viernes, 7 de marzo de 2014

Dinámica de lobos

Clio Almansa, de 24 años, fue arrollada por sus compañeros durante una dinámica de grupo de la compañía Ecoline 2010 que consistía en coger el primero -y quedárselo- un billete de 50 euros (subtítulo de Público).
A Clio le rompieron una vertebra en una parodia brutal y nada festiva de lo que popularmente conocemos como juego del pañuelo.
Sigo con mi cantinela: nos falta el canto de un mísero céntimo de euro para que nos derroten. Nos han convertido en bestias. de la idea de solidaridad no queda ya ni el aroma. Se me argumentará, y con razón además, que seguramente los arrolladores eran gente necesitada y, para más inri, yo hablo desde mi trabajo fijo. Sé que la necesidad resta soberanía al ser humano. Pero me pregunto: ¿por correr como posesos en pos de ese billete iba a modificarse el futuro de alguno de los 40 postulantes? Siempre hago incidencia en que los trabajadores hemos sido mentalmente secuestrados. La idea individualista (y no niego nuestra individualidad y su desarrollo) ha anulado la también imprescindible idea colectivista. Palabra sabiamente asociada por los poderosos con la falta de libertad. La necesidad no ha contribuido a mirarnos con confianza, a afirmarnos en el humanismo, en la mano tendida. Todo lo contrario, ha puesto de moda, en la cotidianeidad, en el devenir diario, la famosa frase Hobbes: El hombre es un lobo para el hombre.
Si en un arranque de bondad suprema, de la más elevada decencia, las 40 ovejitas desatadas se hubieran dirigido al lobo seleccionador con la intención de introducir el infausto billete por alguno de sus orificios corporales yo no habría citado al pensador fatalista. Yo ahora sería un poquito más optimista.
Lo siguiente que voy a decir seguro que es reprobable, lo admito. Pero lo he pensado en bastantes ocasiones y, creo que por primera vez, voy a escribirlo. El derecho a la vida de determinada ralea de personas me genera cada vez más dudas. El que hace uso y abuso de la necesidad y las angustias ajenas, proponiendo actividades humillantes para acceder a un puesto de trabajo, probablemente con escasa remuneración, se apea, al menos en mi consideración de la categoría de semejante, para entrar directamente, siguiendo con Hobbes, en la de alimaña. Sé que son palabras duras, pero me siento cansado de que, como dice Pablo Milanés en su hermosa canción la vida no vale nada, "al final por el abuso se decide la jornada". Así, los elegidos de siempre o sus lacayos, que aún me dan más asco, se llevan a sus guaridas miles de pieles, dejando cada vez a más personas a la intemperie, desnudas de su dignidad. Y además, sin ninguna dilación, empiezan a preparar la celada del día siguiente.


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