martes, 6 de junio de 2023

El shock de Pedro Sánchez o una convocatoria electoral inesperada

Creo que no es osado por mi parte definir con el término usado en el título el efecto que buscó el presidente del gobierno con la convocatoria anticipada de elecciones generales para el 23 de julio. Nuestro donjuanesco presidente dejó estupefactos a los palacios, las cabañas y los claustros. Don Juan Tenorio sigue recitando altivo que “en todas partes dejé memoria amarga de mí”. Un José Zorrilla redivivo, de ultraderecha, seguro que entre la memoria y la amargura introduciría un término tan caro al facherío nacional como falso: socialcomunista.

Quienes me hayan leído saben que me gusta el “palo” de la ironía, principalmente en defensa propia. Y en defensa propia antifascista siento yo que está la clave electoral del 23 de julio. 

Una aclaración: me fastidió la utilización por Pedro Sánchez, en su comparecencia ante el grupo parlamentario socialista, de un concepto combinado que surgió en el seno de la izquierda transformadora y que he utilizado en algunas ocasiones: la ultraderecha y la derecha ultra. Estamos acostumbrados a la súbita izquierdización del PSOE en campaña electoral, pero el amigo Sánchez ha arrancado fuerte y poco le faltó para ponerse coleta, ahora que el original se la cortó, denunciando a los presentadores y opinólogos de derechas que copan las parrillas televisivas y que, en palabras suyas, no representan a nadie. En realidad hacen algo mucho más importante que representar, renuevan y crean, atizando constantemente el fuego con ciertos conceptos fuerza como ETA, los okupas o la unidad de España, algo valiosísimo para la clase dominante: una ideología muy conservadora. Y creo que ante el 23 de julio el ataque será enjundioso. Un ejemplo visto por mí. En casa, por inercia, tras poner el rosco de Pasapalabra en la programación a la carta, suelen aparecer los primeros minutos de Vicente Vallés, el periodista de derechas que presenta el telediario de la noche de Antena 3. El arranque del viernes 2 fue “glorioso”. La primera noticia hablaba de las tensiones existentes en la negociación para lograr una candidatura unitaria del espectro que habitualmente situamos a la izquierda del PSOE. Los recados implícitos de Yolanda Díaz a Ione Belarra e Irene Montero alabando el paso al costado de Garzón, una persona que ha sacado alguna ley importante como la de las casas de apuestas, pero con un perfil político bastante bajo toda la legislatura. Que resalte las tensiones de la izquierda el telediario de un canal marcadamente derechista me parece esperable y lógico, lo que me sorprendió, porque nunca lo había visto, es que para reforzar el tema de las diferencias, el "enemigo" Vallés hablara de que una "guardia de corps" tuitera de Podemos había puesto a caldo a Yolanda. Sí, la opinión de algunos habitantes del "país de twitter" (donde ves especímenes de todo tipo y hay muchísima gente acodada en la barra del bar con el palillo en la boca diciendo simplezas, y personas, bastantes menos, que reflexionan y fundamentan sus posturas) como ingrediente de apertura de un informativo nacional en hora punta para seguir socavando la delicada posición de la coalición de gobierno.

Imagino que en el marco de ese ataque nos espera una ración doble de ETA. Por cierto, magnífica la campaña que le hizo Ayuso a la coalición EH Bildu (sí, se puede estar en coalición y tener un debate y una convivencia sanas) que ha tenido los mejores resultados de su historia. Ella y sus asesores eran conscientes de que beneficiaban a la izquierda abertzale, pero su objetivo era la mayoría absoluta en Madrid, único lugar donde VOX perdió escaños porque la ultraderecha ya gobierna. El efecto positivo para el PP de la intervención de Ayuso en Euskadi se reflejaba también, salvo en Cataluña, el otro territorio irredento, en el resto del estado.

Pero quería seguir con el tema de la unidad. Hace unos días hubo, vía artículos, una polémica entre Ignacio Sánchez Cuenca, profesor de Ciencias Políticas, y el periodista Miguel Mora, ambos miembros del Consejo Editorial de la revista de izquierdas Contexto. No, no voy a glosar aquí los argumentos en debate. Miguel Mora decidió no contrarreplicar, acabar la controversia aduciendo que no era tiempo de disputas cuando “los nazis están aporreando la puerta”. Y yo me he sentido impelido por esa frase que quizás es algo alarmista pero que nos hace recordar que el gobierno que vendrá puede cabalgar a lomos de VOX. Y percibo en las envalentonadas derechas cierto jolgorio anticipado. Ya no es que pueda ganar el partido fundado por los siete ministros de Franco  de los que ahora se acuerda Pedro Sánchez. El problema es que los admiradores de Franco en la intimidad llegan del brazo de los fascistas declarados, los que reivindican sin ningún complejo al líder de La 18 de julio, la banda terrorista más criminal de siglo XX español, esa con más de 100.000 víctimas aún en cunetas y cuyos victimarios jamás fueron juzgados ni pasaron 5 minutos en la cárcel. Tengo que hacer uno de mis incisos (este puñetero callejón está lleno de recovecos), me irritó bastante el tema de los ex militantes de ETA en las listas de EH Bildu. Y que conste que puedo entender el malestar de las víctimas y familiares, pero aquí se permitió que toda una policía y gran parte de la judicatura, que apuntaló durante 40 años a La 18 de julio, de un día para otro fueran incólumes demócratas. Alguien me espetará que vileza con vileza no se tapa (aunque en España ya sabemos que vilezas quedan siempre impunes). Y yo le diré el matiz. Un matiz esencial. Esas personas que concurrían en la listas de EH Bildu han sido juzgadas por sus acciones y han pasado muchos años en la cárcel, circunstancia que no se dio con represor fascista alguno. O sea, desde el punto de vista de la ley (el profesor de derecho constitucional Javier Pérez Royo, cuando salió que los implicados en atentados comunicaban que si eran elegidos no tomarían posesión, mostró su desacuerdo explicando que la cárcel no decreta la muerte legal una vez cumplida la condena) esas personas tienen perfecto derecho a presentarse, el mismo que tienen otras personas, porque consideran que gente que optó por la lucha armada o el terrorismo no son moralmente adecuadas, a no votarles. Quiero citar para mostrar el calado de este asunto tres nombres: Nelson Mandela, universalmente reconocido como ejemplo de lucha contra el racismo fue presidente de Sudáfrica y tiene hasta un instituto con su nombre en Tafira; Pepe Mújica, ex presidente de Uruguay y voz escuchada y dotada de autoridad moral por un amplio espectro de la izquierda mundial; Martin McGuinness, menos conocido, fue viceprimer ministro de Irlanda del Norte en representación del independentista Sinn Fein en un gobierno de coalición con el líder unionista Ian Pasley. Los tres en su pasado tienen un elemento en común: militaron en puestos de responsabilidad en organizaciones que practicaron la lucha armada. Nelson Mandela fue el principal líder del Congreso Nacional Africano y fundó su brazo militar La Lanza de la Nación;  Pepe Mújica fue dirigente de los Tupamaros, guerrilla urbana uruguaya de los 60 e inicios de los 70; Martin Mcguiness fue jefe militar del IRA (Ejército Republicano Irlandés), organización que entre otras actividades voló un yate en el que navegaba Lord Mountbatten, último Virrey de la India y primo de la reina Isabel II, con la que el propio MacGuinness tiene una foto, ambos sonrientes, de su etapa de viceprimer ministro. Hay muchos casos similares. Simplemente invito a que la invocación a palabras tabú como violencia o terrorismo no nos impida la reflexión, el análisis y la luz de la historia, que tampoco es escasa en penumbras y densas oscuridades.

La convocatoria electoral, desde la posición de Pedro Sánchez está bastante justificada porque creo que si alguna posibilidad de contraofensiva, tras el golpe electoral de las municipales y autonómicas,  tenía el PSOE, era la sorpresa en el sentido de descolocar, aunque sea tambaleándole la agenda, al adversario (y ver de paso los votos que puede captar del socio caído), no cederle una serie de meses para que las grandes terminales mediáticas conservadoras, unidas al ala más derechista del PSOE, fueran fortaleciendo al bloque de la ultraderecha. A esos que prometen derogar de inmediato leyes como la de Memoria Democrática. Y lo harán, no olvidemos que eliminaron del cementerio de La Almudena, sin complejo alguno, las placas donde se recordaban los nombres de los 2.934 fusilados en Madrid por La 18 de julio entre 1939 y 1944. Lo hicieron aduciendo que había que recordar a todas las víctimas de ambos bandos, equiparando al gobierno legal de la Segunda República con los militares sublevados con la connivencia de monárquicos y fascistas. Y esa idea sigue preponderando, por eso España no es un país antifascista. Aquí, casi se equipara, fruto de la democracia parida por el régimen terrorista de Franco (él reinstauró la dinastía que detenta en exclusiva la jefatura del estado), el fascismo y el antifascismo como posiciones igual de indeseables. 

Por cierto, imagino que como plan de choque inicial para que la economía no naufrague reducirán el salario mínimo a unas cifras más razonables rebajando esos inasumibles para el empresario 1080 euros, fruto del nocivo bolchevismo podemita. Algo similar creo que pasará con las pensiones: después del 8,50% de subida tendrán que venir años de un espartano (ajuuuuuuummmm que dirían los 300) 0.25%. También me pareció un disparate la “nacionalización” vía ERTE de los salarios en lo más crudo de la pandemia.  Eso fue una medida, se los digo yo, que se aproximó peligrosamente al socialcomunismo. Y encima nos encierran coartándonos la libertad y tal vez evitando la muerte de miles de personas. Casi como si fuéramos súbditos de China, ese país que con una población 25 veces superior a la española, fruto de su intolerable falta de libertad, tiene el mismo número de fallecidos que el estado español por la pandemia: 121.000. Tampoco, se me olvidaba, deberían prolongar una medida instaurada por el gobierno de coalición para este 2023: la gratuidad del transporte público terrestre, circunstancia, que yo recuerde, absolutamente inédita.

No quiero dejar de mencionar, abandonando la clave irónica, la Ley del solo sí es sí objeto de una campaña brutal, reduciéndola a una hipotética puesta en libertad masiva de agresores sexuales y obviando que poner en el centro de la ley el consentimiento era esencial. Seré claro, todo agresor sexual acaba saliendo a la calle, creo que las reducciones de penas fueron en algunos casos de pocos meses. Lo importante son los sistemas de protección y derechos que te ayuden a paliar esa desagradable situación, no sólo el punitivismo, que es en lo que se ubicó el foco. Ese contador mortal que día a día sacaban las teles y que importantes juristas decían que no era inexorable, sino, como casi todo en el ámbito jurídico, interpretable, ha sido un ariete contumaz y efectivo para debilitar a Podemos, formación sobre la que quiero hacer algunas reflexiones específicas.

El 28 de mayo por la noche, cuando afloraban los resultados, muchas bocas empezaron a curvarse hacia arriba con la satisfacción del que ha esperado largo tiempo ver pasar por delante de su puerta el cadáver del más detestado enemigo. 

La satisfacción de la derecha era lógica. Han trabajado muy duro con la contribución de policías, jueces y bastantes medios,  y aunque ya en el 2019 empezó a dar sus frutos (35 diputados, la mitad de 2016) la  alegría del desgaste se vio emborronada por la audacia de Pedro Sánchez que pactó un gobierno de coalición con Unidas Podemos. Ahora, sin embargo, el trabajo de demolición de Podemos parece casi culminado. Divididos o, aunque sea a la fuerza y mirándose de reojo, unidos, creo que la denominada izquierda transformadora volverá a los parámetros en que se manejó siempre Izquierda Unida. Incluso con un liderazgo tan potente como el de Julio Anguita el tope fueron 2.600.000 votos en los años 90. Podemos en 2015 y 2016 pulverizó esa barrera superando los 5 millones de votos y amenazando al PSOE que sólo les ganó por unos pocos cientos de miles. El estable mapa electoral español de décadas, con el turnismo PP-PSOE, se veía amenazado por una irrupción volcánica. A este terremoto en el tradicional campo de la izquierda, se añadía que el PP cada vez tenía una situación más peligrosa por sus múltiples casos de corrupción y se creó, impulso oligárquico mediante, Ciudadanos, ya amortizado, por si el pilar derecho del edificio político español se derrumbaba estrepitosamente. 

Y, sin embargo, pronto empezó, cuando estaban en el cénit, a labrarse el fin de Podemos con dos factores determinantes y un evento personal pero erróneo: el ya citado ataque frontal coordinado, graves disensiones internas que desde fuera parecen en buena medida fruto de egos potentes que han ascendido meteóricamente y, elemento subsidiario pero laminante, alguna decisión personal que cuestionaba el propio discurso con el que has logrado el favor de parte del electorado.

No tengo dudas de que el elemento fundamental ha sido el primer factor. Siempre acusan a Pablo Iglesias de que está obsesionado con este asunto. Tal vez. Imagino que lo personal nunca es desechable. Y que quizás, intuyo que seguidor de Silvio Rodríguez, puede verse  reflejado en el verso de la canción Días y flores que tras enumerar múltiples rabias culminadas con un “coño paciencia paciencia”,  sintetiza en “la rabia es mi vocación”. Pero la realidad, rabias aparte, le da la razón a Podemos: la persecución ha sido inmisericorde y el famoso audio de Ferreras y Villarejo donde el primero habla de lo burdo del montaje sobre una cuenta de Pablo Iglesias en Granadinas, pero que él “va con ello”, es una demostración palmaria de una conducta criminal. Y no, no me paso. Fíjense que estamos hablando de alguien que tiene una poderosa tribuna diaria que, más allá de sus espectadores directos, se replica por otros medios. Esa persona da una noticia que a ciencia cierta, pues la  califica de burda, sabe falsa. No es que te cuelen un gol, no. No es que tengas legítimas posiciones de derechas, es que vas a dar una noticia que sabes que es un montaje hecho para perjudicar a una formación política que preocupa al poder. Y eso no tiene nada que ver con la libertad de expresión que nunca debe confundirse con la libertad de difamar o de construir artefactos falsos para destruir. Otro ejemplo de que el frente mediático manipula cada día sin pausa: El Mundo informa de que los diputados que tras perder el escaño quieran quedarse con el móvil puesto por el Congreso deberán pagar 1.500 euros. La foto ilustrativa de una noticia que en el fondo hace referencia a los diputados como portadores de privilegios presenta, por supuesto, a Ione Belarra e Irene Montero en sus escaños mirando sus móviles entre los 350 diputados que en algún momento habrán hecho lo mismo. La máquina no para nunca. Y ha logrado sus objetivos. Objetivos a los que el propio espacio contribuyó cuando, desde una hora muy temprana, comenzaron con las disensiones internas que han dado lugar a múltiples divisiones y a una mirada desconfiada de buena parte de su electorado potencial. En último lugar, un dirigente que hace un discurso de “siempre voy a vivir en Vallecas” no puede al cabo de pocos años mudarse a un chalet a la sierra madrileña. Eso, con toda lógica, lo van a usar tus enemigos, que no pueden acusarte de corrupto pues lo adquieres con tu dinero y el de tu pareja, pero sí de incoherente con lo que tú defendías hace un rato cuando señalabas al político de derechas que se compraba un ático de 600.000 euros. Y sé que esto último en la hora presente es muy viejo y amortizado, pero cuando estás bajo fuego enemigo la coherencia es un escudo básico y creo que siendo una cuestión menor tuvo su incidencia. Y hablo del tema porque el propio Pablo Iglesias, probablemente sabiendo la trascendencia y la munición que daba, sometió en su momento, por ese asunto, su cargo a ratificación de la militancia.

Como decía más arriba, hay mucha gente, a derecha e izquierda, feliz con la debacle de Podemos. A los de la derecha nada les digo: enhorabuena, tienen casi restaurado el bipartidismo y, tras las elecciones, si gana el PPVOX, se recompondrá un PSOE más derechizado (sospecho que todo el espectro político dará otro pasito a la derecha). A los súper revolucionarios de los que en algún momento hablaba Fidel Castro, y que caracterizaban a Podemos como la organización que vino a paralizar las luchas sociales y frenar una situación casi prerrevolucionaria, decirles que estén satisfechos, el reformismo ya no estará para distraer al pueblo del camino correcto. El camino, si es que alguna vez estuvo cerrado, queda abierto, no va a haber ningún elemento, salvo la policía y otras entidades conformadas para tal efecto, que ejerza de tapón para las luchas sociales que vendrán. No obstante, recuerdo que en lo más duro de la crisis, cuando Podemos no existía y el PP usaba cada Consejo de Ministros para podar derechos, malamente, con una participación muy discreta de los trabajadores, se realizaron, en 2012, sin afán de lucha continuada, un par de tímidas huelgas generales que en sí mismas fenecieron.

Quizás sea un deseo primario, pero me gustaría mucho, aunque sé que un gobierno con el PSOE, ahí está por ejemplo la no derogación de la Ley Mordaza, siempre tendrá múltiples limitaciones, joder el 23 de julio, desde una amplia movilización antifascista, la anticipada satisfacción que supura la ultraderecha. 

Para acabar, celebrando que la Universidad de La Habana ha otorgado el título de Doctor Honoris Causa a Silvio Rodríguez, pongo aquí la citada Días y Flores (la rabia).




jueves, 18 de mayo de 2023

La Unión Deportiva Las Palmas

Este no es un blog, huelga decirlo, que verse sobre temas deportivos. No obstante, dudo que hablar de fútbol sea hacerlo exclusivamente sobre un deporte. En otras geografías quizás podría aplicarse lo mismo a otras disciplinas deportivas aunque no cabe duda de que ninguna tiene la penetración global del fútbol. En un descampado con una pelota desgastada y cuatro piedras tienes un campo de juego y dos porterías. Así era, por ejemplo, en mi barrio, Buenavista, en los 60 e inicios de los 70 en un terreno que pocos años después fue otro bloque de viviendas. Y el faro que nos iluminaba a aquellos niños se llamaba Unión Deportiva Las Palmas, ese equipo que ahora mismo está abusando de la paciencia de unos confabulados, a su favor, dioses del fútbol. Un equipo cuyo nombre es reflejo fiel de sus orígenes, pues esa “unión” que encabeza su nombre es la de los cinco clubs que aparecen dentro de su escudo y que dieron origen a una entidad superior que pudiera competir a nivel nacional. Es un nacimiento hermoso que implicó el sacrificio de otras formaciones que, sin desaparecer, ya solo podrían competir en el llamado fútbol base. Ese equipo, fundado en 1949, se convirtió, siguiendo las palabras del escritor Manuel Vázquez Montalbán sobre el Barça, en una especie de ejército desarmado de Gran Canaria, era la representación más destacada de nuestra isla, un símbolo que nos convocaba a todos cada 15 días en el viejo Estadio Insular como fuente de posible alegría y autoafirmación. Durante bastantes años los componentes de la plantilla, salvo los porteros, fueron todos canarios, incorporándose después los oriundos y un par de extranjeros, casi siempre sudamericanos por la similitud con la idiosincrasia técnica del fútbol canario. 

Siempre recordaré a mi madre, como la inmensa mayoría de mujeres de su época ajenas al fútbol (hasta los años 80 ó 90 ibas a los partidos y casi te sorprendías cuando en aquel mar de hombres veías a una mujer, por supuesto, siempre acompañada de su pareja masculina), preguntándome “cómo quedó Las Palmas”. Y no puedo evitar pensar, seguro que sacando los pies del tiesto, que hasta aquella mujer ajena a la pelota sentía que el “equipillo” era nuestro estandarte de isla perdida en el Atlántico que, sobretodo a fines de los 60 y en los 70, tenía un fútbol diferenciado, que el citado Vázquez Montalbán en algún artículo en El País definió como pausado, lento y envolvente para un rival que a veces, no muchas ciertamente, al menos en la península, quedaba cuasi hipnotizado y derrotado.

La Unión Deportiva, cuando publico este texto, está en la vorágine, en ese tobogán de emociones que está siendo la lucha por el ascenso. Yo no voy a hablarles, ustedes lo imaginarán, de jugar mejor o peor, aunque, desdiciéndome rápidamente, déjenme decir algo sobre jugar bien o mal. El domingo 14 de mayo, a la misma hora que la UD nos dejaba mohínos por su empate con el Villarreal B, el equipo al que, fruto de mi antimadridismo, sigo como segundo tras Las Palmas, el Barça, ganó, con cuatro jornadas de antelación y unos números impecables, el título de liga. Sin embargo, no me gusta dejar la capacidad crítica olvidada en un altillo. En muchos de sus enfrentamientos a mí el fútbol del Barça me ha aburrido soberanamente y si veo un partido me gusta que gane el equipo al que sigo, pero no al precio del tedio, de la ausencia de una jugada decente que convierta el fútbol en una pequeña delicia que mereció un maravilloso libro de Eduardo Galeano llamado El fútbol a sol y sombra. Si el objetivo es sólo el triunfo y el camino no importa con enterarme del resultado al final tengo bastante. Lo siento, nunca he creído que el fin justifique los medios. Consiguió el objetivo, eso es impepinable. Alegría desbordada y celebración. La que sentiremos y haremos si la UD logra el ascenso, pero conviene ser crítico siempre, no ceder, aunque la pasión te acompañe, a la tentación de comulgar con ruedas de molino. Y pondré como ejemplo al equipo que siempre quiero que pierda: el Real Madrid. Sería un necio si no admirara su fe absoluta hasta el final del partido, esa cabeza alzada, sobretodo en Europa, cuando muchos equipos, casi todos, en circunstancias muy adversas, ya se habrían rendido. Si fruto de ser su enemigo no reconociera esa virtud me sentiría un tipo miserable que no intenta analizar con honestidad la realidad. Y aquí, imagino que lo han percibido, no estoy hablando solo de fútbol, hablo de forofismo vital, un elemento que afecta, en cualquier orden, la capacidad de reflexión. Dicen que, aparte del profesado a los hijos, el único amor permanente e incondicional de nuestras vidas es el de los colores futbolísticos. En el fútbol siempre te piden, y el aficionado la ofrece, militancia incondicional. Y generalmente te la llevas hasta la tumba, pero eso no implica la militancia acrítica, esa que a veces trata al futbolista como una especie de niño pequeño y mimado. Más injustificable aún hacia unas personas cuyos salarios, aunque hablamos de segunda división, están a una distancia sideral del salario medio en el estado español que, según el digital económico Expansión, fue en 2022 de 28.360 euros brutos al año. Según la página Salary Sport la masa salarial anual de los 25 componentes de la plantilla es de 12.142.416 euros. O sea, una media anual de 485.696 euros por jugador que implica unas 17 veces el salario medio del estado. Y ojo, sé que esa media, como casi todas las estadísticas, tiene pliegues tramposos, pues hay un desnivel importante entre unos pocos jugadores y otros muchos. No obstante, hasta el peor pagado gana más que, por ejemplo, los 76.823 euros brutos que ingresa Ángel Víctor Torres, presidente del Gobierno de Canarias. 

Reconozco que viendo los salarios escandalosos del fútbol, mayormente en primera, siempre me he cuestionado, con escasísimo éxito y  mucho menor empeño, la necesidad de desaficionarme. Cierto que, permítaseme la broma, después veo la exhibición del Manchester City en la primera parte del partido de vuelta de la semifinal de Champions contra el Real Madrid y casi propondría al fútbol, cuando es magistralmente jugado, como una de las bellas artes.

En cualquier caso mientras, ya en el ocaso, intento volverme un desafecto, y viendo que la primera división está a la distancia de ganar los dos últimos partidos, o si los dioses siguen encaprichados quizás de un esfuerzo menor, acabo con el cántico de aliento histórico de la grada que ha caído en cierto desuso. Su origen es controvertido, algunos lo sitúan en un aficionado del Marino que vino de Cuba y otros en la simbiosis fútbolística canario-inglesa de inicios del siglo XX. Me refiero al famoso

Riqui Raca

Sin Bon baca, sin Bon ba

¡Hurrá, hurrá, hurrá!

¡Las Palmas, Las Palmas!

¡Y nadie más!


domingo, 7 de mayo de 2023

La persona y la obra (o la invasión de los lectores ultrasensibles)

Creo que ya lo comenté en algún otro texto, a veces el título es un martirio chino y me pone negro encontrar uno que me satisfaga, y en otras ocasiones, las menos, me parece que también lo expresé, en cambio está puesto sin empezar a escribir una palabra. Hoy es de esos casos en que, sin saber muy bien por que andurriales me llevará el callejón y sus ramales, el encabezamiento no me hace pasarlas negras y además pienso que acerté en el blanco.

Quien suela leer mis escritos probablemente estará extrañado con el arranque y la proliferación en tan pocas líneas de tantas alusiones raciales. Está hecho, si el código penal pudiera aplicárseme, con toda la alevosía del mundo. He querido zafarme, aunque sea por un breve párrafo, de las correcciones político-lingüísticas que hoy cabalgan desbocadas, como, perdonen el ripio, negro cimarrón huyendo de la plantación. 

Me ha surgido la idea de algunas noticias que tienen en común el título que lo encabeza: la relación entre la persona, ese ente de pobre carne mortal sujeta a tantas servidumbres, y su obra. Entendiendo por obra un marco muy amplio que abarcaría desde lo artístico y cultural a lo científico e incluso lo tecnológico. La persona en cuestión (y la obra quizás también) puede estar viva o muerta. Entiendo que los vivos tienen posibilidad de defender su labor. Los muertos en cambio, adalides aparte, lo tienen imposible.

Empezaré por los muertos y unas noticias sobre cambiar la literalidad de la obra de algunos autores. Como primer ejemplo tenemos a Agatha Christie. Según El País la editorial HaperCollins eligió una comisión de “lectores sensibles” (sería interesante conocer los parámetros que marcan la sensibilidad o insensibilidad de esos leyentes) que eliminaron y modificaron “referencias étnicas y descripciones físicas” realizadas en sus novelas. O sea, la editorial está reescribiendo algunas de sus obras para adaptarlas a las “nuevas sensibilidades”. Las creaciones de Agatha Christie, como las de cualquier novelista,  son testimonio de su tiempo, una fuente histórica con sus bondades y sus lacras, con el racismo y el clasismo, que son pareja de baile y de los que, no tengo duda, estaría impregnada esta señora. Por supuesto, han eliminado las referencias a negros, judíos y gitanos, ni permitirán decir que un juez tiene el “temperamento de un indio”, desconozco si americano o asiático, que igual son de temperamentos diferentes. No se podrá comparar el torso de una mujer con el “mármol negro” (con el mármol blanco imagino que lo habrían tolerado, aunque puede ser que los comisionados detesten las metáforas en general), ni decir “oriental”, que recuerda al peligro amarillo de los comics o las películas de Fu Manchú de mi infancia. O se elimina una frase donde alguien dice que los ojos y narices de un grupo de niños, que molestan a los que seguramente serán una partida de estirados blancos racistas, les parecen “repugnantes”. 

HaperCollins, o cualquier editorial de cualquier país, tiene derecho a no publicar una línea racista, homófoba, xenófoba o que se salga un milímetro de los hipotéticos valores de la empresa o del canon social imperante, pero a lo que nadie debe tener derecho es a tocar una coma de una obra de quien ya no puede defenderla o, si lo considera pertinente, consentir los cambios. HarperCollins debe ser coherente y renunciar a la difusión de las creaciones de la señora Christie por sus altos principios éticos. No obstante, sospecho que a un nivel no inferior a su rectitud moral está su amor por los pingües beneficios del negocio que es editar a la gran pergeñadora de enigmas policiacos de buena parte del siglo XX. Señores, la congruencia es prescindir de las grandes ventas intemporales de la autora de Diez negritos Lo siento, perdón, en algunos países ya esa novela no se llama así. En Francia le pusieron un insulso Eran diez y en España Y no quedó ninguno, título bastante más siniestro y muchísimo más vulgar que el original.

Con otro autor, este básicamente de literatura infantil no almibarada, Roald Dahl, esta vez extraigo la información del digital catalán El Nacional, está ocurriendo algo similar. Otra comisión de "lectores sensibles", hay peligro de proliferación pandémica, le hace un "lifting lingüístico" que lo va a dejar con menos salero que toda esa pléyade de gente operada que tiene la cara, y sospecho que el alma también, con el tacto y la expresividad del cartón piedra. Veamos: el niño gordo pasa a ser “enorme” (este cónclave de lectores contratados parece que puede ser un poco cabroncete), los enanos de la fábrica de chocolate de Willy Wonka se convierten en “personas pequeñas” (así expresado, resulta indefinido y engloba a los niños). Por cierto, si tiras de este hilo  te cargas El señor de los anillos por la presencia de esas "personas pequeñas" que son  los enanos y  los hobbits. Se vetan términos como feo (todos guapos por decreto) o loco. A Matilda, uno de sus personajes emblemáticos, le impedirán leer al colonialista Ruyard Kipling que además de sobre Mowgli y Baloo escribió La carga del hombre blanco, poema de imperialista sufridor donde describe el sacrificio de los blancos intentado redimir a pueblos, oscuros por supuesto, “mitad demonios, mitad niños”. 

El colofón, según el digital 20 minutos, es Bond, James Bond, el 007 ya no dirá negro, y los "comisionistas sensibles" en este caso alterarán o suprimirán las escenas de sexo como una en la que el agente visita un club de striptease. Quizás desde la comisión de altas sensibilidades lo manden a meditar y recogerse en un convento de carmelitas descalzas, circunstancia que puede ser bastante más perturbadora, como nos muestra desde hace siglos El Decamerón, que un insulso puticlub. 

Ian Fleming Corporations: renuncien a publicar la obra de un autor ya fallecido que creó un personaje machista y con licencia para asesinar (esto en cambio no importa nada, lo vemos con absoluta normalidad), que trata a las mujeres como objetos de usar y tirar y que desprecia cualquier pueblo de tez no lechosa y que no tenga la civilizada costumbre de tomar un té a las cinco de la tarde. Sean consecuentes hasta el final y hagan el sacrificio que les daría credibilidad: abandonen la práctica de hacer dinero con creaciones que según parece les repugnan. A lo que no tienen derecho, insisto, es tocar una palabra de las obras. Como no las tocarían de un ensayo por muy perturbadoras e incorrectas o miserables que fueran las tesis del autor. Simplemente, no lo publicarían.

Un desvío momentáneo, otro más, en el callejón. En lo referido al tema de los negros se ha presentado una polémica curiosa con respecto a una docuserie (esa mezcla de la opinión de sesudos especialistas con un hilo narrativo-creativo interpretado por actores) de Netflix en la que se muestra a la reina Cleopatra como una mujer negra. Especialistas en el Egipto Antiguo han dicho que perteneciendo esta reina a la Dinastía Ptolemaica, fundada en el siglo IV a. c. por un general de Alejandro Magno, era una persona de origen griego y blanca. El problema es que no es una serie de ficción plena sino que tiene partes de documental. Claro, ahí el rigor debe imperar, eso ya no es sólo ficción histórica donde se sitúan en escena personajes reales que accionan, junto a otros inventados, a la conveniencia de la trama y las intenciones del autor. Una aclaración: todo el reconocimiento al sufrimiento de los millones de esclavos negros que durante más de 300 años, entre el siglo XVI y el XIX fueron raptados o comprados por negociantes blancos con la colaboración de reyes, enemigos entre sí, pero tan negros como los capturados. Y esto no es baladí, demuestra que la clase o estrato social, en cualquier época y lugar, es un elemento mucho más determinante que el color de la piel. Ustedes me dirán: si se peleaban tribus vecinas los capturados eran vendidos a los esclavistas todos por igual. Pues no. Al hijo del rey derrotado o de un noble le extraían un beneficio mayor fijando un rescate pues a los traficantes, en las subastas, lo que iban a valorarle era lo sana y fuerte que fuera la "mercancía", no su pedigrí. O sea, los económicamente pudientes recobrarían la libertad. 

Reconocimientos aparte, la raza no te hace bondadoso o malévolo, ni vamos a resarcir una gota del sufrimiento padecido por hacer alteraciones históricas desde una política inclusiva actual, muy en boga en la ficción, donde en algunas series televisivas como Los Bridgerton vemos ficticias sociedades decimonónicas de pudientes multirraciales, pero nunca, salvo con un sesgo negativo, nos enseñan sociedades donde la igualdad racial se acompañe de una mayor justicia económica que nos acerque a una sociedad más igualitaria. Mensaje subliminal: la sociedad de clases, con sus ricos y pobres multirraciales, es irremplazable, y oponerse a ella es algo bienintencionado pero (aquí llega la palabra muro) utópico. Me viene a la mente que en los albores de este siglo una compañera del instituto de Formación y Orientación Laboral hizo unos carteles con su alumnado donde, entre otras expresiones del trabajo humano, se veía una mujer negra empoderada, puño en alto, con un casco de obra. Muy poco tiempo después, con George Bush II, invasor en 2001 y 2003 de Afganistán e Iraq, hubo una mujer negra muy empoderada, cierto que no alzaba el puño y llevaba, aunque solo fuera simbólicamente, otro tipo de casco, uno militar que provocó decenas de miles de asesinados: Condoleezza Rice, halcón militarista del Partido Republicano, que desde la Secretaría de Estado dirigía en esos momentos la política exterior de EEUU.

Abandono el callejoncito y vuelvo al cauce principal. Con otro tipo de creaciones el intervencionismo modificador es más complicado. Me refiero al siempre controvertido territorio de las artes plásticas. Todo el mundo está al tanto del machismo de Picasso y el maltrato al que, según dicen, sometió a todas sus parejas. Creo que quizás habría que ponerle, en honor a las "personas sensibles", que aquí no pueden dar una pincelada que blanquee (oh, perdón), un telóncito al Guernica y que la persona aventurada que quiera ver el cuadro de un misógino tenga la osadía moral de descorrerlo y enfrentarse a la obra del desalmado. Claro, si entramos en el campo de la ciencia la cosa se complica. Cuántos avances cabalgarán a lomos, no de gigantes, sino de auténticos impresentables. Un ejemplo: Fritz Haber, un químico alemán, casi en  paralelo inventó una técnica para producir fertilizantes artificiales a gran escala que ayudaron a combatir las hambrunas, y potenció la investigación de gases tóxicos para, esquivando las trabas legales, usarlos de manera novedosa en los campos de batalla en la Primera Guerra Mundial. Los agentes químicos estaban prohibidos en las armas, pero, haciendo un regate legal, buscaron usarlos mediante bidones en los que el viento fuera el factor expansivo. El mismo hombre repartió en grandes cantidades vida y muerte. 

Entro ya en el autor vivo y su obra. Dos hombres, referentes de la izquierda, han sido recientemente cuestionados por su relación con personas que han trabajado a sus órdenes. Me refiero a Boaventura de Sousa y a Vicenç Navarro. Uno portugués y el otro catalán, han desarrollado su labor en el ámbito universitario en diferentes países. Además están ubicados en el espectro ideológico de la denominada izquierda transformadora. El primero ha sido acusado de acoso sexual y trato abusivo por tres mujeres que trabajaron con él en diferentes momentos. El segundo, fuera de la universidad hace varios años, de trato despótico con sus colaboradores y el personal administrativo. Escritores habituales en las páginas de opinión del digital Público, este medio ha decidido prescindir de la colaboración de ambos. Estos casos son, más allá de lo que las investigaciones determinen, lacerantes, pues ambos son destacados pensadores que han estudiado y denunciado las injusticias que asolan a las clases más desfavorecidas. Es indudable que impacta de manera muy negativa para la causa de la izquierda que dos personas de esa enjundia intelectual en el trato cotidiano a sus colaboradores cercanos o a otras personas en una posición subalterna, quizás hayan actuado con parámetros absolutamente contrarios a sus propias prédicas de justicia social. 

En el citado digital Público Alfredo González-Ruibal ha escrito un interesantísimo artículo llamado La izquierda siempre ha sermoneado. Y hace bien, que viene a colación con este asunto. El autor defiende que en algunos ámbitos se piensa que “la izquierda se ha vuelto moralizante y puritana” mientras la derecha “defiende la libertad moral y el hedonismo”. Bien sabemos que ahora la palabra libertad es el tótem electoral de la derecha. Afirma González-Ruibal que “los movimientos emancipatorios han sermoneado desde que existen”. Y añade algo que comparto plenamente: “la revolución tiene que ser tanto ética como política. Es más, no se pueden distinguir una de la otra”. Habla de que la derecha siempre ha sido, aunque sea de manera implícita, hedonista. Y pone el ejemplo de la Iglesia, máxima autoridad moral en la Edad Media, regentando o dando licencias de prostíbulos, o de los señoritos, burgueses o nobles, violando a sus criadas embarazándolas de hijos de los que se desentendían. El autor lo enmarca en algo bastante conocido: la hipocresía burguesa. Así, expone que la izquierda criticaba el derecho de pernada y defendía a quienes sufrían unas relaciones sexuales o unos abusos que son sobretodo unas “relaciones de dominación”. También hace referencia a las críticas de quienes querían cambiar el mundo, al alcoholismo que devastaba los barrios obreros y abotargaba las conciencias. Siempre, añado yo, recuerdo ver cartelería soviética criticando el consumo excesivo de bebidas espirituosas y recomendando hábitos saludables.

La noticia de Boaventura y Navarro muestra dos elementos de los que habla el texto de González-Ruibal: la hipocresía burguesa de no practicar en mis relaciones cotidianas la justicia  que defiendo en mi actividad pública y, por otro lado, que la esencia del abuso siempre viene de las posiciones de poder. Fijémonos en que el señorito lo tenía muy fácil para atropellar a una criada analfabeta que teme caer a un nivel de explotación, la prostitución, aún peor. Sin embargo, quienes denuncian a Boaventura o en su momento a Plácido Domingo o en términos de abuso laboral a Vincenç, son personas del siglo XXI con alta formación que lo han hecho después de pasar años de los supuestos hechos. La posición de inferioridad que implica la posible pérdida del trabajo alimenta los silencios. El poder casi siempre es la clave en cualquier ámbito y, reitero, desde la izquierda, por justicia y moral, nos oponemos, como esencia de nuestra ideología, a las prácticas abusivas. Estas prácticas basadas en el escalafón ni siquiera son uso exclusivo de los hombres. Eldiario.es ha informado de que la Universitat de Barcelona propone apartar de sus funciones a Margarita Díaz-Andreu, prestigiosa arqueóloga y premio nacional de investigación de 2021, tras  ser denunciada en diversas ocasiones por acoso laboral, mayormente a mujeres.

Quiero hacer una última consideración, quizás polémica, acerca de si el oprobio, que si se demuestran las acusaciones puede caer sobre la persona, debe transferirse a su obra. Mi opinión es que no. Las aportaciones de Navarro al estudio de la estructura social de la España de Franco y sus artículos sobre actualidad tienen el mismo valor que antes de enterarnos de esta noticia. Esto viene a enlazar con el arranque de este texto. Cierto que aquí la situación es inversa a los casos mostrados al principio: los textos no plantean dilemas por expresiones incorrectas de personas ya incuestionables por estar muertas y, en cambio, sería la mala praxis de los autores con sus subordinados la que cuestionaría su obra, no las ideas que esta transmite. Aquí no cabe modificar párrafos o palabras, son escritos del ámbito científico de las Ciencias Sociales que no aumentan o disminuyen su valor en función de la catadura moral de sus autores. Para ellos, personas físicas, el castigo que sea menester, como para sus posibles víctimas la reparación pertinente, pero sus obras, si son valiosas, deben perdurar.


Nota: 

En todos los artículos de este blog está operativa la posibilidad de expresar quien lo desee su opinión que siempre será respetada, en el sentido de no eliminada (como para hacerlo después de marcarme este rollazo), salvo que surja el insulto. Una vez, al principio de la singladura de este callejón allá por 2011, un señor, amable, al ver mi manera de pensar me escribió una lista con los precios de los pasajes a Cuba, Corea del Norte, China, etc. En donde él la ubicó sigue. No recuerdo bien y temo la memoria reconstructiva, pero creo que hasta se lo agradecí.

lunes, 1 de mayo de 2023

Contradicciones nocturnas

1

Y habrá noches

de tiranías interminables

donde imperará la licuefacción.

Retornarán (para morir) los saberes

carceleros de la amnésica memoria

emboscados tras las curvas

donde la matanza de los amantes,

bello claroscuro,

alumbra y alienta el mundo.


2

Ya pasó el tiempo

de salir una noche

y camuflado en reverberantes sombras,

con paciencia orfebre

hallar la tesitura perfecta,

nudo y camino,

entre la voz elegida,

unas sábanas revueltas

y un olvido para toda la vida.


domingo, 16 de abril de 2023

Entre la libertad y las libertades

En mi último texto esbozaba algún apunte sobre el tema de la libertad, tan controvertido como inabarcable. Tengo la impresión de que, como casi todos los conceptos abstractos, es un término absolutamente multiforme y por lo tanto, perdónenme los grandes tratadistas, en esencia, vacuo. Simplemente sirve como arma, o bien arrojadiza o bien oblonga espada esgrimida por muchos que con lo abstracto evitan las mojaduras de lo concreto. Alguien que me conociera, quizás camarada en los años juveniles, podría espetarme: tú mismo, que ahora la tratas con cierto desdén, luchaste en el tardofranquismo por esa libertad. Y tendría que matizarle que el combate era por unas libertades políticas que implicaban las de expresión, reunión, asociación y manifestación entre otras libertades alejadas de lo abstracto y materializables en el mundo de lo concreto. Por cierto, uno de mis habituales incisos privilegio de mi callejón, acabó de leer un libro de Eduard Márquez, híbrido enmarcable en el terreno de la crónica, llamado 1969, que refleja a través de múltiples documentos y testimonios particulares ese año, el trigésimo después del triunfo total del fascismo en 1939, en la provincia de Barcelona. Es muy recomendable para aquellos que piensan en un régimen en el que, aherrojadas las libertades políticas, había casi plenas libertades sociales. Un dato: se necesitaba permiso gubernativo para la realización de cualquier acto que implicará la reunión de personas, por ejemplo, y está el documento, la fiesta de celebración de una boda la autorizaba el omnipresente señor gobernador civil. Abundando, irónicamente, en el clima de libertad, el arranque del libro es un estado de excepción, fruto de una algarada universitaria en enero de ese año, que culminó con el vuelo de un busto de Franco del despacho del rector de la Universidad de Barcelona a la calle. Hecho el inciso de rigor me permito seguir y explicar que la lucha por libertades concretas nada tiene que ver con esa necedad de combatir por la libertad en términos absolutos aunque como fruto dé cuadros tan hermosos como el de Delacroix. Inolvidable el desprecio intelectual de Ayuso a sus votantes enviándoles a su casa un programa electoral compuesto de esa única palabra. Y digo que no tiene nada que ver porque luchar por libertades colectivas concretas implica, también lo esbozaba en el texto anterior, aunque suene contradictorio, establecer prohibiciones. Sí, muchas libertades necesitan prohibiciones. Y vuelvo al ejemplo de la educación. Durante el franquismo en Canarias, y en España, miles de niños y sobretodo niñas no pisaron un colegio en su vida o pasaron fugazmente por él. Esa libertad, que muchas veces también era necesidad, de unos progenitores para no enviar a su vástago al colegio había que prohibirla (en una serie sobre Miguel Hernández se ve a su padre pastor llevárselo del aula ante la desolación impotente de un maestro bienintencionado pero ante el que yo me pregunto si habría actuado igual si el niño no estuviera "tocado" por el hálito poético) porque, en esto soy martiano, creo que ser culto es, no sé si el único, pero sí uno de los principales modos de acercarnos a ser libres.

Estremecedora es la libertad salvaje que defendía el recientemente fallecido Fernando Sánchez Dragó cuando planteaba la desaparición de la sanidad y de la escuela públicas (no me lo invento, está un vídeo en YouTube de algo más de dos minutos donde lo expresa de manera contundente) alegando que cada ser humano debe ser responsable absoluto de sí mismo sin que nadie, léase el estado, intervenga. Eso, lo siento, no es defender la libertad, eso es defender la posibilidad de que unos seres humanos, que siempre nacen en unos marcos sociales determinados que condicionan su vida, tengan derecho, si la fuerza y el poder les asiste, a depredar a otros. Jorge Bustos, subdirector del periódico El Mundo, escribió un tuit donde dice: “No es fácil vivir 86 años haciendo lo que uno quiere, desafiando los límites puritanos de las convenciones, apurando una libertad de pensamiento y expresión crecientemente amenazada (…)”. Bustos se abstrae, como hacía Sánchez Dragó, del ser social que, no negando yo nuestra capacidad de luchar, sobretodo colectivamente, por mejorar los designios sociales de clase, a muchas personas marca casi desde la cuna. Y la carga de profundidad de Bustos, que en 2017 declaró que preferiría “un gobernante corrupto a un comunista en el poder”, es la que hace referencia a “la crecientemente amenazada libertad de pensamiento y de expresión”. Es la gota malaya que la derecha nacionalista española intenta que horade los pensamientos más propensos a la simpleza. Esa derecha españolista, Bustos es uno de sus intelectuales importantes en el sentido de su capacidad de crear opinión a través de las tertulias televisivas, reclama libertad ante la amenaza del gobierno socialcomunista pero, paradójicamente, estoy convencido de que no votaría a favor de la eliminación del Código Penal del artículo 525 que establece como delito "la ofensa a los sentimientos religiosos". Y esa ofensa, que sea por la actuación carnavalera de un Drag Queen o un programa de humor, aparece cíclicamente como objeto de debate, ha adquirido enorme notoriedad esta semana a raíz de una parodia, realizada por el programa Està Passant de TV3, sobre la Virgen del Rocío. Es un caso curioso, pues aquí los alarmados por la deriva autoritaria del socialcomunismo patrio ponen el grito en el cielo aunque donde querrían mandar a los humoristas es al infierno. Se dice que la escena es también xenófoba porque parodía el acento andaluz. Bustos publica un texto que se titula, con manejo de la ambigüedad, Se busca bufón para Cataluña. El amante sufriente de la libertad de expresión y de pensamiento en este caso muestra su desagrado con el libre albedrío de un programa de humor del que no se cuestiona su mayor o menor calidad. La organización Abogados Cristianos, que seguro percibe al gobierno como un liberticida, en su empeñada y espero estéril lucha, ya ha denunciado ante la justicia a las tres personas perpetradoras de la para ellos intolerable ofensa. Casi todo evento que se mueve en el ámbito de las emociones gusta, a veces hasta la adoración, o desagrada incluso hasta la repugnancia, pero sigo sin comprender porqué una creencia religiosa, lo divino siempre habla  por boca de lo humano, es más defendible que una creencia de cualquier otro tipo. Nadie entendería un artículo en el Código Penal que persiguiera la ofensa a los sentimientos científicos. Claro, el problema es que la ciencia carece de sentimientos y necesita de algo que se supone la hace avanzar, el debate intelectual y, crucial, la demostración empírica. Y sé que un gag no es debate intelectual pero sí es libertad de expresión, como cuando la propia TV3 imitó a la Moreneta protegiendo a su niño ante los abusos de la pederastia eclesial. Por cierto, El País lleva un contador de los casos de pederastia denunciados en España. Dice que han salido a la la luz 953 casos y 1802 víctimas. El tamaño de la afrenta a cualquier divinidad, hay tantas como culturas y civilizaciones, siempre a demasiada gente le parece mayor que el abuso hacia los débiles. Y eso a mí me pone en entredicho la espiritualidad de quienes sitúan una imagen o una creencia por delante de la cruda realidad de una vida marcada por los abusos o por carencias en las necesidades básicas. El otro día, no recuerdo dónde, leí que Julio Anguita en una entrevista, preguntado por la libertad, dijo que es aquello a lo que nos podemos alongar  cuando se tienen techo y comida estables. 

No quiero olvidarme de un clásico que surge siempre que hay polémicas con la religión católica. “Con el Islam o con Alá o Mahoma no te atreves”. Son unos lumbreras: como pueden existir grupos en el seno del Islam que realicen atentados por burlas a sus símbolos sagrados yo, humorista, solo tengo dos alternativas: o hago bromas con todas las religiones aunque arriesgue la vida o me callo con todas. Nadie tiene ni la obligación de ser un héroe ni de autocensurarse por completo. Parece que algunos sectores de la derecha echan de menos la existencia de la Santa Inquisición. Criticar las creencias religiosas es una conquista del poder civil ante un poder religioso durante muchos siglos omnipotente. El Està Passant ha hecho humor con los imanes de la religión islamica, pero no con Mahoma, eso debería ser un orgullo para los católicos, pues hablaría muy bien de su tolerancia. Protección y respeto a las personas y debate y controversia (y humor) para las ideas y las creencias. Sobre ese "coco" llamado integrismo islámico reiterar una idea que he expresado en otras ocasiones: la mayoría de las organizaciones políticas árabes de masas que lucharon por la independencia y accedieron al gobierno de sus países eran laicas. El fortalecimiento de las organizaciones integristas lo llevó a cabo el país que tiene como lema nacional oficial el cristianísimo In God we Trust (aunque es mentira, creen mucho más en la fuerza militar), los Estados Unidos de América.

Pongo el vídeo de la parodia multirreligiosa, hecha al hilo de la polémica, del programa Polònia.




Espero que no se entienda este texto como una loa a las libertades ahora existentes. Siempre hay que recordar que un rapero llamado Pablo Hasel lleva más de dos años en la cárcel por sus letras, circunstancia inadmisible y que su permanencia en prisión es un oprobio para el gobierno de coalición que, por ejemplo, acaba de indultar a delincuentes comunes a propuesta de las cofradías andaluzas en un maravilloso ejemplo de la separación entre la Iglesia y el Estado. Sin embargo, los que desde la derecha hablan de gobierno amenazante de las libertades no defienden la excarcelación de Hasel. Al revés, seguro que tendría puesto de honor entre los 26 millones de fusilados que harían las delicias de grupo de wasap de los militares ultraderechistas retirados (los que están en activo se callan). Tampoco debemos olvidar en el debe del gobierno, una vez más, la no derogación de la llamada Ley Mordaza.

Hoy, cuando voy finalizando este texto, es 14 de abril, reconozco que cada vez lo conmemoro con más fastidio. Los republicanos actuales no le hacemos ninguna justicia a esa fecha. Estoy convencido que ese 14 de abril, paridor de la Segunda República, querría morir a manos del nacimiento de la Tercera, ese día que nunca hemos puesto en el centro de los anhelos y las luchas, quizás porque en este país somos más de democracias otorgadas por generosos y ponderados padres de la patria o un monarca devenido en vulgar ladrón, pero del que, para nuestra afrenta, nos queda un hijo reinante y una princesa a la que los medios pesebristas y sus tertulias lisonjean y que, asumámoslo, reinará. 

Quizás contradictorio con el desapego frustrado que expreso en el párrafo anterior, acabo citando otro libro, este de Paco Cerdá, que llevo algo más de mediado y que se llama 14 de abril. Radiografía literariamente (me recuerda, le alienta un espíritu similar, al magnífico 14 de julio de Eric Vuillard) esa histórica jornada desde diferentes lugares, acudiendo al atribulado palacio, a la casa del líder republicano burgués colocado ante su hora decisiva, o a las efervescentes y entusiasmadas calles y plazas. También enfoca a los famosos por todos conocidos, como Alfonso XIII ante sus contritos ministros o un lagrimeante ayuda de cámara, un director de la Academia Militar de Zaragoza llamado Franco meditando el perfil adecuado de ese momento, o un jovencísimo Santiago Carrillo transportando a sus 16 años un mensaje fundamental, y, lo más importante, da presencia principal a los anónimos, a los nadies de Eduardo Galeano, algunos de los cuales incluso pagaron con su vida por los disparos de una Guardia Civil que titubeaba ante la marea popular. El lenguaje es preciso y  transmite sobre una jornada de esperanza tan excesiva, algo que me gusta: una emoción serena, contenida.

sábado, 25 de marzo de 2023

Tamames. Pasapalabra. Epílogo francés al hilo de una frase de Yolanda Díaz.

Tamames.

Empiezo a escribir este texto, de antemano nunca sé el tiempo que estaré dándole vueltas, el día antes del inicio de la moción de censura de VOX en la que se postula Ramón Tamames a la presidencia del gobierno. De entrada pienso que es una acción política bastante inocua. Me parece mínimo su impacto en las próximas contiendas electorales del 28 de mayo y de finales de año. VOX dudo que obtenga rédito en el sentido de que su nicho electoral choca por el centro, por la zona donde el imaginario ubica la moderación, con un PP que ya ha pasado sus peores momentos y está absolutamente vacunado contra la sangría electoral de la corrupción. Ese territorio no le penaliza un ápice. Incluso se puede instalar en una arrogancia, lindante con lo desagradable y el desafío, que probablemente lo que hace es afianzar la fidelidad de su grey. Sin ir más lejos, como ejemplo, en un chat del grupo parlamentario del PP en la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso escribió: "La izquierda está acabada. Matadlos". Si eso llega a salir de alguien de Unidas Podemos, organización para la que parece que están vedadas las metáforas que rigen para otros, se habría hablado como mínimo de guerracivilismo o de ofensa a la memoria de las víctimas de ETA durante muchos días. Insisto, creo que el exabrupto mantiene prietas y en disposición de combate las filas. En casi cada texto que escribo incido en la atroz derrota ideológica del espectro, nunca mejor dicho, de la izquierda ante una derecha que, totalmente desacomplejada, impone su desparpajo, su agenda y su visión del mundo. 

Y Tamames, su biografía personal, es un ejemplo de esa derrota que se alarga decenios. Militante durante 25 años del PCE, ha declarado que nunca fue comunista. Sí, esa es una moda actual. Muchos antiguos militantes del PCE proclaman que nunca fueron comunistas, que su militancia tuvo la urgencia de la lucha contra la dictadura y que el PCE, hasta bien entrados los 60 fue, si no el único cauce de lucha, sí, el más pertinaz en combatirla gota a gota en tiempos de extrema y a veces mortal aridez. No olvidemos que el 20 de abril de 1963, 24 años después de finalizada la Guerra Civil, fue ejecutado en Madrid el militante comunista Julián Grimau. O sea, aquí se escuchaba a los Beatles y empezaban a acortarse las faldas e imperar los bikinis en las playas, mientras en la calle tu vida, manifestándote, haciendo una pintada o lanzando octavillas, no valía nada.

Un inciso: este viene a cuento de los perezrevertes y mariovaquerizos  del mundo que dicen que en los años 60 y 70, salvo las políticas, había libertades generalizadas mayores que hoy. Debe ser que existía el divorcio, se podía abortar, no habían leyes que perseguían a los homosexuales, se era mayor a los 18 años, la mujeres casadas no estaban sometidas legislativamente al marido y los niños, suprema libertad la de ser analfabeto, esto sí es real, no tenían la obligación de ir al colegio, libertad en vena, libertad de la buena, libertad que suponía que en 1981 el 16,5% de la población de la provincia de Las Palmas era analfabeta, subiendo esa cifra en las mujeres a un libérrimo 20%.

Vuelvo al cauce: decía, siguiendo a Pablo Milanés, que la vida en las calles no valía nada porque los uniformados podían disparar impunemente. Como muestra acaba de cumplirse, el 10 de marzo, 51 años del asesinato a balazos en Ferrol, durante una jornada de huelga, de dos trabajadores de los astilleros Bazán por la acción asesina de la policía. No quiero enredarlo mucho, pero sí, ser comunista fue una acción de riesgo durante todo el régimen fascista. Y algo más. Sé que el objetivo básico era la lucha por las libertades contra la dictadura, pero creo que cualquier militante comunista, del PCE u otra organización a su izquierda, e incluso socialista, tiene un rasgo esencial: su preocupación por las capas sociales más desfavorecidas de la población, básicamente la clase obrera. Y eso implicaba, al entrar en el PCE u otra organización de izquierdas, la lucha por una sociedad más igualitaria. Es importante recalcar esto porque para mí desaliento observo como muchos de estos antiguos militantes, no es que ya no sean comunistas sino que ya ni siquiera tienen una mínima empatía social. No les queda ningún resquicio de esa preciosa foto en la que el Sábado Santo de 1977, Tamames enarbola, extendiendo al máximo su brazo, la histórica bandera comunista con la hoz y el martillo. Ese brazo extendido al cielo, le guste o no a Tamames, reivindicaba una ideología y una militancia que en su gesto, que ya no es suyo, veía plasmado su sacrificio. Que el mismo hombre de la foto en el discurso filtrado a ElDiario.es censure que el salario mínimo suba a, cifra muy limitada para sobrevivir, 1080 euros, es una catástrofe… para él, para su condición de persona que seguro que se considera humanista. Afirma que eso pone en peligro a muchos pequeños y medianos empresarios. Si una empresa no puede pagar un salario mínimo de 1080 euros a sus trabajadores, sean 2, 10 ó 50 no es viable y debe echar el cierre. Lo que no puede, ni debe permitirse, es que una empresa sobreviva a base de tener a sus trabajadores en un régimen de semiesclavitud. Siempre se alardea desde la derecha de lo maravilloso que es ser español y de la envidia que nos profesan por otros lares. Sin embargo, esas huestes alardeadoras, básicamente la gente de VOX y el PP, cuando se trata de la dignidad de los salarios o la consecución de derechos son gente muda e inerme. Siempre o callan o se oponen aunque luego disfruten o padezcan los derechos logrados o perdidos. 




Este texto lo escribo tomando como base algunos aspectos del discurso filtrado que, según él, no variaría mucho del definitivo. Entiendo que lo mínimo es presentar propuestas que tengan como base la realidad de los datos, sobretodo cuando acudes a la tribuna parlamentaria con aire más profesoral que político. Digo esto porque uno de los puntos que expone en ese borrador es la necesidad de modificar la ley electoral para eliminar la sobrerrepresentación de los partidos nacionalistas. Idea, falsa, que circula, desde hace muchos años, impulsada por los nacionalistas españoles. Tanto al PSOE como al PP en las últimas elecciones de noviembre de 2019 cada diputado le costó algo más de 56.000 votos. A ERC, el grupo nacionalista más numeroso, 67.000. Al BNG, que tiene un único escaño, 120.000 votos, más del doble de lo que necesitaron el PSOE y PP. Los dos partidos nacionalistas canarios (Coalición Canaria y Nueva Canarias), que fueron coaligados, obtuvieron algo más de 124.000 votos. O sea cada escaño les salió por 62.000 votos. Y sé que el tema tiene mucha relación con las circunscripciones provinciales y que se podría debatir la conveniencia de mejorar la ley electoral, pero no utilices  como base de tu argumentación una falacia. Izquierda Unida si estuvo en algún momento muy infrarrepresentada  pues con casi un millón de votos tenía dos diputados. Los datos siempre deben ser reales y a partir de ahí se expone una idea y se debate.

“En la Guerra Civil no hay un lado bueno y otro malo” defiende Tamames. Esto me resulta especialmente lacerante. En España no solo ha habido que aguantar la dictadura fascista más larga (con Portugal) sino la mediáticamente más protegida bajo el manto, que suele usarse para orillar la reflexión, de los crímenes que cometieron ambos bandos. En la lucha contra el nazismo los aliados cometieron grandes matanzas donde murieron miles de inocentes, pero sin justificarlas, eso no resta que era una lucha global y necesaria contra el nazi-fascismo. La guerra y las atrocidades sobre la población civil van históricamente de la mano. Parte del ejército español, brazo armado de la oligarquía, apoyado por falangistas y carlistas y los monárquicos alfonsinos y recibiendo desde primera hora la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista, se sublevó con enorme crueldad contra una República que ya en agosto de 1932, a los 16 meses de proclamarse, sufrió otro intento de golpe de estado: la Sanjurjada. Claro que la Segunda República, como dice Tamames, no fue idílica, sus poderosos enemigos no le dieron ninguna tregua y además, nadie va a negarlo, en un pueblo con enormes déficits sociales históricos había ansias de justicia y visiones y actuaciones diferentes en el marco de la propia República, pero no era inevitable la guerra. Esta se produce porque el golpe fracasa en unas zonas y triunfa en otras, pero no se dejen embaucar, en ningún caso comienza por una ignición ante la calentura del ambiente. Desde que se produce el triunfo del Frente Popular en febrero del 36 la sublevación militar comenzó a prepararse. Lo he dicho muchas veces, pero como sus altavoces mediáticos son mucho más potentes lo reitero. En Canarias, donde no hubo guerra y nunca se quemó una iglesia y la lucha de clases no tenía demasiado encono, se calcula que la represión pudo costar alrededor de 1.000 vidas entre fusilados y desaparecidos. Una barbaridad para una población que apenas superaba el medio millón de habitantes y que dejó una marca de miedo indeleble que se me presenta clara con el recuerdo, ya referido en este callejón, de mi abuela diciéndoles a mi padre y a mi primo en los primeros años de los maravillosos (y sangrientos) 70, cuando hablaban en casa de mi tía en La Isleta, cuando desconfiar era el hábito: “cuidado con los vecinos, bajen la voz, no hablen de política”. Probablemente la abuela del vecino le decía al hijo o al nieto lo mismo.

Moderna autocracia absorbente. De esta manera rimbombante ha definido Tamames al gobierno de coalición. Quien esto escribe se sitúa más en el campo de la decepción que en el del encanto. Ante algunos logros como la subida del SMI o la Renta Mínima Vital veo que la reforma laboral se maquilló muy moderadamente sin recuperar todos los derechos arrebatados. Piénsenlo, es una táctica estupenda de la derecha: hacemos una reforma brutalmente lesiva y después cuando llega el péndulo en forma de PSOE, ahora en coalición con Unidas Podemos, o se queda lo aprobado por la derecha o se reforma en parte, con lo que en buena medida lo retrocedido se consolida. La Ley Mordaza, que Pedro Sánchez se comprometió a derogar íntegramente, sus taxativos tuits lo señalan, a meses de acabar la legislatura, presiones policiales mediante y medicina preventiva ante el improbable contagio del modelo de protesta francés, es probable que perdure. Pero mi desagrado ante la timoratez del gobierno no me lleva al disparate de tildarlo de autócrata, más cuando el supuesto autócrata puede perder el cargo a fines de año y la judicatura ha estado jugando un papel de oposición política que contradice el calificativo de absorbente, en el sentido de engullir, que usa el señor Tamames. Y lo de moderno supongo que vendrá de que no le cuadran como autocracia sanchista los modelos faraónicos antiguos tipo Ramsés II o las satrapías persas.

Dice Tamames que presentarse es un “último tributo” a España. Y yo, casi tan egocéntrico como don Ramón, me pregunto por qué alguna gente puede hacer tributos a su patria y otros discurrimos los días sin tan altas miras. Siempre, siempre hay que estar con el desdeño de Antonio Machado a "los tenores huecos" y con el poema de Beltold Bretch Preguntas de un obrero que lee. Sin gente que cocina o levanta casas, o un maestro y una médica pocos tributos pueden hacerse a la patria.


Pasapalabra.

De Tamames, que fue a concursar para entrar en el inexistente panteón hispano de los hombres ilustres, a otro concurso más mundano pero que despertó mucha más pasión entre la ciudadanía. 

Pasapalabra es un concurso con un preámbulo larguísimo y chorra en el que casi todo el mundo está esperando un culmen llamado El Rosco. El lugar de la sabiduría enciclopédica o, para ser más exactos, de los memoriosos. Y Pasapalabra tiene un héroe, hablar en pasado de él sería un acto casi impío, que responde al nombre de Orestes y podría ser el príncipe amado de cualquier cuento o mitología por su bonhomía, palabra que lo define con exactitud pues creo que su persona transmite la definición textual de la RAE: afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y el comportamiento. 

El problema es que cuando hay un héroe también hay, la vida y su representación lo necesita, un antihéroe. Y ese papel le ha tocado a Rafa, una persona que parece estupenda pero que, casi ninguno lo haríamos, no resiste la comparación con lo que transmite Orestes. Creo que no exagero si digo que por cada seguidor de Rafa había diez de Orestes. El duelo, épica lucha contra las cuatro definiciones o saberes casi imposibles de los 25 que hacen el pleno, duró 196 jornadas. Su desenlace fue, con expectación, pues se anunció con varios días de antelación, el jueves 16 de marzo con todo tipo de parafernalia, incluido el cambio horario. 

Y ahí fue la hecatombe. El héroe más amado, el mimado de los siempre caprichosos dioses, cayó de un mandoble sin réplica posible y el bote de más de dos millones de euros, algo más que una mera corona de laurel, fue a manos del concursante profesional, esa especie de, en comparación con el héroe caído, mercenario soldado de fortuna. La mesada de cabellos en las redes, ese latido de nuestra época, fue generalizada. Vivimos tiempos tan conformistas en lo esencial como inconformistas en lo insustancial. Sus seguidores, convertidos en cegados fieles, no podían contentarse con velar su “cadáver” hermoso y sabio. Había que arrastrar la razón, la nobleza de la contienda (siempre, al menos ante las cámaras, imperó el respeto y la camaradería) por el fango del sentimiento desatado. Y surgió la palabra que empuerca: tongo. Y así ensucian la hermosa derrota del joven Orestes tras más de 300 programas. Ese rosco, que si llega a ser su ídolo el que lo contesta de un tirón habría sido el éxtasis de las masas enfadadas y el cenit de las dificultades, se convirtió en digno de un parvulario, en una burla que hasta el peleado con los más elementales signos de puntuación se sabía. Orestes era el mejor, clamaban aunque las cifras, siempre con ganas de llevar la contraria (74 roscos ganados por Rafa, 58 por Orestes y 64 empates), lo cuestionaban. Los datos, cabrones, jodiendo una bella historia de amor. Amor furibundo que puede ser a un equipo de fútbol o a una patria, ojo.


Epílogo francés al hilo de una frase de Yolanda Díaz.

"La política no va de ruidos y de presiones". Yolanda Díaz fue sindicalista y creo que aún es militante del PCE. Mientras ella sentencia de esta manera sus camaradas sindicalistas y comunistas de Francia, entre otra mucha gente, están combatiendo en las calles, con movilizaciones casi continuas, siempre ruidosas e intentando presionar al gobierno francés, la reforma que pretende subir la edad de jubilación de los 62 a los 64 años. En España ya hace algunos años que la edad de jubilación subió de los 65 a los 67 años entre el silencio clamoroso y la descompresión casi absoluta de las calles.

Quizás los franceses no logren sus objetivos, pero tengo la impresión de que eso de celebrar su día nacional conmemorando una revolución que decapitó a un rey quizás les marque cierta impronta. Aquí en cambio la idea, aún imperante entre grandes sectores de la población, es que la democracia fue otorgada por un rey generoso que pudiendo ser Franco II nos concedió la libertad.

La política, y Yolanda Díaz lo sabe muy bien aunque ahora quiera presentar una imagen de estadista conciliadora, es todo aquello que incide en la vida colectiva de los pueblos. Uno de los actos políticos más trascendentes del siglo XX español es el más arriba citado golpe militar de 1936. Fue un acto político de una dimensión brutal pues cambio la vida política, social y económica de un país entero por décadas. Lo mismo podríamos decir, en el polo ideológico opuesto, de la revolución bolchevique de 1917. Sé que es hermoso ver la política como el mundo del entendimiento y el pacto o de los grandes oradores en las tribunas, pero en general, aunque le quite glamour y altura de miras, se juega en gran medida, sea en el palacio o en la calle, en el ámbito de la presión y el fragor.

Y un fragor maravilloso, lleno de razón, desprende este minuto y pico de la diputada de Francia Insumisa Rachel Kéké.






viernes, 10 de marzo de 2023

El "Tito Berni" y su tropa, Ferrovial, el Presidente de la Audiencia Nacional, el bipartidismo que retorna... y un iluso

Más allá de ser un hombre casi carente de ilusiones sí he sido un tipo bastante iluso. Así, un latiguillo muy habitual en mí, con cierto tono enfático, es la expresión  “no deja de llamarme la atención” ante la que si mi interlocutor es mi hijo, esboza una sonrisa que me transmite que ya estoy talludito para sorprenderme en tantas ocasiones. Viene este arranque inicial, aunque no lo parezca, a cuento del caso Mediador que también podría recibir la denominación de caso Vividor(es) siguiendo la cuarta acepción de la RAE, la que a todos se nos viene a la mente cuando escuchamos el término, que define así a quien “vive a expensas de los demás, buscando por malos medios lo que necesita o le conviene”. Esta definición se complementa con la quinta acepción, acompañante no necesaria de la cuarta, defendida siempre por el economista José Luis Sampedro y que hace referencia a quien “vive la vida disfrutando de ella al máximo".

Sí, de grandes vividores va esta bomba que ha explotado en las filas del PSOE y desprende el aroma rancio de los asiduos de la coca y las prostitutas, ese postre humano que este tipo de gente, poco dada a pararse en excesivas consideraciones morales a la hora de lograr sus objetivos, siempre tiene en mente y a la vuelta de un catálogo para consumo propio o para agasajo de aquellos con quienes quieren hacer sus chanchullos, llegando incluso a sorprenderse cuando alguno de los convocados al turbio negocio expresa que no gusta de alquilar la carne de las  mujeres. Decía lo de iluso porque aquí ya aplicaría mi latiguillo inicial pues tengo la impresión de que ninguna de estas personas, sea el tío, el sobrino o el guardia civil (parece el título de una película casposa italiana de los años 70 u 80), ha sido, al menos en el tema  económico, maltratado por la vida y, por tanto, no necesitan esos tejemanejes para llevar una existencia donde se conjuguen placeres y dignidad. El mediador, personaje que da nombre a la trama y que a los cinco minutos de escucharlo en una entrevista ya sabes que estás ante un fullero enmarañador, es simplemente un delincuente evolucionado.  Tuvo una condena de siete años y medio en Fuerteventura por el asalto en 2003 a las naves de varias empresas, de donde sustrajo miles de euros en efectivo, y por la falsificación de tarjetas de crédito. De esta delincuencia que podríamos llamar primaria, ha transitado a eso que a veces se llama delincuencia de cuello blanco y que mueve mucho más dinero que el asiduo huésped carcelario que se dedica a atracar de manera menos sofisticada.

Mostrándome quizás también un iluso ideológico me decepciona profundamente que dos personas hipotéticamente de izquierdas, aunque con querencias monárquicas pues el sobrino heredó el cargo de Director General de Agricultura y Pesca del tío, con buenos salarios públicos y que se supone aspiran a una sociedad socialista (me digo, en mi panfilismo, que si militan en un partido socialista será porque aspiran a una sociedad mucho más justa donde el modelo de gente que ellos representan no exista) se comporten como personas sin valores de izquierda cuya guía es la acumulación crematística, esa que defiende con encono la derecha. Me dirán que es asunto, gran iluso, de ese argumento socorrido y genérico que es la condición humana. Discrepo, principalmente porque la condición humana es un cajón de sastre que todo lo admite y siempre se atañe a ella para valores negativos poco menos que imponderables, similares al tránsito de los astros. Nos educan desde pequeños en que acumular riquezas casi ilimitadamente es un ideal y un signo de triunfo, aunque paradójicamente carezcamos de vidas suficientes para disfrutar de fortunas de cientos o miles de millones de euros. 

El guardia civil y el condenado por delitos comunes que entre francachela y francachela media,  considerándose ellos seguramente apolíticos, son conceptualmente pura derecha. Militan en la ideología del dinero e imagino que el arco de relaciones de ambos es muy amplio y ahí entran en contacto los “mejores” de cada casa. De entrada reconozco que me chocó la entente de los negocios entre los del puño y la rosa y el de la Virgen del Pilar. Después, la memoria, uno de los antídotos más contundentes para el iluso, me recordó que con el primer gobierno de Felipe González, cuando José Barrionuevo accedió al Ministerio del Interior se habló del romance del PSOE con la guardia civil. Cierto es que el romance culminó en las fiestas, muñequito inflable incluido, de otro putero insigne, el ex director general de la benemérita institución Luis Roldán. Tampoco debemos ignorar, como parte del romance, los aquelarres siniestros que se montaron en el cuartel de Intxaurrondo en los 80, cuando se organizó ese terrorismo de estado llamado GAL. 

Me despiertan curiosidad los requisitos que establece el PSOE para la admisión de sus afiliados, pues creo que se le está colando gente que podría llevar doble militancia con el PP. Alguien del PP me dirá, lo he visto en las redes, que las meretrices y la coca, complementos también en el caso ERE de Andalucía, son querencias del PSOE. Me permito recordarles que su jefe Feijoo tiene una foto con Marcial Dorado, capo del narcotráfico en Galicia, en una embarcación de recreo (imagino que las usadas para traficar serán otras) que si estuviera en el álbum de,  por ejemplo, digamos un político al azar, Pablo Iglesias, estaría imputado y declarando ante un juez o en el exilio y abriendo portadas en todos los informativos durante un año. Aunque no quiero desviarme, pero no sé resistirme, lo reconozco, al tema Pablo Iglesias-Podemos, es un escándalo absoluto la persecución judicial a esta formación política, investigaciones prospectivas mediante, que son aquellas que se hacen para buscar delitos sin los indicios que deben alumbrar una pesquisa judicial o policial. Investigaciones cuyo objetivo es situarla en un destructivo candelero mediático que puede alumbrar informaciones como que el juzgado que investiga a Monedero por el llamado Caso Neurona ha tardado dos años en demostrar que una factura presentada por éste era absolutamente real y correcta, o que imputó, reconocido por el propio juez Escalonilla,  por error a Pablo Iglesias. Noticias que los medios de la derecha, que pusieron el caso cuando surgió en pena de portada, o no han dado o las han ofrecido en un lugar secundario y de absoluta pasada. En el camino del caracol o la tortuga que transitan esas informaciones hasta que se desmienten queda tiempo para envenenar las mentes en muchas tertulias por parte de opinólogos entregados con fervor a la tarea de la que nos avisó Malcom X: que amemos a los opresores y odiemos al oprimido, lo que en muchas mentes genera un odio hacia su propia clase social. 

Un ejemplo lacerante de esto último: según una encuesta de Metroscopia sobre la marcha de la sede social de la constructora Ferrovial a Países Bajos el 49% de los encuestados apoya esa decisión y el 44% la critica. Los medios de la derecha han salido en tromba a apoyar a Ferrovial y a Rafael del Pino, su presidente y tercer hombre más rico de España (tengo claro que aparte de los beneficios fiscales saben que le hacen daño al gobierno en año electoral vendiendo el tema de la inseguridad jurídica, imagínense la inseguridad jurídica y vital que muchas veces sentirá un trabajador precario), y eso tiene su reflejo en muchas personas que no se paran a reflexionar y probablemente se creen, desde la "atalaya" de unos ingresos que tal vez oscilen entre los 1000 y los 2000 euros mensuales, que España es un infierno fiscal comunista para las empresas. Empresa, Ferrovial, que desde 2020 no paga el Impuesto sobre Sociedades. Al final llegamos a la ideología: se ha vendido la idea de que el beneficio empresarial puede, casi debe, ser infinito e intocable. En cambio, sobre los sueldos, siempre objeto de debate, todo el mundo tiene la convicción de que son necesarias unas escalas racionales. Y que no me digan que el empresario arriesga y patatín patatán ya que cuando llega un confinamiento el gobierno nacionaliza los salarios porque empresas que van alardeando de su solvencia tienen, parece ser, muy poco aguante. Debo decir también que ante algunas reacciones me doy cuenta que no soy yo el único iluso de izquierdas. Me refiero a aquellos que plantean que la actitud de Ferrovial es poco patriota. Tengámoslo claro, los grandes ricos son los que no tienen fronteras, pero la clase trabajadora sí necesita, solidaridad internacionalista aparte, de un estado socialmente fuerte que le garantice, sean cuales sean sus ingresos, unos estándares dignos de vida. O sea, una patria. Rafael del Pino, con 3.800 millones de euros de patrimonio, se puede comprar una patria, un territorio enorme con su propia seguridad, donde quiera.  Por eso me huele esta operación, que no me extrañaría secunde alguna otra empresa, a granito de arena en año electoral para afianzar la derecha su probable triunfo en las municipales de mayo y en las generales de finales de año. 

Lo siento, está en mi naturaleza no saber resistirme a los callejoncitos que se me abren cuando transito este callejón que para mí es avenida interminable con múltiples ramales. Me viene a la mente, no sé si de manera pertinente, la película, basada en un clásico literario de la ciencia ficción, El increíble hombre menguante, cuyo final, estremecedor, de reducción eterna, le abría al protagonista la puerta a infinitos e inquietantes mundos.

Retorno al caso Mediador y su rebumbio para establecer una comparativa que me parece interesante. La fiscalía pide para cada miembro de la cúpula de Interior del gobierno de Rajoy 15 años de cárcel por el caso Kitchen, el cual hace referencia a como estos servidores públicos movilizaron grandes recursos policiales para neutralizar el daño que pudiera hacer al PP Bárcenas en el caso Gürtel (como la ardilla de hace miles de años puedes recorrer la geografía del PP saltando de caso en caso), aparte de de usar ilegítimamente esos medios policiales también para investigar a Podemos y al independentismo catalán. Quiero detenerme dentro de este maremagnum en una noticia que pasó desapercibida y que en mi modesta opinión, por lo que respecta al estado como institución, contempla una corrupción si no mayor sí más inquietante que la de los chuscos vividores (por cierto no hay que olvidarse de los empresarios corruptores) del Mediador. Me refiero a la noticia que nos informa de todos los wasaps que se enviaron el segundo en el escalafón de Interior, Francisco Martínez, y José Ramón Navarro, Presidente de la Audiencia Nacional, organismo encargado de la investigación y juicio de sus presuntos delitos mientras el sumario estaba bajo secreto judicial. Se añade al despropósito que el Consejo General del Poder Judicial no ve razones para investigar la actuación del Sr. Navarro, quien dando muestras de muy poca honorabilidad, aún sigue siendo presidente. Presidente que, entre promesas mutuas de cenas caseras y vegasicilias compartidos, decía: "En cuanto sepa algo te lo indico Paco. Enorme abrazo". Leyendo los wasaps captas que no es un amigo con el que te lamentas, pues le solicita favores concretos y que le transmita aquello de lo que pueda enterarse, circunstancia que le otorgaría ventajas inaccesibles al común de los mortales cuando se enfrentan a procesos judiciales.

No quiero acabar sin referirme a la corrupción y el castigo político. Pienso que el bipartidismo está en proceso de restauración. Hace 5 ó 6 años parecía quebrado por completo con tres organizaciones estatales a la derecha (PP, Ciudadanos y VOX) y dos, casi en paridad, a la teórica izquierda (PSOE y Unidas Podemos), más las opciones territoriales de carácter nacionalista o regionalista. En la derecha quedan unos pocos restos, que serán barridos en las convocatorias electorales de este año, del “Podemos de derecha” que responde al nombre de Ciudadanos y que, con las bendiciones de algún banquero como el presidente del Banco de Sabadell, surgió ante el temor al derrumbe del PP. Aguanta por ahora VOX que es cauce para todos aquellos que aman el despendole fascista, quitarse parte de las caretas. El PP, pese a su trayectoria corrupta va a tener buenos resultados con, ojalá me equivoque, alrededor de 130 diputados. En la izquierda, el PSOE, daño del Tito Berni aparte, aunque sea como aglutinador del miedo al posible gobierno de la derecha ultra y la ultraderecha, dudo que baje de 100 escaños. Eso sumaría no menos de 230 escaños de los partidos pilares del régimen del 78. Bipartidismo no del todo recuperado pero sí, me temo, en proceso bastante firme de recomposición. Y suspiro de alivio de los poderes económicos al ver que la izquierda del PSOE, se presente unida o no, con unas siglas u otras, probablemente volverá a los estándares de la mejor IU (algo más de 20 diputados). Conclusión: la corrupción no castiga nada a la derecha ni hace dudar a sus votantes. El pensamiento de estos lo sintetizó perfectamente Jorge Bustos, periodista de El Mundo, en 2017: “Prefiero a un gobernante corrupto que a un comunista en el poder”. En cambio, el votante de izquierdas arruga más la nariz ante el “Tito Berni” que surge en su espectro político, pero quizás ante la presión de un hipotético gobierno de derechas con ministros de VOX en buena parte acuda a las urnas, tapándosela, para depositar la papeleta del PSOE. Otra parte se abstendrá y desechará votar a las organizaciones que a la izquierda del PSOE no tienen casos de corrupción pero están continuamente señaladas en los medios como si fueran la peor especie de forajidos que vieron los tiempos.

En fin… hasta el más iluso acaba entrando en vereda.