sábado, 4 de febrero de 2017

El clicktivismo y Donald Trump

Husmeando, rumiando este texto que ahora empiezo, he encontrado una palabra que me parece que retrata los tiempos que vivimos: clicktivismo. Condensaría en un único término lo que llamamos el “activismo virtual”. Las tropecientas mil campañas que se realizan a través de la red en pos de múltiples causas nobles que siempre son pura sintomatología y que, ¡oh casualidad!, nunca merodean las raíces (perdonen los lectores, pero por mor del libro que actualmente leo estoy bastante asilvestrado y lobuno) que nutren los males que rechazamos a golpe de click. Quién hoy en día no recibe en su correo varias cartas semanales con petición de firma para “desfacer algún entuerto” cometido entre la puerta de su casa y las antípodas es un don nadie.
Estás misivas circulan habitualmente por Facebook. Yo, remolón y descreído, no dejo de asombrarme del énfasis guerrero de no pocas personas. Es habitual leer un vigoroso “¡firmado!”. Y yo imagino en vez de un marcial taconazo un contundente clickazo seguido de un “Señor, si, señor, las huestes de cibernautas prestas a atacar”. A golpe de click podemos combatir en mil frentes y salir indemnes aunque no ganemos ni una batalla.
Como profesor no puedo resistirme a poner un ejemplo que me resulta especialmente lacerante. En 2010 ó 2011, creo, no recuerdo la fecha con precisión, se incrementó el número de horas lectivas (aquellas que estamos dentro del aula dando clase) del profesorado de Secundaria de 18 a 20 semanales. En su momento, descontando algún clickazo que otro, no hubo resistencia alguna a una medida que suponía un empeoramiento de las condiciones de trabajo y, además, una pérdida de plazas del profesorado. Aprovecharon magistralmente la crisis, con la consabida “doctrina del shock”, en un colectivo, el mío, que me parece cada vez más propenso a estar en shock, para someternos aún más. Ni un atisbo de respuesta contundente. Salvo en determinados colectivos a los que puedan planteársele luchas concretas de supervivencia, la huelga tenderá a ser, sospecho, un vestigio arqueológico. Ahora, en estos meses, ha circulado un escrito que solicita la firma del profesorado para recuperar las 18 horas lectivas. No con mi click desde luego. Lo que se perdió con el deshonor de no luchar sólo debe recuperarse con el honor de la lucha. Salvo que, cuando impera la sumisión es lo que toca, de la misma forma graciosa que nos despojaron, nos lo devuelvan.
Quién tenga la costumbre de darse alguna vuelta que otra por este callejón ya conoce mi tendencia un tanto errática, pero, no obstante, lo que acabo de comentar me parece un buen ejemplo de lo que nos puede esperar si lo fiamos todo a un golpe de click.
Pero mi intención primigenia, la que me ha hecho revolverme como un lobito enfurecido contra los clickazos, ha sido comentar la siguiente carta de la organización Avaaz.org, tras la cuál parece hallarse la mano del “filántropo multimillonario” (¿será un oxímoron?)  George Soros, que me ha llegado por correo electrónico y también ha circulado por Facebook con los consiguientes firmes (la e es adrede) de rigor de todo aquél que se siente “progresista”. Sí. Ningún concepto tan vacuo, tan poco definido y que tan poco implique como el término progresismo. Es un bálsamo para todo tipo de rozaduras, al que en mayor o menor medida casi nadie renuncia. La carta hace referencia al ogro del momento y dice:

Estimado Sr. Trump:
No hay nada de grandeza en esto. 


El mundo rechaza su incitación al miedo, al odio y a la intolerancia. Rechazamos su apoyo a la tortura, su llamamiento al asesinato de civiles y su fomento a la violencia en general. Rechazamos su menosprecio a las mujeres, a los musulmanes, a los mexicanos y a los millones de personas que no se parecen a usted, que no hablan como usted o que no le rezan al mismo dios que usted. 

Hemos decidido enfrentar su miedo con compasión. Frente a su desesperanza, preferimos la confianza. Y en vista de su ignorancia, nosotros escogemos la comprensión.  
Como ciudadanos del mundo, nos oponemos colectivamente a sus esfuerzos por dividirnos
El buenismo condensado en unas pocas líneas, dos de ellas en negrita por si somos un poquito tontos y no captamos la esencia de un texto tan “complejo”.
Yo me pregunto si realmente alguien de izquierdas puede dejarse engañar por un escrito tan ramplón y “aliviaconciencias” como éste (iba a decir “asustaviejas”, pero igual se considera políticamente incorrecto).
El incitante nuevo presidente de EEUU, Donald Trump, tiene su mayor problema es su única virtud, dice, para nuestra extrañeza y conmoción, lo que piensa, y nos permite atisbar, inmersos en la sociedad de las buenas apariencias, la fealdad del sistema, de un imperialismo que se muestra bravucón. El mundo, aunque esos términos así, en abstracto, me parecen absurdos, ya es un lugar, bastante antes de la llegada de Trump, bien abastecido de múltiples miedos (en términos bélicos EEUU es desde hace mucho tiempo, con diferentes presidentes, el contribuyente número uno) y de odios no siempre, lamentablemente, bien dirigidos. Y la intolerancia es la palabra que menos tolera la abstracción, pues pienso que en algunos aspectos andamos bastante escasos de ella. Y todos los presidentes de EEUU han sido tolerantes (e incitantes) de la violencia en casa ajena e incluso con la violencia dirigida, en casa propia, a minorías desfavorecidas. ¿Los próximos vídeos que nos lleguen de policías estadounidenses abatiendo a ciudadanos negros desarmados, como durante los ocho años de presidencia del negro Obama, serán producto exclusivo del fascista Trump? ¿Los más de mil kilómetros de vallas que ya separan EEUU y México los construyó Trump? ¿Los tres millones de expulsados de EEUU en los ocho años de mandato de Obama fueron deportados por Trump? ¿Todos los ejecutados extrajudicial y extraterritorialmente con drones u otro tipo de dispositivos en el mandato del premio Nobel de la Paz Obama fueron asesinados por Trump?¿la destrucción de Libia y la guerra en Siria la impulsó Trump? ¿El abuso de poder machista del presidente demócrata Bill Clinton sobre Mónica Levinski lo realizó el rijoso republicano Trump? ¿La Europa hipócritamente horrorizada por los derechos humanos, y que tiene el Mediterráneo lleno de cadáveres, no tuvo en la Italia de Berlusconi un antecesor de Trump? ¿En la España que se comprometió a acoger diecisiete mil refugiados de los que han llegado menos de mil gobierna Trump o Donald Rajoy?

Trump, señores de Avaaz, no tiene que realizar ningún esfuerzo para dividir a los ciudadanos de un planeta donde el 1% de la población posee la mitad de la riqueza. Ese planeta ya está hecho trizas por la injusticia. Lo siento, pero el monstruo no es el bruto Donald, el monstruo es la clase dominante (con su ideología dominante, circunstancia fundamental) de un país que con el 4% de la población mundial  se arroga el derecho de intervenir en cualquier lugar del planeta si considera que están amenazados sus intereses hegemónicos. Quieren que veamos a Donald como un pistolero loco que, acariciando sudoroso el gatillo atómico, nos llevará a una guerra mundial. Puedo pecar de inconsciente y quizás algún día me horrorice, pero no creo que vaya a haber un conflicto abierto y generalizado entre las grandes potencias con, al menos, centenares de millones de muertos. No. La barbarie capitalista, con o sin Trump (si quiere romper la cuerda que le ata), se seguirá administrando en dosis dolorosas para los humildes, pero sostenibles para la especie.

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