martes, 30 de septiembre de 2014
sábado, 27 de septiembre de 2014
27 de septiembre de 1975: Franco, con el Borbón a su lado, murió matando
El 27 de septiembre de 1975 la dictadura fascista española cometió sus últimos crímenes con su fundador aún vivo (hubieron más asesinatos con el dictador ya difunto). José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz, Juan Paredes Manot y Angel Otaegui fueron fusilados al amanecer. Los tres primeros citados eran miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico. Reconozco que me parece un nombre precioso. Sus dos últimas palabras son esenciales.
Antifascismo, ese concepto que tan poca fortuna ha hecho en importantes sectores del estado español que, en una sangrienta paradoja, catalogan el antifascismo como una especie de reverso tan indeseable como el propio fascismo. Se plasmaría la idea en la conocida expresión: "son las dos caras de la misma moneda". Así, cuando un grupo fascista ocupa un local en un barrio de emigrantes como Tetuán, para repartir comida solo a los españoles, degradando al hambriento nacido en otras tierras, al hablar de su desalojo no falta el nauseabundo equiparador de turno, el de las caras monetarias, que alega que a varios centenares de metros hay un edificio ocupado por antifascistas.
También posee una palabra expropiada o quizás arteramente usada para desacreditar causas como la vasca o la catalana: patriotismo. Traeré a colación, creo que ya lo hice en otro texto, una expresión del denostado Jorge Verstringe (para un individuo que recorre, sosegadamente, el camino inverso al habitual, yendo de la ultraderecha a la izquierda, nos convertimos en alegres inquisidores que dejamos de juzgar por los argumentos y nos acogemos a la pereza mental de la etiqueta): "los que no tienen patria son los ricos, los pobres sí". Y es cierto. El fallecido Botín, el prohombre español, tenía por única patria el dinero, intereses y sucursales en decenas de países. Dándole la vuelta a la expresión popular, que sintetiza la extrema pobreza, él tenía tantos lugares donde caerse muerto como coches fúnebres en su entierro. Nosotros, los que tenemos como patrimonio nuestro trabajo, los que pensamos que todo ser humano necesita de la comunidad, queremos una patria ajena a la vacía grandilocuencia propia del fascismo en particular y de las oligarquías en general. Por eso, contra lo que muchos piensan, ser de izquierdas y patriota no es una contradicción, es una coherencia que no impide, sino potencia, ser internacionalista, condolerse del sufrimiento humano y la desigualdad allí donde acontecen. La revolución cubana ha presumido siempre de su patriotismo, de su dignidad ante el coloso estadounidense. Sin embargo, nadie puede negar su elevado concepto del internacionalismo: miles de médicos en los sitios más inhóspitos y castigados del planeta, miles de combatientes en la lucha contra el apartheid sudafricano, miles de niños ucranianos afectados por la catástrofe nuclear de Chernobyl atendidos en Cuba.
Antifascismo, ese concepto que tan poca fortuna ha hecho en importantes sectores del estado español que, en una sangrienta paradoja, catalogan el antifascismo como una especie de reverso tan indeseable como el propio fascismo. Se plasmaría la idea en la conocida expresión: "son las dos caras de la misma moneda". Así, cuando un grupo fascista ocupa un local en un barrio de emigrantes como Tetuán, para repartir comida solo a los españoles, degradando al hambriento nacido en otras tierras, al hablar de su desalojo no falta el nauseabundo equiparador de turno, el de las caras monetarias, que alega que a varios centenares de metros hay un edificio ocupado por antifascistas.
También posee una palabra expropiada o quizás arteramente usada para desacreditar causas como la vasca o la catalana: patriotismo. Traeré a colación, creo que ya lo hice en otro texto, una expresión del denostado Jorge Verstringe (para un individuo que recorre, sosegadamente, el camino inverso al habitual, yendo de la ultraderecha a la izquierda, nos convertimos en alegres inquisidores que dejamos de juzgar por los argumentos y nos acogemos a la pereza mental de la etiqueta): "los que no tienen patria son los ricos, los pobres sí". Y es cierto. El fallecido Botín, el prohombre español, tenía por única patria el dinero, intereses y sucursales en decenas de países. Dándole la vuelta a la expresión popular, que sintetiza la extrema pobreza, él tenía tantos lugares donde caerse muerto como coches fúnebres en su entierro. Nosotros, los que tenemos como patrimonio nuestro trabajo, los que pensamos que todo ser humano necesita de la comunidad, queremos una patria ajena a la vacía grandilocuencia propia del fascismo en particular y de las oligarquías en general. Por eso, contra lo que muchos piensan, ser de izquierdas y patriota no es una contradicción, es una coherencia que no impide, sino potencia, ser internacionalista, condolerse del sufrimiento humano y la desigualdad allí donde acontecen. La revolución cubana ha presumido siempre de su patriotismo, de su dignidad ante el coloso estadounidense. Sin embargo, nadie puede negar su elevado concepto del internacionalismo: miles de médicos en los sitios más inhóspitos y castigados del planeta, miles de combatientes en la lucha contra el apartheid sudafricano, miles de niños ucranianos afectados por la catástrofe nuclear de Chernobyl atendidos en Cuba.
Vuelvo al redil. Paredes Manot y Otaegui eran miembros de ETA, hecho que, aunque estemos hablando del combate contra una dictadura fascista, ya les condena a la ignominia. Me pregunto:¿algún verdadero antifascista lamentó el vuelo hacia la eternidad de Carrero Blanco ejecutado por ETA?
Todos. Los once sentenciados a muerte, cinco fusilados y seis indultados, fueron calificados de terroristas. Se les acusaba de una serie de muertes de policías y guardias civiles. Los juicios no tuvieron las más mínimas garantías procesales y las autoridades ni siquiera permitieron estar a sus familiares en el momento final. Desconozco cuáles de ellos tenían las manos manchadas de sangre. Sí sé que el fascismo llevaba rezumando sangre décadas. Estoy convencido de que la respuesta armada de una pequeña vanguardia era y es equivocada, poco inteligente más allá del debate moral, de hecho la oposición de izquierdas (la única existente) ya estaba en clave de lucha de masas desde décadas atrás. Pero mi desacuerdo no implica mi condena. Combatían un régimen sanguinario, que reprimía a sangre y fuego, con la sangre y el fuego. Pero, aislados del sentir de la gente, no podían vencer. Fidel Castro llegó a tener en el momento de máximo apogeo de la lucha guerrillera apenas cuatro mil hombres, pero derrotó a los ochenta mil del ejército de Batista porque tenía un apoyo masivo de la población cubana.
En septiembre de 1975 llevaba casi cuarenta años gobernando en España el terrorismo de estado, un régimen que hizo, mediante la represión, del miedo de la población su hábitat natural. Tengo presente la imagen de una mujer, analfabeta políticamente, como era mi abuela, diciéndoles, casi rogándoles a mi padre y a mi primo, hablamos del 74 ó 75, en la casa del barrio de La Isleta en Gran Canaria, donde vivía, que no hablaran de política, esa dimensión básica del ser humano que sólo traía desgracias al incauto que se acercaba a ella. No olvidemos que Franco, el político con más poder en la España del siglo XX, presumía de su apoliticismo. Este criminal, que aún reposa sus restos en un lugar que se mantiene con los impuestos de todos, salió unos días más tarde, el primero de octubre, al balcón del palacio de Oriente del bracete del Borbón mayor para arengar a sus secuaces. Se iniciaba esa comedia sangrienta que fue la Transición. Una transición pilotada, con la supervisión de EEUU, por una clase dominante que manejó magistralmente, como si fuera colesterol, el fascismo malo, el tenebroso bunker acechante con sus espadones, y el fascismo bueno, dispuesto a concedernos libertades con la intermediación seductora de un par de galanes (¿o truhanes?) en escena (Juan Carlos y Adolfo) y otro en bambalinas (Felipe), presto a rematar la obra. Está versión edulcorada ha triunfado. Los cinco fusilados y miles de víctimas más, de su propio valor ético para encarar al fascismo, han quedado olvidados y ninguneados. Sé que ningún antifascista pensó en el reconocimiento de la posteridad a la hora de arriesgar su libertad física o su vida, pero a mí, melancólico irredento, me entristece la loa encendida a los que saltaron, con todas las redes del mundo, del pedestal fascista al democrático, y el silencio que cubre a quiénes transitaron, casi a ciegas, levantándose en sus caídas, el sendero de la dignidad.
Todos. Los once sentenciados a muerte, cinco fusilados y seis indultados, fueron calificados de terroristas. Se les acusaba de una serie de muertes de policías y guardias civiles. Los juicios no tuvieron las más mínimas garantías procesales y las autoridades ni siquiera permitieron estar a sus familiares en el momento final. Desconozco cuáles de ellos tenían las manos manchadas de sangre. Sí sé que el fascismo llevaba rezumando sangre décadas. Estoy convencido de que la respuesta armada de una pequeña vanguardia era y es equivocada, poco inteligente más allá del debate moral, de hecho la oposición de izquierdas (la única existente) ya estaba en clave de lucha de masas desde décadas atrás. Pero mi desacuerdo no implica mi condena. Combatían un régimen sanguinario, que reprimía a sangre y fuego, con la sangre y el fuego. Pero, aislados del sentir de la gente, no podían vencer. Fidel Castro llegó a tener en el momento de máximo apogeo de la lucha guerrillera apenas cuatro mil hombres, pero derrotó a los ochenta mil del ejército de Batista porque tenía un apoyo masivo de la población cubana.
En septiembre de 1975 llevaba casi cuarenta años gobernando en España el terrorismo de estado, un régimen que hizo, mediante la represión, del miedo de la población su hábitat natural. Tengo presente la imagen de una mujer, analfabeta políticamente, como era mi abuela, diciéndoles, casi rogándoles a mi padre y a mi primo, hablamos del 74 ó 75, en la casa del barrio de La Isleta en Gran Canaria, donde vivía, que no hablaran de política, esa dimensión básica del ser humano que sólo traía desgracias al incauto que se acercaba a ella. No olvidemos que Franco, el político con más poder en la España del siglo XX, presumía de su apoliticismo. Este criminal, que aún reposa sus restos en un lugar que se mantiene con los impuestos de todos, salió unos días más tarde, el primero de octubre, al balcón del palacio de Oriente del bracete del Borbón mayor para arengar a sus secuaces. Se iniciaba esa comedia sangrienta que fue la Transición. Una transición pilotada, con la supervisión de EEUU, por una clase dominante que manejó magistralmente, como si fuera colesterol, el fascismo malo, el tenebroso bunker acechante con sus espadones, y el fascismo bueno, dispuesto a concedernos libertades con la intermediación seductora de un par de galanes (¿o truhanes?) en escena (Juan Carlos y Adolfo) y otro en bambalinas (Felipe), presto a rematar la obra. Está versión edulcorada ha triunfado. Los cinco fusilados y miles de víctimas más, de su propio valor ético para encarar al fascismo, han quedado olvidados y ninguneados. Sé que ningún antifascista pensó en el reconocimiento de la posteridad a la hora de arriesgar su libertad física o su vida, pero a mí, melancólico irredento, me entristece la loa encendida a los que saltaron, con todas las redes del mundo, del pedestal fascista al democrático, y el silencio que cubre a quiénes transitaron, casi a ciegas, levantándose en sus caídas, el sendero de la dignidad.
Mano a mano
jueves, 25 de septiembre de 2014
"La guarida del depredador"
Titular: "Cazado".
Frases al azar: "la guarida del depredador", "persona muy parca en palabras", "es español, aficionado al culturismo y a las artes marciales", "estoy tranquila relativamente, gente como esa hay mucha suelta".
El titular y las frases arriba reproducidas y cazadas (nunca mejor dicho) al vuelo, las anoté mientras el programa de La Sexta "Más Vale Tarde" hacía un enorme despliegue sobre la captura del presunto abusador de una serie de niñas en el barrio de Ciudad Lineal, en Madrid.
El titular implica bestialización. El individuo no es detenido o capturado, es cazado, alimaña infecta, en su guarida de depredador. Es despojado de sus atributos de ser humano sin esperar siquiera a que un tribunal establezca, si procede, su culpabilidad y aplique, si es pertinente con todo rigor, la sentencia correspondiente. La presunción de inocencia a la que tan recurrentes son las autoridades o los grandes medios cuando se habla de corruptelas, de delitos de cuello blanco que implican el saqueo de las arcas públicas, es sistemáticamente ignorada ante determinados delitos que causan, agitados por los medios, no alarma, sino auténtico pavor social.
Entiendo el temor de los padres y madres de Ciudad Lineal, su vigilancia constante, me congratulo de sus suspiros de alivio si efectivamente el individuo capturado es el responsable. Pero a los medios de comunicación social no les perdonaré jamás que alimenten, que ceben con alevosía la irracionalidad, la ferocidad, por un plato de lentejas publicitarias. Que para combatir la maldad nos quieran convertir en malvados, que no nos animen a pensar sino a retorcer el colmillo y desconfiar, por ejemplo, del tipo parco en palabras (sea blanco, negro o café con leche), o del individuo que en un gimnasio delira con sus músculos y a nadie daña. Sé que no vivimos en un mundo de colores y amabilidades infinitas, sé que naufragamos en una sociedad que tras el oropel, las fachadas fastuosas, oculta la mugre, como el maquillaje y las pelucas del siglo XVIII tapaban las pústulas. Yo también le aconsejaba a mi hijo cuando era pequeño, que fuera cauto con el desconocido, pero siempre intente evitar ser, (y lo que es más importante, que no lo fuera él) esclavo del miedo. Tal vez porque me pregunto si de verdad queremos educar, en las casas o en las escuelas, en la idea de que el ser humano con el que me cruzo por la calle tiene muchos boletos para ser un demonio. Hace algo más de una semana la policía salvó a un hombre del linchamiento cuando fue confundido, "por su actitud sospechosa", con el individuo ahora detenido. Ser sospechoso, ahora mismo, si por ejemplo haces fotos con un móvil, es una ruleta sencilla. Y para eliminar la inquietante sospecha siempre hay gente con afán teatral y ánimo de turba, y no me refiero a unas familias heridas en lo más íntimo, que probablemente tienen bastante con intentar reparar el desaguisado que ha entrado en sus vidas, gente dispuesta, me pregunto si con tanto regocijo como encono, a aplicar la "ley de Lynch".
domingo, 21 de septiembre de 2014
Siete coches fúnebres
Y un único cadáver.
A veces lo anecdótico es tan iluminador como lo categórico. O al menos aporta un ángulo complementario, pero de una gran fuerza, incluso, o sobretodo, visual.
Ver ese desfile, esa hilera en fondo decreciente, de coches fúnebres para enterrar a un único hombre, aunque este fuera un "gigante" de las finanzas, me resultó paradójico para un gran predicador de la malentendida austeridad. Probablemente centenares de coronas para "el emperador de la banca", cuya coronación póstuma ofició y editorializó el diario "El País", es la metáfora perfecta de un estado en el que la riqueza de unos pocos ha crecido a la par que la pobreza de amplias capas de la población.
No tengo intención de detenerme, no obstante, en las aguas pútridas, en la babosería general de los medios, en que para encontrar un análisis crítico sobre el personaje haya que bucear en los entresijos de la red, pues en los mass media han sido escasísimas gotas en el océano del servilismo.
Aunque quizás sólo fuera el inexcusable deber que tiene toda persona de defender sus habichuelas o su caviar y, si se tercia, el chalecito con piscina. En las procelosas aguas de la libertad de prensa el Santander es un peligroso farallón con participación en Antena 3 o El País. Por no hablar de que las campañas publicitarias o las deudas congeladas o condonadas son eficaces bozales para hipotéticos deslenguados.
Quienes (este quienes es una oligarquía o en el neolenguaje "podémico" una casta) han alabado la política del PP recortando derechos de los más inermes, derrochan en coches fúnebres restregándonos por la cara, mientras no se descubra la fuente de la eterna juventud, que ellos si tienen un mullido lecho de flores donde caerse muertos.
Este blog, en los albores de su andadura, contó una anécdota sobre un Berlusconi sardónico que, cuando era primer ministro y la oposición lo mandó a casa respondió: "¿A cuál de mis veinte casas me voy?".
Veinte casas, siete coches fúnebres y el olimpo de los paraísos y las ingenierías fiscales. Estos depredadores saben que mucha gente venera sus excesos y los iza a los altares de la santa madre iglesia creadora de riqueza (y expoliadora de los pueblos).
Lastimosamente ya no existe el barroquismo, la pomposidad del tiro de caballos empenachados. Tus siete coches fúnebres tenían una belleza gélida, casi de bancario furgón blindado. Tal vez había que proteger tus coronas de flores, o acaso, cual faraón del Antiguo Egipto, te habrán enterrado con parte de esos mil millones de euros que atesorabas, para que tu tránsito hacia la nada te sea más plácido.
Inexorablemente, el botín te será leve, Emilio.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Urnas y contumacia
Algunos pertenecemos a la tipología de gente contumaz, perseverantes en el error. Somos tercos como mulas y no nos queremos enterar. A las urnas se acude cada cuatro años y punto. El resto del tiempo calladitos que esto es, en exclusiva, una democracia representativa.
Consulta soberanista catalana: no se vota, va contra la constitución española.
Consulta al pueblo canario sobre las prospecciones petrolíferas que quiere hacer Repsol cerca de las costas de Lanzarote y Fuerteventura: no se vota, va contra la constitución española.
Consulta propuesta el pasado 16 de septiembre en el parlamento, por el diputado de la Izquierda Plural Alberto Garzón, para que el pueblo español pueda elegir, aunque sea con casi cuarenta años de retraso, entre Monarquía o República: no se vota, va contra la constitución española.
Pregunta inmediata.
¿Tenemos una constitución democrática? Una constitución que establece tantos impedimentos para conocer la opinión mayoritaria de los pueblos sobre los que tiende su manto, acerca de temas sustanciales, tiene un grave problema. Tarde o temprano, espero, quebrará y ojalá se inicie un proceso constituyente para elaborar una carta magna, donde saber de primera mano lo que el pueblo piensa no sea una tarea más ímproba que los trabajos de Hércules.
¿Cuál es el posicionamiento del PP y del PSOE sobre las tres consultas antes planteadas?
Cataluña: archisabida negación de ambos.
Canarias: el PP, contradiciendo su postura antipetrolera de Baleares, y sumisos al incontestable capo Soria, la niega. El PSOE, copartícipe con Coalición Canaria en el gobierno autónomo, la defiende.
Consulta sobre el modelo de estado: Vuelven a bailar agarrados y reniegan juntos. Resultado: 274 diputados (PP+PSOE+UPyD), votaron no; 26 diputados (IU+PNV+parte del grupo mixto) votaron a favor. Se abstuvieron 15. Según estos datos "democráticos", haciendo una traslación matemática al sentir popular, si mañana se hace una consulta la monarquía obtendría cerca del 90% de los votos. Todos, sea cual sea nuestro pelaje, sabemos que eso es absolutamente falso. Sé que la monarquía ha superado su momento más crítico desde su segunda Restauración, que el joven Borbón, debidamente acorazado por los pretorianos del PPSOE y sus fanfarrias mediáticas, va remontando el desastre del viejo Borbón. Pero ni siquiera en el día de máxima popularidad de la institución (finales de febrero del 81, tras el golpe de Tejero), ésta llegaría al 90% de los apoyos en una votación popular.
Al PSOE ya sólo le pido un atisbo de honestidad moral: pongan en sus estatutos que son un partido monárquico. No nos ofendan más, dejen volar a su fenecida alma republicana a otros lares más dignos. Lugares libres de trapichantes y mercachifles como Pedro Sánchez, que por un puñado de votos llama a programas basuras o, cerebro de hormiga, se acuesta en un plató de televisión para, ante la carencia de propuestas políticas transformadoras, en un acto de populismo vacuo, inimaginable en Julio Anguita por ejemplo, engañarnos con una cercanía falsa, mentirosa. Una cercanía que oculta su voluntad de perseverar en políticas que no cuestionan nuestra cotidiana injusticia social.
En los inicios de la Transición fue celebre un manifiesto golpista, firmado por una serie de jefes y oficiales militares, que utilizaba en repetidas ocasiones un latiguillo, "estamos dolorosamente hartos", que después usarían en algunas ocasiones otros colectivos.
En las antípodas ideológicas de los militares fascistas y siendo un triste individuo me confieso dolorosamente harto, no de que el PSOE sea monárquico, su militancia tiene todo el derecho del mundo a simpatizar con tan arcaica institución (sí, militancia, que no me cuenten el cuento de las malvadas cúpulas y las pobrecitas bases ultrajadas), sino de que apele a su sensibilidad republicana mientras votación tras votación respalda a la monarquía y, lo que es peor, en un acto antidemocrático, ni siquiera se manifiesta a favor de saber lo que opina la gente. ¿Temor a salir a las calles a pedir el sí a la monarquía? Sería más honesto que hacer, de vez en cuando, un teatrillo republicano que ya no tiene ninguna gracia.
lunes, 15 de septiembre de 2014
viernes, 12 de septiembre de 2014
Desafiantes y desafiados 2: breve apunte tras la Diada
¿Es legítimo no permitir expresarse a un pueblo sobre un asunto candente y que es de capital importancia para saber la realidad exacta, no especulativa, de su posicionamiento? ¿Qué salida se le deja a ese pueblo? Y que no me repitan, por favor, el soniquete falaz que reza así: "cambien la constitución española". Porque siendo el 16% del conjunto del estado español, bien sabemos que eso es imposible, inalcanzable. Están condenados a encontrarse el hormigonado muro parlamentario, erigido entre fanfarrias mediáticas, de la acientífica indivisibilidad de España.
Insisto, en este país se puede ser independentista... de boquilla. Yo puedo ponerme a gritar en la puerta de mi casa, hasta desgañitarme, a favor de la independencia de Canarias (es un supuesto, por ahora no soy independentista, abogo por la libre federación de los pueblos del estado español, pero igual el PP y otros ultranacionalistas españoles me unen a la causa secesionista). Lo que no consentirían jamás, si algún día, probablemente lejano, en Canarias el tema soberanista se instalara en el debate social, sería dotarnos de herramientas que nos permitieran pronunciarnos sobre el asunto.
Las realidades cambian y las leyes o se adaptan o se convierten en elementos represores que no van a solucionar el problema ni, mucho menos, a disminuir, acaso todo lo contrario, la pujanza de los que quieren pronunciarse sobre la posibilidad de constituirse o no como Estado. El movimiento social en Cataluña va muy por delante de los partidos. Medio millón (cifra quizás racaneada por la Delegación del Gobierno) o un millón ochocientos mil (cifra quizás inflada por la guardia urbana) en un país de siete millones y medio de habitantes, según el censo de 2013, es una movilización incontestable, enorme y que no puede ser ni ignorada ni desdeñada amparándose en una voluntaria rigidez legal.
El señor fiscal general del estado en una entrevista ha apelado al código penal como instrumento garante de la no celebración de la consulta. Usted y quiénes manejan sus hilos tienen medios represivos suficientes para evitarla y, lo que es más grave, para trasladar lo que debe ser un debate cívico, con la resolución democrática de un pueblo optando, a un terreno mucho más peligroso.
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