jueves, 18 de marzo de 2021

Reflexión corta sobre diecisiete palabras para una película de gansters


Texto de la cuenta oficial en twitter del PP de la Comunidad de Madrid:

"Iglesias es un caribeño con chándal que vive de los demás en mansiones con séquitos de mujeres".

No son, como en el bolero, tres palabras. Son diecisiete. 

Y en ese exiguo número de palabras caben el racismo, el clasismo y el machismo.

El término caribeño está utilizado con afán degradante. Iglesias es madrileño, y la cuenta oficial del PP lo sitúa, para desprestigiarlo, como natural de una zona geográfica cuya población ellos consideran, a la luz de su texto, de inferior categoría. Un lugar de sangres mezcladas que tienden a la oscuridad de la piel, camisas de flores al sol con un mojito o un daiquiri, y pocas (o ningunas) ganas de trabajar. Racismo de manual de la moderna derecha española.

Chandal y mansiones. A mí se me han venido a la mente esas películas donde un gánster con cadenas de oro y sortijas, puro ensalivado en ristre y chandal abierto hasta un poco por encima de la prominente barriga, al borde de una piscina donde se solaza la que en el caribe llamarían una "reina de la belleza", ordena un asesinato con la misma facilidad que pide un whisky. Creo que el objetivo es despertar en el imaginario de la gente la repulsión y la envidia por el que presentan como nuevo rico (Pablo, el defensor de los pobres, ya pertenece a la clase alta), a la par que el despreció por el chandal como símbolo de algo cuasi lumpen, una especie de estigma que delata tu "verdadera" raíz y condición social. Con el agravante, digno de juicio sumarísimo, de que el supuesto nuevo rico, según ellos, es comunista y, por tanto, hizo votos de pobreza severa.

A los administradores de la cuenta, lanzados al fragor de la batalla, al final les faltó una pizca de valor al culminar: "séquitos de mujeres".  Harem era la palabra que tenían en mente y no se atrevieron escribir, pues el término séquito aquí tiene, no nos engañemos, el mismo sentido: un harem de descerebradas, pastoreadas y atentas a los niveles de testosterona del macho alfa, más allá de sus proclamas feministas.

Por cierto, se les cuela una verdad constatable en esas diecisiete palabras: todos, la cuestión esencial es cómo, vivimos de los demás: se llama vivir en sociedad. Cuando preparo el potaje de berros que tan rico me queda (creo que al sabor canario lo doto de un matiz caribeño inigualable), reconozco que yo no he cultivado los ingredientes ni los he transportado al lugar donde los compro.

Acabo con una mención a la Comuna de París, esa primera experiencia socialista que hoy, 18 de marzo de 2021, cumple 150 años de su inicio. Duró hasta finales de mayo, cuando las fuerzas de la burguesía, ubicadas en Versalles, la arrasaron. Miles de personas fueron ejecutadas en la feroz represión que conllevó su derrota. Esta placa del Cementerio de Pere Lachaise, uno de los lugares que contempló la masacre, las recuerda.

viernes, 12 de marzo de 2021

Canarias en su rincón (africano)

Racismo, xenofobia, invasión.
Son conceptos que están en boga en Canarias. No obstante, cualquier persona, sea autoridad, representante o caminante embozado, negará airadamente que el pueblo canario se caracterice, así sea de refilón, por alguno de esos términos. Es un clásico con mucha solera "la tradicional hospitalidad del pueblo canario", esa gente encantadora y de acento meloso, que incluso en sus cadencias futbolísticas (Manuel Vázquez Montalbán siempre citaba a la Unión Deportiva Las Palmas de fines de los 60 e inicios de los 70 como ese equipo que, cual serpiente de ritmo pausadísimo, te iba envolviendo hasta neutralizarte)
recordaba a Sudamérica.
Alguien que tolera mis envíos de los textos que perpetro, me escribió un wasap hace ya más de un mes diciéndome que "esperaba" un artículo mío sobre el tema migratorio y esa ola de "terror" que se extendía (parece que en cierta medida el pico de histeria ha remitido) por la isla de Gran Canaria. En cierta medida, el colega, por decirlo suave, me fastidió, porque ponía el dedo en una llaga que yo ya me había inspeccionado.
Tú, me he dicho en más de una ocasión, mucho hablar de que en EEUU al republicano por mucho que lo vistas de demócrata, apenas pone un pie fuera, imperialista se queda, que nos tragaremos, organización trilera llamada PSOE mediante, a la parentela del demérito ladrón con la más abyecta de las sumisiones, que Podemos esta en camino de aguantar de su socio lo inaguantable con la mísera e indigna excusa de la pequeñez de sus 35, que los independentistas catalanes da lo mismo que saquen el 52%: serán perseguidos mientras aspiren a que sus ideas transiten de lo abstracto a lo concreto. En resumen, me digo, tu arreglas el mundo exterior pero te escaqueas del suelo que pisas.
Y aquí estoy, algo abrumado entre el pueblo acogedor y un ambiente hostil y fascistizado hacia la denominada inmigración ilegal. Diría que intento ordenar mis ideas, pero creo que es falso. En realidad, me gusta agitarlas, me gusta coger el hilo de los pensamientos en el territorio de las peteneras y seguirlo a veces de manera un tanto errática expectante ante los derroteros que pueda mostrarme.
Miren, el primer racismo que hay en Canarias es el geográfico, y se promociona desde las instituciones. Me refiero a la caracterización de nuestro archipiélago como un territorio "atlántico", circunstancia repleta de indefinición que compartimos con territorios tan dispares y alejados como Islandia o Las Malvinas. Nadie discute la africanidad de Cabo Verde aunque diste 600 kilómetros del punto más cercano de la costa africana. Entre Fuerteventura y Cabo Bojador hay 95 kilómetros. Sin embargo, aquí es tabú una afirmación tan simple y evidente como que Canarias es un archipiélago africano, igual que la Guayana Francesa, pertenencia a la Unión Europea aparte, es territorio americano aunque políticamente este ligada a Europa al ser colonia francesa. Lo asocio con el racismo, aparte de con el tema político de no dar alas al independentismo canario (ahora mismo bastante escualido), porque para el pensamiento común dominante África es el continente negro o, en su defecto, de esos no caucásicos que habitualmente llamamos moros. Se ha ignorado, más allá de los ámbitos historiográficos que Canarias fue, tras su conquista, culminada a fines del siglo XV, un lugar al que llegarían gran cantidad de subsaharianos en calidad de esclavos. 
Estudios realizados con el ADN mitocondrial (linaje materno) por la profesora de Genética de Universidad de La Laguna, Rosa Fregel, apuntan a que el componente genético de la población canaria estaría compuesto por un 55% europeo, alrededor de un 42% norteafricano y un 3% subsahariano. El 42% norteafricano correspondería básicamente la población que habitaba las islas antes de la Conquista, derribando una idea que ha estado bastante extendida en nuestro archipiélago: los canarios se habrían extinguido, esfumado de la tierra que los albergó durante más de mil años antes de la llegada de los colonizadores. No expreso estos datos porque yo le dé valor a tener una componente genética u otra, pero es bueno ubicarse, conocer las raíces reales y no las ficticias. Las élites que dominan el pensamiento quieren que los canarios veamos África como algo ajeno por completo a nuestra identidad y, por eso, nos llenan la cabeza con esa nada que es ser atlánticos o hacernos creer, incluso mediante groseras mentiras geográficas como la que publicaba por twiter RTVE haciendo referencia que el primer lugar Patrimonio de Ballenas en Europa se encontraba entre Tenerife y La Gomera, que habitamos en continente europeo.
Alguien me dirá que me voy por las ramas, y a veces para lo que observas a ras de suelo no es mal lugar seguir las enseñanzas de Calvino (Don Italo) y ser un remedo del barón rampante. Sí, el pánico viene de los oscuros que emigran ilegalmente a una Canarias que no perciben como destino sino como puente. Antes de proseguir quiero detenerme en un término que hace a mucha gente con alma cuartelera poner firme su pensamiento: ilegal. Todo lo ilegal es para ellos intrínsecamente perverso y, ante la palabra, sacan su cerebro  de la cabeza, como un gorro se lo colocan bajo el brazo e inclinan la testuz. 
Siempre dicen, cansinos, lo mismo: la esencia de la democracia es el respeto a la ley, y la ley puede cambiarse. Pura hipocresía, con Franco, los que tienen ya una edad, también decían que el que tenía problemas  era por meterse en lo que no debía y no acatar las leyes.
La famosa Rosa Parks, cuando no se levantó en la guagua del lugar que no le correspondía por su negritud, también vivía en lo que se llama una "democracia representativa". El estado de Alabama tenía su parlamento. ¿Por qué, en vez de desafiar las leyes, no esperó pacientemente a que hubiera una mayoría  que quisiera cambiar las disposiciones reguladoras acerca del color de la piel y el derecho a sentarse? Es fácil. Casi de primero de conciencia. Porque los cambios legislativos, los avances que nos humanizan, históricamente, se fuerzan desde la calle, desde la acción, incluso violenta. Y a quiénes, falazmente desde la derecha o desnortadamente desde la izquierda, quieran ponerme un gritito en el cielo les digo que posen su exquisita mirada en enero de 2014, en Ucrania, en el Maidan. Con el apoyo de la UE y EEUU una rebelión violenta tumbó al gobierno ucraniano, en esos momentos aliado de Rusia, y logro imponer otro proestadounidense y que a cada rato rinde homenaje a los nazis ucranianos.
Para el fascismo, o la fascistización, la llegada de pobres que otros pobres sienten como una amenaza es una situación óptima. El fascismo, doctrina en esencia criminal, e instrumento de la oligarquía cuando se ve amenazada por la pujanza del movimiento obrero (eso fue en Italia, Alemania o España) tiene la virtud de la simpleza, del mensaje que llega a las tripas, ese lugar donde se aloja el miedo. A nadie le horroriza o enerva que 60.000 millones salvaran a la banca sin que ese dinero se recupere o suponga, al menos, la nacionalización del sector. Sin embargo, la posibilidad del raterillo norteafricano saca a mucha gente de sus casillas.
Yo vivo en Gran Canaria, pero una persona que no habite en nuestras islas podría pensar que estábamos en una situación de enfrentamientos diarios y robos generalizados. Las estadísticas lo desmienten, aunque no debemos negar la posible influencia de la pandemia en el descenso de las cifras. No obstante, da igual. El objetivo está conseguido. El pensamiento se pudre cada vez más y los viejos ideales, socialistas y comunistas, de paz entre los pueblos, los oprimidos, y lucha entre las clases, quedan arrumbados.
Y esto no quiere decir que no exista una problemática con la llegada masiva de inmigrantes a un territorio fragmentado, con una densidad de población elevada y con un modelo económico basado en el turismo que, como demuestra la pandemia, te hace extremadamente frágil a cualquier circunstancia que altere el orden internacional y lo frene.
En el marco de esta problemática una cifra destaca: a finales de 2020 el paro juvenil en Canarias rondaba el 60%. Es muy sencillo que esos jóvenes vean a los migrantes como una enorme amenaza. Como acelerantes tenemos a la prensa magnificando cualquier riña que si de turistas se tratara no tendría mayor relevancia, y unas redes sociales donde se confunde la libertad de expresión con la libertad de revolcarse entre mentiras y bulos que abren camino al pensamiento fascista.
Mientras este proceso se da y los parias se miran con desconfianza, Canarias, frontera africana de la Unión Europea, ejerce de carcelera.

lunes, 22 de febrero de 2021

Microrreflexión sobre la violencia

La violencia ya es una palabra tabú. Un concepto usado para que decaiga la reflexión y asome la consigna generalizada de un rechazo acrítico y estricto, sin siquiera pararnos un momentito y echar un vistazo a la historia y a la lucha de personas o grupos humanos que no siempre, aunque quizás les habría gustado, pudieron ser pacíficos.

En el fondo, mil ropajes aparte, todo sigue siendo cuestión de intereses de clase. Recordemos la "heroicidad" de los guarimberos venezolanos para estos medios de desinformación o tergiversación masiva que, en cambio, aquí degradan a los jóvenes que se enfrentan a la violencia policial a la condición de terroristas callejeros.

Por cierto, al hilo de quienes lloran por la quema de contenedores y el consiguiente quebranto de las arcas públicas, me cuestiono: ¿cuántos contenedores podrían comprarse con los 60.000 millones que el estado regaló a la banca?

A todos los seguidores del tabú no-violentista, les pregunto: ¿Ha habido en algún momento de la humanidad, un acto, un segundo más violento y atroz, generado por el ser humano, que el que causó la destrucción de Hiroshima y se repitió tres días más tarde en Nagasaki? 

Nos tienen, y es lo más triste, encerrados en sus marcos mentales.

martes, 2 de febrero de 2021

De exilios e hipocresías

Siempre intento, cuando escribo, la reflexión.  Ser, al contrario que en mi cotidianidad, un tipo alejado de la vehemencia.  La ventaja de escribir es que puedes contar, no hasta 10, sino hasta 50, 100 o 1000.  La escritura siempre tiene la posibilidad del reposo y, lo más importante, del repaso. Aunque sé que esto que planteo, con la inmediatez de las redes sociales, donde se conversa en tiempo real, también es cuestionable.  Los adolescentes y jóvenes, lo viví en el instituto en diferentes ocasiones, muchas veces no se dan cuenta de que si bien las palabras de un cara a cara airado se las lleva el viento, las escritas, no.

Reconozco que cada vez tengo más la tentación del exabrupto, no por la discrepancia, esa siempre, desde el razonamiento serio, es absolutamente respetable.  El problema es que ese razonamiento, aunque sea en su mínima expresión, muchas veces no lo hallas, encuentras la afirmación pura y dura de una posición sin aportar explicación alguna o, lo que es peor, esgrimiendo un símil que produce vergüenza ajena. Respecto a esto, hace unos días, moviéndome por twitter, una persona le espetaba a otra que el nacionalismo siempre era  reaccionario y una lacra per se. El espetado, con toda educación, le pedía al espetante lo mínimo, que, afirmaciones contundentes aparte, se lo argumentara, circunstancia que implica un razonamiento previo. La respuesta de este último fue, casi textualmente, la siguiente: "el nacionalismo es como el cáncer". No sólo no argumentó, sino que llevó su afirmación a un extremo colindante con la miseria moral al equiparar, sin ninguna fundamentación, una forma de pensar con una enfermedad grave.

Hay otro elemento que me pone el cuchillo en los dientes y es moneda tan común como la escasez de razonamiento (que nadie se ofenda que no he hablado de raciocinio) y quizás más irritante, porque conforme el primero surge muchas veces de la carencia y la complejidad, el que voy a citar ahora siempre nace de la malicia: la hipocresía.

Lo que antecede viene a cuento de que, tras la entrevista a Pablo Iglesias en el programa Salvados, el domingo 18, se puso de moda  una palabra bastante ignorada durante decenios, tanto por la población española como por la gran mayoría de su dirigencia política: exilio.

La RAE da dos definiciones que interesan para el objeto de este texto:

1. Separación de una persona de la tierra en que vive.

2. Expatriación, generalmente por motivos políticos.

Reconozco que me ha sorprendido la primera definición de la RAE (la segunda es coincidente con otros diccionarios: salir de un estado por causas políticas) por su excesiva amplitud. ¿El jubilado nórdico o alemán que recala en Canarias o Baleares, para vivir con sus huesos calientes el trayecto final de su vida, es un exiliado? ¿Los migrantes pobres que llegan a Canarias, esa tierra paradisiaca donde nunca ha existido delincuencia alguna, son todos (y quizás los haya) exiliados? El exilio es una migración, pero ¿toda migración es exilio?

Pero ese no es el objeto de este texto.

El primer impulso, su matriz, es, como dije en el arranque, la rabia ante tanto aprovechado y farsante, tanto rasgador de vestiduras de saldo. 

Lo he dicho en algunas ocasión y lo reitero, no soy ni militante, ni simpatizante de Podemos. Nunca estuve encantado y quizás por eso no me siento desencantado. Pienso que los réditos que está logrando, para las clases populares en primer lugar, e incluso par su futuro propósito electoral, son realmente escasos, pero no deja de alucinarme el instinto de cacería perpetua, el mayor, a mi parecer (por su casi unanimidad, salvo algunos medios digitales), contra un político en la historia reciente del estado español. Por supuesto, me refiero a Pablo Iglesias, y ojo, no planteo martirologio alguno, está ahí por su voluntad, pero observo una animadversión visceral, no fundada y animalizante, que no ha existido en este país por ningún otro político aunque haya tenido muchísimo más poder y capacidad de tomar decisiones bastante más trascendentes (y negativas) para la vida de las personas. Políticos que se han sumado e impulsado agresiones exteriores que han costado la vida de centenares de miles de personas (Aznar) o que se sospecha que han impulsado grupos ilegales armados (Felipe González y los GAL) tienen una aureola de respetabilidad. 

Yo les propongo un ejercicio mental: piensen por un momento que el Ministerio de Sanidad, con las decenas de miles de personas fallecidas en la pandemia, estuviera ocupado por Pablo Iglesias. Dejo al vuelo imaginativo de cada uno pensar lo que ocurriría y que consecuencias podría tener para su persona. Su ocupante real, Salvador Illa, acaba de dimitir, entre ciertas alabanzas a su gestión (que más de uno a confundido con su talante personal tranquilo, ajeno a la estridencia) y unas voces críticas en general bastante contenidas, para presentarse como candidato del PSC-PSOE a la Generalitat de Cataluña. El otro día el CIS presentó los datos de una de sus encuestas regulares. En el apartado de valoración de las personas que ejercen cargos ministeriales Illa aparecía en tercer lugar y Pablo Iglesias en la última posición. Y que no me vengan a decir, desde ciertas posiciones de izquierda que critican a Podemos, que el descrédito de éste es por el "derechismo" de la coalición. La persona más valorada del gobierno de coalición es Nadia Calviño, representante de la ortodoxia más derechista de la UE, quien se opuso, contra Pablo Iglesias, a la subida del salario mínimo. Ojalá la censura, la inquina que ha calado en amplísimos sectores sociales, incluso bastante desfavorecidos, fueran explicables por las políticas timoratas y "derechistas" de Podemos. Tiene que ver muchísimo más con la firme decisión de una oligarquía que detenta la hegemonía del pensamiento, y quiere restablecer y consolidar la absoluta hegemonía del PSOE en el llamado ámbito de la izquierda. Para amplios sectores de la población su responsabilidad en los males patrios es mayor que la de Pedro Sánchez, considerado una especie de títere de aquel al  que la fascistización creciente considera un malvado Rasputín de Galapagar.

Volviendo a la entrevista de Salvados, la última "indecencia" de Pablo Iglesias fue plantear que, como aquellos que salieron de España en el 39, Puigdemont es un exiliado. 

En menos de una hora las redes bullían de fotos que mostraban las hileras de los republicanos camino de la frontera francesa huyendo del avance de las tropas fascistas, o ya encerrados en el campo de internamiento de Angelés-Sur-Mer. No la vi, pero tal vez también pusieran la del atestado Stanbrook zarpando del puerto de Alicante con gente hasta en el mástil. En el reverso de la moneda se ofreció la sonriente imagen de Puigdemont en algún restaurante belga o en la puerta de la llamada Casa de la República en Waterloo.

Y se montó el aquelarre. Hasta Ciudadanos, que como los cerdos se alimenta de todo, siempre tan rácano a la hora de condenar el fascismo, como servicial a la hora de destruir el memorial instalado en el Cementerio Civil de Madrid en reconocimiento a los 3000 ejecutados en Madrid tras el triunfo de Franco, arremetía contra Iglesias. El País conminaba en un editorial al vicepresidente a pedir perdón, no sé si con mesamiento de coleta o moño incluidos, al exilio republicano. Y en las redes, miles que jamás han tenido en mente asistir a acto alguno de desagravio a los exiliados republicanos o a los asesinados por el fascismo, reposen en tumbas o cunetas, también clamaban con falsario ofendimiento. 

Alguna entidad mantuvo tanto la claridad de criterio como la dignidad y no quisieron ser utilizados para el linchamiento inmoral. La organización Foro por la Memoria explicaba que en esos días habían contactado con ellos medios de comunicación que siempre los habían ignorado. Y usaban la palabra clave de lo que buscaban de ellos: carnaza, mucha carnaza para seguir alimentando a la bestia del descrédito. No pienso que no haya personas cuya crítica sea honesta por sincero desacuerdo, pero tampoco puedo ignorar que el objetivo esencial de la enésima escandalera mediática en torno a Podemos es que el considerado voto de izquierdas vuelva a ese redil llamado PSOE.

Aquí quiero hacer un pequeño inciso. Uno de los ámbitos de crítica más feroz a Podemos es el de algunos sectores de izquierda que piensan que esa organización surgió en 2014 para frenar las luchas populares y desmovilizar a la población. Pueden estar felices estimados compañeros, seguramente en las próximas elecciones Unidas Podemos ocupará el ámbito que por decenios ocupó IU, no más de 20 escaños. Neutralizados los traidores y agrupado el voto de izquierda en ese partido que siempre sale indemne de sus traiciones a la clase obrera, llamado PSOE, quedarán abiertas las grandes avenidas allendianas para empezar a hacer la revolución. 

Sí, el redil se llama PSOE, ese partido que ha gobernado más de 20 años, alrededor de 10 con mayoría absoluta, y que ha consentido que aún haya decenas de miles de antifascistas (la mayoría correligionarios suyos) en fosas comunes. Observamos la miserabilidad de los hechos de anteriores gobiernos socialistas, contrastados con la crucifixión de una opinión convertida por muchos dirigentes de ese partido en un acto casi sacrílego. Yo, que nací 20 años después de su diáspora, siento mías la derrota y el sufrimiento o las desdichas del exilio republicano. Y tengo pocas dudas de que por su trayectoria de militancia en el PCE, por sus familiares represaliados o por la realización de programas como La Tuerka, Pablo Iglesias la siente mucho más que la cohorte de miserables y aprovechados vociferantes a los que ese exilio se las trajo siempre al pairo. 

Quisiera tornar a hacer algunas consideraciones sobre lo que me parecen malentendidos acerca de las implicaciones del término exilio. Hay que tener muy claro que no conlleva necesariamente estar dotado de bondad, portar estandartes de justicia, o ser adalid de las ideas más nobles. Preciso que en el estado español sí ha estado investido abrumadoramente de esos ropajes, pues históricamente ha existido un dominio pertinaz de las ideas más retrógradas.

El exiliado puede ser un sinvergüenza y un infame defensor y ejecutor de las políticas más deleznables. Cuando Somoza huyó de Nicaragua o Batista de Cuba, ambos eran, aparte de criminales execrables y perseguibles (con el primero acabaron por la vía rápida), exiliados. El propio bisabuelo de FelipeVI cuando embarca en Cartagena se convierte en exiliado. Sobre el exilio español quisiera hacer alguna precisión: siendo la condición social abrumadoramente mayoritaria la de los trabajadores, gente humilde que, como habitualmente decimos, "salió con lo puesto", no debemos obviar el exilio de profesionales, artistas e intelectuales y, por supuesto, de toda la dirigencia republicana. Recordemos que el gobierno de la República trasladó su sede a Valencia desde que el ejército de Franco llegó a las puertas de Madrid a inicios de noviembre de 1936. Desde Elda partirán al exilio el 5 de marzo de 1939, en avión, Pasionaria, Juan Negrín o Rafael Alberti. El grancanario Negrín, nacido en 1892 en una familia de clase burguesa que, cuando muchos trabajadores y campesinos no pisaban en su vida una escuela, pudo ir a estudiar a Medicina a Madrid y posteriormente a Alemania, es un hombre que vive su exilio en unas condiciones infinitamente mejores que quienes salieron sin nada y estaban condenados a pasar, al menos en el tramo inicial de su exilio, grandes penalidades. 

Tu nivel económico, tu status político o tu reconocimiento como intelectual o artista de prestigio marcan el devenir de tu vida cuando te ves forzado a abandonar un país. La manera de vivir de Puigdemont no lo hace más o menos exiliado. Lo es, porque su abandono del territorio español tiene su origen en su actividad política y, además, en su desconfianza en la acción de la justicia española. Quien habla de fuga es o un ignorante o un malintencionado pues cuando ha sido requerido, en Bélgica, se ha presentado en los tribunales. Tampoco ha traspasado esa frontera, la violencia, que algunos establecen como criterio para otorgar carta de exiliado. Por cierto, esto me trae a la mente una pregunta interesante: ¿cuestionarían algunos, siempre cercanos a la pureza, la condición de exiliados de aquellos republicanos que ejercieron la violencia fuera de los campos de batalla y los rebajarían a la mera condición de fugados?

Los medios y su arsenal de tertulianos repiten como loros lo del fugado Puigdemont (y el resto de sus compañeros, a menudo ignorados) porque saben que la mayoría de la población asume, acríticamente, su opinión machacona. El rapero Valtonyc está en el exilio porque no quiere entrar en la cárcel por un delito de opinión y de ofensas al hijo político de Franco, ese sí, fugado, protegido y financiado con dinero público. En unos días entrará en la cárcel, con el reprobable silencio de parte de la izquierda, otro rapero, Pablo Hasel, por decir la verdad: los borbones son unos ladrones. Él quiere afrontar su condena porque cree que así pone en evidencia con más claridad la injusticia del sistema que critica. Otros le aconsejan que se vaya, que engrose el exilio. O sea, se genera una especie de debate sobre qué es más eficaz en la lucha contra la represión, sea ésta por poner urnas, por cantar una canción o por manifestarse y que un atestado policial, que aquí siempre va a misa, te lleve a prisión.

Una última cuestión, establecer una comparación, como intentó Gonzo en Salvados, entre Puigdemont y el demérito, es bochornoso. El primero no se va porque se lo haya llevado crudo, incluso, estoy de acuerdo con Pablo Iglesias, siendo un hombre con una vida acomodada, su persistencia en cumplir su programa electoral (otro interesante elemento de debate) le ha conllevado un perjuicio personal indudable. Probablemente no pueda volver en bastantes años. Cierto es que a diferencia de Juan Negrín y otros republicanos, del exterior y del interior, no ha visto intervenido su patrimonio. El demérito puede volver mañana y su latrocinio permanecerá blindado con una triple coraza política, judicial y mediática.

martes, 19 de enero de 2021

500 o el pensamiento contra los poderosos

Mitad de enero. Todo circula, se mueve bajo el ala, cada vez más grande y ominosa, del coronavirus. El oleaje, y no es trillada metáfora, no cesa. Pero, lo escuchamos desde niños ante los infortunios, la vida sigue... hasta que se acaba, claro (vaya un perogrullo por otro). Y a veces te encuentras, como es mi caso, en una cota, agradable, que solo podría haber imaginado. Si ve la luz, y en el caso de que lo estés leyendo lo habrá hecho, este texto será la entrada 500 de un blog que en julio de 2011 nació, debo decirlo, de la irreflexión y con la certeza de que siendo yo un tipo de carácter inconstante, y teniendo limitadas capacidades expresivas, estaba condenado a una brevísima vida. No obstante, aquí estoy, en mi callejoncito, empuñando un bolígrafo borrable, comprado en una de las múltiples tiendas de la potencia que se avizora ante el decaimiento del "imperio americano", con las mismas dudas y ansiedades del inicio de cada texto y sabiendo también que si logro acabarlo sentiré, si dijera lo contrario con falsa humildad mentiría, una momentánea inflamación del ego que, con prontitud deja paso al obsesivo que teme no haber redondeado bien sus ideas. Curiosamente, cuando en alguna rara ocasión releo algún texto antiguo, tiendo, con cierta sorpresa, a pasarme la mano por mi propio lomo, pues suelo percibir mayor enjundia y mejor escritura que cuando los concebí. Sí, el callejón donde incluso hay dos poemarios ilustrados por Pilar de Vera, a pesar de que nunca he ascendido de poetastro, se ha ido colmando. Sé que ya el pobre está un poco obsoleto, pero me da cobijo y, aunque quien lo desee está invitado a escribir sus paredes, es uno de mis escasos lugares en el mundo, ese lugar donde uno intenta seguir el verso de Luis Eduardo Aute cuando dice "que el pensamiento no puede tomar asiento". Ahora priman las gigantescas avenidas, las redes sociales que cruzan el planeta y donde, ante el pensamiento incómodo, siempre está atenta la perezosa brigada del insulto y la descalificación personal, especialmente en twitter, lugar al que me asomo pero donde no tengo cuenta, aunque, por un cierto afán promotor, me ronda la tentación.

Después de este largo párrafo de un moderado (espero) narcisismo, entraré, poniéndome un poco estupendo, en la"sustancia" del texto.

Y, siendo honesto, creo que el personaje estelar de este callejón es el individuo que responde al título de "rey emérito".

Lo sorprendente de este caballero es la pertinacia y fervorosidad de sus acólitos. Funcionan como perfectos ángeles custodios que le perdonan sus tendencias cleptómanas y, lo que es peor aún, a pesar de lo abultado del peculio acumulado, justifican el pago de los gastos de su ocaso lejano y fastuoso. 

El detritus aflora tan implacable como la abulia del pueblo. Eldiario.es publicó hace unos días que Patrimonio Nacional paga una "ayuda de cámara" de tres personas a un tipo que tiene una fortuna calculada de, como mínimo, centenares de millones de euros. Le sufragamos protección y cuidados al mangante que quiso regularizar su situación con una declaración de algo más de 600.000 euros. Un escrupuloso me dirá: está usted llamando ladrón a alguien que no tiene (ni tendrá nunca, aviso) sentencia judicial. Le respondo: tiene a su disposición todas las cámaras del mundo para defenderse convocando la rueda de prensa más multitudinaria de la historia de España. Que, con gallardía real, lo haga. Que se presente voluntariamente en sede judicial a declarar y proclamar su inocencia. Que renuncie a la antidemocrática y absolutista inviolabilidad que le salvaguarda de cualquier tropelía cometida antes de su abdicación en 2014 (y de facto, después también).

Mientras se le pagan tres ayudas de cámara y servicio de protección a alguien que podría costeárselos aunque viviera hasta los 200 años, miles y miles de personas dependientes en el estado español  no pueden acceder a una ayuda, para sus necesidades básicas, de unas horas diarias o en días alternos. Yo no niego la condición humana de Juan Carlos, las fotos la atestiguan. Ahora mismo, y para el resto de su vida, es un ser humano dependiente, pero está claro que puede sufragarse la ayuda que necesita. Y el que no renuncie a generar esos gastos al estado, viendo la situación económica de millones de personas, muestra, con toda certeza, su lejanía del pueblo y la mentalidad de quien se considera (y la inviolabilidad lo sitúa) en un escalón superior, además de una ínfima catadura moral.

Si lamentable es lo anterior, más lamentable aún es que a este sujeto, que año tras año, en Nochebuena, mientras se enriquecía, soltaba discursos moralistas, que muchos aún consideran el padre de la democracia en España, con absoluto desprecio y falta de reconocimiento de tantos luchadores antifascistas que dejaron libertad, salud o vida por el camino, a este demérito, digo, lo siga protegiendo el PSOE. 

Hace unos días la Mesa del Congreso de los Diputados volvió  a rechazar, por quinta o sexta vez, una comisión de investigación sobre una de sus andanzas económicas. La peculiaridad de esta ocasión es que por primera vez los letrados de Las Cortes dieron el visto bueno, al referirse la citada comisión a las tarjetas black, posteriores a 2014 y usadas por varios miembros de la regia familia.

En ocasiones anteriores el PSOE se acogió a la negativa de los letrados, que no es vinculante, para votar en contra. Carente de esa excusa, Margarita Robles, Ministra de Defensa, declaró: "en una democracia sólida y seria no es bueno que se cuestionen las instituciones". A mí, quizás yerro, el razonamiento me resulta muy endeble. Parece lógico pensar que si tan sólida es una institución no debe haber temor al cuestionamiento, a la dilucidación de comportamientos inadecuados o ilegales. Este temor sería más entendible si la institución se considerara en situación de precariedad. La realidad es que no es muy pertinente usar el término seriedad para calificar a una democracia que permite una institución propiedad de una familia cuyo jefe, cual agente 007, tiene licencia para delinquir. Queda archidemostrado lo ya que no es accidente sino esencia: el PSOE es un partido tan monárquico como PP, C,s y VOX, pero con la malicia del engaño. Cualquier persona republicana que le vota al PSOE tiene que ser consciente de que su voto es a un partido objetivamente monárquico, que nunca moverá una ficha que nos acerque a una república. El alma republicana es una quimera que se utiliza de manera rastrera, en épocas electorales, para gente que se autoengaña.

El otro asunto al que quería hacer mención en este arranque del año es a las tribulaciones del Imperio.

¿Fue un golpe de estado el asalto del 6 de enero a ese Capitolio  en cuyo interior hoy, literalmente, acampan centenares de militares? La inexactitud de la ciencia política y la plasticidad, deformante, de muchos conceptos políticos, alimentan el debate. Yo, entonces, me retrotraigo, y veo, en blanco y negro, los aviones del ejército golpista de Chile bombardeando La Moneda con las bendiciones de EEUU, y el tipo de los cuernos y sus camaradas asaltantes me importan un bledo. Aquí, saco sin decoro mi visceralidad a pasear. Esa gente, la administración de EEUU y una mayoría de su población, más allá de sus rencillas internas, sigue impregnada de la idea del "Destino Manifiesto", de la América destinada a alumbrar, a guiar, a dominar el mundo. Y, desde esa óptica, ese cierto olor a chamusquina, esa capital del Imperio autositiada, tienen la belleza que siempre encierra la posibilidad del matón matonizado.

Si alguien está pensando: qué dices, insensato, si el gigante se resfría su estornudo puede barrer el planeta con peores consecuencias que el meteorito que arrasó a los dinosaurios. Nada novedoso. Sé que el riesgo existe y quizás crezca. Desde la Segunda Guerra Mundial es lo que hace EEUU, sin distinción del color de la administración, con absoluta impunidad. Impunidad que alzan sobre el título de autodenominarse la principal democracia del planeta. También, añado, son el culmen del fariseismo. Para muestra, estas palabras de Mark Zuckerberg, multimillonario propietario de Facebook, que justifica la suspensión de la cuenta de Trump por "incitar a una insurrección violenta contra un gobierno elegido democráticamente". 

Cada presidente de EEUU, casi desde su nacimiento como nación, ha atacado cuando, donde y a quien ha considerado conveniente. Ya en el lejano 1848 México perdió alrededor de dos millones y medio de Km2, más de la mitad de su territorio, a manos de su vecino del norte. En Venezuela, EEUU reconoce a un tipo que se autoproclama presidente en una plaza, al que seguro que ni Facebook ni Twiter, en una tan asquerosa como habitual doble vara de medir, han cerrado sus cuentas por insurrecto. Un pequeño inciso, me inquieta que estos multimillonarios, propietarios de redes sociales, puedan decidir, casi como autócratas, tapar la boca de un presidente, por muy desagradable que ésta sea.

La humanidad tiene un peligro básico, que se acrecentará a medida que China se acerque al "sorpasso" (es la única economía del planeta que creció en 2020), que se llama, no Donald Trump y sus cerriles seguidores, sino EEUU. Biden presentará, al menos de entrada, una cara más amable del Imperio. Circunstancia que, a la espera de los hechos, no es mala noticia, por ejemplo, para las bloqueadas Cuba y Venezuela, pero tengo claro que nunca accederán de buen grado, ni él, ni mandatarios futuros, a un mundo multipolar, un mundo de iguales donde cada estado decida, soberanamente, sin mirar de reojo a la hoy militarizada Washington.

Citar a Cuba me ha recordado que una de las últimas medidas de la administración Trump ha sido incluir a Cuba en una lista de países patrocinadores del terrorismo. Imagino que Joe Biden, con prontitud, revocará esta infamia contra un  pequeño estado que, navegando en aguas procelosas, lo único que patrocina, en estos tiempos de pandemia, brigadas médicas en decenas de países mediante, es la salud.

Después de tanta seriedad, me apetece acabar sonriente,  comunicándoles un capricho que acabo de permitirme, por si se tercian las barricadas. Me he comprado, con algo de suerte, ya había tallas agotadas, un mono manchado de pintura de la marca Ralph Lauren por la módica cantidad de 483 euros. 

jueves, 31 de diciembre de 2020

En el fin de un año que quiso perdurar

La pandemia lleva a millones de seres humanos a la pobreza, a las colas del hambre, a la desesperación y a anhelar, en el caso español, un titubeante Ingreso Mínimo Vital.  Reverso de la moneda, una sociedad suiza de servicios financieros (UBS) calcula el crecimiento patrimonial del conjunto mundial de los multimillonarios en un 27 %.

La inequidad, y de camino la iniquidad, se extienden. 

No, la pandemia no nos ha hecho mejores, ni peores. La bondad es necesaria, pero no es la cuestión. Yo no desprecio los imperativos morales, al revés, me parecen esenciales para nuestro camino personal en este planeta, pero sé que, desde tiempos ancestrales, a menudo han sido (y son), religiones mediante, traje de aire para el pudiente y pijama de hierro para el sueño del menesteroso. 

Imperativos éticos aparte (a veces tan degradados que pueden aparecer, durante decenios, hasta en la boca de los mensajes, mientras se lo llevaban crudo, de la familia Borbón), las condiciones materiales han sido el combustible para los avances humanos, para las luchas que han permitido ir poniendo pie en territorios tan anhelados como durante centurias o milenios vedados.

Esas mismas condiciones materiales, cuando sentimos el peligro del retroceso, nos pueden llevar a blandir, airados, la cainita quijada del burro, abriendo la rendija, la grieta por donde se introduce el hocico de la fascitización.

Pienso en parte de la gente humilde de mi tierra, Canarias, enseñando, ya que no los dientes, sus miradas torvas a los inmigrantes que llegan en cayucos pagando siempre un tributo de sangre. Según datos, escalofriantes aunque fueran la mitad o la cuarta parte, del colectivo Caminando Fronteras, publicados por el periódico La Provincia el 29 de diciembre, alrededor de 1851 migrantes han perdido la vida en su intento de llegar a Canarias este 2020. Nos impactan los naufragios en nuestras costas (el último costó 8 vidas en Órzola, que no fueron más gracias a la inicial acción decidida de los propios vecinos), pero los "anónimos" que se traga el océano carecen, más allá de la estadística, de existencia.

Pienso en los jóvenes que fueron a "asediar", hace unas semanas, un hotel del sur de Gran Canaria, por una riña, en la que supuestamente estaban implicados inmigrantes. Perfecto ejemplo de una clásica deriva de la lucha de clases: pobres contra muy pobres.

No me resisto a comentar una vertiente del pensamiento fascistizado, en boga en amplios sectores de la juventud, relacionado con los inmigrantes: aquí ejerce su machismo, agrede o acosa a las muchachas canarias, el cachitas de la tierra, faltaría más. Sí, gente a la que nunca veras en una manifestación contra la violencia de género o por cualquier otra causa justa, establece que de fuera no vendrá quien pastoree lo que ellos consideran su "rebaño particular".

Y Vox (el PP es más timorato, necesita, por miras electorales, no alejarse en exceso del centro) azuzando y presto a recoger en sus canastas el fruto podrido de la escasez de conciencia y el exceso de miedo.

Miedo dan también algunas votaciones como la habida recientemente en la ONU, y silenciada por los  grandes medios, ante una propuesta de Rusia que planteaba condenar el nazismo, esa fase superior del fascismo. Votaron dos países en contra: EEUU y Ucrania (esta vez ese lacayo de EEUU en la ONU llamado Israel tuvo, por obvias razones históricas, que separase de su tutelante). La Unión Europea, incluido el gobierno "socialcomunista" español, optó, 75 años después de la derrota del nazismo que asoló Europa, por una miserable abstención. Imagino que para su gusto faltaría la condena paralela del comunismo, esa doctrina en las antípodas del nazifascismo que, Ejército Rojo mediante, destruyó a las huestes hitlerianas en Europa, aunque una mayoría de la población europea, debido a la labor de los medios y a la potente industria cinematográfica de EEUU, piense, al contrario que tras la finalización de la guerra, que la derrota nazi fue, en su mayor medida, obra del país norteamericano.

Por cierto, ya que he citado a los medios, y acogiéndome a la benevolencia de ustedes con mis piruetas de un tema a otro (aunque todos son el mismo tema en esencia), como una bola de pinball,  me permito preguntarles si saben quién es Mauricio Casals. Seguramente no. Este buen señor es miembro de Consejo de Administración de Atresmedia (empresa propietaria de Antena 3, La Sexta y Onda Cero) y presidente del diario La Razón. Lo traigo aquí porque ha sido imputado en el denominado Caso Villarejo por la posibilidad de que haya encargado, al comisario más famoso de España, el espionaje de unos hermanos cuyo nombre da igual. García Ferreras, que cuando empieza su programa esquina el torso ante la cámara,  como invitándonos a correr la aventura más rutilante, o Vicente Vallés con su tono comedido y su derechismo mal disimulado, dan la matraca con lo de "más periodismo" y con la sacrosanta libertad de información. En este caso se acogieron a la libertad de silencio o a la razón de no morder la mano que mece la cuna. Lo mismo hizo en su momento, cuando fue imputado su marido, la "reina" de la comunicación mañanera, Ana Rosa (no hace falta ni que añada su apellido). Chitón. Ellos hacen la alharaca y hacen, también, el silencio o el disimulo. 

2021 comenzará sin que la llamada Ley Mordaza, promesa tanto del PSOE como de Podemos, haya sido derogada. Debo ser honesto y reconocerles que desconozco si lo que voy a comentarles a continuación tiene que ver con dicha norma. En cualquier caso sí se acomoda al espíritu de la citada ley el hecho de convocar a 12 jóvenes, los días12, 13 y 14 de enero, a declarar ante la Audiencia Nacional "por un delito contra la Corona". El hipotético delito cometido por estos jóvenes es el derribo, el pasado 12 de octubre, de dos estatuas simuladas de Cristobal Colón y Felipe VI. La acusación es puramente política y va, de lleno, contra la libertad de expresión, pues el derribo de tales estatuas, elaboradas por ellos mismos para ejecutar esa especie de "performance", es un mensaje donde se usa la plástica de la teatralidad como significante en vez de la palabra. Sí, esa acusación quiere amedrentar, que nos pensemos hasta las protestas más inocentonas (recuerdo que en otros lugares derriban estatuas verdaderas, aquí nos las traemos de casa). Imagino que el asunto quedará en nada, pero el mensaje de la justicia, al contrario que las estatuas de cartón piedra, nada simulado, está emitido.

Acabo deseando para quién lea esto, más que nunca, salud, mucha salud para el 2021. Incluso para los integrantes de esas cúpulas empresariales que han logrado, con la aquiescencia de los sectores más derechistas del gobierno, que no se suba el salario mínimo, haciendo circular la noticia, en las circunstancias actuales terrorífica, de que supondría la pérdida de 150.000 puestos de trabajo. Lo entiendo, la subida propuesta era escalofriante: 9 euros al mes. Suponía, la propia ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, hizo las cuentas, la inaudita cantidad, capaz de derribar cualquier empresa, de 30 céntimos diarios. Como colofón de este giro completo alrededor del sol que quiso perdurar para siempre, me permito este breve y apocado poema:


Y este año que fenece,

juguetón de hechuras siniestras, 

nos ha embozado,

nos ha legado, imborrable herencia,

las mentes exhaustas 

y la intuición de los labios.


Señores de nuestro rostro,

crece la sugerencia de los ojos,

languidos faros

de luz corta

y sendero extraviado.

domingo, 27 de diciembre de 2020

La educación o el sueño de la lucidez

"La educación en España ha desaparecido, no estamos creando ciudadanos lúcidos y críticos, estamos creando otra cosa".  Arturo Pérez Reverte en una entrevista de hace un par de meses.  

Actualmente está en primera línea de la actividad política la educación.  La derecha española, desde la fascista hasta la disimulada, ha hallado su nuevo casus belli en la LOMLOE, la ley de educación que sustituirá a la conocida como ley Wert.  Tras su aprobación en el Congreso la bancada de la derecha, puesta en pie, gritaba la palabra más manoseada, aquella que vale para un roto y para un descosido: libertad.  

Ese término mágico que muchas veces se utiliza con una tendencia absolutista. Una tendencia que sus principales valedores, esos que se dicen liberales hasta que se ven amenazados en su riqueza o estatus, y derivan al autoritarismo, aplican con una visión estricta de clase social, de dominación política.

La libertad, en su peligroso sentido absoluto, es directamente proporcional a los recursos económicos que tenga una persona. Quiero tener libertad para mandar a mi hijo a hacer una carrera a EEUU, pero, más allá de la bella palabra, es el músculo económico el que me permitirá llevar a cabo esa opción. No cabe duda de que es un banderín de enganche tan bello como, en no pocas ocasiones,  cubierto de mugre.

Aplicada a la nueva ley de educación, los derechistas "libertarios" han hecho bandera principalmente de dos elementos: la educación concertada, a la que no se le permite cobrar "voluntariamente", y la no plasmación en la letra del texto del inexistente español (que es el castellano) como lengua vehicular del Estado.

Estoy radicalmente en contra de la educación concertada.  Circunstancia en la que deberían estar de acuerdo conmigo los extremo-liberales que continuamente apelan a que el Estado adelgace. Su propia lógica debería hacerles defender una enseñanza exclusivamente privada, que no cabalgue a lomos del estado y, para quien no pueda pagársela, o la considere pertinente, una educación pública.

Pero defender la concertada… parece mentira. Los dietistas, los que quieren un estado a régimen perpetuo, defendiendo una educación privada sostenida con fondos públicos que benefician a un empresario, mientras ese, generalmente denigrado, estado, paga a unos profesores a los que, al contrario que a los de la enseñanza pública, no somete a procesos de selección alguna. Se enfadan esos empresarios porque, se supone, que la nueva ley quiere obligarlos a no cobrar esas mensualidades "voluntarias" para sufragar actividades diversas y, además, a acoger al alumnado con necesidades educativas especiales o conflictivo que, ¡oh, sorpresa! tiene como hábitat natural la enseñanza pública. En zonas con marcadores sociales muy deprimidos muy raramente encontrarás un colegio concertado. 

Seré honesto. Yo, con mis tendencias liberticidas, no permitiría otra enseñanza que la pública: una enseñanza científica y laica donde tendría cabida cualquier persona, fuera cual fuera su renta económica o su creencia religiosa.  La enseñanza normativa, no la de casa, no debería ser cuestión de la apetencia de cada ciudadano sino de ese ente colectivo que, se supone, vela por todos, llamado estado.  Ese debería ser el camino para tener lo que el polémico Pérez Reverte expresa en el entrecomillado con el que inicio este texto.

Estoy completamente de acuerdo con que ese debería ser el objetivo de cualquier ley educativa, mejor dicho imposible: ciudadanos lúcidos y críticos.

Aún compartiendo el objetivo que plantea Pérez Reverte, parte, en mi opinión, de una premisa engañosa: "la educación en España ha desaparecido". Me habría gustado que el académico planteara en qué momento hubo en España esa educación. ¿En  la dictadura de Franco? ¿En el temporalmente magro periodo republicano?

Quizás, forzando un poco, podríamos retrotraernos a la Institución Libre de Enseñanza, pero ese, no debemos olvidarlo, fue un intento que afectaba a unas élites. 

Los datos son reveladores. 

A inicios inicios del siglo XX el 45 % de la población española era analfabeta (37% hombres y 54% mujeres), sobretodo en las zonas rurales. En 1940 hay un 18,7 %. Transcurridos 30 años (1970), casi al final de la Dictadura, había un 9 % de analfabetismo. En ese enorme periodo la reducción no llegó ni al 10%. Cuba, por ejemplo, pasó, campaña de alfabetización mediante, de un 20% en 1958 a un 3,9 en 1961.

El fascismo hispano careció de voluntad política, no hizo esfuerzo alguno por sacar a grandes masas de población del analfabetismo, el primer e imprescindible paso para la formación de esa ciudadanía crítica y lúcida.  No lo olviden, es una constante del fascismo: nos quiere acríticos e ignorantes. Y matizo: con esto no estoy diciendo que todo fascista sea un ignorante o inculto, ni muchísimos menos. Pero sí afirmo que esa ideología tiene su caldo de cultivo en el análisis ramplón de amplios sectores de la población ignorantados. 

Escribiendo desde Canarias, me ha estremecido el dato de nuestra archipielágica nación.

En 1981 Las Palmas era la tercera provincia del estado español con más personas analfabetas (16,5 %). Los hombres suponían el 12,5% y las mujeres un escalofriante 20,5%.

Las provincia de Santa Cruz de Tenerife era la octava (14,5%). Los hombres representaban el 10,5% y las mujeres el 18,3%. 

O sea, en 1981 el 15,5% de la población canaria era analfabeta. El estado español tenía un 8% que se repartía en un 4,5% de hombres y un 11,3% de mujeres.

Viendo estos datos es bastante controvertible decir que "la educación en España ha desaparecido", pues esa afirmación hace suponer que hubo una educación sólida y crítica que se ha destruido. Los datos demuestran que  no.

Cuando Pérez Reverte plantea que se está creando otra cosa (debería ser más preciso), se equivoca. Se está creando si acaso, no soy optimista con que la nueva ley vaya a resolver los problemas educativos, la misma cosa existente hasta ahora.

El problema estriba en que la "creación" de ciudadanos críticos es una tarea multifactorial. No depende sólo, ni creo que en la mayor medida, de la escuela. El entorno familiar, que te catapulta o te hunde, la clase social y la conciencia que los grandes medios de comunicación intentarán que nunca adquieras, ese amigo o amiga con quién te cruzas y da un giro a tu manera de ver la vida, muchos aspectos te pueden ir conformando y transformando la mirada del entorno cercano o lejano.

Lamento mi pesimismo, pero pienso que el sistema educativo, sin pasos hacia sociedades más igualitarias, no es la panacea de los males sociales, aunque los reformistas del XVIII y el XIX creían (y es una idea que en buena medida persiste) que la educación sería una especie salvavidas social con el que rescatar vidas a la deriva.

No me olvido, aunque sea tarde, del segundo aspecto del que la derecha ha hecho bandera: la no presencia en la letra de la ley, terrible concesión a los separatistas catalanes, del castellano como lengua vehicular.

Lo dije en un texto reciente, un idioma hablado por más de 500 millones de personas en el planeta no está en peligro. En el estado español no hay persona de territorio alguno, incluidas las levantiscas Cataluña y Euskadi, que desconozca la lengua castellana. Esta bandera la tiene que agitar la derecha para mantener vivo ese granero de votos que es el de los nacionalistas españoles que, rebosantes de coherencia, critican a los llamados nacionalismos periféricos. 

Sea vehicular o no, si sigues, por ejemplo, cualquier plataforma que ofrece series o películas, todos sabemos en que idioma te sirven el producto. A mí, monolingüe que amo el castellano e intento cuidarlo expresándome lo más correctamente posible en él (nada detesto más que cuando en un texto, tras corregir con detenimiento, me falta o me sobra una tilde), me parece que, apartando las banderías de las derechas centralistas, la principal amenaza para el castellano son los barbarismos que nos inundan y a veces disfrazan barbaridades como, por ejemplo, el freeganismo (comer reciclando de la basura y hacer de la pobreza algo guay).

Llegados aquí, con todo cariño les dice goobye este borderline y hater al que le gusta hacer spoiler.