lunes, 27 de enero de 2020

A los Federicos fascistas y anticomunistas, con ánimo de enfrentar

Jiménez Losantos. Para algunos, Federico, o Don Federico.
El hombre que solo tiene dos pasiones: España y, la palabra más malbaratada del mundo, la libertad. 
El hombre que hace unos días recibió en su casa a Bertín Osborne y, como suele, se despacho a gusto. El hombre que sabe que en este extraño país, a veces cómico, otras trágico, por parte de millones de personas, el fascismo y el antifascismo se perciben (y se venden por los grandes medios) como las dos caras de una misma moneda. El gran insultador, el que para sus seguidores es el intelectual más brillante de España, admirados ante su enorme biblioteca. La brillantez intelectual, más allá de lo admirable que nos parezca o el gozo que nos produzca, no añade ni quita nada a la miseria moral y al desprecio de clase que conlleva el fascismo. Él, que estuvo en las entrañas de la bestia (comunista, por supuesto) y salió de ella refulgente, con la camisa novísima de la que aborreció el hilo rojo, a pastorear a esos autodenominados liberales prestos a fascistizarse al primer susto, por muy leve que sea, circunstancia que hemos visto, por ejemplo, con el eurodiputado de VOX Hermann Tertsch llamando a la intervención militar ante el gobierno de coalición UP-PSOE. Él y sus seguidores, todos los bertines (tipología tradicional del campechano facha hispano) que en el estado español son, son fascistas. Igual que en el 36. Lo único que varía es una coyuntura histórica en que la burguesía europea no necesita el fascismo actuante pero le interesa el fascismo acechante. No obstante, si fuera muy necesario para sus intereses no faltarían abundantes plumillas en los medios ni espadones en los cuarteles para llevar a cabo el golpe. Ahí están, como ejemplo, los militares pertenecientes a la bancada de VOX, dispuestos a enveredar (aún más) el país.
Y hay que llamarlos así. Bertold Brecht dijo “que no había nada más parecido a un fascista que un burgués asustado”. Y cuando se dice burgués, yo al menos lo interpreto, en este contexto, como una cuestión ideológica. Federico Engels era un hombre de familia rica, pero nadie duda de su apuesta, teórica y práctica, por los desheredados de la tierra. A la inversa, todos conocemos multitud de personas que perteneciendo a la clase trabajadora, incluso a sus capas mas desfavorecidas, están absolutamente dominados por la ideología burguesa, esa que te dice, desde la más tierna (o dura) infancia, que la aspiración de todo ser humano tiene que ser la acumulación, casi infinita, de unas riquezas a las que nunca se plantea poner límite. Así, casi nadie ve con escándalo de primera página perpetua, el que a mí al menos me produce, que vivamos tiempos en los que un individuo, una sola persona cuyo nombre no voy a citar, tenga una fortuna de 90.000 millones de euros. Según la tabla del FMI sobre el PIB (Producto Interior Bruto) de cada país en 2019, este individuo solito, sobre un total de 189 países reflejados, metería su cabecita entre el puesto 62 y 63. Está claramente en la parte superior de la tabla. Intermón Oxfam en 2017, según sus estudios, estableció que los 8 individuos más ricos del planeta acumulaban la misma riqueza que los 3.600 millones más pobres (BBC Mundo, 16 de enero de 2017). Sobre esto, para no extenderme, pues no era el objeto de este texto (ellos y mi dispersión siempre me llevan por donde quieren), un último dato referente a España que recogí en otro escrito hace años y que siempre me ha parecido demoledor, sirviéndome de ejemplo, a mí, al profe adoctrinador (jódanse fascistas, yo me cago en esa idiotez llamada pin parental), en muchas clases para ilustrar lo inhumano de las clases sociales: chicos y chicas, les digo, las 20 personas más ricas de España, que cabrían en este aula, tienen la misma riqueza que los 14.000.000 de españoles más pobres, lo que, asómbrense, son casi 7 archipiélagos (Canarias) como el que habitamos.
Y entre esos 14.000.000 más pobres seguro que hay votantes de VOX y seguidores desclasados de Federico, el gran insultador fascista. El que odia al comunismo, el que dice, con la sonrisa aquiescente del granujilla andaluz (que fácil es ser faltón) que “para ser comunista hay que ser millonario y si quieres ser millonario hay que ser comunista”. Amancio Ortega, Ana Botín y Florentino Pérez están a punto de constituir el soviet más reducido y más rico de la historia. Pero es comprensible, la maquina del desprestigio no puede parar. Por ahí le duele a Federico y le horroriza a la burguesía. Ni un minuto han dejado, los Federicos del mundo, de combatir una ideología que plantea que el fin de cada ser humano no es la acumulación de riquezas (circunstancia que ya choca con la propia supervivencia del planeta, aunque como siempre nos quieren hacer ahorrar a los curritos mientras los ricos llevan sus vidas de disipación sin cortapisas, hace unas semanas me asombró la noticia de un tipo que tenía aparte de su yate otro yate exclusivamente para transportar sus “juguetes” acuáticos), circunstancia que siempre se hace a lomos de otros, sino una vida digna en la que desarrollar honestamente las diferentes potencialidades de todas las personas.
Es ya casi legendaria su mención a la lupara que dispararía si algún líder de Podemos se le pusiera, nunca mejor dicho, a tiro. Esta amenaza pública, con amplia difusión, no tuvo ninguna consecuencia jurídica para el individuo. Siempre el desequilibrio judicial, la balanza inclinada hacia el fascismo. Si usted dice algo inapropiado de los sacralizados cuerpos de seguridad del estado y fuerzas armadas escorados hacia la ultraderecha (vean la geografía del sufragio y como en las zonas de cuarteleras de toda laya el voto a VOX se dispara) tiene muchos boletos para recibir una cita judicial. Los Ongi etorri, los recibimientos a presos de ETA que han cumplido largas condenas (casi siempre más de 20 años) por sus atentados, llevan a que 4 miembros de la izquierda abertzale sean acusados de apología del terrorismo, casi el mismo día en que se supo que el gobierno pagará 10.000 euros al mes de seguridad privada para la tumba de Franco que nos costó a todos 70.000 euros o que la mesa del Senado rechazó una pregunta de un senador porque en la misma se faltaba al respeto al tipo que nos regaló un rey, el mayor asesino terrorista español del siglo XX, llamándole lo que fue: genocida. Me pregunto cuándo citarán, siguiendo la lógica de perseguir al terrorismo y a cualquier sujeto o entidad que lo ponga en valor, a todos los presidentes del gobierno de España que reconocieron de facto a ETA, y su raíz política, sentándose con ella a negociar.
Curiosamente, quién sí estuvo a tiro fue él, Federico. A tiro de Terra Lluire en el año 1980. Le dispararon en una rodilla  y lo dejaron atado a un árbol. En la entrevista con el tipo con nombre de coñac, entre las risotadas de éste, habla de “los cabritos de Cataluña, que son antiespañoles satánicos” (yo, por esta afirmación, ya le bajaría unos cuantos puestos en el podio intelectual en el que sus acólitos lo ubican). 

Federico, contente un poco, que contigo los satánicos terroristas catalanes fueron, te guste o no, algo piadosos. Piensa que hay otros lugares del cuerpo, un poco más cabroncetes, a los que disparar. Desconozco, cuando citabas esa lupara que si tenías a mano utilizabas, donde ponías tu mira mental, pero, con ese alma legionaria que tienes (juntándote al excomando Ortega Smith serían un redivivo duo sacapuntas facha), dudo que fuera en las rodillas. Siendo bien pensado imagino que donde siempre, para alguien que escapó del infierno catalán: en la defensa de los cielos hispanos y su deífica libertad.

lunes, 20 de enero de 2020

De la escéptica esperanza

En una gradación de literato mediocre y filósofo peor, categorizando de lo optimista a lo pesimista, hablaría de que la asunción del gobierno por parte de la coalición PSOE-UP, entre la fauna que se autodenomina de izquierdas, interpela, al menos en la primera sílaba de la primera y la tercera palabras, curiosamente las no dubitativas, al verbo ser, que se supone es la esencia. Así, nos preguntamos: ¿qué será (cómo actuará) el gobierno de coalición? Y desde el turbulento e impreciso campo de la izquierda surgen, a grandes rasgos, tres posiciones: esperanza, a la expectativa y escepticismo.
Yo viví el triunfo arrollador de Felipe González en 1982, hace casi 40 años (el tango Volver, aquél que dice “que veinte años no es nada” es un mentiroso que se queda corto, muy corto). Votante de la coalición nacionalista y de izquierdas (sí, indocumentados repetidores de mantras, se puede ser ambas cosas) Unión del Pueblo Canario, que perdió el escaño que ostentaba Fernando Sagaseta, yo era la cara enfurruñada de mi casa. La cara alegre, emocionada hasta el brillo en los ojos, aunque su voto había sido para UPC, era la de mi padre. Siempre votó a formaciones a la izquierda del PSOE, pero tengo claro que, habiendo nacido en el 29 y recordando el sancocho que comían en el patio de su casa del barrio de La Isleta en Las Palmas de Gran Canaria el 18 de julio del 36, cuando empezaron a sonar los tiros que anunciaban una dictadura fascista que se prolongaría 40 años, o recordando sus conversaciones nocturnas, en la dura posguerra de los años 40, con Don Joaquín, un socialista represaliado cuya biblioteca fue quemada por su aterrorizada familia, que se ganaba el sustento dando clases particulares a las que acudía mi padre a aprender algo de inglés… sí, imaginando los recuerdos que mi padre  pudo tener esa noche, tengo la certeza de que para él y para otros muchos de su generación o mayores (pienso también en mi tío Domingo, cuya casa sentía como mi casa, y esa guardia civil que durante años lo visitó para atestiguar su “buen” comportamiento) la victoria del PSOE tuvo la dimensión de un resarcimiento histórico y también estaba preñada de esperanza porque parecía que se enjaulaba a la bestia que había campado a sus anchas durante tantos años. 
La esperanza que hoy siente buena parte de la población tiene, en ese aspecto, alguna similitud con la del 82. La bestia, tras años en los sótanos (o tal vez igual que tenía caja b, también poseía casa b) del PP, puesta a buen recaudo, emitiendo algún rugidito que otro de vez en cuando, se ha escapado. Y está grandita, y parece que sigue creciendo. Sí, para mucha gente el gobierno progresista (así se denominan ellos) cierra el acceso al poder de VOX y un PP que, compitiendo con su criatura, se bestializa a pasos agigantados. Ésta que describo sería una esperanza a la contra, una esperanza que quiere, desde su perspectiva, al menos no retroceder más y si se puede (aquí el sí es condicional) dar tímidos pasos. También observo otra esperanza: la de Unidas Podemos. Una esperanza puramente terrenal y muy alejada de los cielos, que sabe que su influencia está en el ámbito social y con las limitaciones que marca la UE en el tema del déficit, asumiendo que en otros asuntos no podrá ir más allá de atemperar o matizar posiciones. “Es un programa muy moderado”, aseveró Pablo Iglesias en una entrevista mientras una prensa desquiciada habla de Venezuela y de Cuba como próximos horizontes patrios a los que Google, con la visión de futuro de algún cachondo mental, se adelantó situando a España como un país comunista. 
Podemos no ignora que el pacto es una píldora que no ha tenido más remedio que tragarse el PSOE ante el temor, de ambos, a una nueva convocatoria electoral. Pero lo cierto es que si el PSOE se ha tragado una píldora, Podemos debe tener bastante asumido, las palabras de Pablo Iglesias lo demuestran, que quizás ellos van a tragarse una caja entera en temas como Política Exterior, Defensa, Cataluña, etc. Ocurre, salvando las distancias, algo similar a lo que planteaba Vázquez Montalbán con respecto a la situación de la Oposición y el Régimen a la muerte de Franco y que devino en lo que llamamos Transición: estamos ante un pacto donde predominan las debilidades sobre las fortalezas. La repetición electoral que Sánchez provocó para crecer y limpiar el terreno a su izquierda, intentando hundir a UP en la irrelevancia, fue un fracaso absoluto, pues UP, con dificultades, mantuvo el tipo, el propio PSOE bajó y encima consiguió eliminar a su posible aliado de centro (Ciudadanos parece que va camino de la desaparición) acrecentando a la ultraderecha. 
A la expectativa están básicamente los de ERC y, en segundo plano, EH Bildu. Sin ellos, como le dijo Rufián, no hay legislatura. Será interesante ver lo que ocurre cuando se constituya la mesa de los gobiernos español y catalán con la que el PSOE logró la abstención de ERC. Vienen curvas bastante cerradas. El ataque de la derecha fascistizada, con todas sus potentísimas baterías mediáticas, va a ser aún más brutal de lo que vimos en las fechas anteriores a la investidura. La unidad de España es un banderín de enganche muy eficaz. Y será un ataque que se trasladará a la calle. Ya sabemos que los heroicos jóvenes que luchan en Venezuela por la libertad quemando, si se tercia, a gente en la calle, cuando prenden contenedores en la noche barcelonesa transmutan en una patulea terrorista. Saldrán a la calle con dureza y debería UP, no sé si estará el PSOE por la labor, movilizar a la izquierda para defender los posibles avances sociales que se planteen y, quizás, la propia supervivencia del gobierno de coalición. 
Siempre leo a Julio Anguita con atención y hoy domingo 19 de enero en eldiario.es dice lo siguiente: “la oposición de verdad está en el IBEX, la banca y los poderes económicos”. Además cita también a la Iglesia (la conferencia episcopal quiere mantener prietas las filas de una grey que tiende a lo disoluto, aunque en el programa no hay ninguna medida, como pagar el IBI, que atente contra los intereses de la casta eclesial) y a sectores recalcitrantes del PSOE. Las palabras de Anguita me han hecho formularme, con toda la inocencia del mundo, una pregunta: ¿qué temor tienen el IBEX o los poderes económicos al muy moderado programa del gobierno de coalición? En nada peligra la estructura del poder económico en el estado español. Lo que se plantea en el ámbito económico son tibias medidas que apenas podrían tildarse de socialdemócratas. El PSOE, obligado a lidiar con la coyuntura, no va a dejar de ser de un día para otro uno de los pilares del sistema político español. Incluso, pensando retorcidamente y entrando ya de lleno en el territorio de los escépticos con el pacto, parece que les viene bien que el asalto a los cielos haya sido pospuesto sine die y que UP arrime el hombro para apuntalar lo que hasta hace un rato llamaba el Régimen del 78. Te tengo en casa y puedo, desde mi posición de predominio en el pacto, controlarte mejor. 
El único trasvase de riqueza que se plantea el bipartito gobernante es el incremento de los impuestos a quiénes ingresen más de 130.000 euros (un 0.9% de la población activa). Una medida que contribuirá no a la revolución social, sino a acercarnos un poco a la carga impositiva media de la Unión Europea y a que haya (y es valorable) algunos miles de millones de euros más en las arcas públicas para asuntos sociales. Quiero hacer una mención específica al desparpajo con que la derecha trata como idiotas políticos a buena parte de la población hablando de subida de impuestos a unas clases medias que, por lo que parece, ganan la minucia de unos 11.000 euros mensuales. El problema es que hay sectores de la población, y no pudientes precisamente, profundamente acríticos, que compran ese discurso, que suele ir en el mismo lote que el berreante ¡Viva España!, más allá de sus propias condiciones materiales de vida. Así, me lo contó mi hijo, en uno de esos foros de “guasap” donde el facherío mas memo da rienda suelta a sus simplezas, el que vive de alquiler está preocupado porque el gobierno “comunista” va a empezar a expropiar a los ciudadanos esa vivienda que él, por ejemplo, no tiene.
Anuncié un poco más arriba que entraba ya en el territorio de los escépticos, de los que desde el campo de la izquierda nada esperan del pacto de gobierno. Este punto reconozco que acentúa al dubitativo pertinaz que habita en mí. Podemos no ha pactado un programa de izquierdas con el PSOE. Por una sencilla razón: el PSOE, desde hace bastante tiempo, no es un partido de izquierdas, es, y no siempre, un gestor más amable del sistema capitalista que la derecha montaraz o fascista. El PSOE, aunque se llame socialista, no tiene ya, ni en su horizonte más remoto, la construcción de una sociedad sin explotación. No sé cuantos de los puntos fundacionales de Podemos en 2014 siguen vigentes, pero sospecho que son pocos o están arrumbados en un cuarto oscuro. Sé que un programa pactado para 4 años no puede pretender cambiar el mundo, pero si me parece desazonante que la teórica izquierda haya quedado para defender y lograr, casi exclusivamente, determinados derechos civiles, renunciando casi por completo a su esencia, la lucha por un modelo económico diferente. 
Desde ese punto de vista comprendo que para determinados sectores de la izquierda el entusiasmo sea cero. No obstante, asumiendo que tienen todo el derecho a la crítica consistente y razonada, no tienen ningún derecho a la crítica inconsistente y que baile la música de la derecha. Pongo un ejemplo concreto. Sigo a diario las informaciones del digital insurgente.org que recoge voces variadas dentro de lo que llamaríamos la izquierda transformadora. Me preocupé profundamente cuando vi en ese medio la siguiente y escueta “noticia”: “PSOE y PP la misma mierda es/ pero hay que comé” al pie de una foto del abrazo de Pablo Iglesias y Pedro Sánchez el día de la firma del pacto. Digno de cualquier panfleto de la ultraderecha que considera a los políticos en general, y a los de izquierdas por muertos de hambre en particular, unos tipos que están en el cargo para llevárselo crudo. Es una crítica indigna de un medio serio de izquierdas. Siempre combato el tema demagógico del sueldo de los políticos (en este tema no está exento de culpa Podemos). Y pongo el ejemplo del Presidente del Gobierno, cuyo salario ronda los 80.000 euros brutos anuales. Para su responsabilidad y la disponibilidad absoluta de las 24 horas del día me parece una remuneración bastante comedida. La crítica de la izquierda puede y debe ser contundente, sacando a flote las contradicciones, que no son pocas, y tal vez  tampoco son evitables, pero no puede transitar, bajo ningún concepto, el derrotero fácil y demagógico propio de las mentes perezosas acodadas en la barra de esos modernos bares que son las redes sociales.

Una última consideración, no seria extraño que esperanzados, expectantes o escépticos, ante el que sospecho será durísimo embate de la ultraderecha (en alianza con los jueces) acabemos encontrándonos en la calle, si no para defender al gobierno, quizás para defendernos a nosotros mismos.

miércoles, 8 de enero de 2020

Estados Unidos: el fascismo en la acción exterior


Según cuenta Pablo Iglesias, en una entrevista que le realizó, el escritor mejicano, nacido y criado en Asturias (ah, las identidades, que electivas son, como el cubano universal nacido y educado en Argentina), Paco Ignacio Taibo II portó en una manifestación, años ha, cuando el dominio del PRI (Partido Revolucionario Institucional) era apabullante, una pancarta que decía, más o menos, lo siguiente: “Aplíquennos a nosotros su política internacional”. El mismo país que en la escena internacional (cierto que ahí estuvo la mano de un humanista como era el presidente Lázaro Cárdenes) abrió sus puertas a miles de exiliados españoles, y que nunca reconoció diplomáticamente a la dictadura fascista de Franco, y que siempre mantuvo relaciones con Cuba cuando EEUU impuso la ruptura con ella de todos los gobiernos títeres latinoamericanos, en política interior provocó, el 2 de octubre de 1968 (un año con tanta literatura y ponderación, que en el panteón de los tiempos extintos debe ser un engreído insoportable), en el marco de una revuelta universitaria, la matanza de centenares de personas en la plaza de las Tres Culturas. La generosidad y la mano tendida en política exterior se tornaba en puño férreo contra su pueblo en defensa de los intereses oligárquicos y de una situación con lacerantes desigualdades sociales.
Me vino a la mente la pancarta de Paco Ignacio Taibo II, no sé si acertadamente, las conexiones mentales, por lo menos las mías, a veces son extrañas o enrevesadas, a cuenta del asesinato, en el norte de Iraq, por parte de EEUU del general iraní Soleimani. El pensamiento común considera al estado norteamericano como un país que respeta las libertades en el interior de su territorio, donde los ciudadanos tienen unos derechos formales (libertad de expresión, asociación, reunión, manifestación, etc) asentados que consideran parte inalienable de su constitución política. Por supuesto, aquí no podríamos incluir, con el mismo vigor, los llamados derechos sociales. Existe carencia de una sanidad universal, millones de personas viven bajo el umbral de la pobreza en el país más rico y poderoso del planeta, y ligado esto último pervive un racismo latente o manifiesto que, con precisión casi matemática, te aclara la piel cuando te crece, exponencialmente, la cuenta corriente.
Curiosamente, ese asentamiento de derechos formales en el interior, es una carta blanca entre buena parte de su población (ningún presidente norteamericano ha perdido una reelección mientras está embarcado en un conflicto bélico exterior) para una acción en el resto del planeta que yo me atrevo a tildar, más allá del usual concepto de imperialismo, como fascista. Lo percibo, quizás en un trazo grueso, como una acción inversa a la del gobierno mejicano que exponía en el inicio de este texto.
El periodista John L. O’Sullivan, en 1845, en la revista Democratic Review de Nueva York expuso lo siguiente: “el cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino”. Ésta sería la idea básica de la conocida como doctrina del “Destino Manifiesto”. Sustituyan la palabra manifiesto por evidente, con la incuestionabilidad que supone, y la idea adquiere aún más diafanidad. También debe procederse a sustituir, en los siglos XX y XXI, la palabra continente por planeta. Y como colofón, como razón de peso insuperable e irrebatible la Providencia, o sea, Dios. Por arte de la divinidad quedas convertido, y eso cala con fuerza en muchas mentes, en un pueblo elegido que tiene derecho a obtener “el aire y la tierra (ésta y sus riquezas son el objetivo básico, aunque ahora esté en valor también, permítaseme una cierta ironía, la calidad del aire) necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades…”
Todo bajo el estandarte de la libertad, que es palabra muy agradecida. Además, los pueblos, malagradecidos, tienen la extraña costumbre de defender los territorios donde han vivido ancestralmente, aunque después, como las diferentes naciones indias, acaben recluidos en reservas.
Ahora me permito transcribirles un párrafo de la Wikipedia acerca de la teoría del Espacio Vital (Lebensraum) de la alemania nazi: “El programa estratégico de Hitler para dominar el mundo se basaba en la creencia en el poder del Lebensraum, especialmente cuando era buscado por una raza superior. Las personas de razas no arias en el territorio del Lebensraum serían objeto de expulsión o destrucción. La eugenesia del Lebensraum consideraba un derecho de la raza superior (herrenvolk) aria alemana quitar a las personas originarias para conseguir su propio espacio vital”.
Muchas personas pensaran que me paso tres pueblos estableciendo similitudes entre el destino Manifiesto y la teoría del Espacio Vital. Antes que nada precisar que aunque el Lebensraum se asocia al nazismo, es una teoría anterior, que surge a finales del siglo XIX y que, sobre todo fruto del magro imperio colonial alemán, ve en las llanuras del este un posible territorio de expansión. Dicho esto, observamos que aunque el Destino Manifiesto no pone el acento en la raza al ser EEUU territorio de inmigración, sí habla de una nación divinamente electa que se eleva sobre los ocupantes originarios que, siendo reducidos, según la conveniencia, a la condición de salvajes (indios) o subhumanos (eslavos), pueden eliminarse impunemente. O sea, no hay en esa expansión un elemento presente en muchas experiencias imperialistas: la coartada civilizatoria.
Y a esta última palabra me aferro para venir a la actualidad y enlazar con el asesinato del general iraní. El fascismo, fruto de su ideología supremacista, siempre se piensa impune y moralmente legitimado desde el momento en que considera al pueblo del estado que gobierna superior a otros pueblos. No albergo duda alguna de que el sentimiento nacional de EEUU, más allá, vuelvo a insistir, de sus libertades internas, está aderezado con grandes dosis de superioridad, de nación elegida para, lo hemos oído múltiples veces, liderar el mundo. Y liderar quiere decir mandar y en muchos casos, cuando la persuasión diplomática y el acoso mediático de las mentiras repetidas mil veces no funciona ante el díscolo, hay que pasar a la siguiente fase: sancionar, estrangular económicamente (Cuba y Venezuela) y, si esto falla, la acción armada de un ejército que tiene un presupuesto militar igual que la suma de los nueve países que le siguen en la lista y que representa, además, el 36% del gasto militar mundial para una población que supone el 4% de los habitantes del planeta. Este desequilibrio entre población y presupuesto militar demuestra la vocación manifiesta de gendarme mundial.
La acción de EEUU contra un general de un país con el que no tienes un conflicto militar declarado (ya no se “declaran” guerras, creo que tampoco los amores) es una acción puramente fascista, al estilo de las protagonizadas por otro estado que práctica en su política exterior el asesinato selectivo (y no selectivo): Israel. Pienso que es imprescindible utilizar el término fascismo, y no significa banalizarlo, porque es revelador, necesario para desnudar y reflejar con la máxima crudeza la realidad del imperio de la fuerza y la supremacía y el expolio de otros pueblos que es la línea de acción exterior de EEUU.
Acabo con la declaración que hoy 8 de enero de 2020 acaba de realizar, hace apenas unas horas, Donald Trump: “Irán amenaza al mundo civilizado”. Amenaza y civilización (¿cristiana?), términos tenebrosos constantemente utilizados en la política exterior de EEUU y que, permítaseme mi conexión con un caldero que ya tengo al fuego en mi mente para un hipotético próximo texto, me recuerda a la actuación, apocalíptica y fascistoide (invocaciones explícitas o veladas al ejército incluidas), de la extrema derecha española en el Congreso ante el surgimiento de un gobierno PSOE-UP, horda roja que amenaza la pervivencia de España y su civilización.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Migas para extraviarse en el callejón


El final de un año siempre es tiempo de balance y de buenos propósitos.
Escaso de propósitos, buenos o malos, me presto a hacer aquí, si el empeño me acompaña, un balance quizás un tanto peculiar. El balance de una serie de ideas apuntadas en el apartado de notas de mi móvil en los últimos meses y que se quedaron, fruto de mi desidia e impericia, en textos nonatos.
La única pretensión es compartir esos picotazos, esas mínimas descargas eléctricas, activaciones por afinidad y, casi siempre rechazo, que el acontecer de los días produce en el ánimo de quién esto escribe. Ese afán que tengo, quizás cómodo y facilón, dicho sea desde la honestidad, por el cuestionamiento de toda la catarata informativa que me llega (o, para ser más precisos, que yo me busco, por lo tanto al infierno a quejarse que diría mi madre) se traduce en estás notas que a veces acompaño de breves comentarios y en otros casos reflejo de manera desnuda, sin agregar nada. En cualquier caso es difícil que aquí, en mi callejón, en mi pequeña y desvencijada república que ya poco transito, me muerda la lengua.


“La izquierda se sustenta en la ilusión” dice Rufíán. Esta frase me recuerda los dos últimos versos de la, hoy otra vez vigente, canción Santiago de Chile de Silvio Rodríguez. Dicen así: Y el deseo de cambiar cada cuerda/ por un saco de balas. Espero que jueces y fiscales de las intenciones estén ahítos de navidad.

“Primero España y luego las siglas” sentencia Íñigo Errejón (y sonríen Abascal y Casado y Arrimadas y Bono y Felipe VI o Felipe X y cualquier falangista-demócrata de bien).

Pablo Iglesias cree que “la monarquía no está en crisis” y le parece un detallazo que la aspirante a Jefa del Estado hable en un acto en perfecto catalán. Tiene razón Pablo, no está en crisis, ni siquiera lo estuvo, en el sentido de correr serio peligro, cuando el hijo político de Franco le pasó el testigo al nieto. Lo que me irrita es la causa principal: la absoluta desidia de la izquierda para intentar ponerla en crisis. Y no me refiero al PSOE, que sigo pensando que es el pilar fundamental del régimen del 78. Podemos e Izquierda Unida, más allá de gestos simbólicos estomagantes como el ciudadano Borbón que repite Alberto Garzón cada vez que va al encuentro del, guste o no, Rey. No, no es el ciudadano Borbón. Si tal fuera, Alberto, tú no irías a la antesala de palacio tras cada nueva elección. Más allá de la proclama de Rufián, la realidad siempre es el límite de la ilusión, sobre todo cuando ni siquiera en un programa electoral, en un compromiso que se ofrece a los ciudadanos, se explicita la lucha efectiva y fiera por la República. Me evado de las comillas y me voy a las dos palabras en cursiva. El detallazo, la amabilidad con los súbditos levantiscos del noreste del reino, de la aspirante. Esa extraña aspirante a cargo público, que ya lo era al minuto de nacer gracias al bisabuelo terrorista Franco. Creo que casa mucho mejor la palabra heredera que aspirante. Generalmente cuando se aspira a algún puesto público se depende o bien de su propia pericia (oposición o algún otro tipo de prueba) o bien de la aquiescencia de otros (votación popular o de una cámara capacitada).

Jiménez Losantos, el hombre que tendría incontinencia balística si se topara con algún dirigente de Podemos, sentenció: “Cataluña va a un escenario de terrorismo peor que el del País Vasco”. Y así los CDR crearon los ERT (Equipos de Respuesta Táctica), desarticulados por la organización más benemérita debido a la arriesgada actuación de 500 efectivos prestos a filmar un tenebroso garaje. Y la prensa, a cinco columnas, y las televisiones, abriendo durante días los informativos, pudieron, en éxtasis, unir terrorismo e independentismo, y hablar del día D (que éxito tienen los yankis para imbuirnos de su épica), y de cuarteles de la guardia civil que estarían bajo el acecho de la bestia. Y al final, la montaña de mentiras está pariendo un ratón. En estos días, tres meses después de la infamia del caldero nuclear más exhibido de la historia, la Audiencia Nacional decreta, con una fianza ridícula de 5.000 euros, en una depreciación enorme del kilo de terrorista, la libertad, por ahora, de cinco de los siete encarcelados. Y en la prensa, a duras penas se llena a una columnita inferior de pocas líneas, y en la tele, menos de un minuto perdido entre el marasmo liquida la puesta en libertad de unas personas sometidas a vilipendio. Pero se logró el objetivo político: que quién ya, en términos políticos, piensa poco, aún piense menos.

Almeida, el sujeto que es alcalde de Madrid, dice en un edicto que en Chile hay un “irracional furor destructivo”. No sé que es peor si la locura de un pueblo o la miserabilidad que quién le vota a tipos como él, heredero, por vía franquista, de unos de los peores furores destructivos del siglo XX (¿y del XXI?): el fascismo.

En la siguiente nota no cito a nadie. Es el apunte que me sugiere una noticia para, tal vez, su desarrollo posterior. Dice así: “La defensa de la libertad de expresión en los parlamentos. Referencia al Tribunal Constitucional  y su derogación de la reprobación del Rey por el Parlament de Cataluña”. Cualquiera entiende que una ley debe ser recurrible jurídicamente, bien en parte o en su totalidad. Sin embargo, es absolutamente inapropiado derogar, por parte de la judicatura, la resolución política de un órgano elegido por el voto popular. En parlamentos o ayuntamientos tradicionalmente se han votado resoluciones políticas del más variado pelaje en solidaridad o reprobación de mil causas y actitudes diferentes. Incluso, ver para creer, se ha votado en un parlamento el derecho de autodeterminación sin entrar en liza la judicatura. Se llevó a cabo en el parlamento de Galicia, en marzo de 1990, a propuesta del Partido Socialista Galego-Esquerda Galega. El eje del asunto es que solo tuvo dos votos a favor. Para el estado fue apenas una anécdota que, no suponiendo peligro alguno, incluso reforzaba una imagen abierta y generosa del Estado. Eran los tiempos en que se decía que, en ausencia de violencia, se podía hablar de todo. Pues casi 30 años después, avanzando hacia atrás, para el TC, un parlamento no puede debatir y adoptar las resoluciones políticas que considere pertinentes.

“Algo habrán hecho” le dice un reportero de televisión a una señora que cuestiona una actuación policial. “La policía vela por la seguridad de esta manifestación” añade el mismo reportero. La primera frase, aún siendo el entrevistador una persona joven, lo que entristece un poco, es un clásico de la dictadura fascista de Franco. Al que no hace nada, nada le pasa. Hay que ser machadiano y transitar de nuestra casa a nuestros asuntos sin desviarnos con actos impuros. Con respecto a la segunda frase, la historia en la mayoría de ocasiones revela justo lo contrario. La función policial es embridar que la manifestación derive en protesta o revuelta, salvo que interese que se desboque, claro. La policía sabe aparecer y también desaparecer. Bolivia es un ejemplo meridiano. La policía, en un gesto inesperado para el gobierno de Evo, se replegó a los cuarteles y dejo vía libre a la actuación de grupos fascistas en las calles, asaltando los domicilios de la dirigencia gubernamental (por ausencia o presencia siempre asoma la punta del fusil o el saquito de balas). El ejército sopló y el gobierno (¿dónde estaban sus masas organizadas?) cayó.

El reportero anterior me trajo a la mente una expresión que oigo a menudo: “periodistas mercenarios”. Se utiliza con demasiada facilidad y generalizando en exceso. Salvo las encumbradas (y Ferreras), el resto de periodistas de muchísimos medios apenas pasará del mileurismo. Triste y mal llamado mercenariado el que se realiza por tal cantidad. Yo, más apropiadamente, lo llamaría ganarse, en tiempos precarios, como buenamente se puede, los garbanzos.  ¿Nos atrevemos a llamar mercenarios a los trabajadores de cualquier sector que pone en riesgo la salud (por ejemplo, tabacos) o la vida de otras personas (por ejemplo, sector armamentístico)?

“El momento político actual es más difícil que cuando ETA mataba” dice  Cayetana Álvarez de Toledo. Y la lapidaron, pero tiene razón. Quién haya leído cualquier texto mío  sabe que estoy en sus antípodas ideológicas, pero lo que dice es cierto. El último atentado de ETA en territorio español fue en 2009. Hasta ese momento, desde la llegada del PSOE al poder en el 82, aunque ETA cometiera atentados el estado español se sentía fuerte y estable, con un bipartidismo robusto que representaba el modelo “democrático” más querido por las élites económicas: una segunda restauración con dos partidos centrales sumando cerca de 300 escaños y turnándose y apoyándose, cuando lo precisaban, en la llamada “Minoría Catalana” y/o “Minoría Vasca”. Ese modelo, no es muy difícil verlo, en esta década ha saltado por los aires, siendo la más inestable, con diferencia, desde los años 80. Cayetana no miente: surge a la izquierda del PSOE, Podemos, como hipotético contrapeso la banca crea Ciudadanos (el Podemos de derechas), en Cataluña brota un poderoso movimiento independentista que gana elecciones y pone en cuestión, pilar esencial del estado español, su indivisible unidad. Análisis político y análisis moral son cuestiones diferentes, aunque muchas veces nos lo quieran servir como un mejunje las mentes bienpensantes.

“Cientos de personas dormirán en la calle para saber que se siente”. Ocurrió el 7 de diciembre en el marco del evento The World Big Sleep Out.
La experimentación en propia carne… ¡Uf! Espero que a las asociaciones de lucha contra la tortura no se les ocurra una idea semejante. Billy, de torturador a activista antitortura haciendo la misma tarea.

"Añoranza del hombre nuevo". Si algún deporte tuvo a gala dominar la extinta Unión Soviética ese, sin lugar a dudas, fue el llamado deporte ciencia: el ajedrez. De 1952 a 2002 (desde 1992 como Rusia) ganó todas las olimpiadas de ajedrez en las que participó menos una (1978). Después, acabada la estela de la URSS, no ha ganado ninguna. Todos sabemos que el ajedrez es un combate con infinitas posibilidades, donde los campeones necesitan miles de horas de estudio, de disciplina. Ahora, siguiendo tras la tragedia la farsa de la historia, de Rusia nos llega una modalidad más directa de combate: el concurso de bofetadas, cuyo título mundial ostenta un granjero siberiano.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Lunes de desparpajo fascista


El 25 de noviembre, Día Internacional contra la Violencia de Género, pudimos ver en todo su esplendor a ese ente, absolutamente desacomplejado y desinhibido, que responde al nombre de derecha española.
Por la mañana, su sector abiertamente fascista (VOX) usó el concepto aséptico de “violencia intrafamiliar”, que me retrotrae a la niñez y la juventud, cuando era habitual oír aquello, tan sórdido, de que “en los asuntos de un matrimonio nadie debe meterse”. Lo utilizó Ortega Smith, ese fascista que dijo que su admirado Franco fusilaba con amor y al que no puedo evitar visualizar (mi inventiva es pobre, lo reconozco) acodado en la barra de un bar, bien cargado de humo y grasiento, con la camisa abierta y un palillo en la boca rulando de una comisura a otra, para despreciar lo que no tiene otro nombre que terrorismo machista. Sé que vivimos momentos en que el abuso del concepto terrorismo impide establecer un mínimo consenso sobre el significado de este término. Ya se utiliza, como comodín ventajista y paralizador de mentes, para estigmatizar casi todo tipo de lucha que pueda inquietar a los grupos socialmente dominantes. Una barricada ardiendo en las calles de Barcelona es terrorismo, cortar una carretera y dejar un infante lloroso en un coche durante horas es terrorismo, el indio Evo Morales, para la india lacaya que ahora preside Bolivia y de cuyo nombre no tengo ganas de acordarme, es la encarnación del terrorismo. Sin embargo, expresadas mis reservas anteriores, sí pienso que es un término muy preciso para definir, no ya la máxima tragedia que son las asesinadas, sino también las heridas, física y psicológicamente, y los muchos años que demasiadas mujeres han tenido, y tienen, que convivir con el miedo. Siempre recuerdo una situación que vivió mi hermano cuando hizo, tras declararse objetor de conciencia, la prestación social sustitutoria. Me contó la inquietud que sintió cuando acompañó a una mujer que estaba acogida en una casa para maltratadas a otro hogar más seguro. No recuerdo bien los detalles, pero la esencia es que esa situación, que para mi hermano quizás fueron unas horas desasosegantes, para esa mujer era una condena en vida, un terror cotidiano.
Sí, en el estado español hay más de tres millones y medio de fascistas que piensan que hay mucha tía que va provocando y que los “menas” son un peligro para el toreo, la caza y el manto protector que la Virgen del Pilar tiende sobre España. Los votantes de VOX son fascistas. Gente que admira al Abascal que aparece en un vídeo, poderoso y autoritario, machacando un saco de boxeo. Esas imágenes no son nada inocentes, sobre todo de cara a muchos jóvenes que veneran la fuerza y al líder que la ejerce. Al fascista de facto (él o ella seguramente no se caracterizarían así) le gusta el antipolítico, ese Abascal al que Sánchez Dragó, tras caerse del caballo en brazos de José Antonio Primo de Rivera, eleva a la categoría de jefe, un individuo que transmite mensajes tan sencillos como contundentes. Oraciones simples en las que se pone la diana en enemigos claros de tez oscura y marcadamente perversos que quieren destruir ese ente inmemorial y glorioso, esa patria sin parangón, que salvará el Führer, el Duce o el Caudillo de turno.
Lo que desconocen parte de los fascistas que les votan, aquellos que pertenecen a los sectores más deprimidos de la sociedad, es que se están pateando su propio culo, que este fascismo actual hispano en materia económica sigue el modelo neoliberal estricto, que todo lo privatiza y jibariza las pensiones, implantado por Pinochet en Chile y que desde hace mes y medio provoca una revuelta generalizada en ese país. Revuelta que, por cierto, los social-liberales que nos gobiernan, demostrando que el pozo de la abyección cuando se empieza a descender no tiene fondo, van a contribuir a reprimir enviando policías españoles a adiestrar a los carabineros que están vejando y machacando al pueblo. O sea, en una paradoja siniestra (o diestra, para ser más precisos y sarcásticos), el PSOE manda instructores para un control más adecuado de las masas que, tantos años después, se empeñan en transitar las grandes alamedas, aquellas de las que hablaba en su último discurso un socialista digno: Salvador Allende.
Por la tarde de ese mismo lunes de desparpajo fascista, salió a la palestra, cierto que en un modesto rincón de los espacios informativos, lo que yo llamaría el fascismo originario, de nacimiento, y algo más sutil, del PP. Un fascismo tenue que se disfraza, se camufla con conceptos amables, como reconciliación o no abrir heridas cerradas. Conceptos a los que tendemos a plegarnos sin reflexionar, desde una bondad siempre inducida y peligrosa
La felonía de la tarde fue la imagen de los muros desnudos (parecían  tapias preparaditas para un fusilamiento amoroso de los tan gratos a Ortega Smith) del memorial que había erigido el ayuntamiento de Madrid en memoria de los casi 3000 asesinados por la dictadura terrorista de Franco entre 1939 y 1944.  Ni una foto ni una imagen del proceso de desmantelamiento. El oprobio a veces es estentóreo y en otras ocasiones trabaja sigiloso. Las losas, algunas de ellas rotas, apiladas y arrumbadas unas contra otras. Retorno a la oscuridad y listo. Problema solucionado y 3000 antifascistas (que poco valor tiene esta condición en el estado español), rojos hijos de la gran checa, enviados a la ignominia de un olvido del que salieron por un espacio breve de tiempo. Triste contraste, apenas un mes antes, en la exhumación del jefe terrorista Franco está presente la ministra de Justicia socialista, es televisada, y se permite a los descendientes sacar, en claro homenaje, el féretro a hombros y ubicarlo en un coqueto apartamentito en el cementerio de Mingorrubio que costó a las arcas públicas 60.000 euros.
Como justificación de los fascistas peperos que susurran a los fascistas voxeros, la asquerosa equidistancia de comparar a los defensores de la legalidad republicana, cuyos nombres deberían inundar las calles de un país decente, con los golpistas de vocación asesina que, aupados por el nazifascismo europeo, bañaron, premeditadamente (el director Mola lo certifica mandando el 25 de mayo del 36 una directriz decretando la extremada violencia que debe presidir  la sublevación militar) el país en sangre.
No seamos ilusos, la derecha española, esa que a través de su artillería mediática se espanta de la anunciada entrada en el gobierno de un Podemos cuyo tibieza programática hace que el laborista Corbyn parezca dispuesto a convertir la Cámara de los Comunes en un Soviet, esa derecha fascista, tímida o arrogante, nos aplicaría, sin dudarlo, dejando de lado mandangas reconciliatorias, la medicina amorosa de Ortega el herrero si los chuzos de la lucha de clases se pusieran de punta enfilando sus privilegios.
El último parte militar de Franco hablaba de un ejército rojo “cautivo y desarmado”. Tantos años después, y con otras cadenas, tengo la impresión de que ahí seguimos.

lunes, 18 de noviembre de 2019

...como un diosecillo infernal y destructor...


La violencia. La intrínseca maldad de la violencia.
La derecha, en su más amplio espectro, desde la habitualmente llamada civilizada a la fascista, nos lleva a la izquierda, también en su más amplio espectro, un mundo de dominio ideológico y mil desinhibiciones de ventaja.
Estas callado, sin escribir, un mes y pico, porque sabes que ya otras personas expresan lo que tú piensas con más claridad y precisión, pero llega el momento en que sientes que ya es pura supervivencia, equilibrio mental, porque la bilis, el asco supremo, es una erupción incontenible que te inunda enterito y te desborda los labios.
Créanme, aunque soy un, digámoslo así, coqueto lingüístico, y me place cuidar el estilo, la forma, más allá de hipotético fondo de lo que escribo, ahora mismo me gustaría entregarme, como un diosecillo infernal y destructor, al cultivo furioso del volcán. Ser una especie de surrealista, un escritor automático que llevara un mar de fuego en cada frase, desechando por completo esa contención, esa pausa que, queramos o no, siempre conlleva la reflexión o, a que negarlo, la cobardía ante el acecho de la ley.
Nos están sometiendo a una castración mental acelerada. Y esa es la primera rebeldía imprescindible. Decir basta a ese campo de concentración del pensamiento donde los poderosos, con sus potentísimas e inagotables baterías mediáticas, nos quieren recluir. Por supuesto, es impagable la colaboración de una izquierda timorata, llena de melindres y complejos, ante una derecha que cada vez exhibe más músculo y que tiene una virtud importante: no reniega de su historia aunque sea brutal y generadora, durante siglos, de un inmenso sufrimiento a las clases populares. Mil errores y crímenes tenemos en el campo de la izquierda, pero eso no envilece ni un ápice la necesidad, aprendiendo del pasado, de cuidar nuestro mensaje que, siendo anticapitalista, solo puede tener necesariamente el horizonte del socialismo. Y a ese horizonte no nos van a permitir arribar con loor de santidad y entre una lluvia de flores.
Y aquí vuelvo al principio, a la ya citada intrínseca maldad de la violencia.
Miro a Sudamérica y me paro en Bolivia. Y me fijo en una consigna que ha brotado de la ira de los parias: “¡Ahora sí, guerra civil!” mientras marchan, que diferentes con nuestras cadenciosas manifestaciones romería, llenos de ira y legítimo odio de clase (sí, ese odio que tanto detesta y anatematiza el remilgado progre). Lo siento Evo, seguro que estoy equivocado y digo una barbaridad, pero esa reflexión tuya de estos días donde explicas tu exilio, más allá del peligro que corría tu vida, como un llamado a la paz, a la concordia, a evitar el derramamiento de sangre boliviana, me parece cuestionable. Me hago esta pregunta: ¿La ausencia de su líder protege a los más humildes de la ira de la burguesía fascista boliviana o los deja más inermes?  Sabiendo que los contextos siempre son diferentes, pero teniendo presente que la historia, dolorosa o grata, siempre es maestra, recuerdo que  a Hugo Chávez, cuando le dieron el golpe de estado de 2002 también le pidieron la renuncia y quisieron sacarlo del país. A ambas cosas se negó. Como en Bolivia, el pueblo venezolano salió masivamente a la calle a mostrar su repudio al golpe, pero en Venezuela hubo un añadido fundamental que, al menos aún, no se vislumbra en Bolivia: la acción de un sector del ejército que rescata a Chávez de la isla donde está confinado y lo devuelve al palacio de Miraflores. ¿Si el ejército venezolano monolíticamente, o en su gran mayoría, hubiera apoyado al títere Carmona Estanga el golpe habría sido derrotado en tan corto plazo? La respuesta, salvo que queramos engañarnos, es clara: la virtud o la razón de los ideales, sobre todo en los momentos críticos, aquellos donde la derrota puede ser larga, no suelen ser suficientes para dar la victoria, salvo que el propio pueblo o sectores tradicionalmente armados, como los militares o la policía, estén en disposición de prevalecer a través del uso de la fuerza, o sea, la violencia.
Ahora vuelve a estar en boga, por la película de Amenabar, el famoso “venceréis pero no convenceréis” de Unamuno ante Millán Astray. Y, carentes de virtud y razón, pero con el uso de una violencia extrema, las fuerzas armadas fascistas al servicio de la oligarquía se impusieron y ejercieron su dominio durante 40 años y, como propina, 80 años después de que aquellos terroristas vencieran sin convencer, está en la jefatura del estado Felipe VI, el nieto político de Franco, el jefe recién exhumado de la 18 de julio, la (nunca me cansaré de proclamarlo) banda terrorista más criminal de la historia de España.
Por activa o por pasiva, por acechante o actuante, la violencia, o su capacidad de ejercerla por diferentes mecanismos, está en el cogollo de los conflictos y tiene carácter de clase. Y cuando a los grandes medios de comunicación de la clase dominante les interesa defender la sacrosanta unidad de España, nos presentan las barricadas ardientes de Cataluña como muestras inadmisibles de violencia y… terrorismo (el coco para los perezosos mentales, aquellos que se espantan porque Elisenda Paluzie expresara un hecho irrefutable: que a nivel mundial esa barricadas en llamas tuvieron más impacto que las reiteradas manifestaciones multitudinarias del independentismo), mientras relegan a puestos secundarios de sus parrillas a los 23 asesinados por los golpistas en Bolivia. Asesinados que en el 24 horas de TVE se convierten, en el caso de la masacre de Sacaba, en 5 (en realidad fueron 9) cocaleros muertos en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad boliviana. Todas las puntadas que dan, precisas y repugnantes, buscan ocultarnos o, lo que es más complicado de combatir, deformarnos la realidad hasta conseguir que nueve de cada diez hijos de vecino, buenas personas (y no hay un ápice de ironía) trabajadoras, como dijo Malcom X, amen, aunque sea con su voto, al opresor y detesten al oprimido.
¿Cuántas personas en el estado español saben que la actual presidenta golpista de Bolivia sacó un decreto salvaje, de facto una licencia para matar, en el que declara a la policía y a los militares impunes en su actuación represiva? ¿Cuántas personas en el estado español conocen el nombre del presidente asesino (y generador de tuertos, pues alrededor de doscientos jóvenes han perdido un ojo por los perdigonazos policiales) de Chile, ese país que hasta hace un cuarto de hora era el éxito económico, el espejito neoliberal de América Latina? La respuesta en ambos casos es diáfana: ni el cinco por ciento. En cambio, hasta el sujeto más apolítico y necio “sabe” que en Venezuela hay una dictadura en la que manda un ogro llamado Maduro, extraño y violento ogro que permite pulular por sus dominios a un tipo llamado Guaidó, autoproclamado presidente, sin que lo detengan ni lo juzguen. Por el contrario, en el pacífico, en el democrático y nada violento estado español, como se demostró el 1 de octubre de 2017,  hay nueve condenados a 100 años de cárcel (¡cuántas formas puede tener la acción violenta del estado!) por la proclamación formal de una república que duró nueve segundos.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Precursor contra referéndum


Precursor, según la RAE:
1.   adj. Que precede a otra persona o cosa, generalmente anunciándola o haciéndola posible.

No soy yo nadie para la osada tarea de enmendarle la plana a la benemérita institución académica que “limpia, fija y da esplendor”, pero me voy a permitir precisarles que la definición arriba expuesta, al menos en los atribulados tiempos que corren, es incompleta.
Por supuesto, me estoy refiriendo al precursor de la semana, al que desde el lunes está en boga e ilumina, cuál gigantesco árbol navideño anunciando la buena nueva más deseada, el festival montado por la caverna mediática hispana para celebrar, sí, celebrar, que pueden sacar a la palestra, como compañeros de baile, pareja catalana del año, el terrorismo y el independentismo.
Sólo con un vídeo en un oscuro taller, donde se ven un saco con un material terroso y un caldero cuyo contenido revuelve, cuchara de palo mediante, un miembro de la denominada Benemérita, sin esa mesita tan aseada, presidida por el logotipo de la institución mencionada, que hemos visto en decenas de ocasiones exponiendo los hallazgos de los registros (el caldero y el saco deslucirían la mesa), y añadiéndole al mejunje la palabra precursor… de explosivos, tenemos conformado un nuevo grupo armado, terrorista por supuesto, con el nombre con menos alma y empuje de la historia del terrorismo mundial, un nombre que te castra todo afán guerrero: Equipos de Respuesta Técnica (ERT). Vaya desperdicio de siglas, más propias de un servicio urgente de desatascos. Dan para algo mucho más potente, por ejemplo: Exércit Republicá de la Terra (como salga un grupito con este nombre voy jodido, espero que el hecho de vivir en Canarias me exima, aunque siempre pueden considerarte, pobre de mí, su precursor ideológico).
Se decía en mis tiempos mozos, allá por los 80, que en ausencia de armas, sin violencia alguna, se podía hablar de todo (aunque lo cierto es que diferentes gobiernos, de diferentes colores y en diferentes momentos hablaron, aunque fuera con enorme discreción, con la organización independentista ETA, ese paradigma erróneo del terrorismo en España, pues el indigno status debería corresponder a “La 18 de julio” y su jefe, el asesino Franco). Entiendo que hablar de todo se refería a poner sobre la mesa, con todas sus opciones y con ánimo resolutivo, el en aquel entonces denominado conflicto vasco.
El mentado conflicto cesó, al menos en su vertiente sangrienta, hace casi una década. También creo que está bastante remansada la vertiente política pues en Euskadi, ahora mismo, la lucha independentista ha perdido fuelle.
Declinó el frente norte y surgió el frente noreste: un amplio sector de la población catalana comenzó a abrazar las tesis independentistas.
El problema para el estado español es que este frente siempre ha rechazado el “para bellum”, en el doble sentido de prepararse para la guerra y de las acciones de ETA que llevaban el sello de esa famosa munición.
El movimiento independentista catalán del siglo XXI ha sido hasta ahora estricta y persistentemente pacífico. Se ha basado en grandes movilizaciones, en la vía electoral (con varias elecciones ganadas con mayoría absoluta), y en reivindicar, con ahínco y nulo éxito, la celebración de un referéndum pactado con el estado español. Todos hemos visto manifestaciones masivas con cero incidentes violentos. Estos, los incidentes violentos realmente existentes, los protagonizaron la Policía Nacional y la Guardia Civil golpeando a muchas personas que junto a miles de conciudadanos defendieron las urnas el 1 de octubre de 2017.
Alguien me dirá que yo no puedo saber con certeza las intenciones de siete personas concretas. Otro dato interesante, por cierto. Son siete detenidos que según el juez conforman una organización jerarquizada “con capacidad para llevar a cabo tácticas y maniobras con un alto nivel de profesionalización”. Imagino que vendrán más detenciones, porque un grupito de siete jerarquizado… muchos jefes y pocos soldados. Lo del alto nivel de profesionalización no acaba de casarme con un caldero y un saco, aunque siempre nos quedan los precursores.
No me escabullo, respondo al alguien que me interpeló en el inicio del párrafo anterior. Tiene razón. Yo, albergando serias dudas, no tengo certeza absoluta de las intenciones de estas personas. Ni siquiera sus abogados conocen el “secretísimo” sumario que se va filtrando convenientemente a los medios. Pero me hago la siguiente reflexión. Se espera para la primera quincena de octubre una sentencia con la que quizás el estado quiera marcar claramente lo que cuesta intentar, aunque sea por vías democráticas, salir del estado español. También es previsible una respuesta masiva, contundente, pero no violenta. Y me surge la pregunta: ¿beneficia al independentismo, le fortalece o le debilita, unas acciones armadas que serían (ya lo están siendo) lo que el estado español necesita para desacreditarlo entre su propia gente y a la vez cohesionar aún más a una población española, bastante adoctrinada, que ve Cataluña como un lugar tenebroso?
He hablado en diferentes ocasiones de la violencia y toda la infinita hipocresía que gira alrededor de esta palabra. No estoy de acuerdo con esa frase que dice que ninguna causa vale la muerte de una persona. Me explico con un breve inciso. Hace unos meses leí “14 de julio”, una pequeña y emocionante novela histórica de Eric Vuillard cuya emoción no estriba en el suspense, sino en que cuenta con cercanía, casi paseando entre la gente, el descontento del pueblo y la posterior Toma de La Bastilla, dando nombre a muchos de los nadie que participaron en esa jornada gloriosa y violenta, esos anónimos que se juegan la vida por la justicia de una causa. Personajes reales que a lo mejor duran unas pocas líneas en escena, las justas para morir y salir de la historia.
Detesto que los poderosos, los dueños ideológicos y tradicionales ejercientes de la violencia, nos pongan anzuelos a los que lanzarnos acríticamente y que nos hacen establecer anatemas absolutos sin echar aunque sea un ligero vistazo al devenir histórico. La violencia no es deseable, pero el pacifista gobierno progresista español que se escandaliza por un contenedor ardiendo y pide condenas apriorísticas para, en palabras de ABC “el terrorismo catalán”, vende armas a la dictadura amiga de Arabia Saudí, causante de miles de muertos en Yemen, circunstancia que seguramente ignora el 80% de la población que considera Cataluña tierra hostil. También asquea  ver a los medios españoles, supuestamente progresistas, como La Sexta, cuando informan de las protestas en Hong Kong, a pesar de las múltiples escenas donde se ve a los manifestantes proyankis en actitudes violentas (fue espectacular, entre otras, la del periodista confundido con un espía maltratado y atado a un carrito de portar equipajes en el aeropuerto), soslayar por todos los medios la incómoda palabra con el afán notorio de enaltecer una protesta cuyos métodos en el estado español serían tildados de terroristas.
Para concluir me referiré a una información recién publicada en eldiario.es que hace que el supuesto comando terrorista adquiera una nueva dimensión que gira hacia el esperpento, y que además nos permite establecer quiénes son los dos capos de la jerarquizada organización: “El juez sostiene que los CDR detenidos actuaron de enlace “seguro” entre Torra y Puigdemont”. Y además, en este enredo, se reunieron con la hermana de Puigdemont. Viene a toda velocidad la aplicación en Cataluña de lo que el periodista Jonathan Martínez llama “la plantilla Vasca”, el famoso “todo es ETA”. En este caso a lo bestia, pues la situación para el estado español, sin una gota de sangre vertida hasta el momento en Cataluña, es mucho más compleja de manejar, pues toda la violencia existente en Euskadi nunca hizo peligrar tanto la integridad territorial española.
Hace un par de días ABC colocaba en portada la silueta oscura de Torra de perfil y algo encorvada, simulando a Nosferatu. El juez debería darse prisa en enviar a la Guardia Civil, cuchara de madera en mano, a revolver. Sospecho que el caldero del Honorable, tras el enlazamiento ejercido por los CDR, tendrá un precursor altamente explosivo y al que el estado español (¿nueva euroorden por liderar una banda terrorista?) busca poner a buen recaudo: la puigdemonita.
Lástima que en el estado español haya pocos, y mayormente achantados, "precursores" de lo democrático y esencial, de lo que se necesita para una salida justa al innegable conflicto: un referéndum.