo, mostrarse a favor de la lucha armada, y ofensa a las víctimas”.
La siguiente noticia es de agosto de 2013:
“Los condenados a muerte por Franco se lo merecían, dijo Manuel González, Alcalde del pueblo gallego de Baralla”.
Si yo en este blog (aquí como somos poquitos quizás no) o en facebook o en tuiter afirmara que los condenados a muerte por ETA se lo merecían ¿acudiría la G. C. o la policía a mi domicilio a detenerme?
Entre desaparecidos y fusilados hay más de 150.000 víctimas del terrorismo fascista practicado durante más de 40 años por la banda, liderada por el padre político del actual rey, que inicio la toma del poder el 18 de julio del 36. ¿Ha sido detenido en algún momento, no ya por enaltecimiento del terrorismo, sino del genocidio, el señor alcalde de Baralla?
A mí, no siendo un hombre especialmente compasivo y considerando que hay bastante gente que en términos machadianos “va apestando la tierra”,  no me gusta hacer mofa del sufrimiento de una persona, ni del que soportan sus familiares. Me parece innecesario, por muy detestables  (es una hipótesis) que fueran las acciones  de la persona en cuestión. Y que conste que  soy de los que consideran, lo he escrito en más de una ocasión, que es ridículo, simplemente guiándonos por la luz de la historia, un planteamiento pacifista a ultranza que niegue el factor, muchas veces esencial, de la violencia. Insisto, detesto el regodeo, simplemente por una razón de estatura moral, que presupongo tiene que existir sí o sí, en el campo de la izquierda. Los que queremos alumbrar un mundo nuevo no podemos nunca perder el respeto al que sufre, aunque le apliquemos la más severa de las justicias. Por eso la befa me parece, en cualquier caso, inaceptable.
Igual de inaceptable es la doble vara de medir, que en este país es un rayo que no cesa. El fascismo y sus acólitos siguen teniendo un manto protector. El primero, y quizás el más importante, es no llamarlo por su nombre: dictadura, régimen autoritario o personalista, franquismo, incluso el cachondo de Cela habló de una dictablanda. Yo en mis clases lo denomino siempre "régimen fascista del general Franco", pues el término franquismo diluye la naturaleza criminal que le aporta el término fascismo.
Si yo pongo la foto de Iñaki de Juana Chaos o Josu Ternera en mi blog o mi casi inexistente cuenta de Facebook diciendo (fue lo que hizo uno de los arrestados): “¡Aupa gudaris!”, soy un enaltecedor del terrorismo. En cambio el gran terrorista del siglo XX español está en una tumba faraónica que contribuyo a mantener con mis impuestos. Y además, las webs que alaban su criminal tarea funcionan con normalidad y sin redadas policiales amedrentadoras.
Y acabaré afirmando que no defiendo que se cierre una web fascista o se detenga a un individuo de estos por sus proclamas. Que hablen, que vomiten, que se retraten. Nuestras ideas son las que tienen que estar prestas para el combate. Aquí y, si un día se tercia o la necesidad obliga (no es un deseo), en la calle.


sábado, 26 de abril de 2014

La cara y la cruz del asco

La cruz la soporta Carola Melero. Esta mujer trabajaba de cobradora en la autopista de la Costa del Sol. En diciembre fue despedida junto a otros compañeros al hacer la empresa un ERE. El caso de Carola es especialmente sangrante pues está de baja debido a que padece un cáncer de mama. Sí, otra vez el asco, la total ausencia de humanidad, el castigo sobre el castigo. A una enfermedad grave, que aparte del mazazo físico tiene un impacto psicológico demoledor, se le añade un despido. Pierdes la salud y encima, cuando estás luchando por recuperarte, te mandan (parece que con ganas de rematarte) al ejército desarmado e inane de los parados. Ese ejército en el que sólo puedes aspirar a la degradación de tus condiciones de vida, a que la migaja te parezca un banquete.
Tan dura como el mármol de las mansiones donde se celebran los mentados banquetes, es la cara de Mónica de Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, que propone, para acelerar la creación de empleo (mantra de todas las canalladas laborales), desmigajar las migas. Esta individua plantea que hayan sueldos inferiores al Salario Mínimo Interprofesional para los trabajadores jóvenes menos cualificados (los llamados ni-ni). Dice que cobrar el desempleo no incentiva la búsqueda activa de trabajo y favorece el parasitismo. Es que con una prestación de 450 euros mensuales una familia vive la vida en rosa.
Sí, parado o parada, sea consciente coño, es usted un parásito, un insecto hospedado en un cuerpo social del que se nutre y al que desangra. Hágase emprendedor, carajo, que el sistema capitalista está lleno de oportunidades para los valientes. El parásito, téngalo claro, es usted y no el empresario que aprovecha el miedo que genera la crisis para no pagar las horas extras que realizan sus trabajadores como “regalo” (según terminología de Miguel Ángel Ramírez,  avezado empresario canario) o para renegociar a la baja los convenios colectivos. El parásito es usted y no la banca que recibió más de cien mil millones de euros de ayuda pública. El parásito es usted y no todos los corruptos que campan por este país sorteando las cárceles con pericia sin par y que pueden gastarse 450 euros en una botella de champán si se les pone entre ceja y ceja.
Sé, allá quién no quiera enterarse, que Carola y Mónica son dos ejemplos palmarios de la crudeza que tiene la lucha de clases en este momento. Así, cuando leí las dos noticias la sangre se me incendió, se aposentó en mí (nada raro) la inútil ira. Ahora sólo me queda la extraña, puerca tristeza,  el asco del que piensa que, definitivamente, somos incapaces de darnos ningún motivo para la esperanza.

domingo, 20 de abril de 2014

Crucifixiones

La Semana Santa de los cristianos, apoteosis del dolor y el sufrimiento, culmina con el domingo de resurrección, apoteosis a su vez de la esperanza en la felicidad absoluta, sólo alcanzable en la perfección de lo inmaterial. En una semana se condensa la metáfora perfecta de la teoría del valle de lágrimas terrenal. Ese tobogán que es la vida, guindado con final feliz (aunque no verificable, de ahí la necesidad insoslayable de la fe).
Cuenta la tradición que Jesús llega a Jerusalén en loor de multitudes tras tres años de vicisitudes y enseñanzas (ascensión a la cresta), en esa semana es traicionado, torturado y asesinado en la cruz (sima para visualizar los humanos quebrantos terrenales) y, tras el final, (cresta definitiva, liberados ya de la pecaminosa carne que nos lastra) surge la resurrección como premio inigualable y eterno después de las calamidades terrenales, que quedan así compensadas y minimizadas. Con el valor añadido, al menos en las mentes de generaciones y generaciones de gente del pueblo, de los que han trabajado para la cruz y la espada, de los que han llorado tanto que podrían anegar el terrenal valle,  de que si un "hijo de dios" pasó tales sinsabores, que podían esperar ellos.
No obstante, para que el tránsito por este mundo de los más desfavorecidos sea más leve (y de paso acumular méritos), ya que les tocó la peor parte, se establece la caridad como la gran empresa terrenal cristiana que, querámoslo o no, cierra el paso al concepto de igualdad social, que se considera quimérica e incluso indeseable. Así, es intelectualmente curioso que  muchos cristianos situados en la izquierda transformadora, más que en su fe religiosa en un dios, justifican el considerarse como tales en la hipotética apuesta de Jesús (del que no existe referencia histórica clara ni un texto escrito) por los pobres, en que era una especie de paleosocialista precursor. Obvian dos mil años de práctica cristiana: de alianza férrea con los poderosos, de acumulación de un ingente patrimonio, de hacer de lo tenebroso y perverso lo cotidiano, de mutilar el gozo terrenal de todas las almas que decían defender. Extraen a Jesús del cristianismo, lo ponen a salvo de su práctica secular, y casi lo visten del Che muerto en La Higuerita, olvidándose de que su reino, contrapunto de la visión guevarista, no era de este mundo.
Espartaco, que si comparte estirpe con el Che, no era hijo de ningún dios, pero el ejemplo y la peligrosidad de su rebeldía, pues buscaba un pedacito de paraíso en La Tierra,  lo convirtió, aunque mucho menos célebre, en el mayor crucificado colectivo de la historia (6000 rebeldes en 60 kms de la Vía Apia).


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domingo, 13 de abril de 2014

El 14 de Abril y la Semana Santa

Algunos años, según donde la ubique el ciclo lunar, la Semana Santa se enreda con el 14 de Abril. El día en que algunos, nostálgicos que miramos hacia el futuro, rendimos homenaje a la masacrada 2ª República.
La semana mencionada es la máxima expresión, en su aspecto más siniestro, sublimando el martirio, potenciando la interesada teoría del valle de lágrimas terrenal versus el paraíso celestial, de la liturgia católica.
Es, al menos en el estado español, la antirrepública por excelencia.
El ariete que primero embistió contra la 2ª República y las puertas que entreabría,  fue el eclesial. El 1º de mayo de 1931 Pedro Segura, Cardenal Primado de España, hizo pública una pastoral en la que, con dos semanas de república después de siglos de monarquía, pintaba un panorama catastrofista y hacía una loa a Alfonso XIII. Al Primado lo que más le asustaba de la república es que suponía abrir la puerta a una alteración del "orden social" y se convierte en adalid de una respuesta rápida. Un párrafo de la pastoral: "Es urgente que, en las actuales circunstancias, los católicos, prescindiendo de sus tendencias políticas, en las cuales pueden permanecer libremente, se unan de manera seria y eficaz para conseguir que sean elegidos para las Cortes Constituyentes candidatos que ofrezcan plena garantía de que defenderán los derechos de la Iglesia y del orden social". Segura clamaba por la unión de la derecha, Segura, tras su verbo alambicado y medido, llamaba a pertrecharse, a prepararse para el combate,  para una etapa álgida de la lucha de clases, porque los integrantes de la conjunción republicano-socialista, no siendo revolucionarios, si eran reformadores sociales, en un país que en muchos aspectos seguía anclado en la Edad Media. Por cierto, dos de las medidas laicistas que tomó el Gobierno Provisional de la 2ª República en 1931 no han vuelto a estar vigentes en España: "prohibición de participación oficial en actos religiosos [Circular del Ministro de la Gobernación del 17 de abril], fin de las exenciones tributarias a la Iglesia". Alguien me hablará de la quema de iglesias de mayo de 1931. Suena terrible, para la mayoría de la gente, unir las palabras destrucción o incendio con templos, con lugares de culto. Lo percibo como un vestigio de lo más ancestral y nocivo. En una siniestra inversión de valores somos capaces de destruir sin pestañear lo esencial para el ser humano (su techo o su alimento) y hasta la propia persona, pero se produce el horror por la quema de lo que, en el fondo, eran símbolos de opresión, de seculares ataduras mentales que reforzaban las materiales.
Casi 83 años después de la pastoral de Segura, restaurada vía fascismo la monarquía borbónica, otro jerarca católico, el obispo de Málaga Jesús Catalá, nos demuestra, calentando motores para Semana Santa, su grado evolutivo en la escala moral diciendo que el matrimonio homosexual equivale a la unión entre un bebé y un anciano (hasta escribirlo me repugna). Este tipo  es incapaz de diferenciar entre la libre unión de dos personas (sé que hay uniones entre adultos que no son libres), sean del sexo que sean, y el abuso que se realiza sobre un ser que está en situación de indefensión. Tengo la certeza de que este individuo, con el arrobo de muchas personas, presidirá esta semana alguna de las procesiones malagueñas. Y también tengo la certeza, lamentablemente, de que en ésa y en muchas procesiones más del territorio español estarán autoridades de diverso tipo, principalmente municipales, engalanadas y  en función de su cargo, haciendo caso omiso del laicismo que debe presidir la Res Pública.
Un último apunte: a la Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores (AMAL) le han prohibido, por cuarto año consecutivo, una marcha atea programada para el Jueves Santo, alegando posible coincidencia con las procesiones, aunque los solicitantes habían estudiado que esa concurrencia no se produjera. Alguien dirá que tienen muchos días para manifestarse. Tiene razón: los 357 días restantes, excluidos los 8 de la Semana Santa. Esperemos que la llegada de la Tercera, aparte de otros parabienes sociales, nos permita recuperar los días secuestrados, desencapirotarnos y que circulen libremente las ideas.

viernes, 11 de abril de 2014

El asco

El asco.
La anterior entrada de este blog hablaba de las bebidas espirituosas.
Viendo esta cruda realidad con tintes fascistoides, donde los mangantes pululan a sus anchas entre cajas B e infantas bobas, te dan ganas de agarrar la botella y prepararte un coctel... molotov, por supuesto. Me disuade mi condición de cobardón y cuasi vejete, más lo primero que lo segundo, lo admito.
Tras la movilización del 22 M la escalada represiva está siendo muy importante, con un fin claramente amenazador, intimidante. Han sido detenidas varias decenas de personas acusadas de acciones violentas. Dos de ellas han ingresado en prisión sin fianza, como si fueran delincuentes prestos a cruzar la frontera. Que sepamos, los heridos más graves del 22M fueron dos manifestantes pacíficos, sobre los que no recae ninguna acusación, que perdieron la visión de un ojo y un testículo. ¿Se sabe que agentes han producido esos daños irreparables a dos ciudadanos que asistían a un acto legal? ¿La represión del supuesto violento admite los daños colaterales, como si de una guerra imperialista se tratara?
En el estado español la policía goza de casi total impunidad para actuar. No sólo impunidad en las calles, sino también a la hora de elaborar un comunicado. En uno de ellos hablaban  de elementos "antifascistas, anarquistas y bukaneros (peñistas a los que les gusta tanto el Rayo Vallecano, como poco el sistema capitalista). Este debe ser el único país de Europa donde ser antifascista se cita en una nota policial como elemento agravante, incriminatorio.
Y tiene la lógica que he explicado en otras ocasiones, sintetizando y siendo abrupto: aquí el fascismo (el binomio Franco-Rey) parió la democracia. En cambio, en otros países el hecho crucial del siglo XX en Europa fue la derrota de esa ideología criminal. En España no existe conciencia antifascista, quizás porque nunca se le derrotó, aunque se le padeció más que en ningún otro lugar.
Me da asco que una operación policial para detener a 11 personas a consecuencia del 22M, se llamara Puma 70 en un honor macabro a la unidad antidisturbios que, increíblemente, en un  dispositivo de 1700 agentes, quedó aislada y a merced de un grupo dispuesto a usar la autodefensa y el contraataque. El felino nombre suena a venganza, a irritación profunda. ¿Se sintieron humillados?
Llevan años repartiendo estopa, sin conmiseración alguna, a gentes (existen muchos testimonios gráficos) pacíficas que han sentido el desprecio y la prepotencia.
Sé que mi escrito no es reposado, inteligente, está impregnado, lo repito, de asco y bilis, porque siento que en este país ser madero o picoleto es ser considerado un abnegado servidor, al cuál los poderes públicos, vía medios de comunicación, cubren de lisonjas, tratando de engañar a la gente, presentando una imagen beatífica de los que en muchas ocasiones, les guste más o menos,  son la mano ejecutora de las mayores injusticias.
Un ejemplo: la corrala Utopía, un bloque de viviendas ocupado en Sevilla desde hace dos años, fue desalojado el fin de semana anterior con gran despliegue policial. ¿En qué imagen han hecho especial incidencia los medios? En la de una niñita que al salir abrazó a un policía, el cuál, según contó la niña en Tele 5 con la carita convenientemente tapada (en un país donde hay niños que pasan hambre se cumple primorosamente la protección de la imagen del menor, en una metáfora maravillosa del capitalismo: forma sin fondo), le ha dicho que un día la sube al furgón policial. Espero que la cría no esté siendo premonitoria.
La policía no fue a la corrala Utopía a dar abrazos a los niños, fue a ejecutar una orden que dejaba en la calle a varias decenas de familias que ocupaban un bloque vacío propiedad de un banco. Esos bancos que, según datos del Tribunal de Cuentas, hasta 2012 habían recibido 108.000 millones de euros públicos. Y la presencia de la policía es la presencia de la violencia organizada por si los desalojados se resisten. Más de un memo mental se habrá quedado con la historia, pretendidamente enternecedora, de la niña y el policía.
Mis fobias cada día se acrecientan. El lacayo me produce más asco que el amo. El amo, aun transitando los derroteros de la injusticia, tiene mucho que defender y perder. El lacayo es peor: un traidor a su clase.
Dos gotas.

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domingo, 6 de abril de 2014

Bebidas espirituosas

Ha saltado a la palestra una propuesta que plantea que suba la edad legal para el consumo de alcohol a los 21 años.
No voy a convertirme en defensor de las antaño denominadas bebidas espirituosas (esta denominación la vi en periódicos de canarios de los años 30) ni de ningún otra droga, sea esta legal e ilegal. Tampoco en demonizador.
Doy clase de ética a alumnos de 4º de la ESO y nada odio más que pintar panoramas tétricos, llenos de espanto. Primero, porque la existencia contiene lo tétrico, lo espantoso (otro tema es nuestra capacidad para sortearlo y enfrentarlo); segundo, porque siempre defiendo (a veces muriendo en mis contradicciones) el conocimiento frente al miedo.
Hace un par de cursos (los profesores medimos la vida en cursos), en una charla celebrada en el IES Fernando Sagaseta, centro en el que soy docente, la persona encargada de impartirla satanizaba de tal modo el consumo de alcohol que planteaba que si te tomabas una copa al mes ya eras casi un alcohólico. Pienso que lo hacía con la intención de pintarle a los alumnos un "coco" que los apartara del camino a la bebida.
Cuando trato el tema con alumnos de entre 15 y 18 años suelo explicarles mi planteamiento real, no el ideal, el políticamente correcto. No les digo lo que se espera de mi como profesor (estoy hablando de este tipo de asuntos, no de matemáticas o biología), aunque después, al darme la vuelta, mi práctica sea totalmente opuesta. Igual estoy equivocado, pero creo que en educación, al menos yo, necesito la honestidad intelectual de reconocer mis debilidades, que, aunque más embridadas, siguen existiendo cuando entro en el aula. Suelo ser muy claro con el alumnado: ni caigo en la absurda y peligrosa banalización, ni en el odioso temor. Les digo, por ejemplo, que si salgo a cenar y después voy a un lugar de música a prolongar la noche, me gusta toma un par de copas, pues me dan un tono vital agradable, festivo. ¿Es esto apología de la bebida? Creo que no. Incluso, quizás osadamente,  creo que les estoy transmitiendo a los alumnos que hay otra cultura del alcohol, que no es el botellón (que tiene también raíces económicas por los elevados precios de las copas y la menguada capacidad económica de los jóvenes), más mesurada, menos ensordecedora y más dialogante. Otra cuestión, y esta no se soluciona con límites de edad, es por qué bastantes jóvenes tienen necesidad de "soplarse" hasta el coma etílico, ese estado en que el disfrute se torna en sufrimiento.
Además, en la juventud, sobre todo en ese periodo vital, necesitas transgredir, acercarte a los que tus padres te dicen, en no pocas ocasiones desde las antípodas de la ejemplaridad, que es malo. Casi todo joven en algún momento se ha cogido una cogorza (sea juez, albañil o profesor de historia, tenga 20 u 80 años). Lo importante es aprender, establecer tus controles, no que te los establezcan con un incumplible límite de edad.
Puede parecer una chorrada, pero creo que la manera de beber también debe estar acorde con la manera que uno tiene de ver y habitar el mundo. Una conversación distendida y una copa serán una pareja de baile magnífica hasta el fin de los tiempos (todavía más si se aproxima el fin de los tiempos).
A los que somos especialmente tímidos nos sirve como un cierto lubricante social, un desinhibidor. Quizás alguien tuerza el gesto. Da igual. Cierta parte de mis insuficiencias tengo ya capacidad de asumirlas, e incluso de transmitirlas.
Seguiré diciéndole a mis alumnos que más de un triunfo del Barcelona sobre el Madrid lo disfruté con algunos amigos tomando un par de cubatas. Sé que un día la birra o el mojito ocasionales serán historia, y estimo que no será por haber abusado, sino porque la vida, especificidades y padeceres individuales aparte, en su ciclo, es inexorable, decadente.
Sin que sirva de precedente digo con Rajoy: "¡Viva el vino!; o con Horacio Guaraní y su voz aguardentosa: "Si el vino viene, viene la vida"; o en plan latinajo: "In vino veritas".
En esta entrada, como el alcohol a veces conlleva el exceso, incluso a ver doble, pondré dos vídeos.


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jueves, 3 de abril de 2014

El estado español: dos jefes y muchos funerales

El 1 de abril de 2014 se cumplió el 75 aniversario de la victoria fascista en la guerra que siguió a la sublevación militar de julio del 36.
En este periodo tan largo de tiempo sólo ha habido en España dos jefes del estado: el dictador Franco y Juan Carlos, su heredero  a título de rey. Salvo en la breve época de de la 2ª República, en que Niceto Alcalá Zamora fue elegido por las Cortes y Manuel Azaña lo fue en sesión conjunta de éstas y una serie de compromisarios electos, en el estado español los jefes del estado (también habría que hacer la salvedad de los cuatro presidentes de la efímera 1ª República) siempre fueron hereditarios.
Se me argumentará que hay otros estados que han tenido de manera continuada la forma de estado monárquica. No lo negaré, como tampoco es innegable que este sistema, anacrónico por su estrambótico  sistema de elección, es residual en el planeta. No obstante, la monarquía española tiene un agravante. El pueblo la echó un 12 de abril de 1931 y el fascismo militarista  procedió a imponerla de nuevo previo baño de sangre. El caudillo sin corona que reinó como gobernante absoluto, en 1969, treinta años después de su macabra y bendecida gesta, nombro príncipe heredero al posterior rey Juan Carlos. Individuo al que el pueblo nunca pudo ratificar o no mediante un referéndum libre. En el siglo XX no hubo ninguna otra restauración monárquica en Europa (sospecho que en el mundo tampoco). En Italia y Grecia, lugares donde se convocaron consultas, vencieron las fuerzas republicanas.
El que se trague el argumento de que la aprobación de la Constitución, forma monárquica incluida, legitima al rey, es un inepto intelectual. Por un lado, ese referéndum se hizo con el consabido susto del ruido de sables. Por otro, era un lote entero, no había parte alguna que pudiera ser rechazada, y además la votación del citado texto se planteó con una dicotomía muy simple: dictadura o democracia (en realidad, libertades).
El 31 de marzo, esperando un día lo habrían clavado, se celebró en Madrid un esperpento en el que se visualizo la España eterna, la España monárquico-clerical. Dos seres cuya apariencia física es mucho más joven que sus pensamientos (Juan Carlos y Rouco Varela), protagonizaban un hecho que sonroja: un funeral de estado.
El estado español en pleno (saltándose la aconfesionalidad constitucional) decidió hacer una misa católica por el alma de un expresidente de gobierno. Por lo que parece el estado español tiene constancia de la permanencia del ánima cuando nuestro cuerpo fenece. Lo digo porque de otro modo no se entiende que le encargue a una persona que no tiene ningún cargo público y sólo es el jefe en España de organización privada Iglesia Católica, basada en la creencia en un ente sobrenatural, que oficie una ceremonia que tendría que estar, para ser digna y pública, fuera del ámbito de las creencias religiosas. La familia de Adolfo Suárez tiene todo el derecho, si ese es su deseo, de celebrar cuantas misas quiera, el estado, ente público, no.
Tema aparte, es que el sumo sacerdote oficiante se dedicara a dar consejos y (desde su óptica cuasi fascista y como miembro de la casta dominante) a hacer llamados a una concordia que camina con las patas de la injusticia, asustando al personal con admoniciones guerracivilistas.
Partiendo del recelo que despierta la gran movilización del 22 de marzo y de la muerte de Suárez (confluyentes en el tiempo: una con un significado alumbrador y la otra de fin de época), los grandes medios hablan del  renacimiento del "espíritu de la transición", personalizado en la figura santificada de Suárez. Ese espíritu transaccional  tendría como función neutralizar una hipotética toma de conciencia por amplios sectores populares acerca de las causas de su empobrecimiento.
La otra faz de esta estrategia es atemorizar mediante la criminalización de las protestas. Se presenta una dualidad. Polo positivo: concordia (equivalente a paz, que se presenta como valor absoluto aunque este acompañada de injusticia). Polo negativo: protesta-algarada (equivalente a violencia, representada como el mal absoluto).
Dos ejemplos. Esperanza Aguirre se ha referido al 22M  como "forma larvada de terrorismo". La protesta como incubadora donde toma forma el terrorista de mañana ¿Cuánto tiempo tarda en pasarse del palo y la piedra a la pistola? Ana Botella, con las luces más cortas y menos estilosa que Aguirre, se conforma con hablar de kale borroka. ¡Cuidado niño adulto televidente que viene el "coco" vasco!
Estos ejemplares de la derecha ultramontana deben desconocer que las algaradas son tan viejas como las injusticias y que las calles también son lugares de expresión política no siempre pacífica, lo cuál no quiere decir que hablemos de terrorismo. Término que se usa para amedrentar, para disuadir a los dubitativos. Lo más alentador  es que ese fuego a discreción mediático significa que le han cogido cierto respeto a la movilización.
Tozudo, sigo pensando que esa expresión de descontento social debe aspirar a ganar terreno en las instituciones para buscar su transformación. Y ganar ese terreno es imposible sin actuar, al menos en ese aspecto, a imagen y semejanza de nuestro enemigo de clase y sus expresiones políticas o religiosas. Me refiero a lo que han hecho con constancia y encono, unirse frente a nosotros. No desperdiciar ningún arma que tengan a su alcance: ni la represiva ni la ideológica.
Es la enésima vez que lo digo: me atormenta que toda la izquierda de este país (no hablo del capitalista, otanista y monárquico PSOE, cuya vicesecretaria, la señora Valenciano, asistió al milagro de la salvación borbónica de la democracia) no sea capaz de lograr una unión que es el primer paso auténticamente necesario y revolucionario.