martes, 12 de marzo de 2013

Empoderamiento


Esta reflexión surgió como un comentario en prensa a las manifestaciones celebradas por el Foro Social el 10 de marzo. Después ha crecido, como suele ser habitual en mí, de manera un poco dispersa, con ideas que entran y salen.
 
 
He ido a todas las huelgas generales y a casi todas las manifestaciones. Pero veo que no los movemos de su empeño ni un milímetro. Y tengo la sensación de que las manifestaciones se han convertido en una palabra casi antitética a su significado luchador: paseos. Inocuos paseos que miran, los poderosos, con displicencia. Somos tan poco peligrosos que no necesitan ni reprimirnos. Nos dejan actuar "libremente". Hacer las rutas habituales con los horarios habituales y los caretos habituales con los que departimos amigablemente y, por supuesto, las consignas habituales acompasadas con batucadas carnavaleras… cada vez más habituales. Con las huelgas generales ocurre algo similar. No les hacemos ni cosquillas. En este caso la responsabilidad en gran medida es nuestra por el esquirolaje que hay, por una parte, y por la precariedad que asusta, que amilana,  por la otra. Hay quién habla de una huelga general más contundente. Imagino que esa persona sueña con varios días de paro o incluso en  indefinirlo. Pero la realidad es que no somos capaces de paralizar por completo el país un único, un mísero día para dar un puñetazo en la mesa y poner un rictus de preocupación en sus indiferencias. ¿Les jodería que nos suicidáramos? Se me viene a la mente el Frente Popular de Judea de Monty Python y su autoinmolación a los pies de Brian.
Y cuando llegue el día de votar ¿se apoyará masivamente por parte de la clase trabajadora a opciones de izquierda transformadora? ¿Se volverá al redil psocialista asustada la ovejita por el lobo de la derecha pepera? Sé que me repito: nos están ganando por goleada. La derrota adquiere dimensiones históricas, contundente y para decenios.
No ignoro que los sindicatos son algo más que sus cúpulas. Pero no les voy a quitar un ápice de responsabilidad a los dirigentes en su labor de dirección, de orientación de las tareas y objetivos sindicales. Tomemos el ejemplo de Venezuela, aunque sé que estoy pasando del ámbito sindical al político. El pueblo es fundamental, pero la función directora y aglutinadora de Chávez ha sido imprescindible. Por eso desconfío del argumento que otorga a la gente la responsabilidad –un efecto espejo- de la actitud sumisa de los sindicatos. Chávez ha educado al pueblo, ha hecho de millones de personas combatientes “concientes” de la revolución. Gente humilde que te hilvana un discurso de varios minutos sobre el status que han adquirido, sobre sentirse pueblo y parte de un proyecto de sociedad más solidaria. Estos días he oído un término, para mí novedoso y hermoso, entre diferentes analistas de la realidad venezolana y del conjunto de América Latina: empoderamiento. El pueblo, la clase trabajadora, siente que tiene poder y quiere defenderlo. ¿Ustedes sienten que tienen poder aquí? ¿Perciben que cuando van a votar se está discutiendo un modelo de sociedad, una alternativa? No, no hablamos de alternancia. El poli bueno y el poli malo trabajan en la misma comisaría. Y al final de la jornada se toman una cervecita juntos y quizás incluso hasta cuchicheen de lo vividor que es el jefe y lo gagá que se está poniendo el vejete. Que se jubile y pongan otro más joven, que la comisaría necesita un repasito, ventilarla  coño.  Si es que parece que se fueron de caza y se olvidaron los cadáveres en el armario.
Aquí nos echan a patadas del supuesto  vagón de la clase media y nos sentimos desvalidos y desorbitamos los ojos y pensamos que fuera del ppsoe no hay atmosfera, que nos espera un limbo donde quedaremos secos al instante. Aquí, muchos dirigentes sindicales y políticos, de los que no cuestiono su honestidad, han sido un freno a la conciencia de los trabajadores. Han arrumbado en el trastero de sus sedes, entre las viejas banderas que han sustituido por otras de plástico, los conceptos de explotación o lucha de clases. Volviendo al ejemplo venezolano, allí las fuerzas de izquierda hablan de la oligarquía, seres de carne y hueso, como el enemigo a batir. Aquí se habla de “los mercados o los bancos”  -entes casi abstractos- y renunciamos al nombre que les corresponde, que los identifica como minoría dominante.  A veces en un ejemplo de arrojo desmesurado y excepcional dicen: “…y no descartamos convocar una huelga general”. En cambio, verbalizan y actúan  a todas horas como adalides de un pacto social que - ¡oh magnífico logro!- hizo que los trabajadores en 2012 ganaran un 8% menos y los empresarios un 1%  más. Esta acción me parece bastante absurda incluso desde un punto de vista pactista. Si quieres negociar en posición ventajosa no tengas una actitud entreguista desde el primer minuto. Plántate, cálzate los guantes y ensaya un gesto fiero. Que ya tenemos la cara hecha un poema.

1 comentario:

  1. Realmente es increíble que no se haya dado ya una autentica explosión social contra tanto despropósito, es cierto que ha habido algunas manifestaciones multitudinarias pero las huelgas las hacemos los de siempre y con lo que está pasando es para paralizar el país. Parece que hay una especie de cabreo generalizado pero que nos lleva a un conformismo y una fatalidad , las mismas personas que ves que se quejan luego son incapaces de mover un dedo.
    La verdad es que no lo entiendo. Un saludo.

    ResponderEliminar