miércoles, 15 de junio de 2022

Canarias: un disfraz, una posible tragedia y un par de anécdotas

No puedo evitarlo, cuando llega el 30 de mayo, Día de Canarias, aunque ahora el calendario está trastocado por la pandemia y ubica las carnestolendas en verano, casi siempre, quizás al haber sido la enseñanza mi ámbito laboral, he vivido el acontecimiento como una especie de mini carnavales, donde el acto más significativo es lo que comúnmente llamamos "vestirse de canario", que consiste básicamente en ponerse las mujeres una falda hasta los pies de vuelo amplio y variadísimo diseño y una blusa blanca con algún encajito y a veces un corpiño con cordones; los hombres casi siempre van listos con una camisa blanca o de rayitas finas verticales y, sobretodo, otorgante instantáneo de canariedad, el milagroso fajín, negro o rojo, y el cachorro. 

Fiestas de añoranza por un pasado rural y ¿bucólico? de un pueblo que elige representantes pero no decide. La palabra autonomía está siempre en boga, pero nunca en los últimos 40 años (ni antes) decidimos ni debatimos nada sobre ella. Tanto el estatuto de 1982, como su reforma del 96 y la posterior aprobada en noviembre de 2018, jamás fueron sometidos a referéndum. Tampoco deja resquicio la autonomía (el reciente ejemplo catalán y su represión nos alumbra) a que si el pueblo canario en un momento determinado lo decidiera, tuviera opción de lograr, entre otras opciones, su completa soberanía. El otro día vi, a través de facebook, un interesante vídeo de 2018 de Pablo Ródenas, dirigente de la hace decenios extinta Unión del Pueblo Canario y profesor jubilado de filosofía de Universidad de La Laguna. Un pequeño segmento me llamó poderosamente la atención. Expresaba que siempre se habla, sin problema alguno, de la conquista y colonización del archipiélago canario, pero que, siendo casi tabú referirse a Canarias hoy en día en términos de colonia, en cambio se desconoce la fecha en que Canarias, si ya no es colonia, se descolonizó. 

El disfraz se observa también en la negación de nuestra africanidad, llegándose a momentos de vergüenza ajena cuando el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, expuso en el parlamento que el volcán que erupcionó en la isla de La Palma el 19 de septiembre de 2021 era de los más destructivos surgidos en Europa en los últimos 100 años. Es triste ver en diferentes foros a muchos canarios casi dando codazos, en carrera frenética (y racista, conviene no olvidarlo), por desmarcarse de lo obvio. 

Y relación con la africanidad de Canarias tiene la posible tragedia a la que hago referencia en el titulo del texto. El citado Ángel Víctor Torres expresó a finales de mayo en sede parlamentaria, en respuesta a una pregunta del PP, que le tendió la mano (aquí entra eso que se llama "política de estado", que suena a algo así como política con mayúsculas de la que solo entienden esos "adultos" llamados PPSOE), que el ejecutivo canario está a favor de que se active el flanco sur de la OTAN, lo que, con toda probabilidad convertiría a Canarias en base militar de vigilancia ante posibles conflictos en la parte noroccidental de África y principalmente en esa franja situada al sur del Sahara, de fronteras muy dúctiles, que responde al nombre de Sahel. Por las mismas fechas el Ministro de Exteriores, José Manuel Albares, en rueda de prensa en Tenerife, se expresaba en el mismo sentido de ofrecer a Canarias (sin consultar a los canarios, que viven en un territorio muy delimitado) como base de despliegue de la OTAN en el mentado flanco sur. 

En 1986, en el referéndum para la permanencia en la OTAN, junto a Euskadi y Cataluña, Canarias fue el único territorio donde venció el no a la integración en esa organización. En aquella época hubo un potente movimiento por la neutralidad de Canarias, concebida como tierra de paz y no como plataforma de agresión. El otro día me llegó, vía WhatsApp, un audio de la intervención del poeta Agustín Millares Sall, recitando un poema titulado "Con un poema en las manos", en un Festival por la Paz celebrado en 1981 en Las Palmas de Gran Canaria. Al compañero que me lo envió le respondí que ahora la situación es mucho más lamentable que hace 40 años, pues ni siquiera tenemos un bardo de voz tronante, enorme, como era Agustín, que nos invoque. Gracias a la pericia y el empeño de mi hijo, en lucha con formatos y otras dificultades que la informática plantea, me es posible  insertarlo junto a la foto hablando y casi admonitoria del poeta. Escúchenlo, el sonido es (ya sabemos que para la desmesura de un tango "20 años no es nada" pero, guste o no, 40 son una barbaridad) algo deficiente, pero el mensaje  que viaja del pasado al presente tiene enorme vigencia.





El presidente Pedro Sánchez, próximo anfitrión de la cumbre de la OTAN el 29 y 30 de junio en Madrid, declaró, carente de vergüenza, que entrar en la OTAN nos libró del "aislamiento y oscuridad franquistas". Hago mención a la carencia de vergüenza porque se puede defender una idea, causa u organización sin intentar colar mercancía averiada. Entre los socios fundadores de la OTAN en 1949 estaba Portugal, un país que padeció una dictadura parafascista entre 1926 y 1974. O sea, más larga que la dictadura de Franco. Portugal, a pesar de su tradición anglófila, fue neutral en la Segunda Guerra Mundial hasta 1944 en que cambió su estatus a "no beligerante" a favor de los aliados tras llegar al acuerdo con EEUU de permitirle usar una base militar en Las Azores. Probablemente esta circunstancia facilitó su ingreso en la OTAN y el orillamiento de la condición democrática. En 1952 se incorporaron Turquía y Grecia.  La primera ha sufrido en este periodo diversos golpes militares que no han cuestionado su pertenencia a la organización que comanda EEUU; la segunda padeció entre 1967 y 1974 la llamada Dictadura de los Coroneles, liderada por militares de extrema derecha. Con  el gobierno de Franco EEUU firmó un acuerdo en 1953 que permitió el establecimiento de bases militares. Probablemente la condena a fines de 1946 en la ONU del régimen de Franco, tildándolo de fascista e instaurado con el apoyo de la la Alemania nazi y de la Italia fascista, resultaba, en estética y en ¿ética?, una barrera complicada de saltar para su incorporación a la OTAN, conformándose EEUU con una relación bilateral, enmarcada en el contexto de la Guerra Fría, que a Franco aliviaba y respaldaba y a EEUU le servía para cubrir mejor el flanco sur europeo.

Tampoco conviene olvidar, ahondando en la consideración de la OTAN como un baluarte democrático, que en agosto de 1990, en una intervención ante el Senado, el Presidente del Consejo de Ministros de Italia, el democristiano Giulio Andreotti, admitió la existencia de una red paramilitar secreta en Europa Occidental (la denominada Red Gladio), coordinada por la OTAN y la CIA, cuyo objetivo era luchar, desde eso que conocemos como "las cloacas", contra la expansión del comunismo. En Italia, debido a la pujanza de su partido comunista, actuó, valiéndose de organizaciones de extrema derecha, con especial dureza mediante múltiples atentados entre los que destaca el de la estación de Bolonia de 1980 con 85 muertos. Miembros de esta ultraderecha que protegía la "cara oculta" de la OTAN, como Stefano Delle Chiaie, trasladaron su mal hacer a países de Sudamérica, lugar donde operaba otra red siniestra también respaldada por EEUU, el denominado Plan Cóndor (cooperación represiva de varias dictaduras militares sudamericanas en los años 70 y 80). Así, en Chile, el citado Stefano Delle Chiaie fue recibido, junto al líder neofascista Valerio Borghese,  por el general Pinochet y su hombre de confianza Manuel Contreras, a quienes ayudo a diseñar su policía secreta llamada Dirección Nacional de Inteligencia (DINA). Sobre este asunto recomiendo una novela de reciente publicación que a mí me pareció maravillosa, pues emociona e instruye: Las cenizas del Cóndor, del uruguayo Fernando Butazzoni.

Después de "viajar" a lomos de la OTAN retorno a Canarias y voy a por las dos anécdotas, quizás irrelevantes, pero que a mí me generan cierta desazón.

La primera ocurrió en otra fecha simbólica: el 29 de abril. En esa jornada de 1483 se produjo la incorporación definitiva, tras la derrota de la resistencia aborigen, de la isla de Gran Canaria a la Corona de Castilla. Ese mismo día, 539 años después, se produjo un hecho singular. En la cima del Roque Nublo, monolito natural de 80 metros de altura desde su base, resto de un antiquísimo volcán ubicado en el centro de la isla, a cuya cima solo se accede con técnicas y equipos de escalada, aparecía una bandera canaria con las siete estrellas verdes.   La expresión más común que leí fue la de "atentado ecológico". El director general de Medioambiente del Cabildo Insular de Gran Canaria, liderado por el nacionalista Antonio Morales, pidió la colaboración vecinal, o sea, la delación, para poder sancionar. El periódico La Provincia decía: "El valor sentimental e histórico del Roque Nublo, declarado Monumento Natural, convierten el acto en una herejía y una infracción". Una herejía que sin embargo permite que cada día el camino que va desde la carretera, con decenas de coches aparcados, hasta el pie del monumento esté transitadísimo por naturales y foráneos, llegando a hacerse la broma de que, a veces, el sendero, por su masificación, parece la comercial calle de Triana la noche de Reyes. El entorno del Nublo, por supuesto, hay que cuidarlo, pero hacernos creer que colocar en la cima del emblemático roque una bandera con un mástil de madera, prensado con unas piedras y aprovechando un agujero natural del suelo, es una especie de crimen, herético, para más horror, demuestra el poco respeto intelectual que nos tienen. Fue, como habría sido la ubicación de la rojigualda, un acto político sin vandalismo de ningún tipo. Y un acto que, además, viendo la reacción criminalizadora, transita de lo anecdótico a lo necesario.

La segunda anécdota es también de tipo simbólica. La jubilación me ha convertido en un caminante bastante habitual de la avenida que bordea la playa de Las Canteras. En la zona de la Puntilla, uno de sus extremos, aledaña al barrio de La Isleta, está la plaza Eduardo Suárez Morales. Aquí tienen la foto de la chapa que la designa:




Quiero hacer dos consideraciones: una de forma y otra de fondo, pero que quizás se entrelazan.

La forma es denigrante. Un poste inclinado y una chapa (el término despectivo está usado adrede) con las esquinas herrumbrosas. Pero claro, temo que la forma esté vinculada al fondo. Si ustedes se fijan, debajo, en letras mucho más pequeñas, pone una única palabra: diputado. O sea, el 99% de las personas que lean esa placa se quedan sin saber porque se le dedica esa plaza a un señor que solo fue, no se sabe ni siquiera cuando, diputado. Con la cantidad de diputados que ha tenido la provincia de Las Palmas a lo largo de su historia, parafraseando a Celia Cruz, no habría plazas para tanta gente. 

Eduardo Suárez, a su pesar, le fue la vida en ello, no fue un diputado cualquiera. Miembro del Partido Comunista, integrante del Frente Popular, sacó su acta en febrero de 1936. Cinco meses después, ante el golpe fascista, junto al delegado gubernativo del noroeste, el farmacéutico socialista Fernando Egea, intentó organizar la resistencia en los municipios de esa zona. Detenidos entre Agaete y La Aldea el 24 de julio y acusados por un tribunal militar de forajidos (sí, el gobierno republicano declaro fuera de la ley y de sus cargos a todos los militares sublevados), sangrante paradoja, del delito de "rebelión", en cuyas antípodas se situaron con su firme defensa de la legalidad republicana, fueron fusilados el 6 de agosto. 

No quiero ser injusto, sé que Eduardo Suárez tiene un busto en la Plaza del Pueblo (donde se encontraba la Casa del Pueblo dinamitada por los falangistas a los pocos días del inicio de la sublevación militar) ubicada en el corazón de La Isleta, pero creo que si también se le da su nombre a una plaza que, además, es un lugar muy transitado, lo mínimo deseable y decente es poner una placa en un material más digno y menos deteriorable, como por ejemplo la piedra, con un texto, no extenso, pero sí explicativo de su accionar consecuente y del respeto que a cualquier antifascista merece su figura.


jueves, 26 de mayo de 2022

"Estoy desentrenado" o el retorno de un desenfrenado consentido

Permítanme arrancar este texto con una anécdota. 

Todos sabemos que a la hora de escribir en un dispositivo electrónico el llamado predictor puede jugar malas pasadas y hacer que surja alguna palabra similar a la que queríamos escribir pero diferente. A mí me acaba de pasar al iniciar la escritura de este artículo. Circunstancia casi inédita, he comenzado poniendo el título que, si el devenir del texto no me lleva por su propio derrotero, quizás sea "estoy desentrenado". La anécdota surge al darme cuenta de que el predictor, cuál si estuviera dotado de inteligencia propia y supiera la catadura del elemento objeto del título, puso un "soy desenfrenado", definición que, dada su ansia por la acumulación pecuniaria,  retrata casi a la perfección a la persona (en realidad retrata a la dinastía en pleno) con la que pretendo arrancar este texto, Juan Carlos, el rey llamado, burlándonos (en el doble sentido) la necesaria "d",  emérito.

El escueto "estoy desentrenado" fue, según publicó  El País a través de twitter, el mensaje que envió el hijo político de Franco a la tripulación de su barco de regatas, que sigue siendo, para más cachondeo y escarnio, El Bribón. Y, efectivamente, después de casi un par de años "varado" en una estancia de lujo en los arenales de Abu Dabi, el individuo ha regresado, aunque sea de visita, cierto que ya se anuncia otra para el próximo mes de junio, al estado español. Ha viajado en vuelo directo de Abu Dabhi a Galicia en un lujoso jet alquilado según el diario digital Público, que consultó precios, por la módica cantidad de 97.000 euros. Más allá de la impresión del precio por un viaje de 6 horas que, siendo para él calderilla, le sufraga alguno de sus espléndidos amigos árabes, he sonreído con amargura pensando en como nos machacan la mente con que controlemos el uso del transporte privado y utilicemos en la medida de lo posible los transportes públicos para preservar el medio ambiente planetario y evitar los problemas de contaminación, como nos tratan como a imbéciles llenándonos de cortapisas, seguro que necesarias, pero que puedes saltarte con una única condición: tener dinero en abundancia, pertenecer a una élite depredadora que ha ganado por completo la batalla ideológica logrando que el significante izquierda se ubique para una gran mayoría de la población, casi exclusivamente en múltiples problemas de enorme importancia, pero casi siempre olvidando u orillando el eje que nos va a vertebrar la vida desde que nacemos: la clase social. Lo expresó Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, poniendo en cuestión la "meritocracia" y la teoría del "esfuerzo personal": el 90% de los que nacen pobres, mueren pobres por más esfuerzo o mérito que hagan, mientras el 90% de los que nacen ricos mueren ricos por poco empeño que pongan.

Vuelvo al meritorio ladrón que, según sus defensores, ha retornado exonerado por la justicia. No es así, lo que lo exonera es una interpretación de la Constitución del 78 que sitúa a la monarquía española en los lindes del absolutismo. El juez de la única causa abierta que tiene Juan Carlos, en Reino Unido por supuesto acoso a Corinna Larsen, receptora de un "regalo" de 60 millones de euros, explicó con gran claridad, ante la demanda de su defensa de que en calidad de Rey Emérito sigue siendo inmune, lo siguiente: "En su forma más cruda, el argumento (...), si se acepta, significaría que si mañana el demandado entrara en una joyería en Hatton Garden y roba un anillo de diamantes, no podría enfrentar ningún proceso civil o penal en esta jurisdicción". Diáfano. Nunca, nunca la irresponsabilidad (también en el doble sentido) de sus actos debía aplicarse fuera del ámbito político donde su actuación tenía que estar refrendada en todo momento por el gobierno. Lo entiende cualquiera que posea un mínimo de dignidad y no tenga alma de esclavo comulgante con ruedas de molino.

Tengámoslo claro, la jefatura del estado en España la ostenta alguien, el rey actual también, que está de facto "fuera de la ley" en el sentido de que ésta, al menos en el estado español no le puede alcanzar (aunque sus letrados querían establecer el planeta como ámbito de su impunidad), pues existe la onerosa inmunidad que se traduce en un "todo vale" que convierte el comportamiento del individuo en puro libre albedrío de su moral personal. Y el nivel moral del padre pródigo queda reflejado en una frase que podría constituir una trinidad junto con las ya míticas "¿por qué no te callas?" y "lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir". La última expresión destinada a entrar en la historia es, a preguntas de una periodista, aún más concisa: "explicaciones, ¿de qué? (risotada final incluida)". Leyendo ahora las tres, escritas en sentido cronológico, observas en la primera al borrachuzo malcriado acostumbrado a la coraza mediática que le rodeó y cubrió a posta, durante decenios, sus tropelías; en la segunda, aún rey y en plena crisis económica de 2008, con la veda informativa ya abierta, le aconsejaron una actitud contrita mejorable hasta por un niño de primaria; en la tercera, muestra que ya todo le importa un bledo y el interrogante no hace referencia tanto a sobre que asunto tiene que explicarse, sino que ese "de qué", remarcado con la carcajada, contiene el enorme desprecio del impune, ubicado por encima de cualquier ley, por aquellos (todos nosotros, monárquicos o republicanos) que él sabe que somos, de facto, unos súbditos. 

Sí, súbditos a los que dicen que la monarquía tiene la legitimidad de haber sido votada en la Constitución de 1978 obviando que la elección de la forma de estado, véase Italia o Grecia tras la caída de sus dictaduras, precede a la elaboración de una constitución. Aquí, en lo que concierne al conocimiento que tenga cierta hondura, grandes corporaciones mediáticas mediante, nos lo birlan casi todo y nos endilgan un cuento. En los años 90, en una entrevista de la panegirista de la Transición Victoria Prego a Adolfo Suárez, éste, a micrófono tapado pero que captó sus palabras, confesó que metieron la monarquía en el "paquete" constitucional porque las encuestas revelaban que salía derrotada en un referéndum. Yo, desde la vivencia de aquellos años, me muestro escéptico, estoy convencido que con una campaña cuajada de temores, tipo OTAN en el 86, ganaba la monarquía. Incluso ahora, si se realizara, estoy plenamente convencido de que sería muy complicada la victoria de la opción republicana con el funcionamiento a plena máquina de unos batallones del miedo que anunciarían plagas bíblicas del tipo que la República trajo la Guerra Civil (y no el golpe militar de unos generales fascistas conniventes con la oligarquía y la Iglesia). Y sospecho que no ganaría con gran amplitud porque en Cataluña y Euskadi, esas dos comunidades que dificultan que la derecha oficial gobierne en el estado español casi a perpetuidad, tiene altísimos niveles de rechazo.

El gran responsable de la altanería de Juan Carlos, de que estos niveles de indignidad y desprecio se mantengan es el PSOE. No vale salir en los medios diciendo que el rey debería haber dado explicaciones o pedido perdón. A ninguno de nosotros, si delinquimos, o cometemos una simple falta, nos vale con pedir perdón. El PSOE está molesto con Juan Carlos no por esa leyenda urbana de ser un partido republicano, sino porque teme que le fastidie su plan de afianzamiento de la monarquía con la construcción, en la persona de Felipe VI, de un nuevo rey ejemplar. Hacer una transición exitosa del desprestigiado "juancarlismo" (¿se extinguió, adorable animalillo que superpobló las tierras de España, el republicanus juancarlistus?) a la consolidación del "felipismo" tiene, se supone, más probabilidades de éxito sin el heredero de Franco exhibiendo con descaro su impunidad mientras, por ejemplo, el rapero Pablo Hasel lleva en la cárcel desde febrero de 2021, en el país de la "democracia plena", por un mero delito de opinión, por unas letras que hablan de las corruptelas de la monarquía española, circunstancia que también hace que otro rapero, Valtònyc, lleve tres años exiliado en Bélgica, cuya justicia ha denegado recientemente su extradición. Estos flagrantes agravios comparativos deberían convocar miles de personas en las calles, pero el vacío de las calles y de no pocas mentes nos contempla. Y ese vacío tiene como raíz la idea de que la democracia, ese tótem que casi al día siguiente de la muerte del dictador tenía legión de adoradores, la trajo el hijo político de Franco y no, por poner un ejemplo entre miles, un obrero llamado Antonio González Ramos dejando su vida el 30 de octubre de 1975 en una comisaría de Santa Cruz de Tenerife víctima de feroces torturas. La democracia sigue siendo hoy en el imaginario de amplias capas de la población no una conquista, un logro, una lucha sufrida con muchas víctimas, sino el otorgamiento gracioso (en el sentido de gracia o concesión) de un rey providencial. Esta posición  la expresa claramente el locutor de radio ultraderechista Carlos Herrera en un texto escrito en ABC: "Los comunistas de Podemos estaríais detenidos si Juan Carlos no se hubiera dejado toda su energía en lograr una transición pacífica de una dictadura a una democracia". Además, abunda en otra tesis complementaria a la anterior: "Ese es su historial: haber recibido el poder absoluto de un dictador y haberlo puesto a disposición del pueblo español". Cualquier análisis serio sabe que, muerto Franco, la monarquía de Juan Carlos si quería perdurar, tenía como única posible desembocadura el establecimiento de un régimen multipartidista similar, al menos en las formas, a los existentes en Europa Occidental,  más tras la caída de las dictaduras de Portugal y Grecia en 1974. Por otra parte,  en pleno vendaval anticomunista y filofascista en Europa, los comunistas, de Podemos, de otras organizaciones o sin filiación partidaria, somos unos desagradecidos que no valoramos lo suficiente no estar presos. De aquí, de las palabras del Sr. Herrera, cualquier persona biempensante (español de bien en lenguaje fascista), deducirá que, para sus merecimientos, para su ímprobo esfuerzo en pro de la democracia que casi le cuesta la salud, el denominado emérito tiene el gran mérito de habernos cobrado (robado) poco.

Voy acabando con un dato que refleja la actitud real del PSOE, que deja en pura pantomima las palabras de reproche para agradar a un electorado que sabe que tiene querencias republicanas: ha bloqueado quince veces, junto al PP y a los fascistas de VOX, la formación de una comisión de investigación en el parlamento sobre los delitos de Juan Carlos que, claro, acabarían siendo los delitos de esa empresa familiar llamada monarquía. 

Al final casi todo es superfluo y cansino, bastante desalentador. Me basta con lo expresado (aunque me sobra una palabra hermosa y esencial para el devenir de la humanidad) por el revolucionario francés Saint Just en 1792: "No se puede reinar inocentemente: la locura es demasiado evidente. Todo rey es un rebelde y un usurpador". 

martes, 10 de mayo de 2022

Un archipiélago, una isla y un preso en el limbo

Islas Salomón es un estado ubicado en el Pacífico Sur que está a 1.500 kilómetros de la costa noreste australiana, a unos 5.500 kilómetros de Japón y a 9.100 kilómetros de la costa oeste de los EEUU. Lo conforman algo más de 900 islas, entre las que destacan seis mayores. En conjunto tiene una superficie de 28.400 kilómetros cuadrados y alrededor de 650.000 habitantes. Vamos, un lugar que, una vez lo ubicamos en el mapa tras haber oído hablar quizás por primera vez de él, asociamos con playas llenas de palmeras que se estiran hacia el mar, suave brisa, alguna tormenta vespertina y mucha placidez.

Islas Salomón firmó el 19 de abril un acuerdo de seguridad con China que, según el portavoz de Pekín Wang Wenbin, en noticia de Europa Press, plantea la colaboración entre ambas partes en materias como "el mantenimiento del orden público, la protección y la seguridad de personas y prioridades, la asistencia humanitaria y la respuesta a desastres naturales".

El primer ministro australiano, Scott Morrison, temiendo que dicho acuerdo fuera el preludio para una hipotética, y futura, base militar china en ese territorio, expresó que eso sería traspasar una "línea roja". Una línea cuyo traspaso, como todos sabemos, transforma las veladas amenazas  en tambores de guerra.

El ministro de Asuntos Exteriores de Japón, Yoshimasa Hayashi, declaró: "creemos que el acuerdo podría afectar a la seguridad de toda la región de Asia y el Pacífico y estamos observando el desarrollo con preocupación".

EEUU, negándose a descartar una intervención militar, por boca del Subsecretario de Estado para Asuntos de Asia Oriental y Pacífico, Daniel Kritenbrink, advirtió que actuara "en consecuencia" si China instala una "presencia militar permanente" tras la firma del mentado acuerdo de seguridad.

Debido a la reacción hostil de estos tres países al acuerdo establecí al inicio de este texto la distancia  aproximada de cada uno de ellos con Islas Salomón. Como vemos, de estos tres, el estado más cercano es Australia, aunque es importante matizar que sus principales núcleos de población, ubicados en el sureste del país, distan 3.000 o más kilómetros de Honiara, capital del archipiélago. O sea, podemos hablar de un estado ubicado en la misma zona, pero no casi fronterizo, como es el caso de Canarias, situada a apenas 100 kilómetros de Marruecos y el Sahara Occidental. No obstante, Australia, quince veces más distante, no duda en insinuar una respuesta armada si militares chinos se instalaran en ese estado soberano llamado Islas Salomón.

Con respecto a Japón decir que la distancia, como reflejo al inicio del texto, es mayor que los aproximadamente 5.200 kilómetros que hay entre la isla de Gran Canaria y esa "capital del mal" llamada Moscú. Siendo irónico, no puedo dejar de pensar con que poco se le desestabiliza la región a algún país, más habiendo sufrido, y no por alguna potencia regional, dos bombas atómicas.

En cualquier caso, Japón debería estar tranquilo, tiene tropas en su territorio de su estabilizador particular: EEUU, la tercera "pata" del taburete de la desconfianza ante el acuerdo chino-salomonense. Cierto que esta "pata", siendo lejanísima, es múltiple  y envuelve el planeta, siempre con generosidad y misión redentora. 

Decenas de bases estadounidenses en Japón y en Corea del Sur "custodian" China y el latente problema de Taiwan. Sin embargo, para estos tres países el factor que alarma la región es la hipotética (el primer ministro de Islas Salomón lo ha desmentido, lo cual no quiere decir que no pueda ocurrir) instalación de una base militar china en un territorio no colindante, e incluso muy lejano, de los estados que han expresado su desconfianza. 

EEUU nunca deja de impresionarme, los australianos y japoneses son meros lacayos, pues tiene un desparpajo y una doble moral inigualables. Para ellos, única gran potencia imperialista del planeta, es inconcebible el mundo multipolar que, con grandes dolores y mayores peligros, se alumbra. No se puede entender desde otra perspectiva que pongan el grito en el cielo ante la supuesta base China en Islas Salomón cuando ellos tienen decenas de miles de soldados en zonas colindantes al país que censuras. Tampoco podemos olvidarnos del AUKUS (acrónimo en inglés de Australia, Reino Unido y USA), acuerdo militar para la región del Indo-Pacífico constituido en septiembre de 2021 por los tres países mencionados y al que quizás sea invitado Japón. No deja de ser curioso que un pacto que tiene como territorio de acción básicamente el sur y el oriente de Asia y el océano que lo circunda, esté constituido por tres países de los cuáles dos (cualitativamente los más importantes) no pertenecen a la región, ubicándose a miles de kilómetros de ella. Por supuesto, huelga decir que parece que se está gestando el embrión de una OTAN del Pacífico (concepto geográfico y tremendo contrasentido) en las narices de una China que cada vez más nos será presentada como una potencia imperialista cuando, al menos a día de hoy, solo tiene tres bases militares  en otros tantos países fuera de sus fronteras: Yibuti en África; Birmania y Tayikistán en Asia.

Antes de empezar a escribir, cuando pensaba en la posibilidad de este texto, me vino a la mente otro territorio rodeado de agua, en este caso no un gran  archipiélago, sino una pequeña isla: Granada. Su superficie es de 344 kilómetros cuadrados. O sea, es más pequeña que la isla de La Gomera. Ubicada en el Caribe, está a 2.600 kilómetros de Florida. Es un territorio de 112.000 habitantes que en octubre de 1983 (en esa época no llegaba a los 100.000) adquirió el triste honor de ser el estado más pequeño, en superficie y población, en  padecer una invasión de EEUU.

En 1979 había accedido al poder, liderado por Maurice Bishop, el Movimiento New Jewel que tenía un carácter socialista y aparte de hacer esa "cosa de comunistas" (al menos en muchos países pobres) llamada campaña de alfabetización, realizó otra cosa aún más comunista, establecer vínculos estables de colaboración con Cuba en diferentes ámbitos, principalmente el sanitario.  Y el 25 de octubre de 1983, tras un conflicto dentro del propio Movimiento que acabó con el fusilamiento de Bishop, se produjo la invasión de tropas yanquis en ese país minúsculo pero, se supone, al igual que Islas Salomón, soberano. La causa esgrimida para la acción militar por Ronald Reagan, presidente de EEUU, fue la construcción de un aeropuerto de considerables dimensiones (los dirigentes granadinos decían que tenía el fin de poder albergar grandes aviones turísticos), susceptible de ser utilizado militarmente por Cuba y la URSS para ayudar con armamento a las guerrillas centroamericanas de El Salvador y Guatemala. 

El Secretario de Estado de Eisenhower, John Foster Dulles, dijo que "EEUU no tiene amigos, sólo tiene intereses". Sé que es un concepto aplicable, en mayor o menor medida, y dependiendo del poderío, al conjunto de naciones. Pero hay un matiz que siento fundamental: la absoluta carencia de escrúpulos en cuanto salen de sus fronteras, aunque viendo el gatillo fácil de muchos policías cuando el sospechoso es de piel oscura tampoco es que en el interior anden sobrados. Pero en cualquier caso sí existen más escrúpulos y siempre alardean de sus derechos y enmiendas constitucionales. 

La esencia de Guantánamo y las cárceles secretas en otros países es considerar que tu territorio es un santuario de la democracia y así, el "americano" que en casa es pulcro caballero de sólidos valores, fuera es inescrupuloso bandido y genera engendros como éste con el que quiero acabar el texto: el caso de Hassan bin Attash.

En 2002, con 17 años, fue capturado por la inteligencia paquistaní en Karachi y entregado a EEUU que tras "pasearlo" por diferentes cárceles secretas donde según sus abogados fue torturado, lo envió a esos "extraterritoriales" 100 kilómetros cuadrados que tiene EEUU en Cuba llamados Guantánamo. Veinte años después, a finales del pasado abril, el gobierno de EEUU ha autorizado su liberación cuando se encuentre un país dispuesto a acogerlo y "rehabilitarlo". Lo más grave, aún sabiendo yo que el derecho y su aplicación no están en pedestal alguno y carecen de venda y balanza, es que durante estos veinte años nunca ha sido acusado de delito alguno.  Quienes me hayan leído otros textos sabrán que casi nunca uso del resalte de frases mediante negritas. Hago aquí una excepción porque me parece que este caso tiene la esencia de la  máxima indefensión (¿sin acusación como te defiendes?) y una repugnante mentalidad imperialista que convierte al enemigo externo en alguien carente de los derechos que aplico en mi territorio, pues creo que todos sabemos que puertas adentro de "la gran democracia americana" es bastante inconcebible estar 20 años encerrado sin ser acusado de algún delito. 

O sea, en cualquier orden: archipiélago, pequeña isla o preso extranjero, siempre aplican, exasperantes e inmorales, un doble rasero.

miércoles, 20 de abril de 2022

El Sáhara y la infamia (o Pedro Sánchez ahondando en la traición)

Hace varias semanas, cerca de un mes, se produjo en el programa de radio Julia en la Onda, durante un debate en el que salió a colación la intervención armada del ejército ruso en Ucrania, una situación en la que dos componentes, el expolítico Ignasi Guardans y la periodista Elisa Beni, recriminaron con bastante vehemencia a la politóloga Arantxa Tirado su posición. Ésta, intentando analizar las causas del conflicto,  defendía que en las relaciones internacionales, por parte de los estados, guste o no, priman los intereses económicos y geopolíticos sobre las consideraciones éticas. En el estado español, a través de un conglomerado mediático fortificado en un pensamiento monolítico que acusa de prorruso al que enmienda o matiza, e incluso impide el acceso a medios rusos censurándolos, se nos presenta el apoyo a Ucrania, también con el envío de armamento, como el deber ético de apoyar una democracia (falso, la izquierda está ilegalizada) atacada por una tiranía (falso también, la oposición al conservador Putin son los comunistas del PCFR). O sea, el gobierno español muestra su actuación como un deber moral, una causa altruista por la que  las clases populares deben ajustarse el cinturón debido a que las sanciones a Rusia, al menos para Europa, tienen una parte de autocastigo.

Y en eso llegó Pedro Sánchez y, mostrándonos que la hipotética ética que le alumbra en Ucrania es tan falsa como cierta es su condición de lacayo, mandó a traicionar, o, para ser más precisos, mando ahondar la traición.

Este texto quiere expresar más que unas ideas, el asco que siento por la decisión tomada por el presidente del gobierno español, con la dolorosa aquiescencia de facto de Unidas Podemos, de profundizar en una ignominia que dura ya más de 46 años, desde que el 14 noviembre de 1975, Acuerdo Tripartito de Madrid mediante, el estado español traicionó a la población del Sahara Occidental (provincia española cuyos habitantes tenían DNI en ese momento, no puedo dejar de pensar con cierta sorna en los españolazos que le espetan a un catalán  o vasco independentista eso de "mira que pone tu carnet"). Entregó su territorio a Marruecos (Mauritania, actor muy secundario, desapareció de la escena unos años después) y condenó a parte de la población saharaui a vivir desde hace más de 40 años en los campamentos de refugiados de Tinduf, en territorio argelino.

El 14 de noviembre de 1976, un año después de aquel infausto acuerdo, un político español pronunció estas hermosas palabras ante un pueblo que iniciaba un exilio que aún perdura:

"Sabemos que vuestra experiencia es la de haber recibido muchas promesas nunca cumplidas. Yo quiero, por consiguiente, no prometeros algo, sino comprometerme con la Historia. Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final".

El autor de estas palabras es Felipe González, un político al que Javier Krahe, en su canción de los años 80 Cuervo ingenuo, después de esa otra traición del PSOE que fue defender la permanencia en la OTAN, acusó de "hablar con lengua serpiente". El verso de Krahe es un retrato perfecto, y doloroso, del PSOE, ese partido que tiene la lengua bífida perfecta, la parte izquierda hace las promesas preelectorales y la parte derecha dicta las actuaciones y las leyes cuando gobierna. 

Si Felipe González en 1976 pensaba que el pueblo saharaui había recibido muchas promesas no cumplidas, qué habría que pensar desde un mínimo reducto de honestidad a las 21.35 del domingo 17 de abril de 2022, cuando escribo este texto que no sirve de nada, cuando ese pueblo observa que la potencia que los vendió y que hasta ahora al menos asumía el referéndum que, desde 1990, preconiza la ONU, en una maniobra rastrera del PSOE, que denuncia al "tirano" Putin y rinde pleitesía al tirano que gobierna Marruecos, asume la ocupación, la soberanía marroquí sobre ese territorio. No se engañen, la autonomía es una concesión que te hacen, estado central u ocupante, según el caso, en la que no decides nada; la autodeterminación implica tu capacidad de decidir, es una conquista, un ejercicio de soberanía.

En las palabras de Felipe González éste se compromete con la Historia, así, con una grandilocuencia que impone y solemniza, pero que en la práctica está vacía. Si se hubiera quedado ahí, aún hablando como secretario general del PSOE, su infamia sería básicamente personal, pero es que acabó el discurso diciendo, con aromas guevaristas ("hasta la victoria siempre"), que el PSOE, organización ya en aquellos momentos casi centenaria, estaría con ellos "hasta la victoria final".

La traición se produce después de que EEUU asumiera en 2020 (¿o impusiera?) el plan marroquí de autonomía que al gobierno español le parece "serio y creíble". Por eso hablé antes del lacayaje del actual presidente, cuya actuación se sitúa en la antítesis de la ética que cacarea y del deber que tiene el estado español como antigua potencia administradora del Sáhara Occidental.  Uno de los elementos informativos (y racistas) constantes en la crisis ucraniana es remarcar que la guerra acontece en Europa. En el "edificio", después de EEUU (ese estado rapiñero que reventará el planeta antes de aceptar un mundo multipolar que él no dirija), más bonito, ha surgido una guerra con unos refugiados de cabello piel y ojos claros para los que no existen enconados cónclaves de la UE en los que  establecer un cupo, ni crisis económica. Refugiados que son visitados en Madrid por el Rey y su familia, mostrándonos los noticiarios a la princesita rubia con la refugiada que es casi su imagen especular. Y entonces, airado, pienso que donde tendría que ir el hijo biológico y político del Rey Ladrón es a los campamentos de refugiados de Tinduf, mucho más cercanos que Ucrania (de Canarias ya ni les cuento), a pedir perdón por la infamia, otra más, que rubricó su padre. Y claro, ustedes, las personas sensatas que me leen (para insensato ya está el que escribe), me dirán que si el rey, en un imposible acto de loca dignidad, realizara tal acción, Marruecos enviaría cayucos del tamaño del Titanic. Y yo les diré que al menos, como al presidente de Ucrania, permitamos al presidente de la invadida y ocupada República Árabe Saharaui Democrática (RASD) dirigirse al Congreso para que sus señorías, puestas en pie, puedan dedicarle una ovación que nunca mitigaría ni una ínfima parte de casi medio siglo de ignominia.

Viendo el tema del suministro de armas por parte de España a Ucrania me planteo, con el tamiz de la ironía, y siguiendo la consigna del "irresponsable" de Asuntos Exteriores de la UE, Josep Borrell, que en redes sociales manifestó, con absurdo ardor guerrero, que "esta guerra (la de Ucrania) hay que ganarla en el campo de batalla", pedir que se obre con el mismo criterio en el asunto del Sahara y que el gobierno español, consecuente con su postura ética de armar al débil contra el abuso del fuerte, suministre armas al Frente Polisario, legítimo representante de la RASD. Y si el presupuesto da, de paso podemos mandarle algún lote al pueblo palestino que en la última semana ha visto morir, en esa masacre perpetua de la que es víctima, a más de 10 de sus hijos a manos del ejército israelí. También podríamos mandarle algún resto, por si la tregua en la que están ahora se rompe, al  pueblo yemení, que lleva siendo bombardeado siete años por Arabia Saudí. Aunque en este caso, antes de armar al débil, tendríamos que empezar por no suministrar armas al matón (con el permiso de Israel y el amo yanqui) de la zona.

Sí. Ironía aderezada con mala leche y frustración. La conciencia clara de que hay un verso de la canción del cantautor cubano Pablo Milanés (su país donó a finales de febrero 458.000 dosis de su vacuna Soberana 02 al pueblo saharaui), La vida no vale nada, que es premonitorio y que, lamentablemente, casi siempre se cumple y tiene una dimensión universal. A mí, a lo largo de mi vida, tras contemplar injusticias e impunidades,  me ha venido a la mente en múltiples ocasiones. Desnudando la realidad, lacónico, dice así:

"Y, al final, por el abuso se decide la jornada".

lunes, 4 de abril de 2022

 El pueblo piadoso

corta la cabeza del rey

lo redime

lo salva de su inhumanidad

lo convierte en ofrenda

para dioses ateos 

y le enseña a leer

(ágrafo entre los ágrafos) 

el mundo opacado y sangrante

los ceños fruncidos 

y el enigmático rictus del amor

martes, 22 de marzo de 2022

Reflexiones alrededor de la invasión rusa de Ucrania

Armándome de cinismo extremo podría decir, parafraseando un refrán de bondad harto dudosa: "no hay invasión (rusa) que por bien venga”.

Digo esto porque tengo la impresión de que no habrá más, de que estamos ante el final de las invasiones gracias al repudio universal, siempre y cuando no estemos ante un despliegue, también universal, de hipocresía. 

A partir del 24 de febrero de 2022 entramos, afortunadamente, en una nueva era donde cualquier intervención de una potencia extranjera (pongamos que hablo de la más invasora: Estados Unidos) en territorio ajeno será sancionada económicamente con extraordinaria dureza. También haremos del deporte, de la cultura y de la ciencia del estado invasor entes parias condenados al ostracismo.

Alguien me dirá que está muriendo y sufriendo mucha gente para que yo me ande con ironías de espectador lejano. Y lejanía parece que es una palabra clave en la gestión emocional. Ya nos decía Doña Carmen, la directora del Alonso Quesada, y nuestra profesora de Lengua en sexto de bachillerato, hablándonos de las noticias y su impacto, que no era lo mismo un asesinato en ese pequeño mundo inicial que es nuestro barrio, que a muchos kilómetros de distancia. Cierto que desde mitad de los 70 ha llovido mucho internet y el barrio ha crecido tanto que cada vez, aunque parezca un contrasentido, es más pequeño. No obstante, su corazón es grande y esta preparado para la acogida, con todo tipo de facilidades administrativas y materiales de los hermanos ucranianos, así, Alfonso Gómez Celis, secretario de política municipal del PSOE anuncia en twitter que “los ayuntamientos están trabajando para poner a disposición de los refugiados de Ucrania más de 100.000 viviendas sociales”,  y también se prepara para los sacrificios anunciados por los líderes europeos, producto de las sanciones implementadas contra Rusia que tienen algo también de sanciones autoimpuestas. Y nada mejor para una nación que observar como sus líderes económicos, esos que en Rusia serían oligarcas en la corte de Putin y aquí son creadores de riqueza o emprendedores o mecenas, predican con el ejemplo. Tal ejemplo ha dado aquella a la que nunca he visto a ningún gran medio dirigirse con el término oligarca, Ana Patricia Botín,  presidenta del Banco de Santander que gana alrededor de 10 millones de euros anuales, poniendo la calefacción a 17 grados y llamando, desde una de sus mansiones, a que la gente común, la clase trabajadora que habita 50, 60 ó 70 metros cuadrados y que quizás ya ahorra calefacción por imposibilidad de pagar la factura, haga esa pequeña contribución para nos depender del gas de nuestro nuevo villano favorito: Vladimir Putin. El Autócrata. El Dictador. El Tirano. El tipo que tiene los ojos muy juntos, rasgo físico que lo hace poco de fiar (les prometo que leí un comentario en ese sentido). En los grandes medios ahora sale el mentalista de turno hablándonos de las paranoias putinescas. Es una película ya vista en múltiples ocasiones cuando los EEUU y sus aliados ponen en la diana a algún líder díscolo o caído en desgracia. Conocimos a Milosevic el depresivo hijo de suicidas, a Sadam el ególatra y su grifería dorada, o a Gadafi el extravagante que dormía en lujosas jaimas, culminando en ese loco supremo de la historia que se llama Adolf Hitler. Todo esto, por supuesto, es bazofia para mentes perezosas capaces de comprar ideas tan peregrinas como la expresada por Pedro Sánchez (y que es el runrún de los grandes medios), que habló en una entrevista para Al rojo vivo de "una potencia nuclear, autócrata, que ha invadido un país democrático". La idea es peregrina porque, guste más o menos y teniendo yo un concepto mucho más amplio de democracia, Putin ha sido elegido en unas elecciones donde se presentaron diversos candidatos de diferentes organizaciones políticas  y adscripción ideológica. Desde la derecha a la izquierda que representa el Partido Comunista de la Federación Rusa, que, por cierto, quedó en segundo lugar. Sin embargo, esa Ucrania que Pedro Sánchez presenta como país democrático tiene ilegalizadas a tres organizaciones comunistas desde 2015 mientras ha dado alas a los nazis del batallón Azov al que incorporaron a la estructura de su ejército. Además, en un acto de profundización democrática, llevándola a una sima, el Consejo de Seguridad y Defensa Nacional ha decidido, el 19 de marzo, suspender la actividad, ilegalización de facto, de otros 11 partidos de izquierdas (Plataforma de Oposición por la Vida, Bloque de oposición, Oposición de Izquierdas, Unión de Fuerzas de Izquierdas, Partido Socialista Progresista, Partido Socialista de Ucrania, etc), uno de ellos con 44 diputados, acusados de ser prorrusos. Ucrania es un país invadido, yo no voy a hacer juegos malabares lingüísticos, porque cualquier estado que ve la entrada en su territorio de una fuerza militar extranjera sufre una invasión, sea dictadura o democracia. Y la invasión no convierte al invadido en democracia, ni al invasor en un estado gobernado por un autócrata siniestro, demenciado y con un fonil en la cabeza. 

La respuesta más común al porqué de la invasión hace referencia al imperialismo ruso. El mentado Sánchez en la entrevista citada dijo: "hay que parar los pies a Putin ahora, en Ucrania, porque no sabremos qué país será el siguiente". Da la impresión de que a Putin se le ha despertado el apetito de tragar países y le puede tocar a cualquiera. Extenderá el mapa, se tapará esos ojos convergentes, reirá siniestramente, y triste destino el de aquel territorio donde pose su caprichoso índice. Ésta es la idea infantil, de malvado de serie b, que transmite la frase de Sánchez. Aquí no hay ruletas ni caprichos.

Ubiquémonos: Rusia tiene una superficie de algo más de 17,1 millones de kilómetros cuadrados (34 veces la extensión del estado español). Hasta 1991 era la principal república, en cuanto a tamaño y demografía, de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) que tenía 22,4 millones de kilómetros cuadrados. La URSS, al igual que Rusia hoy, tenía superficie de imperio y materias primas y recursos energéticos en abundancia (no olvidemos que, multitud de sanciones después, el gas sigue fluyendo, en mayor medida incluso, hacia Europa). Hasta su desaparición no era raro escuchar el término "imperialismo soviético" o “social-imperialismo", aunque estos hacían referencia generalmente al denominado "bloque del este” y a la influencia que tenía la URSS en el Movimiento de Países No Alineados, surgido básicamente de la lucha anticolonialista. En un referéndum celebrado el 17 de marzo de 1991 la población de la URSS voto mayoritariamente (77%) por preservar la Unión Soviética. En diciembre ese "imperio" socialista, donde no había oligarcas, que nucleaba Rusia, se disuelve porque un referéndum no basta para contener esa enorme dinámica potenciada por EEUU y adláteres de destruir al estado más extenso del planeta. Y destruida la URSS, ganadores EEUU y el capitalismo global de la Guerra Fría, desaparecido el Pacto de Varsovia, no se produjo la correspondiente disolución de la OTAN. Al revés, lo comenté en un texto anterior, esta organización ha pasado de 16 a 30 miembros, extendiéndose hacia las fronteras de Rusia. Una acción militar, una guerra, casi siempre es injustificable y siempre es inhumana, pero nunca debemos renunciar a explicarla, a buscar sus causas, sus fundamentos. Y tal vez equivocado, pero honestamente, no acabo de ver el designio imperial en la invasión de Rusia, entendiendo como tal la búsqueda de territorios para ganar los recursos antes citados. Tengo claro que EEUU, la propia Guerra de Secesión (1861-65) lo demuestra, no consentiría sin una lucha armada la ruptura de la Unión, esa circunstancia que le ocurrió a la URSS, ignorando la voluntad mayoritaria de sus habitantes, el 26 de diciembre de 1991, cuando la Unión Soviética dejó de existir. También vale la pena recordar que en los años 40 del siglo XIX México perdió, guerra mediante, un 55% (2,4 millones de kilómetros cuadrados) de su territorio que pasó a engrosar el país del Destino Manifiesto, Estados Unidos. 

Hay guerras, como atentados, de primera y de segunda. Quizás soy yo, que hago asociaciones extrañas, pero la indignación que se nos muestra como planetaria, la gran ola solidaria con los refugiados ucranianos, me ha recordado los atentados de París de noviembre de 2015, enormemente sangrientos, pero no exclusivos. Parecía que en París, por primera vez, se producía un atentado que masacraba a población civil, cuando por ejemplo hemos leído, con la resignación de lo que percibimos como inevitable, que atentaban en Iraq, en Pakistán o Afganistán en un mercado o una mezquita, en noticias breves absolutamente rutinarias, con decenas de muertos igualmente rutinarios. En París tras el atentado se congregaron y fotografiaron, haciendo piña, muchos líderes políticos mundiales. 

Y eso es lo que a mí me desborda. Ahora cada día me hablan de la insoportabilidad (disculpen si el término no existe, pero a mí me brota como exponente rotundo de cualidad) moral que supone para la humanidad que en el ataque ruso a Ucrania mueran civiles, cuando nunca me han hablado de los 377.000 fallecidos, según cifras de la ONU de noviembre de 2021, por causa de la Guerra en Yemen, esa que implica los ataques aéreos casi continuos de Arabia Saudí sobre territorio del empobrecido y hambreado (muchos de los muertos son por esa razón) territorio yemení. 

Tanta doblez desalienta. Borrell, representante de la UE para Asuntos Exteriores, clamó en el Parlamento Europeo: "No hay igualdad entre agresor y agredido, nos acordaremos de quienes no estén a nuestro lado". Un par de semanas más tarde, el presidente del gobierno y secretario general del PSOE, al que también pertenece Borrell, en un viraje lleno de indignidad, da su apoyo, en el conflicto de la ex colonia española en el Sahara Occidental, a la postura marroquí (el agresor y ocupante), que plantea una autonomía  con la aquiescencia de EEUU, con respecto al pueblo saharaui (agredido y ocupado), que resiste y lucha porque se lleve a cabo el referéndum que, con el respaldo de la ONU, se planteó hace más de tres décadas. Y apenas seas un poco perspicaz te das cuenta de que en la postura de defensa de Ucrania, enviando armas España y la UE a ese territorio, práctica que nunca se ha hecho con la justa lucha de saharauis o palestinos o yemeníes (en este último caso el estado español vende armas a los atacantes saudíes), no hay apoyo al agredido, hay simple seguidismo y obediencia a las ordenes del amo yanqui y la búsqueda, ajena a cualquier principio ético, de que Marruecos mantenga bien vigilada la "frontera sur" de la Unión Europea. Mientras tanto surge, siendo algo frívolo, una especie de competición por ver que comunidad acoge más refugiados ucranianos a los que se les allana un camino administrativo que para los que desde el sur huyen de otras violencias silenciadas se torna valla amenazante, al pie de la cual, si la superas, te esperan unos amables funcionarios porra en mano.

https://twitter.com/RTVEMelilla/status/1499475809987350534?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1499475809987350534%7Ctwgr%5E%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.publico.es%2Factualidad%2Fsale-luz-video-muestra-brutalidad-policial-migrantes-valla-melilla.html

La doblez también la observas cuando lees acerca de juzgar a Putin por crímenes de guerra. Me imagino, volviendo al sarcasmo, que Putin tendrá que coger número o esperar turno poniéndose en la cola. Primero, por no irnos muy atrás (obviaré Vietnam y los bombardeos con napalm, el agente naranja y los incendios de aldeas pues éstas daban sustento a la guerrilla del Vietcong), podemos pasar por el banquillo a Bush padre y su invasión el 20 de diciembre de 1989, en una operación denominada "Causa Justa", de Panamá. Como para mucha gente queda algo lejana o la desconocían, les pondré  lo que decía en 2019, en el 30 aniversario, la página web de una emisora tan poco sospechosa de veleidades izquierdistas como la BBC. La entidad perteneciente al estado británico lo cuenta así:


Faltaban 30 minutos para la medianoche cuando la alerta sísmica se disparó.

Y entonces, aquel día de hace 30 años, solo se oyó el ruido de las explosiones: una avalancha de cazabombarderos estadounidenses surcaba el cielo de Panamá en vuelo rasante, dejando un estruendo de turbinas y proyectiles tras de sí. 

Arrojaban bombas sobre áreas populares de El Chorrillo -un barrio en pleno centro de la capital, bastión del régimen militar de Manuel Antonio Noriega- destruyendo todo lo que encontraban a su paso.

Aunque el objetivo era el cuartel central de las Fuerzas de Defensa, todo el barrio desapareció entre las llamas, junto a un aeropuerto y varias bases militares en Ciudad de Panamá y en Colón.

“Utilizaron artillería y aviación para bombardear las zonas más densamente pobladas de la capital, donde había una gran cantidad de población viviendo en caserones antiguos de madera”, le cuanta a BBC Mundo el sociólogo panameño Guillermo Castro Herrera.


Damos un salto de 10 años y nos encontramos con un militante del mismo partido que Borrell y Sánchez, Javier Solana, secretario general de la OTAN en 1999, cuando esta organización bombardea Yugoslavia durante tres meses de manera ininterrumpida atacando, por ejemplo, la televisión donde fueron asesinados once trabajadores o la embajada de China donde fallecieron tres personas.

Después vamos a por el Trio de Las Azores: Bush, Blair y Aznar. Arietes de la invasión de Iraq  con el pretexto de unas armas de destrucción masiva que evidentemente ese país no poseía, pues no tenía sentido la acumulación de armas de enorme poder destructivo y cuando te ataca la mayor potencia del mundo no las usas (lo siento, a mí me parece una lógica elemental). Esta invasión, según dos organizaciones británicas citadas por el propio Tony Blair, costó la vida a entre 106.000 y 112.000 civiles.

Tras este trio podemos llevar a varios primeros ministros israelíes. Su política con respecto a Palestina es inmisericorde. Con enorme superioridad tecnológica e impunidad internacional practican lo que llamo “el tiro a Gaza”.

Acabo la lista, sé que podría ser mucho más larga, con un perfecto desconocido para casi todo el mundo, Salman bin Abdulaziz, soberano de Arabia Saudí y martirizador del pueblo yemení, al que desde 2014 somete a bombardeo y a una enorme crisis humanitaria.

Sobre los crímenes de guerra El País nos dice que “EEUU advierte que atacar intencionadamente a civiles es un crimen de guerra”. A Estados Unidos le sobra razón al hacer esa afirmación, pero le sobra muchísima más desvergüenza. Dos bombas atómicas liquidaron en un instante a más de 200.000 habitantes de Hiroshima y Nagasaki el 6 y el 9 de agosto de 1945. Ese mismo año, unos meses antes, la noche del 9 al 10 de marzo, el mismo ejército llevó a cabo, en el mismo país, sobre la ciudad de Tokyo, el mayor bombardeo no nuclear de la historia, con bombas incendiarias de napalm que convirtieron la ciudad en una “hoguera gigante” según la antes citada BBC, ocasionando 100.000 muertos.  Estos crímenes de guerra, las mayores matanzas de civiles de la historia en bombardeos, deberían hacer a esa potencia que, como Rusia o China, no reconoce al Tribunal Penal Internacional, taparse un poquito antes de mostrar tal descaro a la hora de hablar de ataques intencionados a civiles.

Son muchas las ideas que me rondan y espero no estar siendo muy deslavazado. Antes de terminar quisiera tratar un aspecto que me parece muy grave: la censura informativa.

Y cuando hablo de censura informativa ya no me refiero a la ejercida por los estados o entidades como la UE que han decidido borrar al canal RT por pertenecer al estado ruso y propagar mentiras. No voy a entrar en valoraciones personales sobre la bondad o maldad de dicho canal. Sería vano. Sí me atrevo a decir que la pertenencia al gobierno ruso no debería ser un criterio. Todos los países europeos tienen emisoras estatales y si de verdad pensamos que su información es aséptica, circunstancia que además no existe, estamos en la higuera. RT, yo la he visto, como cualquier otro medio, público o privado, selecciona y prioriza informaciones, e invita a dar su opinión a determinados comentaristas, según sea su línea ideológica o los intereses de sus dueños en el caso de las emisoras privadas. Déjeme usted oír y valorar la postura de una emisora rusa que emite en castellano, no ya para España específicamente, sino para los cientos de millones de personas que habitan en América Central y del Sur. En general, y sé que el tema de las noticias falsas (las famosas fake news) es espinoso, estoy en contra de la censura, y creo que es el crédito de la verdad el que debe ir cubriendo, aunque sea lentamente, de descrédito la mentira.

Reconozco, haciéndome el iluso, que me ha sorprendido la desfachatez con la que se pretende que tengamos una visión uniforme del conflicto. En ninguna de las invasiones de EEUU que cité antes se generó una reacción tan vergonzosa. Y no me refiero a la posición oficial de la UE o los propios EEUU y algún otro aliado, esos que representando alrededor de 1500 millones de personas (20% de la población mundial) se arrogan el rimbombante título de Comunidad Internacional. La mención es a lo que citaba al inicio de este texto: convertir a los rusos en parias, en apestados. Nunca hasta ahora se había planteado censurar o limitar la actividad de ciudadanos de un país que invade a otro. Si tal se hiciera creo que los artistas, los científicos o los deportistas de Estados Unidos no habrían puesto, en decenios, un pie fuera de su país, que ha ido, como en el juego de la oca, saltando de invasión en invasión. Y a nadie, con toda lógica, se le ha ocurrido vetarlos. Pues eso que nunca había sucedido ahora está a la orden del día. Así, por ejemplo, la Filarmónica de Cardiff llegó a cancelar un programa con obras de Tchaikovsky. 

Mención especial quiero hacer al mundo del deporte. Siempre he aguantado la matraca de que no hay que mezclar política y deporte. Ese mito, es una ventaja para tiempos futuros, ha quedado arrumbado y de paso la hipocresía queda desnuda y refulge (o debería). En 2009 el futbolista del Sevilla Frederick Kanouté fue multado con 3.000 euros por el Comité de Competición de la RFEF por lucir una camiseta que ponía la palabra “Palestina” (el contexto fue uno de los bombardeos israelíes) porque no debía mezclarse política y deporte. Ahora,  jornada  tras jornada, en la parte superior izquierda de la televisión, en un rectángulo fijo, aparece en cada partido el lema “no a la invasión”. Ya la política entró, dicho con ironía, al mundo del deporte. Siguiendo con la hipocresía, la Supercopa de España se jugó en enero pasado en Arabia Saudí, la ejemplar democracia, feminista, que bombardea Yemen y que el 12 de marzo de este año ejecutó a 81 personas. En términos futuribles ha salido en la prensa que organización del Torneo de  Wimbledon pedirá a Medvedev “garantías de que no apoya a Putin”. Eso mismo hizo, en el ámbito de la música, la Scala de Milan con el director de orquesta ruso Valery Gergiev, cesarlo por no responder a un ultimátum para que condenara el ataque a Ucrania. El gran maestro ruso Sergey Karjakin ha sido suspendido por la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) durante 6 meses por mostrar mensajes de apoyo a Putin en las redes sociales. Dónde quedó la tan cacareada libertad de expresión que en alguno de estos casos sería la simple libertad de lo opuesto: de callarse. Esto se parece muchísimo a un auto de fe en el que te exigen retractación y entonar el mea culpa. Ahora hay que convertirse al “antiputinismo” para no ser señalado o represaliado. Es un sendero peligrosísimo. Y sé que tanto el tenista como el ajedrecista o el director de orquesta son personas privilegiadas, que en ningún caso sufrirán lo que pueden padecer otras personas anónimas de nacionalidad rusa que tal vez se encuentren, ante la enorme avalancha informativa unidireccional, en entornos, sociales o laborales, abiertamente hostiles. 

Esto nunca había pasado, permítanme recalcarlo, con ninguna invasión realizada por EEUU. Por eso hablaba al principio, con una ironía que ojalá la realidad futura me desmienta, de que se iniciaba la era del repudio universal e inexorable a cualquier tipo de invasión de un país por otro. Si, como me temo, así no ocurriera, pensaré que la hipocresía de la doble moral sigue, como siempre, campando a sus anchas.

No quiero acabar sin mencionar al periodista español Pablo González, encarcelado en Polonia por, supuestamente, espiar a favor de Rusia. El silencio de sus “compañeros” es atronador, tanto como sería la bulla y adjetivación mediática si estuviera encarcelado en Rusia por espiar para Ucrania.

domingo, 20 de febrero de 2022

Salario mínimo y humildad

El periódico "La Provincia" publicaba el 8 de febrero, inspirado por la patronal y su gran conciencia de clase, el siguiente titular: "La subida del SMI cuesta a las empresas canarias 82 millones de euros al año". 

Se refiere al incremento que, para este año, con efecto retroactivo a 1 de enero, ha propuesto el gobierno de 965 a 1000 euros mensuales como la retribución mínima que debe percibir por su trabajo una persona.

Se calcula que en Canarias la medida beneficiaría a 120.000 trabajadores, siendo la comunidad donde tendría mayor incidencia. Dentro de la extrema terciarización de la economía canaria predomina el turismo y el comercio, sectores donde al ser la cualificación laboral más baja el salario también lo es. Cierto que después viene, arrasadora, una pandemia, y nos demuestra que muchos oficios con remuneraciones bajas son básicos para el funcionamiento de la sociedad cuando ésta se queda en shock.

Ante cada subida que plantea el gobierno del salario mínimo, las organizaciones empresariales alertan de su repercusión en la destrucción de empleo (ese mensaje de apoyo al lamento empresarial subyace en el titular de la La Provincia). Siempre van a defender y ampliar, con uñas y dientes, su tasa de ganancia. De hecho, desde hace bastantes años la tendencia, imparable, es que dentro del Producto Interior Bruto la parte que se corresponde a las rentas del trabajo (los salarios) pierde terreno constantemente con referencia a las rentas del capital (el beneficio empresarial). 

En un estudio de 2018, llamado "La caída del peso económico de las rentas del trabajo", su autora, Carmen Vizán, expone que "en las últimas décadas el salario real medio ha crecido sistemáticamente por debajo de la productividad". Cuidado, la autora no habla aquí del salario mínimo, sino del salario medio, que es significativamente más elevado. Expresando que éste sube bastante menos que la productividad, quiere decir que todos estos años el margen de ganancia empresarial ha ido creciendo. Si el margen de ganancia ha ido aumentando tomando como referencia el salario medio, imagínense cual será, en muchos casos (sé que, entre otras, el tamaño de la empresa es una variable muy importante), el incremento de ese margen cuando se aplica el salario mínimo que, según datos de Comisiones Obreras, es percibido por 1.800.000 trabajadores en el estado español. 

Soy una persona crítica con este gobierno y la acción de Unidas Podemos en él, pero debo reconocer que uno de sus logros más importantes es la subida del SMI.

Entre 2008 y 2018 se incrementó de 600 a 736 euros mensuales. En 2019, tras un acuerdo de Podemos y el PSOE, sube más que en toda la década anterior situándose en 900 euros. Para 2022, tres años después, llega a los 1000 euros. Si con la reforma de la Reforma Laboral del PP siento una gran decepción, con el tema del salario mínimo creo que han habido pasos alentadores y beneficiosos para una parte de la clase trabajadora. Aprovechando que he citado el tema de la reforma laboral no derogada quiero hacer una consideración sobre las promesas, boca caliente mediante, de los mítines y programas electorales. Pareceré un inocentón, pero siempre defenderé que no es de recibo hacer promesas como banderín de enganche y para crear fervor entre las masas. Tanto PSOE como Unidas Podemos plantearon en múltiples ocasiones la derogación completa de la Reforma Laboral de Rajoy. Perfecto.   Globalmente ganan las elecciones. La aritmética les permite llegar al gobierno y, además, tener una mayoría parlamentaria con otras fuerzas como EH bildu y ERC que puede llevar a cabo el objetivo que plantearon, sin embargo, reculan (en el caso del PSOE esperable, y en el de Unidas Podemos decepcionante y doloroso) y se escudan en el lenguaje siempre pomposo de la concertación social para incumplir una medida programática que era un estandarte. Por eso he utilizado la expresión "llegar al gobierno", porque sé que el poder del dinero tiene capacidades más amplias y permanentes que los poderes otorgados por las elecciones cada cuatro años. Además, obedeciendo a la patronal que pontificó que del acuerdo no se tocaba una coma, la tramitación parlamentaria se hace a un todo o nada, donde ningún grupo tiene la capacidad de introducir enmienda alguna al texto presentado. Este incumplimiento sé que penaliza en mayor medida a Unidas Podemos, cuyo electorado suele ser algo más crítico y por lo tanto más dado a la decepción que el del PSOE, que lleva 40 años de incumplimientos electorales, hecho que en general no le impide tener un cogollo de hierro (como el PP) que le hace perenne. PP y PSOE podrán descender coyunturalmente en votos pero se mantendrán, más allá de cualquier trapacería, como ejes inmutables de la política española durante mucho tiempo. 

Y hablando de promesas "estrella", permítanme el inciso, la otra refulgente era la derogación de la denominada Ley Mordaza. Las informaciones aún son parciales, pero parece que transita el mismo camino: no derogación y retoque de determinados aspectos. ¿Seguirá teniendo la simple palabra de un policía valor de prueba? Así sucedió en el caso del exdiputado canario Alberto Rodríguez, condenado por el testimonio de un policía, sin el fundamento de una imagen o un simple parte médico que verificara la hipotética patada.

Vuelvo a los salarios. En este caso a los situados en las antípodas del mínimo e incluso del medio. Y citaré dos casos. 

El primero ya es un poco antiguo, pero sirve para ver la enorme diferencia entre las varas de medir: Antonio Garamendi, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), que considera lesivo el aumento del SMI, tiene un salario anual de 300.000 euros. En enero de 2019 declaró que era "una retribución humilde en un ámbito empresarial de alto nivel".

Me permitiré hacer unos "humildes" números. El salario de Garamendi le supone ingresar 25.000 euros mensuales. Si partimos de la base de que el salario mínimo quedará establecido en 14 pagas de 1.000 euros, mediante una simple operación matemática podemos deducir que el 18 de enero de este año (en poco más de medio mes) el líder empresarial ya había ingresado lo mismo que el trabajador que perciba el salario mínimo durante todo 2022.

El segundo caso es mucho más reciente y tiene el desparpajo, el aroma del truhan. Albert Rivera, antiguo líder de Ciudadanos, negocia desvincularse del despacho de abogados Martínez-Echevarría en el que entró en marzo de 2020 y pide que éste le pague el sueldo hasta marzo de 2025. O sea, según cuentas de El Diario, la resultante sería una "humilde indemnización" de unos 500 días por año trabajado. Cuando lideraba el partido potenciado por la oligarquía por si la pata derecha del régimen del 78, el PP, se desmerengaba (término exclusivo de Fidel refiriéndose a la caída de la Unión Soviética) por la corrupción, Rivera defendía una indemnización de 20 días por despido procedente y de 33 por el improcedente. Tampoco tenía en su programa la subida sustancial del salario mínimo.  Según se ha filtrado el emolumento anual de la antigua esperanza blanca (aquí no hay maledicencia, que conste) de la derecha excedía en alrededor de 100.000 euros la humildad salarial de Garamendi, suponiéndole tal hecho que el 14 de enero, como muy tarde, ya había ingresado, enterito, un salario mínimo anual de 14.000 euros.