domingo, 7 de mayo de 2023

La persona y la obra (o la invasión de los lectores ultrasensibles)

Creo que ya lo comenté en algún otro texto, a veces el título es un martirio chino y me pone negro encontrar uno que me satisfaga, y en otras ocasiones, las menos, me parece que también lo expresé, en cambio está puesto sin empezar a escribir una palabra. Hoy es de esos casos en que, sin saber muy bien por que andurriales me llevará el callejón y sus ramales, el encabezamiento no me hace pasarlas negras y además pienso que acerté en el blanco.

Quien suela leer mis escritos probablemente estará extrañado con el arranque y la proliferación en tan pocas líneas de tantas alusiones raciales. Está hecho, si el código penal pudiera aplicárseme, con toda la alevosía del mundo. He querido zafarme, aunque sea por un breve párrafo, de las correcciones político-lingüísticas que hoy cabalgan desbocadas, como, perdonen el ripio, negro cimarrón huyendo de la plantación. 

Me ha surgido la idea de algunas noticias que tienen en común el título que lo encabeza: la relación entre la persona, ese ente de pobre carne mortal sujeta a tantas servidumbres, y su obra. Entendiendo por obra un marco muy amplio que abarcaría desde lo artístico y cultural a lo científico e incluso lo tecnológico. La persona en cuestión (y la obra quizás también) puede estar viva o muerta. Entiendo que los vivos tienen posibilidad de defender su labor. Los muertos en cambio, adalides aparte, lo tienen imposible.

Empezaré por los muertos y unas noticias sobre cambiar la literalidad de la obra de algunos autores. Como primer ejemplo tenemos a Agatha Christie. Según El País la editorial HaperCollins eligió una comisión de “lectores sensibles” (sería interesante conocer los parámetros que marcan la sensibilidad o insensibilidad de esos leyentes) que eliminaron y modificaron “referencias étnicas y descripciones físicas” realizadas en sus novelas. O sea, la editorial está reescribiendo algunas de sus obras para adaptarlas a las “nuevas sensibilidades”. Las creaciones de Agatha Christie, como las de cualquier novelista,  son testimonio de su tiempo, una fuente histórica con sus bondades y sus lacras, con el racismo y el clasismo, que son pareja de baile y de los que, no tengo duda, estaría impregnada esta señora. Por supuesto, han eliminado las referencias a negros, judíos y gitanos, ni permitirán decir que un juez tiene el “temperamento de un indio”, desconozco si americano o asiático, que igual son de temperamentos diferentes. No se podrá comparar el torso de una mujer con el “mármol negro” (con el mármol blanco imagino que lo habrían tolerado, aunque puede ser que los comisionados detesten las metáforas en general), ni decir “oriental”, que recuerda al peligro amarillo de los comics o las películas de Fu Manchú de mi infancia. O se elimina una frase donde alguien dice que los ojos y narices de un grupo de niños, que molestan a los que seguramente serán una partida de estirados blancos racistas, les parecen “repugnantes”. 

HaperCollins, o cualquier editorial de cualquier país, tiene derecho a no publicar una línea racista, homófoba, xenófoba o que se salga un milímetro de los hipotéticos valores de la empresa o del canon social imperante, pero a lo que nadie debe tener derecho es a tocar una coma de una obra de quien ya no puede defenderla o, si lo considera pertinente, consentir los cambios. HarperCollins debe ser coherente y renunciar a la difusión de las creaciones de la señora Christie por sus altos principios éticos. No obstante, sospecho que a un nivel no inferior a su rectitud moral está su amor por los pingües beneficios del negocio que es editar a la gran pergeñadora de enigmas policiacos de buena parte del siglo XX. Señores, la congruencia es prescindir de las grandes ventas intemporales de la autora de Diez negritos Lo siento, perdón, en algunos países ya esa novela no se llama así. En Francia le pusieron un insulso Eran diez y en España Y no quedó ninguno, título bastante más siniestro y muchísimo más vulgar que el original.

Con otro autor, este básicamente de literatura infantil no almibarada, Roald Dahl, esta vez extraigo la información del digital catalán El Nacional, está ocurriendo algo similar. Otra comisión de "lectores sensibles", hay peligro de proliferación pandémica, le hace un "lifting lingüístico" que lo va a dejar con menos salero que toda esa pléyade de gente operada que tiene la cara, y sospecho que el alma también, con el tacto y la expresividad del cartón piedra. Veamos: el niño gordo pasa a ser “enorme” (este cónclave de lectores contratados parece que puede ser un poco cabroncete), los enanos de la fábrica de chocolate de Willy Wonka se convierten en “personas pequeñas” (así expresado, resulta indefinido y engloba a los niños). Por cierto, si tiras de este hilo  te cargas El señor de los anillos por la presencia de esas "personas pequeñas" que son  los enanos y  los hobbits. Se vetan términos como feo (todos guapos por decreto) o loco. A Matilda, uno de sus personajes emblemáticos, le impedirán leer al colonialista Ruyard Kipling que además de sobre Mowgli y Baloo escribió La carga del hombre blanco, poema de imperialista sufridor donde describe el sacrificio de los blancos intentado redimir a pueblos, oscuros por supuesto, “mitad demonios, mitad niños”. 

El colofón, según el digital 20 minutos, es Bond, James Bond, el 007 ya no dirá negro, y los "comisionistas sensibles" en este caso alterarán o suprimirán las escenas de sexo como una en la que el agente visita un club de striptease. Quizás desde la comisión de altas sensibilidades lo manden a meditar y recogerse en un convento de carmelitas descalzas, circunstancia que puede ser bastante más perturbadora, como nos muestra desde hace siglos El Decamerón, que un insulso puticlub. 

Ian Fleming Corporations: renuncien a publicar la obra de un autor ya fallecido que creó un personaje machista y con licencia para asesinar (esto en cambio no importa nada, lo vemos con absoluta normalidad), que trata a las mujeres como objetos de usar y tirar y que desprecia cualquier pueblo de tez no lechosa y que no tenga la civilizada costumbre de tomar un té a las cinco de la tarde. Sean consecuentes hasta el final y hagan el sacrificio que les daría credibilidad: abandonen la práctica de hacer dinero con creaciones que según parece les repugnan. A lo que no tienen derecho, insisto, es tocar una palabra de las obras. Como no las tocarían de un ensayo por muy perturbadoras e incorrectas o miserables que fueran las tesis del autor. Simplemente, no lo publicarían.

Un desvío momentáneo, otro más, en el callejón. En lo referido al tema de los negros se ha presentado una polémica curiosa con respecto a una docuserie (esa mezcla de la opinión de sesudos especialistas con un hilo narrativo-creativo interpretado por actores) de Netflix en la que se muestra a la reina Cleopatra como una mujer negra. Especialistas en el Egipto Antiguo han dicho que perteneciendo esta reina a la Dinastía Ptolemaica, fundada en el siglo IV a. c. por un general de Alejandro Magno, era una persona de origen griego y blanca. El problema es que no es una serie de ficción plena sino que tiene partes de documental. Claro, ahí el rigor debe imperar, eso ya no es sólo ficción histórica donde se sitúan en escena personajes reales que accionan, junto a otros inventados, a la conveniencia de la trama y las intenciones del autor. Una aclaración: todo el reconocimiento al sufrimiento de los millones de esclavos negros que durante más de 300 años, entre el siglo XVI y el XIX fueron raptados o comprados por negociantes blancos con la colaboración de reyes, enemigos entre sí, pero tan negros como los capturados. Y esto no es baladí, demuestra que la clase o estrato social, en cualquier época y lugar, es un elemento mucho más determinante que el color de la piel. Ustedes me dirán: si se peleaban tribus vecinas los capturados eran vendidos a los esclavistas todos por igual. Pues no. Al hijo del rey derrotado o de un noble le extraían un beneficio mayor fijando un rescate pues a los traficantes, en las subastas, lo que iban a valorarle era lo sana y fuerte que fuera la "mercancía", no su pedigrí. O sea, los económicamente pudientes recobrarían la libertad. 

Reconocimientos aparte, la raza no te hace bondadoso o malévolo, ni vamos a resarcir una gota del sufrimiento padecido por hacer alteraciones históricas desde una política inclusiva actual, muy en boga en la ficción, donde en algunas series televisivas como Los Bridgerton vemos ficticias sociedades decimonónicas de pudientes multirraciales, pero nunca, salvo con un sesgo negativo, nos enseñan sociedades donde la igualdad racial se acompañe de una mayor justicia económica que nos acerque a una sociedad más igualitaria. Mensaje subliminal: la sociedad de clases, con sus ricos y pobres multirraciales, es irremplazable, y oponerse a ella es algo bienintencionado pero (aquí llega la palabra muro) utópico. Me viene a la mente que en los albores de este siglo una compañera del instituto de Formación y Orientación Laboral hizo unos carteles con su alumnado donde, entre otras expresiones del trabajo humano, se veía una mujer negra empoderada, puño en alto, con un casco de obra. Muy poco tiempo después, con George Bush II, invasor en 2001 y 2003 de Afganistán e Iraq, hubo una mujer negra muy empoderada, cierto que no alzaba el puño y llevaba, aunque solo fuera simbólicamente, otro tipo de casco, uno militar que provocó decenas de miles de asesinados: Condoleezza Rice, halcón militarista del Partido Republicano, que desde la Secretaría de Estado dirigía en esos momentos la política exterior de EEUU.

Abandono el callejoncito y vuelvo al cauce principal. Con otro tipo de creaciones el intervencionismo modificador es más complicado. Me refiero al siempre controvertido territorio de las artes plásticas. Todo el mundo está al tanto del machismo de Picasso y el maltrato al que, según dicen, sometió a todas sus parejas. Creo que quizás habría que ponerle, en honor a las "personas sensibles", que aquí no pueden dar una pincelada que blanquee (oh, perdón), un telóncito al Guernica y que la persona aventurada que quiera ver el cuadro de un misógino tenga la osadía moral de descorrerlo y enfrentarse a la obra del desalmado. Claro, si entramos en el campo de la ciencia la cosa se complica. Cuántos avances cabalgarán a lomos, no de gigantes, sino de auténticos impresentables. Un ejemplo: Fritz Haber, un químico alemán, casi en  paralelo inventó una técnica para producir fertilizantes artificiales a gran escala que ayudaron a combatir las hambrunas, y potenció la investigación de gases tóxicos para, esquivando las trabas legales, usarlos de manera novedosa en los campos de batalla en la Primera Guerra Mundial. Los agentes químicos estaban prohibidos en las armas, pero, haciendo un regate legal, buscaron usarlos mediante bidones en los que el viento fuera el factor expansivo. El mismo hombre repartió en grandes cantidades vida y muerte. 

Entro ya en el autor vivo y su obra. Dos hombres, referentes de la izquierda, han sido recientemente cuestionados por su relación con personas que han trabajado a sus órdenes. Me refiero a Boaventura de Sousa y a Vicenç Navarro. Uno portugués y el otro catalán, han desarrollado su labor en el ámbito universitario en diferentes países. Además están ubicados en el espectro ideológico de la denominada izquierda transformadora. El primero ha sido acusado de acoso sexual y trato abusivo por tres mujeres que trabajaron con él en diferentes momentos. El segundo, fuera de la universidad hace varios años, de trato despótico con sus colaboradores y el personal administrativo. Escritores habituales en las páginas de opinión del digital Público, este medio ha decidido prescindir de la colaboración de ambos. Estos casos son, más allá de lo que las investigaciones determinen, lacerantes, pues ambos son destacados pensadores que han estudiado y denunciado las injusticias que asolan a las clases más desfavorecidas. Es indudable que impacta de manera muy negativa para la causa de la izquierda que dos personas de esa enjundia intelectual en el trato cotidiano a sus colaboradores cercanos o a otras personas en una posición subalterna, quizás hayan actuado con parámetros absolutamente contrarios a sus propias prédicas de justicia social. 

En el citado digital Público Alfredo González-Ruibal ha escrito un interesantísimo artículo llamado La izquierda siempre ha sermoneado. Y hace bien, que viene a colación con este asunto. El autor defiende que en algunos ámbitos se piensa que “la izquierda se ha vuelto moralizante y puritana” mientras la derecha “defiende la libertad moral y el hedonismo”. Bien sabemos que ahora la palabra libertad es el tótem electoral de la derecha. Afirma González-Ruibal que “los movimientos emancipatorios han sermoneado desde que existen”. Y añade algo que comparto plenamente: “la revolución tiene que ser tanto ética como política. Es más, no se pueden distinguir una de la otra”. Habla de que la derecha siempre ha sido, aunque sea de manera implícita, hedonista. Y pone el ejemplo de la Iglesia, máxima autoridad moral en la Edad Media, regentando o dando licencias de prostíbulos, o de los señoritos, burgueses o nobles, violando a sus criadas embarazándolas de hijos de los que se desentendían. El autor lo enmarca en algo bastante conocido: la hipocresía burguesa. Así, expone que la izquierda criticaba el derecho de pernada y defendía a quienes sufrían unas relaciones sexuales o unos abusos que son sobretodo unas “relaciones de dominación”. También hace referencia a las críticas de quienes querían cambiar el mundo, al alcoholismo que devastaba los barrios obreros y abotargaba las conciencias. Siempre, añado yo, recuerdo ver cartelería soviética criticando el consumo excesivo de bebidas espirituosas y recomendando hábitos saludables.

La noticia de Boaventura y Navarro muestra dos elementos de los que habla el texto de González-Ruibal: la hipocresía burguesa de no practicar en mis relaciones cotidianas la justicia  que defiendo en mi actividad pública y, por otro lado, que la esencia del abuso siempre viene de las posiciones de poder. Fijémonos en que el señorito lo tenía muy fácil para atropellar a una criada analfabeta que teme caer a un nivel de explotación, la prostitución, aún peor. Sin embargo, quienes denuncian a Boaventura o en su momento a Plácido Domingo o en términos de abuso laboral a Vincenç, son personas del siglo XXI con alta formación que lo han hecho después de pasar años de los supuestos hechos. La posición de inferioridad que implica la posible pérdida del trabajo alimenta los silencios. El poder casi siempre es la clave en cualquier ámbito y, reitero, desde la izquierda, por justicia y moral, nos oponemos, como esencia de nuestra ideología, a las prácticas abusivas. Estas prácticas basadas en el escalafón ni siquiera son uso exclusivo de los hombres. Eldiario.es ha informado de que la Universitat de Barcelona propone apartar de sus funciones a Margarita Díaz-Andreu, prestigiosa arqueóloga y premio nacional de investigación de 2021, tras  ser denunciada en diversas ocasiones por acoso laboral, mayormente a mujeres.

Quiero hacer una última consideración, quizás polémica, acerca de si el oprobio, que si se demuestran las acusaciones puede caer sobre la persona, debe transferirse a su obra. Mi opinión es que no. Las aportaciones de Navarro al estudio de la estructura social de la España de Franco y sus artículos sobre actualidad tienen el mismo valor que antes de enterarnos de esta noticia. Esto viene a enlazar con el arranque de este texto. Cierto que aquí la situación es inversa a los casos mostrados al principio: los textos no plantean dilemas por expresiones incorrectas de personas ya incuestionables por estar muertas y, en cambio, sería la mala praxis de los autores con sus subordinados la que cuestionaría su obra, no las ideas que esta transmite. Aquí no cabe modificar párrafos o palabras, son escritos del ámbito científico de las Ciencias Sociales que no aumentan o disminuyen su valor en función de la catadura moral de sus autores. Para ellos, personas físicas, el castigo que sea menester, como para sus posibles víctimas la reparación pertinente, pero sus obras, si son valiosas, deben perdurar.


Nota: 

En todos los artículos de este blog está operativa la posibilidad de expresar quien lo desee su opinión que siempre será respetada, en el sentido de no eliminada (como para hacerlo después de marcarme este rollazo), salvo que surja el insulto. Una vez, al principio de la singladura de este callejón allá por 2011, un señor, amable, al ver mi manera de pensar me escribió una lista con los precios de los pasajes a Cuba, Corea del Norte, China, etc. En donde él la ubicó sigue. No recuerdo bien y temo la memoria reconstructiva, pero creo que hasta se lo agradecí.

lunes, 1 de mayo de 2023

Contradicciones nocturnas

1

Y habrá noches

de tiranías interminables

donde imperará la licuefacción.

Retornarán (para morir) los saberes

carceleros de la amnésica memoria

emboscados tras las curvas

donde la matanza de los amantes,

bello claroscuro,

alumbra y alienta el mundo.


2

Ya pasó el tiempo

de salir una noche

y camuflado en reverberantes sombras,

con paciencia orfebre

hallar la tesitura perfecta,

nudo y camino,

entre la voz elegida,

unas sábanas revueltas

y un olvido para toda la vida.


domingo, 16 de abril de 2023

Entre la libertad y las libertades

En mi último texto esbozaba algún apunte sobre el tema de la libertad, tan controvertido como inabarcable. Tengo la impresión de que, como casi todos los conceptos abstractos, es un término absolutamente multiforme y por lo tanto, perdónenme los grandes tratadistas, en esencia, vacuo. Simplemente sirve como arma, o bien arrojadiza o bien oblonga espada esgrimida por muchos que con lo abstracto evitan las mojaduras de lo concreto. Alguien que me conociera, quizás camarada en los años juveniles, podría espetarme: tú mismo, que ahora la tratas con cierto desdén, luchaste en el tardofranquismo por esa libertad. Y tendría que matizarle que el combate era por unas libertades políticas que implicaban las de expresión, reunión, asociación y manifestación entre otras libertades alejadas de lo abstracto y materializables en el mundo de lo concreto. Por cierto, uno de mis habituales incisos privilegio de mi callejón, acabó de leer un libro de Eduard Márquez, híbrido enmarcable en el terreno de la crónica, llamado 1969, que refleja a través de múltiples documentos y testimonios particulares ese año, el trigésimo después del triunfo total del fascismo en 1939, en la provincia de Barcelona. Es muy recomendable para aquellos que piensan en un régimen en el que, aherrojadas las libertades políticas, había casi plenas libertades sociales. Un dato: se necesitaba permiso gubernativo para la realización de cualquier acto que implicará la reunión de personas, por ejemplo, y está el documento, la fiesta de celebración de una boda la autorizaba el omnipresente señor gobernador civil. Abundando, irónicamente, en el clima de libertad, el arranque del libro es un estado de excepción, fruto de una algarada universitaria en enero de ese año, que culminó con el vuelo de un busto de Franco del despacho del rector de la Universidad de Barcelona a la calle. Hecho el inciso de rigor me permito seguir y explicar que la lucha por libertades concretas nada tiene que ver con esa necedad de combatir por la libertad en términos absolutos aunque como fruto dé cuadros tan hermosos como el de Delacroix. Inolvidable el desprecio intelectual de Ayuso a sus votantes enviándoles a su casa un programa electoral compuesto de esa única palabra. Y digo que no tiene nada que ver porque luchar por libertades colectivas concretas implica, también lo esbozaba en el texto anterior, aunque suene contradictorio, establecer prohibiciones. Sí, muchas libertades necesitan prohibiciones. Y vuelvo al ejemplo de la educación. Durante el franquismo en Canarias, y en España, miles de niños y sobretodo niñas no pisaron un colegio en su vida o pasaron fugazmente por él. Esa libertad, que muchas veces también era necesidad, de unos progenitores para no enviar a su vástago al colegio había que prohibirla (en una serie sobre Miguel Hernández se ve a su padre pastor llevárselo del aula ante la desolación impotente de un maestro bienintencionado pero ante el que yo me pregunto si habría actuado igual si el niño no estuviera "tocado" por el hálito poético) porque, en esto soy martiano, creo que ser culto es, no sé si el único, pero sí uno de los principales modos de acercarnos a ser libres.

Estremecedora es la libertad salvaje que defendía el recientemente fallecido Fernando Sánchez Dragó cuando planteaba la desaparición de la sanidad y de la escuela públicas (no me lo invento, está un vídeo en YouTube de algo más de dos minutos donde lo expresa de manera contundente) alegando que cada ser humano debe ser responsable absoluto de sí mismo sin que nadie, léase el estado, intervenga. Eso, lo siento, no es defender la libertad, eso es defender la posibilidad de que unos seres humanos, que siempre nacen en unos marcos sociales determinados que condicionan su vida, tengan derecho, si la fuerza y el poder les asiste, a depredar a otros. Jorge Bustos, subdirector del periódico El Mundo, escribió un tuit donde dice: “No es fácil vivir 86 años haciendo lo que uno quiere, desafiando los límites puritanos de las convenciones, apurando una libertad de pensamiento y expresión crecientemente amenazada (…)”. Bustos se abstrae, como hacía Sánchez Dragó, del ser social que, no negando yo nuestra capacidad de luchar, sobretodo colectivamente, por mejorar los designios sociales de clase, a muchas personas marca casi desde la cuna. Y la carga de profundidad de Bustos, que en 2017 declaró que preferiría “un gobernante corrupto a un comunista en el poder”, es la que hace referencia a “la crecientemente amenazada libertad de pensamiento y de expresión”. Es la gota malaya que la derecha nacionalista española intenta que horade los pensamientos más propensos a la simpleza. Esa derecha españolista, Bustos es uno de sus intelectuales importantes en el sentido de su capacidad de crear opinión a través de las tertulias televisivas, reclama libertad ante la amenaza del gobierno socialcomunista pero, paradójicamente, estoy convencido de que no votaría a favor de la eliminación del Código Penal del artículo 525 que establece como delito "la ofensa a los sentimientos religiosos". Y esa ofensa, que sea por la actuación carnavalera de un Drag Queen o un programa de humor, aparece cíclicamente como objeto de debate, ha adquirido enorme notoriedad esta semana a raíz de una parodia, realizada por el programa Està Passant de TV3, sobre la Virgen del Rocío. Es un caso curioso, pues aquí los alarmados por la deriva autoritaria del socialcomunismo patrio ponen el grito en el cielo aunque donde querrían mandar a los humoristas es al infierno. Se dice que la escena es también xenófoba porque parodía el acento andaluz. Bustos publica un texto que se titula, con manejo de la ambigüedad, Se busca bufón para Cataluña. El amante sufriente de la libertad de expresión y de pensamiento en este caso muestra su desagrado con el libre albedrío de un programa de humor del que no se cuestiona su mayor o menor calidad. La organización Abogados Cristianos, que seguro percibe al gobierno como un liberticida, en su empeñada y espero estéril lucha, ya ha denunciado ante la justicia a las tres personas perpetradoras de la para ellos intolerable ofensa. Casi todo evento que se mueve en el ámbito de las emociones gusta, a veces hasta la adoración, o desagrada incluso hasta la repugnancia, pero sigo sin comprender porqué una creencia religiosa, lo divino siempre habla  por boca de lo humano, es más defendible que una creencia de cualquier otro tipo. Nadie entendería un artículo en el Código Penal que persiguiera la ofensa a los sentimientos científicos. Claro, el problema es que la ciencia carece de sentimientos y necesita de algo que se supone la hace avanzar, el debate intelectual y, crucial, la demostración empírica. Y sé que un gag no es debate intelectual pero sí es libertad de expresión, como cuando la propia TV3 imitó a la Moreneta protegiendo a su niño ante los abusos de la pederastia eclesial. Por cierto, El País lleva un contador de los casos de pederastia denunciados en España. Dice que han salido a la la luz 953 casos y 1802 víctimas. El tamaño de la afrenta a cualquier divinidad, hay tantas como culturas y civilizaciones, siempre a demasiada gente le parece mayor que el abuso hacia los débiles. Y eso a mí me pone en entredicho la espiritualidad de quienes sitúan una imagen o una creencia por delante de la cruda realidad de una vida marcada por los abusos o por carencias en las necesidades básicas. El otro día, no recuerdo dónde, leí que Julio Anguita en una entrevista, preguntado por la libertad, dijo que es aquello a lo que nos podemos alongar  cuando se tienen techo y comida estables. 

No quiero olvidarme de un clásico que surge siempre que hay polémicas con la religión católica. “Con el Islam o con Alá o Mahoma no te atreves”. Son unos lumbreras: como pueden existir grupos en el seno del Islam que realicen atentados por burlas a sus símbolos sagrados yo, humorista, solo tengo dos alternativas: o hago bromas con todas las religiones aunque arriesgue la vida o me callo con todas. Nadie tiene ni la obligación de ser un héroe ni de autocensurarse por completo. Parece que algunos sectores de la derecha echan de menos la existencia de la Santa Inquisición. Criticar las creencias religiosas es una conquista del poder civil ante un poder religioso durante muchos siglos omnipotente. El Està Passant ha hecho humor con los imanes de la religión islamica, pero no con Mahoma, eso debería ser un orgullo para los católicos, pues hablaría muy bien de su tolerancia. Protección y respeto a las personas y debate y controversia (y humor) para las ideas y las creencias. Sobre ese "coco" llamado integrismo islámico reiterar una idea que he expresado en otras ocasiones: la mayoría de las organizaciones políticas árabes de masas que lucharon por la independencia y accedieron al gobierno de sus países eran laicas. El fortalecimiento de las organizaciones integristas lo llevó a cabo el país que tiene como lema nacional oficial el cristianísimo In God we Trust (aunque es mentira, creen mucho más en la fuerza militar), los Estados Unidos de América.

Pongo el vídeo de la parodia multirreligiosa, hecha al hilo de la polémica, del programa Polònia.




Espero que no se entienda este texto como una loa a las libertades ahora existentes. Siempre hay que recordar que un rapero llamado Pablo Hasel lleva más de dos años en la cárcel por sus letras, circunstancia inadmisible y que su permanencia en prisión es un oprobio para el gobierno de coalición que, por ejemplo, acaba de indultar a delincuentes comunes a propuesta de las cofradías andaluzas en un maravilloso ejemplo de la separación entre la Iglesia y el Estado. Sin embargo, los que desde la derecha hablan de gobierno amenazante de las libertades no defienden la excarcelación de Hasel. Al revés, seguro que tendría puesto de honor entre los 26 millones de fusilados que harían las delicias de grupo de wasap de los militares ultraderechistas retirados (los que están en activo se callan). Tampoco debemos olvidar en el debe del gobierno, una vez más, la no derogación de la llamada Ley Mordaza.

Hoy, cuando voy finalizando este texto, es 14 de abril, reconozco que cada vez lo conmemoro con más fastidio. Los republicanos actuales no le hacemos ninguna justicia a esa fecha. Estoy convencido que ese 14 de abril, paridor de la Segunda República, querría morir a manos del nacimiento de la Tercera, ese día que nunca hemos puesto en el centro de los anhelos y las luchas, quizás porque en este país somos más de democracias otorgadas por generosos y ponderados padres de la patria o un monarca devenido en vulgar ladrón, pero del que, para nuestra afrenta, nos queda un hijo reinante y una princesa a la que los medios pesebristas y sus tertulias lisonjean y que, asumámoslo, reinará. 

Quizás contradictorio con el desapego frustrado que expreso en el párrafo anterior, acabo citando otro libro, este de Paco Cerdá, que llevo algo más de mediado y que se llama 14 de abril. Radiografía literariamente (me recuerda, le alienta un espíritu similar, al magnífico 14 de julio de Eric Vuillard) esa histórica jornada desde diferentes lugares, acudiendo al atribulado palacio, a la casa del líder republicano burgués colocado ante su hora decisiva, o a las efervescentes y entusiasmadas calles y plazas. También enfoca a los famosos por todos conocidos, como Alfonso XIII ante sus contritos ministros o un lagrimeante ayuda de cámara, un director de la Academia Militar de Zaragoza llamado Franco meditando el perfil adecuado de ese momento, o un jovencísimo Santiago Carrillo transportando a sus 16 años un mensaje fundamental, y, lo más importante, da presencia principal a los anónimos, a los nadies de Eduardo Galeano, algunos de los cuales incluso pagaron con su vida por los disparos de una Guardia Civil que titubeaba ante la marea popular. El lenguaje es preciso y  transmite sobre una jornada de esperanza tan excesiva, algo que me gusta: una emoción serena, contenida.

sábado, 25 de marzo de 2023

Tamames. Pasapalabra. Epílogo francés al hilo de una frase de Yolanda Díaz.

Tamames.

Empiezo a escribir este texto, de antemano nunca sé el tiempo que estaré dándole vueltas, el día antes del inicio de la moción de censura de VOX en la que se postula Ramón Tamames a la presidencia del gobierno. De entrada pienso que es una acción política bastante inocua. Me parece mínimo su impacto en las próximas contiendas electorales del 28 de mayo y de finales de año. VOX dudo que obtenga rédito en el sentido de que su nicho electoral choca por el centro, por la zona donde el imaginario ubica la moderación, con un PP que ya ha pasado sus peores momentos y está absolutamente vacunado contra la sangría electoral de la corrupción. Ese territorio no le penaliza un ápice. Incluso se puede instalar en una arrogancia, lindante con lo desagradable y el desafío, que probablemente lo que hace es afianzar la fidelidad de su grey. Sin ir más lejos, como ejemplo, en un chat del grupo parlamentario del PP en la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso escribió: "La izquierda está acabada. Matadlos". Si eso llega a salir de alguien de Unidas Podemos, organización para la que parece que están vedadas las metáforas que rigen para otros, se habría hablado como mínimo de guerracivilismo o de ofensa a la memoria de las víctimas de ETA durante muchos días. Insisto, creo que el exabrupto mantiene prietas y en disposición de combate las filas. En casi cada texto que escribo incido en la atroz derrota ideológica del espectro, nunca mejor dicho, de la izquierda ante una derecha que, totalmente desacomplejada, impone su desparpajo, su agenda y su visión del mundo. 

Y Tamames, su biografía personal, es un ejemplo de esa derrota que se alarga decenios. Militante durante 25 años del PCE, ha declarado que nunca fue comunista. Sí, esa es una moda actual. Muchos antiguos militantes del PCE proclaman que nunca fueron comunistas, que su militancia tuvo la urgencia de la lucha contra la dictadura y que el PCE, hasta bien entrados los 60 fue, si no el único cauce de lucha, sí, el más pertinaz en combatirla gota a gota en tiempos de extrema y a veces mortal aridez. No olvidemos que el 20 de abril de 1963, 24 años después de finalizada la Guerra Civil, fue ejecutado en Madrid el militante comunista Julián Grimau. O sea, aquí se escuchaba a los Beatles y empezaban a acortarse las faldas e imperar los bikinis en las playas, mientras en la calle tu vida, manifestándote, haciendo una pintada o lanzando octavillas, no valía nada.

Un inciso: este viene a cuento de los perezrevertes y mariovaquerizos  del mundo que dicen que en los años 60 y 70, salvo las políticas, había libertades generalizadas mayores que hoy. Debe ser que existía el divorcio, se podía abortar, no habían leyes que perseguían a los homosexuales, se era mayor a los 18 años, la mujeres casadas no estaban sometidas legislativamente al marido y los niños, suprema libertad la de ser analfabeto, esto sí es real, no tenían la obligación de ir al colegio, libertad en vena, libertad de la buena, libertad que suponía que en 1981 el 16,5% de la población de la provincia de Las Palmas era analfabeta, subiendo esa cifra en las mujeres a un libérrimo 20%.

Vuelvo al cauce: decía, siguiendo a Pablo Milanés, que la vida en las calles no valía nada porque los uniformados podían disparar impunemente. Como muestra acaba de cumplirse, el 10 de marzo, 51 años del asesinato a balazos en Ferrol, durante una jornada de huelga, de dos trabajadores de los astilleros Bazán por la acción asesina de la policía. No quiero enredarlo mucho, pero sí, ser comunista fue una acción de riesgo durante todo el régimen fascista. Y algo más. Sé que el objetivo básico era la lucha por las libertades contra la dictadura, pero creo que cualquier militante comunista, del PCE u otra organización a su izquierda, e incluso socialista, tiene un rasgo esencial: su preocupación por las capas sociales más desfavorecidas de la población, básicamente la clase obrera. Y eso implicaba, al entrar en el PCE u otra organización de izquierdas, la lucha por una sociedad más igualitaria. Es importante recalcar esto porque para mí desaliento observo como muchos de estos antiguos militantes, no es que ya no sean comunistas sino que ya ni siquiera tienen una mínima empatía social. No les queda ningún resquicio de esa preciosa foto en la que el Sábado Santo de 1977, Tamames enarbola, extendiendo al máximo su brazo, la histórica bandera comunista con la hoz y el martillo. Ese brazo extendido al cielo, le guste o no a Tamames, reivindicaba una ideología y una militancia que en su gesto, que ya no es suyo, veía plasmado su sacrificio. Que el mismo hombre de la foto en el discurso filtrado a ElDiario.es censure que el salario mínimo suba a, cifra muy limitada para sobrevivir, 1080 euros, es una catástrofe… para él, para su condición de persona que seguro que se considera humanista. Afirma que eso pone en peligro a muchos pequeños y medianos empresarios. Si una empresa no puede pagar un salario mínimo de 1080 euros a sus trabajadores, sean 2, 10 ó 50 no es viable y debe echar el cierre. Lo que no puede, ni debe permitirse, es que una empresa sobreviva a base de tener a sus trabajadores en un régimen de semiesclavitud. Siempre se alardea desde la derecha de lo maravilloso que es ser español y de la envidia que nos profesan por otros lares. Sin embargo, esas huestes alardeadoras, básicamente la gente de VOX y el PP, cuando se trata de la dignidad de los salarios o la consecución de derechos son gente muda e inerme. Siempre o callan o se oponen aunque luego disfruten o padezcan los derechos logrados o perdidos. 




Este texto lo escribo tomando como base algunos aspectos del discurso filtrado que, según él, no variaría mucho del definitivo. Entiendo que lo mínimo es presentar propuestas que tengan como base la realidad de los datos, sobretodo cuando acudes a la tribuna parlamentaria con aire más profesoral que político. Digo esto porque uno de los puntos que expone en ese borrador es la necesidad de modificar la ley electoral para eliminar la sobrerrepresentación de los partidos nacionalistas. Idea, falsa, que circula, desde hace muchos años, impulsada por los nacionalistas españoles. Tanto al PSOE como al PP en las últimas elecciones de noviembre de 2019 cada diputado le costó algo más de 56.000 votos. A ERC, el grupo nacionalista más numeroso, 67.000. Al BNG, que tiene un único escaño, 120.000 votos, más del doble de lo que necesitaron el PSOE y PP. Los dos partidos nacionalistas canarios (Coalición Canaria y Nueva Canarias), que fueron coaligados, obtuvieron algo más de 124.000 votos. O sea cada escaño les salió por 62.000 votos. Y sé que el tema tiene mucha relación con las circunscripciones provinciales y que se podría debatir la conveniencia de mejorar la ley electoral, pero no utilices  como base de tu argumentación una falacia. Izquierda Unida si estuvo en algún momento muy infrarrepresentada  pues con casi un millón de votos tenía dos diputados. Los datos siempre deben ser reales y a partir de ahí se expone una idea y se debate.

“En la Guerra Civil no hay un lado bueno y otro malo” defiende Tamames. Esto me resulta especialmente lacerante. En España no solo ha habido que aguantar la dictadura fascista más larga (con Portugal) sino la mediáticamente más protegida bajo el manto, que suele usarse para orillar la reflexión, de los crímenes que cometieron ambos bandos. En la lucha contra el nazismo los aliados cometieron grandes matanzas donde murieron miles de inocentes, pero sin justificarlas, eso no resta que era una lucha global y necesaria contra el nazi-fascismo. La guerra y las atrocidades sobre la población civil van históricamente de la mano. Parte del ejército español, brazo armado de la oligarquía, apoyado por falangistas y carlistas y los monárquicos alfonsinos y recibiendo desde primera hora la ayuda de la Alemania nazi y la Italia fascista, se sublevó con enorme crueldad contra una República que ya en agosto de 1932, a los 16 meses de proclamarse, sufrió otro intento de golpe de estado: la Sanjurjada. Claro que la Segunda República, como dice Tamames, no fue idílica, sus poderosos enemigos no le dieron ninguna tregua y además, nadie va a negarlo, en un pueblo con enormes déficits sociales históricos había ansias de justicia y visiones y actuaciones diferentes en el marco de la propia República, pero no era inevitable la guerra. Esta se produce porque el golpe fracasa en unas zonas y triunfa en otras, pero no se dejen embaucar, en ningún caso comienza por una ignición ante la calentura del ambiente. Desde que se produce el triunfo del Frente Popular en febrero del 36 la sublevación militar comenzó a prepararse. Lo he dicho muchas veces, pero como sus altavoces mediáticos son mucho más potentes lo reitero. En Canarias, donde no hubo guerra y nunca se quemó una iglesia y la lucha de clases no tenía demasiado encono, se calcula que la represión pudo costar alrededor de 1.000 vidas entre fusilados y desaparecidos. Una barbaridad para una población que apenas superaba el medio millón de habitantes y que dejó una marca de miedo indeleble que se me presenta clara con el recuerdo, ya referido en este callejón, de mi abuela diciéndoles a mi padre y a mi primo en los primeros años de los maravillosos (y sangrientos) 70, cuando hablaban en casa de mi tía en La Isleta, cuando desconfiar era el hábito: “cuidado con los vecinos, bajen la voz, no hablen de política”. Probablemente la abuela del vecino le decía al hijo o al nieto lo mismo.

Moderna autocracia absorbente. De esta manera rimbombante ha definido Tamames al gobierno de coalición. Quien esto escribe se sitúa más en el campo de la decepción que en el del encanto. Ante algunos logros como la subida del SMI o la Renta Mínima Vital veo que la reforma laboral se maquilló muy moderadamente sin recuperar todos los derechos arrebatados. Piénsenlo, es una táctica estupenda de la derecha: hacemos una reforma brutalmente lesiva y después cuando llega el péndulo en forma de PSOE, ahora en coalición con Unidas Podemos, o se queda lo aprobado por la derecha o se reforma en parte, con lo que en buena medida lo retrocedido se consolida. La Ley Mordaza, que Pedro Sánchez se comprometió a derogar íntegramente, sus taxativos tuits lo señalan, a meses de acabar la legislatura, presiones policiales mediante y medicina preventiva ante el improbable contagio del modelo de protesta francés, es probable que perdure. Pero mi desagrado ante la timoratez del gobierno no me lleva al disparate de tildarlo de autócrata, más cuando el supuesto autócrata puede perder el cargo a fines de año y la judicatura ha estado jugando un papel de oposición política que contradice el calificativo de absorbente, en el sentido de engullir, que usa el señor Tamames. Y lo de moderno supongo que vendrá de que no le cuadran como autocracia sanchista los modelos faraónicos antiguos tipo Ramsés II o las satrapías persas.

Dice Tamames que presentarse es un “último tributo” a España. Y yo, casi tan egocéntrico como don Ramón, me pregunto por qué alguna gente puede hacer tributos a su patria y otros discurrimos los días sin tan altas miras. Siempre, siempre hay que estar con el desdeño de Antonio Machado a "los tenores huecos" y con el poema de Beltold Bretch Preguntas de un obrero que lee. Sin gente que cocina o levanta casas, o un maestro y una médica pocos tributos pueden hacerse a la patria.


Pasapalabra.

De Tamames, que fue a concursar para entrar en el inexistente panteón hispano de los hombres ilustres, a otro concurso más mundano pero que despertó mucha más pasión entre la ciudadanía. 

Pasapalabra es un concurso con un preámbulo larguísimo y chorra en el que casi todo el mundo está esperando un culmen llamado El Rosco. El lugar de la sabiduría enciclopédica o, para ser más exactos, de los memoriosos. Y Pasapalabra tiene un héroe, hablar en pasado de él sería un acto casi impío, que responde al nombre de Orestes y podría ser el príncipe amado de cualquier cuento o mitología por su bonhomía, palabra que lo define con exactitud pues creo que su persona transmite la definición textual de la RAE: afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y el comportamiento. 

El problema es que cuando hay un héroe también hay, la vida y su representación lo necesita, un antihéroe. Y ese papel le ha tocado a Rafa, una persona que parece estupenda pero que, casi ninguno lo haríamos, no resiste la comparación con lo que transmite Orestes. Creo que no exagero si digo que por cada seguidor de Rafa había diez de Orestes. El duelo, épica lucha contra las cuatro definiciones o saberes casi imposibles de los 25 que hacen el pleno, duró 196 jornadas. Su desenlace fue, con expectación, pues se anunció con varios días de antelación, el jueves 16 de marzo con todo tipo de parafernalia, incluido el cambio horario. 

Y ahí fue la hecatombe. El héroe más amado, el mimado de los siempre caprichosos dioses, cayó de un mandoble sin réplica posible y el bote de más de dos millones de euros, algo más que una mera corona de laurel, fue a manos del concursante profesional, esa especie de, en comparación con el héroe caído, mercenario soldado de fortuna. La mesada de cabellos en las redes, ese latido de nuestra época, fue generalizada. Vivimos tiempos tan conformistas en lo esencial como inconformistas en lo insustancial. Sus seguidores, convertidos en cegados fieles, no podían contentarse con velar su “cadáver” hermoso y sabio. Había que arrastrar la razón, la nobleza de la contienda (siempre, al menos ante las cámaras, imperó el respeto y la camaradería) por el fango del sentimiento desatado. Y surgió la palabra que empuerca: tongo. Y así ensucian la hermosa derrota del joven Orestes tras más de 300 programas. Ese rosco, que si llega a ser su ídolo el que lo contesta de un tirón habría sido el éxtasis de las masas enfadadas y el cenit de las dificultades, se convirtió en digno de un parvulario, en una burla que hasta el peleado con los más elementales signos de puntuación se sabía. Orestes era el mejor, clamaban aunque las cifras, siempre con ganas de llevar la contraria (74 roscos ganados por Rafa, 58 por Orestes y 64 empates), lo cuestionaban. Los datos, cabrones, jodiendo una bella historia de amor. Amor furibundo que puede ser a un equipo de fútbol o a una patria, ojo.


Epílogo francés al hilo de una frase de Yolanda Díaz.

"La política no va de ruidos y de presiones". Yolanda Díaz fue sindicalista y creo que aún es militante del PCE. Mientras ella sentencia de esta manera sus camaradas sindicalistas y comunistas de Francia, entre otra mucha gente, están combatiendo en las calles, con movilizaciones casi continuas, siempre ruidosas e intentando presionar al gobierno francés, la reforma que pretende subir la edad de jubilación de los 62 a los 64 años. En España ya hace algunos años que la edad de jubilación subió de los 65 a los 67 años entre el silencio clamoroso y la descompresión casi absoluta de las calles.

Quizás los franceses no logren sus objetivos, pero tengo la impresión de que eso de celebrar su día nacional conmemorando una revolución que decapitó a un rey quizás les marque cierta impronta. Aquí en cambio la idea, aún imperante entre grandes sectores de la población, es que la democracia fue otorgada por un rey generoso que pudiendo ser Franco II nos concedió la libertad.

La política, y Yolanda Díaz lo sabe muy bien aunque ahora quiera presentar una imagen de estadista conciliadora, es todo aquello que incide en la vida colectiva de los pueblos. Uno de los actos políticos más trascendentes del siglo XX español es el más arriba citado golpe militar de 1936. Fue un acto político de una dimensión brutal pues cambio la vida política, social y económica de un país entero por décadas. Lo mismo podríamos decir, en el polo ideológico opuesto, de la revolución bolchevique de 1917. Sé que es hermoso ver la política como el mundo del entendimiento y el pacto o de los grandes oradores en las tribunas, pero en general, aunque le quite glamour y altura de miras, se juega en gran medida, sea en el palacio o en la calle, en el ámbito de la presión y el fragor.

Y un fragor maravilloso, lleno de razón, desprende este minuto y pico de la diputada de Francia Insumisa Rachel Kéké.






viernes, 10 de marzo de 2023

El "Tito Berni" y su tropa, Ferrovial, el Presidente de la Audiencia Nacional, el bipartidismo que retorna... y un iluso

Más allá de ser un hombre casi carente de ilusiones sí he sido un tipo bastante iluso. Así, un latiguillo muy habitual en mí, con cierto tono enfático, es la expresión  “no deja de llamarme la atención” ante la que si mi interlocutor es mi hijo, esboza una sonrisa que me transmite que ya estoy talludito para sorprenderme en tantas ocasiones. Viene este arranque inicial, aunque no lo parezca, a cuento del caso Mediador que también podría recibir la denominación de caso Vividor(es) siguiendo la cuarta acepción de la RAE, la que a todos se nos viene a la mente cuando escuchamos el término, que define así a quien “vive a expensas de los demás, buscando por malos medios lo que necesita o le conviene”. Esta definición se complementa con la quinta acepción, acompañante no necesaria de la cuarta, defendida siempre por el economista José Luis Sampedro y que hace referencia a quien “vive la vida disfrutando de ella al máximo".

Sí, de grandes vividores va esta bomba que ha explotado en las filas del PSOE y desprende el aroma rancio de los asiduos de la coca y las prostitutas, ese postre humano que este tipo de gente, poco dada a pararse en excesivas consideraciones morales a la hora de lograr sus objetivos, siempre tiene en mente y a la vuelta de un catálogo para consumo propio o para agasajo de aquellos con quienes quieren hacer sus chanchullos, llegando incluso a sorprenderse cuando alguno de los convocados al turbio negocio expresa que no gusta de alquilar la carne de las  mujeres. Decía lo de iluso porque aquí ya aplicaría mi latiguillo inicial pues tengo la impresión de que ninguna de estas personas, sea el tío, el sobrino o el guardia civil (parece el título de una película casposa italiana de los años 70 u 80), ha sido, al menos en el tema  económico, maltratado por la vida y, por tanto, no necesitan esos tejemanejes para llevar una existencia donde se conjuguen placeres y dignidad. El mediador, personaje que da nombre a la trama y que a los cinco minutos de escucharlo en una entrevista ya sabes que estás ante un fullero enmarañador, es simplemente un delincuente evolucionado.  Tuvo una condena de siete años y medio en Fuerteventura por el asalto en 2003 a las naves de varias empresas, de donde sustrajo miles de euros en efectivo, y por la falsificación de tarjetas de crédito. De esta delincuencia que podríamos llamar primaria, ha transitado a eso que a veces se llama delincuencia de cuello blanco y que mueve mucho más dinero que el asiduo huésped carcelario que se dedica a atracar de manera menos sofisticada.

Mostrándome quizás también un iluso ideológico me decepciona profundamente que dos personas hipotéticamente de izquierdas, aunque con querencias monárquicas pues el sobrino heredó el cargo de Director General de Agricultura y Pesca del tío, con buenos salarios públicos y que se supone aspiran a una sociedad socialista (me digo, en mi panfilismo, que si militan en un partido socialista será porque aspiran a una sociedad mucho más justa donde el modelo de gente que ellos representan no exista) se comporten como personas sin valores de izquierda cuya guía es la acumulación crematística, esa que defiende con encono la derecha. Me dirán que es asunto, gran iluso, de ese argumento socorrido y genérico que es la condición humana. Discrepo, principalmente porque la condición humana es un cajón de sastre que todo lo admite y siempre se atañe a ella para valores negativos poco menos que imponderables, similares al tránsito de los astros. Nos educan desde pequeños en que acumular riquezas casi ilimitadamente es un ideal y un signo de triunfo, aunque paradójicamente carezcamos de vidas suficientes para disfrutar de fortunas de cientos o miles de millones de euros. 

El guardia civil y el condenado por delitos comunes que entre francachela y francachela media,  considerándose ellos seguramente apolíticos, son conceptualmente pura derecha. Militan en la ideología del dinero e imagino que el arco de relaciones de ambos es muy amplio y ahí entran en contacto los “mejores” de cada casa. De entrada reconozco que me chocó la entente de los negocios entre los del puño y la rosa y el de la Virgen del Pilar. Después, la memoria, uno de los antídotos más contundentes para el iluso, me recordó que con el primer gobierno de Felipe González, cuando José Barrionuevo accedió al Ministerio del Interior se habló del romance del PSOE con la guardia civil. Cierto es que el romance culminó en las fiestas, muñequito inflable incluido, de otro putero insigne, el ex director general de la benemérita institución Luis Roldán. Tampoco debemos ignorar, como parte del romance, los aquelarres siniestros que se montaron en el cuartel de Intxaurrondo en los 80, cuando se organizó ese terrorismo de estado llamado GAL. 

Me despiertan curiosidad los requisitos que establece el PSOE para la admisión de sus afiliados, pues creo que se le está colando gente que podría llevar doble militancia con el PP. Alguien del PP me dirá, lo he visto en las redes, que las meretrices y la coca, complementos también en el caso ERE de Andalucía, son querencias del PSOE. Me permito recordarles que su jefe Feijoo tiene una foto con Marcial Dorado, capo del narcotráfico en Galicia, en una embarcación de recreo (imagino que las usadas para traficar serán otras) que si estuviera en el álbum de,  por ejemplo, digamos un político al azar, Pablo Iglesias, estaría imputado y declarando ante un juez o en el exilio y abriendo portadas en todos los informativos durante un año. Aunque no quiero desviarme, pero no sé resistirme, lo reconozco, al tema Pablo Iglesias-Podemos, es un escándalo absoluto la persecución judicial a esta formación política, investigaciones prospectivas mediante, que son aquellas que se hacen para buscar delitos sin los indicios que deben alumbrar una pesquisa judicial o policial. Investigaciones cuyo objetivo es situarla en un destructivo candelero mediático que puede alumbrar informaciones como que el juzgado que investiga a Monedero por el llamado Caso Neurona ha tardado dos años en demostrar que una factura presentada por éste era absolutamente real y correcta, o que imputó, reconocido por el propio juez Escalonilla,  por error a Pablo Iglesias. Noticias que los medios de la derecha, que pusieron el caso cuando surgió en pena de portada, o no han dado o las han ofrecido en un lugar secundario y de absoluta pasada. En el camino del caracol o la tortuga que transitan esas informaciones hasta que se desmienten queda tiempo para envenenar las mentes en muchas tertulias por parte de opinólogos entregados con fervor a la tarea de la que nos avisó Malcom X: que amemos a los opresores y odiemos al oprimido, lo que en muchas mentes genera un odio hacia su propia clase social. 

Un ejemplo lacerante de esto último: según una encuesta de Metroscopia sobre la marcha de la sede social de la constructora Ferrovial a Países Bajos el 49% de los encuestados apoya esa decisión y el 44% la critica. Los medios de la derecha han salido en tromba a apoyar a Ferrovial y a Rafael del Pino, su presidente y tercer hombre más rico de España (tengo claro que aparte de los beneficios fiscales saben que le hacen daño al gobierno en año electoral vendiendo el tema de la inseguridad jurídica, imagínense la inseguridad jurídica y vital que muchas veces sentirá un trabajador precario), y eso tiene su reflejo en muchas personas que no se paran a reflexionar y probablemente se creen, desde la "atalaya" de unos ingresos que tal vez oscilen entre los 1000 y los 2000 euros mensuales, que España es un infierno fiscal comunista para las empresas. Empresa, Ferrovial, que desde 2020 no paga el Impuesto sobre Sociedades. Al final llegamos a la ideología: se ha vendido la idea de que el beneficio empresarial puede, casi debe, ser infinito e intocable. En cambio, sobre los sueldos, siempre objeto de debate, todo el mundo tiene la convicción de que son necesarias unas escalas racionales. Y que no me digan que el empresario arriesga y patatín patatán ya que cuando llega un confinamiento el gobierno nacionaliza los salarios porque empresas que van alardeando de su solvencia tienen, parece ser, muy poco aguante. Debo decir también que ante algunas reacciones me doy cuenta que no soy yo el único iluso de izquierdas. Me refiero a aquellos que plantean que la actitud de Ferrovial es poco patriota. Tengámoslo claro, los grandes ricos son los que no tienen fronteras, pero la clase trabajadora sí necesita, solidaridad internacionalista aparte, de un estado socialmente fuerte que le garantice, sean cuales sean sus ingresos, unos estándares dignos de vida. O sea, una patria. Rafael del Pino, con 3.800 millones de euros de patrimonio, se puede comprar una patria, un territorio enorme con su propia seguridad, donde quiera.  Por eso me huele esta operación, que no me extrañaría secunde alguna otra empresa, a granito de arena en año electoral para afianzar la derecha su probable triunfo en las municipales de mayo y en las generales de finales de año. 

Lo siento, está en mi naturaleza no saber resistirme a los callejoncitos que se me abren cuando transito este callejón que para mí es avenida interminable con múltiples ramales. Me viene a la mente, no sé si de manera pertinente, la película, basada en un clásico literario de la ciencia ficción, El increíble hombre menguante, cuyo final, estremecedor, de reducción eterna, le abría al protagonista la puerta a infinitos e inquietantes mundos.

Retorno al caso Mediador y su rebumbio para establecer una comparativa que me parece interesante. La fiscalía pide para cada miembro de la cúpula de Interior del gobierno de Rajoy 15 años de cárcel por el caso Kitchen, el cual hace referencia a como estos servidores públicos movilizaron grandes recursos policiales para neutralizar el daño que pudiera hacer al PP Bárcenas en el caso Gürtel (como la ardilla de hace miles de años puedes recorrer la geografía del PP saltando de caso en caso), aparte de de usar ilegítimamente esos medios policiales también para investigar a Podemos y al independentismo catalán. Quiero detenerme dentro de este maremagnum en una noticia que pasó desapercibida y que en mi modesta opinión, por lo que respecta al estado como institución, contempla una corrupción si no mayor sí más inquietante que la de los chuscos vividores (por cierto no hay que olvidarse de los empresarios corruptores) del Mediador. Me refiero a la noticia que nos informa de todos los wasaps que se enviaron el segundo en el escalafón de Interior, Francisco Martínez, y José Ramón Navarro, Presidente de la Audiencia Nacional, organismo encargado de la investigación y juicio de sus presuntos delitos mientras el sumario estaba bajo secreto judicial. Se añade al despropósito que el Consejo General del Poder Judicial no ve razones para investigar la actuación del Sr. Navarro, quien dando muestras de muy poca honorabilidad, aún sigue siendo presidente. Presidente que, entre promesas mutuas de cenas caseras y vegasicilias compartidos, decía: "En cuanto sepa algo te lo indico Paco. Enorme abrazo". Leyendo los wasaps captas que no es un amigo con el que te lamentas, pues le solicita favores concretos y que le transmita aquello de lo que pueda enterarse, circunstancia que le otorgaría ventajas inaccesibles al común de los mortales cuando se enfrentan a procesos judiciales.

No quiero acabar sin referirme a la corrupción y el castigo político. Pienso que el bipartidismo está en proceso de restauración. Hace 5 ó 6 años parecía quebrado por completo con tres organizaciones estatales a la derecha (PP, Ciudadanos y VOX) y dos, casi en paridad, a la teórica izquierda (PSOE y Unidas Podemos), más las opciones territoriales de carácter nacionalista o regionalista. En la derecha quedan unos pocos restos, que serán barridos en las convocatorias electorales de este año, del “Podemos de derecha” que responde al nombre de Ciudadanos y que, con las bendiciones de algún banquero como el presidente del Banco de Sabadell, surgió ante el temor al derrumbe del PP. Aguanta por ahora VOX que es cauce para todos aquellos que aman el despendole fascista, quitarse parte de las caretas. El PP, pese a su trayectoria corrupta va a tener buenos resultados con, ojalá me equivoque, alrededor de 130 diputados. En la izquierda, el PSOE, daño del Tito Berni aparte, aunque sea como aglutinador del miedo al posible gobierno de la derecha ultra y la ultraderecha, dudo que baje de 100 escaños. Eso sumaría no menos de 230 escaños de los partidos pilares del régimen del 78. Bipartidismo no del todo recuperado pero sí, me temo, en proceso bastante firme de recomposición. Y suspiro de alivio de los poderes económicos al ver que la izquierda del PSOE, se presente unida o no, con unas siglas u otras, probablemente volverá a los estándares de la mejor IU (algo más de 20 diputados). Conclusión: la corrupción no castiga nada a la derecha ni hace dudar a sus votantes. El pensamiento de estos lo sintetizó perfectamente Jorge Bustos, periodista de El Mundo, en 2017: “Prefiero a un gobernante corrupto que a un comunista en el poder”. En cambio, el votante de izquierdas arruga más la nariz ante el “Tito Berni” que surge en su espectro político, pero quizás ante la presión de un hipotético gobierno de derechas con ministros de VOX en buena parte acuda a las urnas, tapándosela, para depositar la papeleta del PSOE. Otra parte se abstendrá y desechará votar a las organizaciones que a la izquierda del PSOE no tienen casos de corrupción pero están continuamente señaladas en los medios como si fueran la peor especie de forajidos que vieron los tiempos.

En fin… hasta el más iluso acaba entrando en vereda.

sábado, 11 de febrero de 2023

Un globo, dos globos, tres globos…

Con un artilugio similar a un globo aerostático China ha tenido la osadía de penetrar el cielo más sacrosanto del planeta. El cielo del alguacil al que no le gusta ser alguacilado. El cielo de aquellos que desde mediados del siglo XIX se creen portadores de un Destino Manifiesto que les permite actuar en cualquier lugar del planeta sin límite fronterizo alguno. Imagino cuantos cielos de tantos países atacados por EEUU habrían deseado la liviandad, el aura pacífica de un gran globo blanco antes que el sonido atronador de los casi invisibles cazas o de misiles aproximándose y estallando en sus ciudades. Suerte tuvieron decenas de miles en Hiroshima y Nagasaki de no ver perfilarse lentamente, antes de volatilizarse, un atroz globo blanco en el cielo. Dichosos aquellos a los que ni siquiera dio tiempo de ver a los mucho más pequeños Little Boy o Fat Man. Otros orientales, creo que retornamos con fuerza al tiempo del peligro amarillo, los vietnamitas, incluso  tenían el privilegio, no del silencioso globo, sino de oír la wagneriana Cabalgata de la Valquirias (eso es una guerra cultural y no las chorradas actuales) a la par que el Napalm o el Agente Naranja les arrancaba piel, vidas, sustento y les sembraba por decenios enfermedades. Yugoslavos, afganos, iraquíes o libios habrían ofrecido sus presentes al Dios Globo con sumo gusto antes de ser devastados por oleadas de civilizatorios ataques aéreos. No nos engañemos, aquí casi todo el mundo es soberano hasta que EEUU decide lo contrario. Aún recuerdo (sí, construimos parte de nuestros recuerdos) como le solicitaron a Pakistán la extradición de esa creación de EEUU llamada Osama Bin Laden por ser el supuesto  instigador del turbio ataque a las Torres Gemelas, que, tengámoslo en cuenta, fue una acción interna pues todos los aviones implicados despegaron del propio territorio estadounidense. Si fueran coherentes deberían haberse autobombardeado. Bin Laden fue liquidado sin la más mínima protesta del país avasallado, tratado como un ente de soberanía limitada como la que tiene la Unión Europea, circunstancia que cada vez queda más evidente a la luz del conflicto entre Ucrania y Rusia que es una ocasión de negocio para EEUU y de crisis para sus sumisos socios europeos. Por eso nunca crean demasiado en esas idioteces del derecho internacional y no sé cuántas pamplinas más. Todo derecho internacional, en mayor o menor medida, acaba teniendo el sustento de su poder en la “punta del fusil” y su potencia de fuego. Y no solo en el derecho internacional, en el seno de cualquier país cuando la lucha por el gobierno dirime o cuestiona el poder de clase también aparece en bastantes ocasiones el dictamen de las armas. El Tribunal Internacional de La Haya, creado en 1946 por la ONU para resolver litigios entre estados nunca pasará de ser un ente de fuerza moral que no tiene mecanismos para hacer cumplir sus resoluciones. En 1984 esa corte indicó a EEUU que abandonara su intromisión en Nicaragua condenándole a pagar compensaciones que, por supuesto, nunca abonó. Encima EEUU actúa con cinismo: como violar los derechos humanos en nuestro territorio, se autoconvencen, queda poco estético siendo los adalides de la libertad (bueno, que se lo digan al negro sin piernas y en silla de ruedas que fue asesinado a tiros por blandir un cuchillo), muchos prisioneros capturados en Afganistán fueron llevados a Guantánamo, esa enorme base de 117 kilometros cuadrados, tamaño superior al del municipio de Las Palmas de Gran Canaria, que EEUU mantiene en territorio cubano contra la voluntad del gobierno revolucionario. Los cubanos tienen un globazo incrustado y sin fecha de caducidad. No obstante, estos falsarios son capaces de indignarse por un globo que, hablando ya sin ironías,  me parece, por sus dimensiones y lentitud, un pésimo espía si no yerro al pensar que uno de los primeros mandamientos del espionaje es el desapercibimiento del ente espiador.

Desapercibimiento fue lo que intentó el policía que se infiltró en varios movimientos sociales libertarios de Barcelona. Esta noticia ha tenido básicamente dos enfoques. Está el enfoque esencial: en base a qué una organización que no está catalogada como terrorista o narcotraficante o que no realiza algún otro tipo de actividad legalmente punible, que contemple la posibilidad de infiltrar a un agente, tiene que soportar que la policía la investigue presuponiéndole actividades delincuenciales. Creo no errar si digo que las investigaciones prospectivas (no hay ningún elemento sospechoso pero yo te husmeo que quizás algo encuentro) están prohibidas. Un tema de este tipo tendría que ser investigado por el propio Ministerio del Interior y no resolverse por su parte otorgándole al infiltrado el premio económico de un puesto en una embajada extranjera. Eso sí, mi sorpresa es nula pues en este país sabemos que hay poderes intocables y bajo elogio mediático constante como el ejército, la policía o la judicatura. Este asunto ha tenido una derivada, casi con mayor protagonismo, que es la sexual. El policía en cuestión, como parte de su infiltración tuvo relaciones íntimas con ocho mujeres. Cinco de ellas han decidido denunciarlo por abusos sexuales, por engañarlas y hacerlas tener sexo pensando que era otra persona, no un madero con el que, según ellas, jamás habrían tenido una relación íntima que va más allá de compartir unas birras o una asamblea o los porros que el poli en cuestión solía ofrecerles. No sé si podría ser tipificado el asunto como abuso sexual (sí es interesante explicar que Kate Wilson, una activista inglesa que vivió una situación similar en su país, denunció y fue indemnizada) pero sí tengo claro algo, cuando tú intimas con una persona no solo te planteas su aspecto físico sino también sueles buscar otro tipo de empatías. Entiendo que, recordando el título de una película, a las denunciantes tal vez les duele pensar que han estado durmiendo con su enemigo. Si a alguien le parece que la terminología enemigo es excesiva, debo decirle que se equivoca. Cuando el estado te pone bajo vigilancia política eso es lo que te considera: el enemigo. Y ante esa clasificación ese estado estimará pertinente incluso meterse en tu cama y conocer tus intimidades, tus alegrías y tus pesares. Dentro del tema sexual se produce un enfoque añadido. Los machistas repugnantes y fascistas que expresan consideraciones del tipo: “habría que darle ocho medallas por acostarse con esas tipas” o alardean de lo que es un macho español. Estos individuos (e individuas, que algunas hay) son hijos ideológicos de un tipo que apestó la Tierra de palabra y acción llamado Gonzalo Queipo de Llano: “nuestros valientes regulares y legionarios han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y a la vez a sus mujeres. Está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos  sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”. En el fondo, la esencia del pensamiento del militarote fascista de hace 80 años y la del facha de hoy que se considera un demócrata es la misma: si eres una libertina que predica el amor libre no tienes derecho a quejarte de que el estado mediante un funcionario decida sacarte información en la cama ¿abusando? de tu confianza. El fascismo se adapta, se desprende de correajes o de uniformes (al menos en estos tiempos, aunque en Ucrania está desinhibiéndose), pero su esencia pútrida pervive en mucha gente acrítica que siempre ha venerado el poder y se ha enfrentado con dureza a quienes han luchado por lograr avances sociales. 

Otro globo, uno que nunca se desinfla, al que se inyecta incluso el aire público que todos respiramos, es el de la Banca. En 2022, periodo de incertidumbre económica, ha tenido, con casi 21.000 millones de euros, los mayores beneficios de su historia. Aún así quiere recurrir el impuesto extraordinario planteado por el gobierno en noviembre pasado. Recuerdo al desmemoriado que el rescate bancario supuso a las arcas públicas más de 60.000 millones de euros no recuperados. Ahora se avecina otro posible conflicto por el tema de topar las hipotecas planteado por Unidas Podemos en el seno de la coalición gubernamental. Mientras esto sucede, mientras cada vez más banqueros ingresan más de un millón de euros al año en un país donde el salario medio anual es 36 veces menor, o sea, 27.570 euros brutos, la tropa del PP y VOX cuestiona la subida del salario mínimo mensual de 1.000 a 1.080 euros. También reprueba este aumento la patronal CEOE que ha acordado para este año con su presidente, Garamendi, un salario bruto de 380.000 euros anuales que suponen la mefistofélica cifra de 31.666 euros mensuales.

Mediáticamente hay globos muy inflados y otros como el del periodista Pablo González, detenido en Polonia por espionaje, que malamente alzan el vuelo pues casi no les llega el aire. Es el tributo que pagas al no ser encarcelado por aquellos que no aceptan la soberanía ilimitada de los yanquis, el denominado eje del mal integrado por Rusia, China, Cuba, Venezuela, Irán, Nicaragua, Corea del Norte y algún otro descarriado. Pablo González lleva detenido casi un año, desde el 28 de febrero del 2022. Su abogado aún desconoce las acusaciones concretas y en los grandes medios, esos que si el territorio de la detención fuera alguno de los países arriba enumerados lo tendrían permanentemente en el top, hablan de él muy de vez en cuando y con una cautela carente de la fanfarria estridente que siempre aparece cuando la supuesta tropelía se comete entre los insumisos al Imperio.

domingo, 5 de febrero de 2023

Como un animal

Surgido de la profundidad de los tiempos

Entre el pozo de las tripas

Y la volatilidad del latido

Mísero trofeo

Me arrastra la depresión

Desde decenios

Entre la clarividencia y la ceguera

Presa soy.