viernes, 30 de septiembre de 2011

Otegui y Fraga, tras dos semanas seguimos debatiendo

En la entrada del viernes 16: "Contrapuntos: Otegui y Fraga", sigue produciéndose un debate, se han introducido reflexiones en los dos últimos días, que me parece interesante. Animo a quién se dé una vuelta por estos lares a que entre y los lea, y si le apetece aporte sus comentarios. Un saludo.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Yo siempre vuelvo al lugar del crimen (así que ojito Banco de España)

Después de relatarles, en la anterior entrada, mi intento fallido de atracar el Banco de España, descargo aquí otra lámina ilustrada por Pilar de Vera (subiré aproximadamente, si puedo, una semanal) que  les muestra que mi pulsión delincuencial viene de atrás.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Un brevísimo cuento nada ejemplar

El viernes quién esto escribe, más chulo que un ocho, se levantó y se dijo: ¿yo a trabajar? ¡Y una mierda! Atraco el Banco de España. Hice un par de llamadas a algunos amigos (no se olviden que aunque individualista soy comunista, colectivero), que como yo, están hasta los cojones de ser unos pobres infelices (profes ninguneados la mayoría de ellos) y les dije, en llamadas sucesivas: ¿atracamos el puto Banco de España?. Reconozco que me esperaba respuestas algo timoratas del tipo: "hombre, Pepe Juan, que es viernes y ya uno tiene organizado todo el finde" o " ya me gustaría a mí, pero Manolito tiene unas décimas de fiebre y un moco colgante". Sin embargo, mis amigos, a pesar de esas pintillas de intelectualoides pusilánimes, tras un momento de silencio, se volvieron hombres arrechos, coléricos, y sentí como rugían y me gritaban: ¡¿a que hora y donde nos vemos?! Quedé en irlos recogiendo por sus casas entre las diez y media y las once. Previamente pasé por el Cárolan de la esquina y adquirí cinco caretas tipo pasamontañas de Obama y Osama (ahí tienes la alianza de civilizaciones Zapatero, de éste, como empleado segundón que es, no había caretas, incluso el dependiente, algo cruel, esbozo una sonrisa perdonavidas cuando pregunté por ellas). En la juguetería compré cinco metralletas, tan bonitas y ruidosas como ineficaces, (pensar que en EEUU por abrir un deposito bancario te las regalan, ¡que gran país!) que me remontaron a la niñez (como lea esto un pacifista me la gano). Tras estás compras fui recogiendo a mis compinches a toda mecha, que las heroicidades de los intelectuales, gente veleidosa, pequeñoburguesa, pueden zozobrar fácilmente. Pero no, en la mirada de aquellos hombres había determinación, la exaltación de los puros, de los conversos, aunque fuera a un gigante sátiro como Caco (no piensen mal, bandidos). Un médico, un abogado y tres profesores íbamos a pasar a la  historia delictiva de Canarias como los primeros en atracar el Banco de España. Cuando, León y Castillo adelante, me acercaba al banco, tras las barbas de Osama, emocionado lloraba. Pasé de largo y a través de la careta le saque la lengua al guardia civil que custodiaba la mancillada institución. Mis correligionarios bramaron, me llamaron gallina, se sentían tan gansters ya, que me prometieron cortarme los cojones y metérmelos en la boca antes de tirarme por la punta del muelle grande con un pijama de cemento. Blasfemaban mientras yo me desprendía de Osama y seguía lagrimeando. Súbitamente callaron y, caretas fuera, recuperaron sus caritas bonachonas de médico amable, de profesores desorientados o de abogado que no cree en la justicia. Les prometí pagarles el día perdido debido a mi rapto de locura. Tocahuevos que son, se cagaron en toda mi estirpe diciéndome que eso era una afrenta a nuestra amistad. Acabamos bebiendo cerveza, y comiendo calamares y longorones, en un bareto que quizás la ley de costas no tardará en derribar. Estábamos alegremente tristes, éramos unos pringaos, ya nunca seríamos los primeros en atracar, de manera ilegal, el Banco de España.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Esto es un charquito. Un recuerdo a Javier Ortiz

Me ha llegado la opinión de un lector, no mediante comentario en este blog, sino por otras vías, de que algunos de los artículos que he subido le parecen "poco profundos". Yo discrepo con él, no creo que algunos sean poco profundos, lo son todos. Ninguno de los asuntos que aquí he tratado, los he abordado de manera exhaustiva. En una de la primeras entradas utilizaba, quizás con un exceso de cursilería, el termino chispitas. Pero, a pesar de todo, lo mantengo. Busco, con las reflexiones que aquí aporto, en la medida de mis posibilidades, aunque sea fugazmente, que broten, como chispas, bastantes dudas o cuestionamientos, y algunas certidumbres y sentires. La opinión del lector arriba citado me ha llevado, no obstante, a hacerme la siguiente pregunta: ¿Estás hablando de demasiadas cosas? Honestamente creo que no. Sólo muestro en este espacio, que he abierto para canalizar mis opiniones y la de quiénes lo honren con sus comentarios, mi interés por la Res Pública (perdonen la broma del latinajo, pero queda erudito), por lo que es razón de todos, aunque en la práctica, la historia lo demuestra, siempre ha sido propiedad, al igual que la riqueza que entre todos producimos, de unos pocos: la política. Ese concepto que engloba nuestra existencia social, económica o cultural y que nos venden como depositar una papeleta en una urna cada cierto tiempo, hecho al que no niego su valor, pero que me parece muy "mediatizado" y que se utiliza, y aunque parezca paradójico no lo es, antidemocráticamente (la reciente reforma constitucional lo demuestra), para callarnos la boca el tiempo que media entre una elección y otra.
Esta reflexión quiero terminarla recordando a Javier Ortiz, periodista donostiarra fallecido, en la flor de su agudeza, a los 61 años, en abril de 2009. Cuando leí la noticia, creo que fue en http://www.rebelion.org/ se me saltaron las lágrimas. Yo no lo conocí en persona, pero sentí que me quedaba un poco solo, que una voz rigurosa, crítica y alumbradora (aunque nunca dejaba de lado las sombras), se apagaba. Que ya no podría ir cada día, tras encender el ordenador, derechito a su blog como el que va a buscar, gozoso, el pan calentito para desayunar. Su página la ha seguido manteniendo su hija, reponiendo escritos e incluso sacando a la luz algunos inéditos, pero yo, aunque sigue en mis favoritos, he vuelto poco, casi nunca, por una razón simplísima: me da tristeza. Javier, aunque participó en tertulias, no era un "todólogo". El mismo refería una anécdota que le sucedió en un corto periodo en que fue, utilicemos la odiosa palabra, tertuliano en el programa de un famoso locutor radiofónico que no me apetece citar. El locutor le preguntó su opinión sobre un determinado asunto y él le dijo que aún no la tenía. Aquél le insistió y Javier se reafirmó en que no tenía un juicio formado.
Por supuesto, no duró mucho en el programa, pero me parece que dio una lección de honestidad y humildad encomiable.

martes, 20 de septiembre de 2011

Lámina ilustrada de un poema ya publicado en julio


 
 
La lámina que hoy les muestro, como ya les dije en una anterior entrada, fruto del entusiasmo de mi amiga Pilar de Vera, es de un poema ya publicado aquí con fecha 29 de julio y que en aquellos momentos, este discapacitado informático que les escribe, no tenía la posibilidad de (la lámina) enseñarla. A mí me encanta. Por cierto, con regularidad, irán apareciendo más poemas ilustrados.



 

viernes, 16 de septiembre de 2011

Contrapuntos: Fraga y Otegui

Hace unos días Bono, presidente del Congreso de los Diputados, hizo un panegírico (gran español y hombre de estado) de un miembro del régimen terrorista-fascista que durante 40 años asesinó, torturó y encarceló a centenares de miles de personas en el estado español. Hablo de Manuel Fraga. Fue ministro con Franco del 62 al 69, estaba en el consejo de ministros que dio el plácet al fusilamiento del dirigente comunista Julián Grimau en abril de 1963. Era ministro de la gobernación (Interior hoy en día) el 3 de marzo de 1976, cuando fueron asesinados en Vitoria (Álava), ametrallados  por la policía, cinco trabajadores. Este individuo es "padre" de la patria y de la constitución. El día que muera, la prensa, las radios y las teles, en su inmensa mayoría, hablarán (quizás con alguna voz levemente crítica entreverada) del gran servicio que le hizo a la democracia en el estado español. Nunca pisará una cárcel, como no la ha pisado, ni la pisará, ningún fascista colaborador del régimen dictatorial que aterrorizó el país de 1939 a (al menos) 1977. En Chile los jueces han acordado procesar a la cúpula de la policía secreta pinochetista. Aquí los torturadores, los represores, siguieron en sus puestos y fueron incluso, en más de un caso, condecorados o distinguidos como egregios demócratas.
El contrapunto es Arnaldo Otegui, líder indiscutible de la izquierda abertzale, elemento fundamental en que el camino de la paz se haya abierto en Euskadi, reconocida incluso su importancia por mediadores internacionales, lleva mas de 700 días en prisión y, como colofón, hoy le condena la Audiencia Nacional a 10 años de reclusión. Están asustados, quieren que ETA queme aunque sea una papelera, una violencia de baja intensidad, les ayuda mucho en el control social. Esta sentencia muestra la desesperación ante la posibilidad de que una mayoría social vasca camine, de manera inexorable, hacia la autodeterminación, hacia su capacidad de decidir libremente su futuro. Sinceramente pienso que yerran en la estrategia, que esta política sólo consigue aunar y reforzar cada vez más a los independentistas vascos, y que ETA, más allá de sentencias judiciales desacertadas y escandalosas, ya ha decidido, afortunadamente, echar el cierre. Y a todas estas, ¿qué pensará el PSOE?, tan hamletiano él en lo que al tema vasco se refiere. Por cierto,  yo no descartaría que veamos, quizás en un futuro no demasiado lejano, a Otegui de lehendakari. Lo digo para que algunos vayan tomándose la tila.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

El dinero, la vocación y un epílogo de León Felipe

La entrada del jueves 8 de septiembre la inicié con la siguiente afirmación textual: "Yo me acuso. Soy profesor y trabajo por dinero". Después, tras un inciso, el articulo tomó vida propia y se fue por otros derroteros dejando la afirmación, hasta hoy, desguarecida. Intentaré darle refugio.
La vocación. Parece condición inexcusable para determinadas profesiones. En concreto, sabiendo que hay más, citaré tres: médicos, profesores y curas (no tengo claro que está última sea una profesión, pero desde luego si tiene que ver mucho con lo que llamamos vocaciones, o quizás seria mejor hablar de convocaciones, del llamado de dios). Los primeros se supone que deben, juramento hipocrático mediante, cuidar nuestro cuerpo, sanarnos en la enfermedad que bastantes veces nos buscamos o paliar nuestro dolor. Los segundos contribuyen a amueblar nuestra mente con conocimientos varios y a dotarnos de valores (es discutible) por la mañana, que telecinco hace trizas por la tarde. Los terceros deben velar en todo momento, sin interés material alguno, su negociado no es de este mundo, por la salud espiritual de sus creyentes. Iba a utilizar el término bíblico "rebaño" pero, quizás algo cobarde, y sabiendo la connotación cerril de la palabra, la he descartado. Me he olvidado de los militares, en España, amantes patrios por excelencia. Aunque muchos de los que mueren a miles de kilometros sean latinoamericanos cuya vocación, más allá de los honores y los himnos, era huir de la pobreza.
No nos planteamos la vocación del admistrativo, del minero, del pastor (oficio que pasa de padres a hijos, casi predestinado) o, mucho menos, de quién recoge la basura. Es su trabajo y punto. Trabajar cada vez más precarios, y cobrar sueldos congelados o en derretimiento.
Yo, siendo profesor, lo digo: aunque sea una condición que parece inexcusable en mi oficio, no tengo vocación, trabajo por dinero. Lo que sí debe exigírseme, como en el desempeño de cualquier labor, es honestidad. No debemos de
avergonzarnos de trabajar por dinero, al revés, seamos conscientes de que vendemos nuestra fuerza de trabajo y que es
nuestro derecho luchar por tener un salario digno,  que no nos hagan trampas ideológicas, ni chantajes. 
Quizás un médico, por la tarde en su casa, tras una mañana observando concienzudamente a sus pacientes, piense en el músico que le habría gustado ser o una profesora de matemáticas sueñe con ser contadora de cuentos.
Mi vocación es, cada vez más, sentarme en la tercera explanada del muelle viejo de Agaete fumando mi cachimba, leyendo, dándome un bañito y deleitándome con el perfil de Tamadaba.

Para terminar añado un hermoso poema de León Felipe, que siempre me ha conmovido, y que creo viene al caso sobre todo en estos tiempos.

SÉ TODOS LOS CUENTOS
León Felipe

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen los cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan los cuentos,
que los huesos del hombre los entierran los cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo sé muy pocas cosas, es verdad,
pero me he dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos..