viernes, 14 de julio de 2017

Víctimas y símbolos

La derecha española que habita en el PP, e incluso ese aliviadero para votantes algo más escrupulosos que se llama Ciudadanos, esa que nunca ha rechazado y que en no pocas ocasiones ha justificado el fascismo, es, paradojas de la vida, quien aporta los “héroes” democráticos en este país.
Un ejemplo clásico es Adolfo Suárez, que ha quedado consagrado como el audaz navegante que viajó de una ley ilegítima a la Sagrada Constitución, el hombre que, en términos coloquiales, entre grandes fatigas, con viento de proa, trajo la democracia a España dando su nombre al aeropuerto de Madrid, cual Charles de Gaulle, el general que simbolizó la llamada Francia Libre, surgida como respuesta a la ignominia del régimen de Vichy.
Otro ejemplo es Miguel Ángel Blanco. Hace unos días se cumplieron 20 años de su secuestro y posterior asesinato a manos de la banda terrorista ETA. No deja de sorprenderme, crueldad aparte, su ceguera política. Por un lado, pensando que el gobierno iba a ceder en 72 horas a sus pretensiones sobre el acercamiento de presos. Por otro, no dándose cuenta de que M. A. Blanco, modesto concejal del PP en Ermua, no era un “peso pesado” de la política que pusiera al gobierno en el brete de lanzar algún tipo de señal nítida. Lamentablemente, a su pesar, como hombre humilde y anónimo condenado a una agonía terrible, tenía todos los componentes para ser un héroe popular, esos héroes que, a ti (ETA) te convierten en un ente absolutamente desalmado y monstruoso y a tu enemigo le otorgan un estandarte valiosísimo, que, por supuesto, estará siempre dispuesto a usar. Claro que el PP saca réditos políticos si puede del asesinato de M. A. Blanco, pues al contrario de otros aspectos, como el fangal de la corrupción, la figura de M. A. lo ennoblece a los ojos de muchas personas.
Quizás yo sea un tipo muy descreído o muy mal pensado. Pero tengo claro que las víctimas forman parte de la batalla política (uso el símil guerrero a conciencia). Las víctimas no son almas transparentes, tienen, con mayor o menor definición, banderas que las cubren para siempre. Aunque quienes las enarbolen sean los vivos. El dolor intenso, ese que te destroza, solo les pertenece a los familiares y a los amigos íntimos. Otras personas, en círculos más externos, pueden sentir ira, pena o impotencia. Mil sensaciones que, nos guste o no, estarán tamizadas, serán más leves o intensas según cuales sean nuestras posiciones ideológicas.
Hace unos días, tras larga lucha, una mujer de 92 años, Ascensión Mendieta, gracias a la intervención, para vergüenza de la justicia española, de la jueza argentina Servini y de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (AMRH), logró exhumar de una fosa común en el cementerio de Guadalajara los restos de su padre, Timoteo Mendieta, asesinado por la banda terrorista 18 de julio en 1939. En el rescate de los restos de Timoteo estaba la bandera republicana porque cada cuerpo rescatado a la ignominia de una fosa común, una cuneta o un pozo, muchos de ellos también con tiros en la nuca, no solo es un bálsamo para sus familiares, es para mucha gente de izquierdas, entre los que me encuentro, un grito que busca impedir que se consolide el blanqueamiento del fascio-terrorismo español, ese que con ahínco persiguen el PP y sus baterías mediáticas cada vez que pretenden, con el argumento falaz de no dividir a los españoles, el olvido de los republicanos asesinados por la dictadura.
El telediario de la 1 de televisión española no emitió la noticia del entierro de Timoteo. Lo esperable en una víctima de segunda categoría. De lo esperable vamos a lo execrable. Tampoco sé cuantas cadenas han dado la información, si es que la ha dado alguna, de que el ayuntamiento de Guadalajara, gobernado por el PP, quiere cobrar a la AMRH 2.000 euros por su exhumación. No se olviden de que estamos hablando de un país en el que desde hace varios años la Ley de Memoria Histórica recibe un presupuesto 0 y en el que hay 100.000 cuerpos que esperan una bandera republicana que les cobije. Imagínense, hagan el titánico esfuerzo, una circunstancia similar en el espectro de la derecha. Admiro al PP porque tiene claro, sin los complejos que atenazan a una izquierda siempre temerosa de que la ubiquen en el entorno etarra o allá por el Orinoco, quienes son los suyos y los defiende a ultranza, y a los que no son los suyos en el mejor de los casos los trata con tibieza o los ignora. O en el peor, los desprecia cobrando una cantidad miserable o atreviéndose, con la complicidad de su aliviadero Ciudadanos, a rechazar que se coloque en la fachada de la sede del gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid, donde estuvo la Dirección General de Seguridad en la época fascista, nuestra Gestapo particular, una placa que recuerde a todos los torturados en aquellas dependencias por la 18 de julio durante los 40 años que ejerció su terrorismo de estado.
¿Por qué, cuando se cumplen sus aniversarios, no son héroes nacionales que abran las portadas de todos los informativos los 5 trabajadores asesinados por la policía en Vitoria en el 76 o los 5 abogados laboralistas asesinados en Madrid en el 77? Esta gente que arriesgó y perdió su vida por la democracia, es desconocida, lo afirmo con rotundidad, por más de la mitad del país. La respuesta es sencilla, para la derecha son rojos, víctimas de segunda clase: el enemigo abatido al que, mediante la Transición otorgaron, en un marco idílico que nunca existió, una democracia condicionada en la que solo nos permitían, cautivos, desarmados y amontonados los cadáveres e impunes a los fascistas, mantener la memoria de la derrota.

lunes, 10 de julio de 2017

Leopoldo o el infierno venezolano y Óscar o el paraíso estadounidense (si sólo miras la tele)

Leopoldo López, ese Nelson Mandela redivivo, ha pasado de una prisión militar (desde la que protagonizó un impagable sketch cómico gritándole a su mujer, que estaba saliendo del penal, con un vozarrón acorde a la masa muscular que ha ido desarrollando entre rejas, el ya famoso: “Lilian, me están torturando”), al arresto domiciliario. Por cierto, una de las alegaciones del tribunal que ha decretado el cambio de su situación penitenciaria se ha basado en un indefinido “motivo de salud” que, curiosamente para un individuo que es torturado a distancia auditiva de su constantemente grabada esposa, ha sido desmentido por sus correligionarios. O sea, la salud, torturas aparte, perfecta. Habrá respirado Felipe González, ese ex presidente abyecto que declaró que la dictadura venezolana era peor que la de Pinochet. No sé si la oposición venezolana tendrá, hablando de similitudes infames, un cantautor a mano, un Víctor Jara de ultraderecha que ofrendar al sanguinario Maduro. Ese que un par de días después de la acción del policía que secuestró un helicóptero y atacó diversos edificios oficiales, y al que aún no he visto ser tildado de terrorista en ningún gran medio de desinformación masiva, fue caricaturizado en un periódico venezolano tiroteado por el mentado policía. No sé yo como actuarían nuestros insignes tribunales, a los que tanto molestan los chistes a cuenta del vuelo de Carrero Blanco, ese gobernante democrático que durante más de treinta años colaboró estrechamente con nuestro gran jefe fascio-terrorista Francisco Franco.
Tras llegar a su casa, que parece ubicada en medio de una extensa y tupida fronda, se alzó Leopoldo y asomó bandera en ristre tras el muro de su finca. Como él no podía dirigirse a la concurrencia que lo aclamaba, otra muestra de dictadura atroz, Freddy Guevara, un dirigente de su partido que imagino airado cada vez que escribe su apellido, leyó un comunicado en el que Leopoldo llamaba a seguir, a perseverar “la lucha en la calle”. Se fue de la cárcel a su casona con la latita de gasolina en la mano. Y la latita de gasolina no es, en este caso, una metáfora socorrida, de quien esto escribe. Al menos ocho personas han sido quemadas por la oposición pacífica venezolana, que se ha dedicado a la caza del chavista con la complicidad de unos medios que han querido, estoy convencido que con bastante éxito, retorcer, desfigurar  (cuestionando el famoso refrán que establece la inferioridad de mil palabras ante una imagen) con sus discursos lo que nos muestran las imágenes. Oposición que también se ha empleado pacíficamente en atacar a pedradas maternidades, en asaltar cuarteles rompiendo vallas contra las que lanzan camiones, en “trancar” arterias principales durante días e ir sus “muchachos” casi a la guerra con mochilas, escudos, cascos y cóteles molotov (mira que usar un invento símbolo histórico de la izquierda revolucionaria y al que da nombre un Comisario del Pueblo Soviético).
Sí, mientras desde el gobierno “dictatorial” de Maduro realizan llamados a la paz, al diálogo, López, envalentonado, cree que es el momento de dar una vuelta de tuerca callejera.  Imagínense si Otegui el día que salió de prisión llega a decir que hay que luchar también en las calles. Piénsenlo. Otegui está inhabilitado hasta 2021 para presentarse a cargo público, y nunca se le permitió recibir en la cárcel la visita de una comisión internacional. Leopoldo López, el que habitaba las mazmorras que habrían hecho estremecerse a Pinochet, pudo ser visitado por Zapatero.
Las comparaciones son imprescindibles. Y en muchas ocasiones tremendamente odiosas. En mayo pasado, con el desconocimiento de la inmensa mayoría de una población española y el silencio o apenas el susurro de la noticia breve en los medios del capital, fue liberado Óscar López Rivera, un hombre que si podría mirar cara a cara, en estatura moral, a Nelson Mandela, pues estuvo encarcelado 36 años, 12 en aislamiento, en la llamada tierra de la libertad, por ser un independentista puertorriqueño al que el gobierno yanqui condenó por actos de sedición y conspiración para derrocarlo. ¡Vaya! Lo que quiere hacer el bueno de Leopoldo en Venezuela, con la salvedad de que él tras tres añitos ya está en casa. Y eso que la fiscal general de Venezuela, hoy en contra del gobierno, solicitó en 2014 para Leopoldo López treinta años de prisión, que la sentencia dejo en trece y medio, por instigar y organizar los disturbios, las guarimbas, que originaron cuarenta y tres muertos. Por cierto, un dato interesante que vi en TeleSur: la asociación que representa a los familiares de los asesinados en las citadas guarimbas, también desconocida por casi toda la población española debido al enorme sesgo derechista de los grandes medios, dieron la bienvenida a ese cambio en la situación de Leopoldo López si contribuye a pacificar el país. Aquí se plantea un simple acercamiento de presos vascos a cárceles de Euskadi seis años después del abandono de la lucha armada de ETA y las principales asociaciones de víctimas del terrorismo ponen el grito en el cielo.
Una última apreciación, el 1 de junio fue asesinado, en una barricada montada por opositores, el juez Nelson Moncada, que en 2016 formó parte del tribunal de apelación que confirmó la sentencia de Leopoldo López. Por razones obvias, no deja de ser curioso el espíritu vengativo de la “dictadura venezolana”.
Maduro, aunque te proclames cristiano ten cuidado con tus mejillas y las de la gente más humilde de tu pueblo, la derecha católica de toda la vida nunca ha puesto ni la una ni la otra.

"Las casitas del barrio alto" de Víctor Jara. Hace una pequeña y recomendable introducción 


Las nuevas armas de la pacífica oposición venezolana

jueves, 6 de julio de 2017

Altsasu o el terror de la ley

Imagínense un profesor que una madrugada, en el territorio veraniego de las fiestas de cualquier pueblo, pongamos que hablo de Agaete en Gran Canaria, es reconocido por un grupito de exalumnos que, por las razones que ustedes quieran imaginar, no guardan buen recuerdo de él y sienten, quizás aupados por la euforia alcohólica, que el destino les ha servido, calentita, muy calentita, la venganza. De resultas de la paliza, aderezada con algunos gritos de “muerte a los  hijos de puta de los profes”, el pobre maestrito acaba con algunas magulladuras y un tobillo fracturado que lo postra un par de días en una clínica. Como el gobierno del PP hacía muy poco tiempo había reconocido al gremio de los enseñantes la categoría de autoridad pública, los sindicatos amarillos solicitaron todo el peso de la ley. “Es terrorismo”, bramaban (en verdad el profesorcito se sumió en una depresión  y le aterrorizaban las madrugadas, las fiestas populares y soñar con mochilas). “Incitación al maestricidio”. En resumen: Audiencia Nacional al canto por acto terrorista, prisión provisional sin fianza para los hostiadores más sañudos y petición fiscal de 50 añitos de nada para cada participante en la somanta etílica. Alguno de los encausados, ese que dormitaba, parece que lo estoy viendo, en las clases de Ética o Ciudadanía, se atrevió a musitar: “por ese precio nos lo habríamos cargado”.
En la situación ficticia planteada usted cambia al pobre maestro por un par de guardias civiles, traslada la acción de la villa canaria de Agaete a la localidad navarra de Altsasu, y tiene el dislate hecho realidad: 375 años de cárcel solicita el fiscal para 8 personas por tres contusionados y un fracturado de tobillo en una gresca o agresión, eso habría que dilucidarlo, en las fiestas del pueblo a las 4 de la mañana.
No soy ningún candoroso creyente en la dama ciega con la balanza, pero me asusta cuando un fiscal establece en papel oficial una petición tan alejada de lo que yo llamaría un mínimo equilibrio (no sé si mental o procesal), y la mayoría de los medios y buena parte de la sociedad siguen, contándonos unos y tragándose otros, el cuento de la independencia de la justicia. También me aterroriza que tengamos leyes que permiten, aunque sea alambicándolas, convertir una hipotética paliza, muy reprochable pero sin consecuencias graves, en una petición de medio siglo de cárcel para cada persona encausada. 
La infamia viene cebándose de atrás:
Por una justicia que absuelve a infantas que, arrojadas al mundanal ruido y ¡oh! transidas de amor, no saben lo que firman, que condena a penas de prisión a tuiteros que hacen chistes con jerifaltes fascistas ejecutados o encarcela, con la connivencia de la cobardía moral inicial de no pocos políticos supuestamente progresistas, a titiriteros alkaetarras. También se alimenta la infamia porque existe en el Código Penal un delito de ofensa a los sentimientos religiosos que permite procesar a tres mujeres que un Primero de Mayo de 2014 procesionaron portando al Coño Insumiso en lo que para la Audiencia de Sevilla fue “un escarnio al dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María”, o porque la fiscalía de la Audiencia de Las Palmas perdió tiempo, dinero y dignidad investigando el hipotético delito de una drag que, ¡en Carnavales!, y fuera de cualquier ámbito religioso parodió a la Virgen del Pino.
Sí, todo lo anterior alimenta al siempre impune bicho fascista español y su repugnante doble vara de medir, que pone en el altar a todas las víctimas de ETA, incluso las que, como Carrero Blanco, sirvieron a la Dictadura. La desvergüenza de los herederos del fascismo es tal que el 7 de junio el ministro Zoido puso un tuit que dice, textualmente, lo siguiente: “Hoy hace 49 años que ETA asesinó por primera vez. Recordamos al agente de @guardiacivil José Pardines, mártir de nuestra democracia #memoria.” Es muy revelador que esta gente considere que en 1968 había democracia en España. Encima el mártir es una persona que pertenecía a una institución que fue una fiel escudera del fascismo, luchando con saña contra cualquier atisbo de rebeldía democrática. Y el recochineo final, por parte de quienes llevan años sin dar un euro para la recuperación de la memoria histórica, es el hashtag “memoria”. Pero ojo, Zoido no se equivoca, el PP nace y se alimenta del pudridero de la dictadura. Por eso recordar los muertos de la guerra y la larguísima posguerra es revanchismo y poner en solfa la convivencia, porque para la derecha española esos asesinados siguen siendo el enemigo y las cunetas su lugar.
Mientras tanto, y es lo más desalentador, enflaquece la dignidad social, pues de otra manera es inconcebible que la petición del fiscal de Altsasu, que es un paso más en el uso del terrorismo como medio para controlar la protesta social, no genere una oleada de movilizaciones contra esa ignominia por todo el estado español.


martes, 4 de julio de 2017

El alumno S y el ciudadano F

Este año le di clase al alumno S. Ha sido una de las alegrías, en este recién acabado curso, de un tipo triste como es quién esto escribe. Después de una trayectoria que podríamos calificar, en términos bondadosos, de errática, S al cumplir los 16 años que le permitían abandonar de motu propio esas aulas que para él eran un territorio de hostilidad, salió a darse un paseo por el mundo laboral sin un escuálido título de secundaria que llevarse a la boca. Y lo que vio no le gustó y tal vez le aterró un poco, y entonces, para mi suerte, se matriculó en 3º de la ESO en mi instituto con ganas de saber y quizás, perdónenseme los resabios de comunistón antiguo, ser un hombre nuevo. Un hombre entre notables y sobresalientes finales que, allá por octubre, tras su primer examen conmigo, me dijo: “profe, es la primera vez en mi vida que apruebo un examen de Sociales”.  Le maticé: “no lo has aprobado, has sacado un sobresaliente”. Pretendía que percibiera que su salto era de calidad y responsabilidad exclusiva suya, fruto, y esto es lo más importante, de su propio convencimiento. Un convencimiento que le hace soñar, aún con cierto temor, con el bachillerato y la Universidad. Un convencimiento que intenta cuidar su equipo educativo y que, por supuesto, tiene a su madre llena de satisfacción.
Quien en alguna ocasión me haya leído sabe que me gusta relacionar temas, mi mente busca quizás conexiones inverosímiles, o retorcidas, de universos que ni se tocan. Y es que debo de ser honesto: yo estaba pensando en el ciudadano F (Garzón dixit) cuando se me cruzó por la mente esa pequeña caída del caballo, ese convencimiento (¿aún frágil?) del alumno S.
Y es que el ciudadano F en un discurso que leyó la semana pasada nombró, refiriéndose al periodo en que gobernó su abuelo político, la palabra dictadura. “Ha hecho lo que nunca hizo su padre”, clama el supremo equipo educativo de los grandes medios de educación, perdón, de comunicación, alabando la heroica superación del ciudadano F, “ha llamado dictadura a la dictadura”. Bravos, olés y premio fin de carrera para un alumno talludito pero “excepcionalmente preparado”.
Cuarenta y dos años le ha costado a la monarquía borbónica, para nuestra infamia, confesar, aunque sea metiendo por medio la bazofia embaucadora para débiles mentales de las dos Españas, que el poder le fue otorgado por un jefe terrorista llamado Francisco Franco que a día de hoy tiene a decenas de miles de sus víctimas yaciendo en fosas comunes mientras a él le ponen, a costa del erario público, cada día, flores frescas en su tumba.
El ciudadano o rey F, si ya llegó al convencimiento de que la fuente de su poder es una dictadura fascista y sanguinaria debería, en consecuencia, plantearse, someter su cargo a referéndum, aunque sea con cuarenta años de retraso y animándose no solo a atisbar, sino a transitar el camino de la dignidad.
El mismo día, poco antes del discurso del rey, Unidos Podemos homenajeó, con una representación testimonial, a los anónimos luchadores y luchadoras contra la dictadura, esas personas que nunca darán nombre a un aeropuerto, ni a una calle de su pueblo o ciudad, esas personas cuyas medallas son las palizas de los impunes Billy el Niño (que no es uno solo) que en España viven protegidos, contra el criterio de la propia ONU, por la judicatura. Pero me atrevo a decir que el principal homenaje que Unidos Podemos puede hacer a los luchadores antifascistas y a los cuneteados, para los que este mísero estado no tiene ni un euro de presupuesto, es introducir como punto esencial de su programa la lucha por el advenimiento de la Tercera República. Ya está bien, en el caso de Podemos, que no de IU, de cobardía, de hacer referencias tangenciales a los valores del republicanismo, de ligeras collejas dialécticas al cogote real. Para “colmeneras almas republicanas pajareando” (perdone el pequeño destrozo a su Elegía, don Miguel), nos basta el PSOE, que en su recién celebrado Congreso azotó el culete de sus díscolas juventudes que iban a poner en solfa, con una moción republicana, al neorojo Sánchez, más allá de que me supusiera una enorme satisfacción la derrota del ego de una Susana Díaz aupada entre la cal viva, Filesa y un discurso simplón construido a base de latiguillos. Pero ¿quizás ha sido la victoria de Sánchez lo mejor para apuntalar al régimen? En el fondo sospecho que el propósito de ambos era el mismo. Es otro tema. Lo único que tengo claro es que hay que poner la república, esa para la que tanto republicano de pacotilla nunca encuentra el momento adecuado, en la agenda cotidiana ya. El 14 de abril es hermoso, pero necesita descansar, necesita que seamos capaces de darle el relevo. Y quien tiene que definirse sin ambigüedades en este asunto es Podemos empezando a hablar sin tapujos de la inmoralidad que implica en sí el sistema óvuloespermatozoideo, también llamado, por disimular, monárquico, y ofreciendo de frente, sin titubeo ni carraspeo alguno, con convencimiento, la alternativa republicana. Yo no sé si lo veré, pero deseo que el alumno S sea un digno hijo de la República.

sábado, 1 de julio de 2017

Vida laboral

Una voz neutra,
preñada de colores muertos,
cansina o hija del hastío,
siempre educada:

“Hernández, hágame el favor,
revise minuciosamente
estos expedientes,
cuente las as, las ces,
las jotas y las kas.
Aísle las mayúsculas,
tienen ínfulas.
Reclúyalas en círculos rojos
de castigo”.

El perfecto trabajo sin latido
para el trabajador sin vocación,
creyente en la obediencia autómata
de ocho a tres,
oficiante presto a aletargar sus razones,
y su corazón raído,
en el altar solitario del asentimiento gris.

Bartleby contracorriente…
yo sí habría preferido hacerlo.